Hombres blancos frustrados, españolitos mimados y gente ordenada

La táctica de Sarkozy para tapar sus escándalos y baja popularidad parece que no le está saliendo del todo bien en términos electorales (aunque parece que las medidas de ese estilo sí tienen apoyo), aunque en España bastantes voces parecen estar a favor de algo por el estilo.

Lo esencial debería ser centrarse en que usa una cortina de humo más que evidente, pero el debate realmente se plantea sobre la cortina de humo en sí. No deja de ser interesante el porqué tiene tantísimo eco. Éstas son algunas pinceladas de dicho éxito y alguna cosa adicional sobre el tema inmigratorio.

Este nuevo conservadurismo recoge mucha de la frustración del hombre blanco acumulada desde la liberación femenina, los derechos civiles, de todas las leyes para la igualdad que le han ido restando poder al sector de la sociedad eternamente dominante. Ese hombre blanco que tampoco se ha visto favorecido por los buenos contactos, las amistades útiles, el dinero fácil, y que ha ido engrosando durante las últimas décadas una clase media, que fue orgullo de la nación en los años cincuenta, pero que ha sido despiadadamente maltratada por la última revolución tecnológica y la reciente crisis económica.

Esa clase media blanca herida dispara contra lo que tiene más cerca: los inmigrantes, las minorías raciales, los dirigentes políticos. Intenta reducir la competencia, que considera injusta, y pretende que Estados Unidos sea sólo para los verdaderos americanos

Antonio Caño, desde El País.

Este comentario de Arias Cañete, y tantos otros que espero comentar al menos de manera sucinta, sólo tienen un objetivo: devolver el orgullo con apelaciones sentimentales de corte etnicista -perdón, de valores- (rozando lo folklórico, ¡válgame dios!) a unas clases bajas y medias bajas que se niegan a asumir su responsabilidad en su propio destino. Que quieren seguir recibiendo las prebendas que el estado había ideado para los más pobres, a pesar de no serlo. Que reniegan de la competencia y el esfuerzo como vehículos de cambio de la propia situación social, y que prefiere externalizar las culpas hacia cualquier colectivo que sirva de chivo expiatorio. La aristocratización de las clases bajas y medias bajas es un problema de primer orden en el mundo civilizado, por cuánto sienten legitimidad para exigir unos privilegios frente a terceros más pobres que ellos que, lógicamente, no les corresponden (…).

El verdadero socialista, al encontrarse con un nuevo grupo (numeroso) de personas con recursos económicos bajos, que necesitan de las medidas estatales de bienestar, y que para colmo han entrado a formar parte de la mano de obra nacional bajo su mandato, propondrá la urgencia de ampliar el número de hospitales, guarderías y colegios para poder restituir el sentido legítimo de las políticas de bienestar (elevando los impuestos, si fuera necesario). El socialista falso, populista y electoralista le hará carantoñas a las hordas de españolitos mimados por el estado del bienestar, que ni son pobres ni carecieron de las oportunidades para escapar del destino que hoy les atrapa, mentándoles la etnia (perdón, los valores) y el orgullo de un país a cuya renovada honra poco contribuyeron; antes al contrario, cuestan dinero a las arcas de la seguridad social y trabajan menos de lo que trabajaron sus padres (disfrutando de innumerables beneficios y prebendas que les pagan otros).

Andrés Gil von der Walde, desde Escepticismo y libertad

No es, insisto, un problema de racismo sino de capacidad de resistir la fuerza de la intolerancia hacia lo que nos desagrada. Hay que desconfiar del “instinto de rebaño” que nos hace sobrevalorar lo que se considera “normal”. Y, por otro lado, de paciencia para ganar tiempo y que las normas cívicas se vayan negociando y asimilando. El populismo de Sarkozy y Berlusconi, esa forma de satisfacer los bajos instintos del hombre-masa, es una muestra de su irresponsabilidad como respuesta a su baja popularidad y las dificultades políticas de reelección con las que se encuentran. El alcalde republicano de Nueva York, Bloomberg, es un ejemplo en sentido contrario. En todo caso, si lo único que puede hacer Francia con los gitanos es expulsarlos -con buenas maneras, eso sí, no vayan a comparar a los jacobinos de derecha con los Reyes Católicos o con gente aún peor- y si Nueva York no es capaz de hacer respetar la legalidad y los derechos de ciudadanos que pagan sus impuestos por la sensibilidad torcida de unos paranoicos, mal vamos, porque a diferencia de lo que pensaba el buen burgués Goethe en una sociedad liberal no es preferible la injusticia al desorden.

Libertariano, desde Cine y Política

P.D.: Para quien tenga curiosidad en el nivel de delincuencia de Francia puede leerse ésto. Lo que sabemos de la delincuencia en Francia no parece justificar medidas extraordinarias y polémicas a nivel internacional. Cortina de humo de libro.

Realismo e inmigración

Estoy con Jose R. en este asunto. De todos modos, se ha oído mucho hablar en el tema de Vic del “realismo” para las políticas de inmigración, de quitarnos todo el “buenismo” y etc.

Es una buena idea. Por eso, en vez de recurrir a nuestro siempre socorrido “a mi man contao”, he pensado que no está de más ver qué pasa a nivel de comunidad de autónoma o del país con la inmigración.

En primer lugar, tenemos la Encuesta Regional de Inmigración 2009, elaborada por FEDEA para la Consejería de Inmigración y cooperación de la Comunidad de Madrid. Parece que a los inmigrantes les ha afectado mucho más la crisis (su tasa de paro es del 21,1%, la de la región es del 14,4%). También que tampoco acaparan todas las becas (sólo el 10% las reciben) ni atascan las guarderías públicas (el 5% tiene acceso a ellas). Su sueldo medio es 900 euros más bajo que el sueldo medio de la región.

En segundo lugar, tenemos los Euroíndices Laborales de Adecco. Por ejemplo, éste del año pasado.

Entre junio de 2005 y junio de 2008, la UE-27 ha creado 11,2 millones de empleos. Un 72% de los mismos ha sido para ciudadanos locales y el resto para inmigrantes. En el caso de España, nuestro país ha facilitado el 59% de los empleos a extranjeros durante este periodo, contratando a 899.999 (un 44% más) y a 631.000 españoles (un 3,7% más), por lo que es el país que mayor número de inmigrantes ha contratado en los últimos tres años

En tercer lugar, tenemos un trabajo de Díez Ripollés, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, cuyo objetivo es, como él dice, a través de gráficos estadísticos poner de relieve la realidad de la criminalidad española a principios del siglo XXI. Merece un post o dos aparte (que espero hacer), pero las conclusiones son las habituales cuando se estudia el tema con datos en la mano: España está a la cola de los grandes países europeos en cuanto a criminalidad, a pesar del incremento poblacional debido a la inmigración. Trata también en el apartado sexto el tema de la delincuencia de los extranjeros:

Hecha esta distinción, se puede concluir que la evolución de la delincuencia de
extranjeros, a juzgar por las detenciones que sufren, no muestra caracteres preocupantes aun constatando su tendencia general creciente

Sin negar el origen extranjero de una parte de la criminalidad española, no se puede decir que su presencia sea determinante a la hora de explicar los actuales niveles de delincuencia españoles.

Soy consciente de que hay sitios donde acceder a una guardería pública es muy díficil (por ejemplo, sé de primera mano que ésto pasa en Alcorcón), pero no puede hablarse de ese tema en la Comunidad de Madrid como un problema global, como tampoco lo es el de las becas.

También lo soy de que han venido a trabajar en puestos peor pagados y que han sido los primeros en salir perjudicados de la crisis, por lo que los intentos de vendernos que viven mejor que nosotros es tirando a demágogico.

Sé que hay inmigrantes que delinquen, por supuesto, pero el tema tomado a nivel estatal (que es lo que deberían hacer políticos o periodistas, y no intentar sacar el Torrente que muchos llevan dentro) no es ni mucho menos grave, y allá donde haya problemas de delincuencia (o de falta de becas o de escuelas) deberían tomarse las decisiones locales que sean, sin recurrir a las generalizaciones mal hechas, peligrosas y populistas.

No hace falta decir que hay muchos españoles pasándolo mal, pero no se puede mostrar a los inmigrantes como un problema para el Estado de Bienestar, cuando es lo contrario, incluso en aquellos en los que la protección social no es muy alta. En el futuro habrá que reformar cosas como las pensiones, cierto, pero eso iba a pasar de todos modos.

Estas son algunas de las realidades de la inmigración. Algunas que habría que tener en cuenta si nos gusta lo de “ser realista” en el tema inmigratorio, que por desgracia demasiados políticos o periodistas suelen confundir con tener tópicos olorosos recurrentes que lanzan sin saber si tienen base real.

Para terminar, mencionar que tiene que ser alguien liberal el que saca los colores a más de un izquierdista torrentiano en el tema inmigratorio. La idea de la aristocratización de las clases medias y medias-bajas está en medio de toda la nube de cosas que suelen decirse sobre el tema, y habría que hablar más de ello. Escrito más que recomendable, y especialmente por lo siguiente:

El verdadero socialista, al encontrarse con un nuevo grupo (numeroso) de personas con recursos económicos bajos, que necesitan de las medidas estatales de bienestar, y que para colmo han entrado a formar parte de la mano de obra nacional bajo su mandato, propondrá la urgencia de ampliar el número de hospitales, guarderías y colegios para poder restituir el sentido legítimo de las políticas de bienestar (elevando los impuestos, si fuera necesario). El socialista falso, populista y electoralista le hará carantoñas a las hordas de españolitos mimados por el estado del bienestar, que ni son pobres ni carecieron de las oportunidades para escapar del destino que hoy les atrapa, mentándoles la etnia (perdón, los valores) y el orgullo de un país a cuya renovada honra poco contribuyeron; antes al contrario, cuestan dinero a las arcas de la seguridad social y trabajan menos de lo que trabajaron sus padres (disfrutando de innumerables beneficios y prebendas que les pagan otros).