La gente se extrañó mucho cuando el caso de Bernard Madoff salió a la luz pública.
¿Cómo gente con dinero, estudios y habituada a administrar dinero había picado en algo así? La gente se asombraba y tildaba a Madoff de genio malévolo y astutísimo. Ya no me meto en cómo lo hizo o demás, a mi lo que me interesaba al oír eso era ver demostrado, una vez más, el autoengaño de demasiada gente de “los nuestros” (a saber: mileurista, puteado, etc) respecto a lo que normalmente llamamos los poderosos.
A mi alrededor oí a varios familiares y amigos expresarse en los términos antes mencionados. Esto tiene una ventaja: sí conocía sus situaciones económicas o vitales a grandes rasgos. Y casi todos los que lo decían tenían algo en el banco a plazo fijo. Más o menos, pero lo tenían. Con un par de ellos que tenía más confianza me atreví a lanzarme, y les pregunté sobre si seguían con esos ahorrillos a plazo fijo en el banco…y que si sabían de dónde se sacaba el banco los intereses que les darían a ellos por tener el dinero allí. Como esperaba, la respuesta era algo así como “no sé…lo invertirán en bolsa o algo así”. Tras insistir, acababan diciendo que les daba igual mientras les llegaran los intereses.
La actitud psicológica y la conducta mostrada desde luego no era tan distinta a la de los ricachones del caso Madoff: yo te doy dinero, tú dame más, el cómo ni me lo pregunto demasiado: colecciono euros y me da igual. Esto nos parecerá mal, bien, el espíritu sacrosanto del capitalismo u otra prueba de la maldad insaciable del género humano. Da igual cómo queramos adjetivarlo. La conducta y la actitud psicológica son idénticas. Pero desde abajo no se percibe así.
No nos extenderemos demasiado en la cantidad de veces que se ha hablado de “la especulación” como fuente de los males del país, mostrándoles como siniestros personajes de nariz aguileña que quieren crujirnos a todos. Tampoco en que muchísima gente de clase media-baja durante los años “de vacas gordas” (nótense las comillas) cobraba más de la mitad del sueldo en negro en la construcción y lo destinaba a “pisos de inversión”. Y no se sentían “especuladores”, ni malvados ni nada por el estilo. Muchos de ellos despotricaban sobre “los especuladores”, que por lo visto era una congregación de hombres gordos con traje y chistera como los que dibuja Forges.
Está en nuestra “genética izquierdista” el ponernos por sistema de parte de los mileuristas, apaleados, represaliados, equipos de segunda B que juegan contra el Real Madrid, etc. El conservadurismo tiene lo suyo también, claro, pero reconozcamos que ese tic a veces nos nubla la visión. Hay demasiadas ocasiones en que la gente humilde y sin muchos recursos no hace lo que considera el Mal por ser mejor moralmente que la gente poderosa: hay muchas veces que no “especula” o comete abusos porque simplemente no tiene capacidad o poder. No pocas veces repiten, a pequeña escala (y a veces a gran escala), algunos de los supuestos males que achacan a las élites correspondientes.
Todo esto va, en el fondo, de desengañar a mucha gente acerca de la Maldad Intrínseca e Inmutable de los (actualmente) poderosos-malvados. No vamos a negar aquí que el poder cambia a la gente (aunque hay quien dijo que no le iba a cambiar), pero admitamos que el enriquecerse sin querer preguntarse por el mecanismo o consecuencias de dicho enriquecimiento es algo que compartimos mileuristas y dueños de megaempresas. No estamos aquí por eso, el problema ha venido de cómo estaba montado el tinglado que permitía enriquecerse. Leyes, instituciones, reglamentos, parlamentos y vigilancias variadas. Si creemos que el problema es que la gente quiere ganar más entonces volveremos a las políticas de subsistencia:
Ahora, cosas que SÍ que han influido: la principal ha sido el CAPITALISMO, entendido como un sistema de producción basado en el libre comercio, la libertad de innovación, y la CREACIÓN de riqueza. Los sistemas económicos anteriores no estaban, por así decir, orientados al crecimiento, sino al mantenimiento. Se toleraban mal, y no se fomentaban, las innovaciones, y ni siquiera se tendía al aprovechamiento de las ganancias procedentes del intercambio y la especialización. El aristócrata, puesto que vivía estupendamente haciendo lo que hacía (o sea, prácticamente nada), no quería que SUS proletarios hicieran algo distinto de lo que habían hecho durante siglos (cultivar la tierra y ya está). El empresario, en cambio, busca formas de que su negocio CREZCA, y para eso recurre (no siempre, por supuesto, pero lo suficientemente a menudo como para que el efecto agregado sea enorme) a la innovación y a la mejora de la productividad.
Es irrelevante la bondad del corazón de los mileuristas, del ejército de jóvenes en paro o de los inmigrantes. Habrá montones de cabronazos y esbirros sádicos en potencia en estos grupos, que nadie lo dude. Simplemente, todo el mundo merece una oportunidad justa, y es tarea del progresismo que se valore a la gente por sus acciones/resultados y quitar toda barrera por razones económicas, sociales, étnicas, religiosas (o no religiosas!) o demás. También es cuestión no dejar a los que fracasen o tengan mala suerte tirados en el arroyo, claro (lo cual implicará gasto público, perdonadme).
Curiosamente, esto lo sintetizó muy bien Zapatero en su famoso debate con Rajoy: el líder conservador nos hablaba de una niña que todo lo tendría hecho si él ganaba, mensaje cargado de populismo y ñoñería. Zapatero tuvo, para mi, su mejor momento al contestar, en una de las mejores definiciones de por dónde debe tirar la retórica socialdemócrata:
No puedo prometer que todas las personas tengan éxito en su vida. Pero sí que todas tengan las mismas oportunidades para tenerlo. Y las que no lo alcancen, tendrán protección.
Un porcentaje enorme de los problemas que al menos tienen mis amigos/familiares vienen de su miedo a que les den la patada en el trabajo: jefes que abusan, malos rollos laborales, tragar con sueldos congelados, hacer horas gratis, etc. La retórica izquierdista tendría que hacer fuerza en la igualdad de oportunidades REAL, hablar de Meritocracia, de que lleguen arriba los más listos y trabajadores, vengan de donde vengan. Que da igual que te vayan a echar: vas a encontrar algo en poco tiempo, y no peor. Que tener 20 años, parecer “como de fuera” o ser mujer no va a importar. Que lo que cuenten sean los resultados.
Es decir, que España debe dejar de ser un país depresivo, que achaca sus males al Destino, al Espíritu del País o a mil causas externas y que va a ser un país en que la gente está bien formada, tiene control sobre su proyecto laboral y en el que dejamos de ser simples espectadores amargados de lo que pasa que descargamos nuestra ira entre cerveza y bravas para luego sentirnos igual de impotentes una vez salimos del bar.
Remover barreras, acabar con el amigachismo y el estado de bienestar de derechas. Citoyen lo ha resumido en los comentarios del último post de Roger:
Lo que necesitamos no es tanto tener a gente protegida en el mercado laboral contra el poder de los malvados; lo que necesitamos es tener a gente bien armada con capital humano que pueda mandar a su jefe a la mierda y encontrar otro empleo decente.