Matías Prats, legislador supremo del reino

Hace muchos años en los telediarios de Antena 3, entre otros, apareció un fenómeno “nuevo”. Tal como se presentaba el asunto, una horda de perros violentísimos atacaba a niños y les mataba. Hasta ese momento nunca había pasado, era algo nuevo. Noticias sobre perros asesinos se sucedían una tras otra. Expertos en perros aparecían en programas de las televisiones hablando del tema. Hubo tertulias al respecto. En ninguna parte, por más que pude ver, aparecían datos reales sobre cuantos de estos incidentes había en el país, cuantos históricamente hay al año, cuantos hay en otros países. Es decir, algún dato con más o menos base sobre si el tema que tanto protagonismo estaba teniendo había experimentado un cambio grande que justificara tanta atención.  Sí supe que el gobierno aprobó una ley sobre ello en 2002. También sabemos que todo el gran bombardeo mediático se ocasionó con un tema que implicaba a 27 muertos en 20 años en un país que supera los 40 millones de habitantes. Por ningún lado vimos asociaciones o grupos de la sociedad civil reclamando nada al respecto. Fue una ley promovida por informativos de cadenas de televisión.

Desde el asesinato de Sandra Palo en 2003, quizás antes con el famoso crímen de Alcasser, hemos tenido en los informativos de Antena 3, entre otros, aperturas sobre asesinatos cometidos por menores de edad. Muchas aperturas de telediarios. Y, luego, muchas tertulias, programas en directo, entrevistas con familiares de las víctimas, etc. En todas esas tertulias, programas o informativos nunca se sacó el dato de criminalidad juvenil en el país, la evolución de la misma o la comparación de dicho dato con otros países de nuestro entorno. Es decir, la justificación de ese interés mediático día y noche sobre el tema. Todo eran argumentos morales, imágenes de las víctimas y de los familiares. Dichos datos existían, claro, y nos hablaban de una criminalidad juvenil baja y estable, lo que está en la línea de la criminalidad general en el país, baja y estable. Ninguna asociación ni grupo de la sociedad civil presionaba públicamente para endurecer las penas a los menores, pero aún así la Ley del Menor se modificó cinco veces en esa misma década. Los políticos responsables nunca hablaron de cambios en los niveles de criminalidad, siempre mencionaron “la alarma social causada”. Al principio de la década apenas hubo movilizaciones sociales al respecto, aunque a lo largo de los años, con los progresivos endurecimientos legales, diversas asociaciones fueron creando y llegando a convocar manifestaciones para pedir aún más endurecimiento de las leyes. Pero desde el principio las modificaciones legales fueron impulsadas en solitario por informativos de cadenas de televisión. Las asociaciones, manifestaciones y demás vinieron después.

En este último año, 2012,  hemos podido ver cómo los informativos de Antena 3, entre otros, aparecían noticias sobre suicidios de personas a las que echan de su piso en propiedad. Muchas veces abriendo el informativo. El tema de los desahucios y los suicidios provocados inundó las redes sociales, se crearon imágenes que circularon por Internet sobre banqueros asesinos, etc.  Había en este caso un grupo, Stop Desahucios, que llevaba protestando e intentando impedir desahucios desde hace bastante tiempo antes. Las cadenas, de nuevo, sacaban debates, tertulias, programas especiales en directo con familiares, etc. Por ninguna parte, de nuevo, aparecía ningún dato sobre los suicidios en España, su evolución histórica, su comparación con otros países en crisis económica o rescatados (datos que, por cierto, no indican claramente que la crisis económica sea causa del aumento de suicidios), etc. Toda este bombardeo ha hecho vincular en el imaginario colectivo los desahucios con un teórico aumento de suicidios que de momento no sabemos si existe (reconocido incluso en medios pocos sospechosos de ser conservadores como El Diario, como puede verse en éste artículo). También ha provocado una movilización social y acusaciones de “terrorismo bancario“. Esta vez no hemos tenido una nueva ley, hemos tenido una moratoria.  Pero ha sido una moratoria aprobada por motivos “de alarma social” ante la insistencia mediática de vincular desahucios y suicidios. En este caso podemos decir que después de la atención mediática sí hubo movilización popular. Y que antes sí existía Stop Desahucios, organización centrada en el tema. Pero la moratoria, hasta donde yo sé, no bebe de ninguna de las propuestas de dicha organización ni tampoco a ninguna entrevista con ningún miembro de esta.

En resumen, son los medios de comunicación tradicionales y más potentes, las televisiones, y su principal instrumento mediático, los informativos, los que están llevando a cabo la tarea que en teoría desde el punto de vista republicano debería corresponder a la ciudadanía mediante organizaciones, sindicatos, ONG´s, etc. Son ellos los que marcan agenda política, muchas veces movidos por el puro amarillismo relacionado con muertes violentas (que es lo que les da audiencia y beneficios). Llevan a dar protagonismo a temas que no tiene la importancia social que le dan si vamos a los datos reales que tenemos, que nunca son mencionados. Las movilizaciones en la calle, las ONG´s, las distintas organizaciones existentes no han conseguido meter un sólo tema en la actualidad informativa que haya provocado cambios legislativos en los últimos diez-quince años más allá de la legalización del matrimonio homosexual o la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Quizás hay alguno más, pero no muchos más. De todos modos,  esto sólo lo han logrado casi en exclusiva los informativos televisivos. La sociedad civil española o no existe o no funciona bien o se limita a protestar en manifestaciones sin hacer nada más, renunciando a proponer alternativas y a implicarse políticamente a largo plazo en cualquier proyecto. En 140 caracteres o su equivalente en tiempo de dedicación no cabe ningún proyecto político alternativo viable. Todo esto es previo a la crisis económica actual.

Es el estilo impuesto por Matías Prats el que se ha impuesto en los informativos, el amarillismo con traje, al amarillismo respetable, que busca la muerte violenta relacionada con algún tema para llevar a cabo campañas de espanto, transmitiendo una sensación de indefensión a su público y consiguiendo reacciones fuertemente reaccionarias de gran parte de sus espectadores, da igual que el tema pueda favorecer tesis izquierdistas (bancos malvados en el caso de los desahucios) o conservadoras (jovenes malvados que necesitan “mano dura” en el tema de la criminalidad). Este estilo se ha trasladado a cadenas teóricamente progresistas, con programas que son fábricas de reaccionarios cabreados que piden reformas endurecedoras de penas o actitudes agresivas legislativas sin importar la gravedad real del asunto. El ejemplo claro es “Hermano mayor“.

Para finalizar, no deja de ser curioso cómo programas inocuos políticamente como “Sálvame” son generalmente apaleados por la gran mayoría de la gente que quiere aparentar gafapastosidad o elitismo cultural pero otros tóxicos políticamente, por su capacidad para dar protagonismo político desmadrado a temas que no lo tienen realmente y por hacernos perder un tiempo precioso que podíamos dedicar a los temas que sí lo tienen (¡¡¡educación universitaria!!! ¡¡¡¿¿cuando??!!!), como los telediarios de todas las cadenas de televisión o “Hermano Mayor” no reciban el mismo trato. Da la sensación que la estética aparentemente seria de los presentadores de informativos prima sobre el amarillismo del contenido.

 

 

Marta del Castillo, Violencia de Género y victimización de la sociedad española

Hace ya algún tiempo el Gobierno ha reformado las leyes para introducir la “pena de prisión permanente revisable” y renovar la Ley del Menor, influido por el famoso caso de Marta del Castillo, entre otros relacionados con asesinatos cometidos por menores de edad.

Hemos pasado, con ésta, por más de cinco reformas de la Ley del Menor en 12 años, cada una de ellas aún más dura que la anterior, y llevadas a cabo por tanto por gobiernos socialdemócratas y conservadores. Dicha reforma, como las anteriores, tiene un gran apoyo social, como puede observarse en columnas periodísticas, encuestas de opinión o en los comentarios a noticias relacionadas con el tema. El hecho de que la delincuencia juvenil haya estado estancada en torno a una década o que España tenga una de las tasas de delincuencia juvenil más bajas de los países de nuestro entorno no ha sido sacado apenas en estos debates. Estos datos han escaseado en el ámbito periodístico, cuya actividad se ha centrado sobre todo en los aspectos más emocionales y personales de estos casos (repetición de fotos de las niñas asesinadas, testimonios de familiares llorando, anécdotas sobre su vida, invocación a su “inocencia” y bondad, etc). Hay una exposición desproporcionada entre los casos reales de asesinatos cometidos por menores y el tiempo dedicado a ello en los medios de comunicación.

Lejos de caer en teorías conspirativas, creo que hay que ampliar el enfoque de vista.

La Violencia de Género, en este aspecto, es un tema que ha funcionado de un modo parecido. Las cifras reales del problema en España son muy bajas si las comparamos con países de nuestro entorno (como por ejemplo, con los muy igualitarios países nórdicos), y la evolución no ha sido de incremento contínuo. Hemos tenido sucesivas reformas, cada cual más dura que la anterior, y mientras en el caso de los menores se ha preparado, en la práctica, algo más duro que una cadena perpetua como se entiende en otros países europeos (preocupante, por su ausencia de justificación en datos reales de criminalidad, criminalización gratuita de “la juventud” y agitación de la opinión pública), en el caso de la violencia de género se ha violado la presunción de inocencia del acusado, algo que a mi, como partidario del garantismo y la reinserción, me parece monstruoso, algo al mismo nivel . La exposición mediática del problema, de nuevo, no se corresponde con la tasa de criminalidad asociada. Unido, de nuevo, al linchamiento y deshumanización de los maltratadores, los cuales, al igual que los asesinos menores de edad, pueden reinsertarse en la sociedad con tratamiento adecuado, aspectos que suelen aparecer al bucear mucho en periódicos o internet, pero raramente suelen estar en el foco de la noticia. Este suele estar más centrado en pintar como monstruos irrecuperables y sin sentimientos humanos a los delincuentes de cada caso, para los cuales parece haber una competición para ver a quien se le ocurre el castigo más grande y salvaje, incluso en medios socialmente aceptados como moderados. Hasta tal punto se ha llegado que los más jóvenes creen que en la actualidad hay más violencia de género que en el pasado.

El endurecimiento de penas se ha generalizado a casi todos los tipos de delitos o faltas, engordando a niveles desproporcionados la población carcelaria en España a pesar de la ausencia de datos sobre una explosión de delitos juveniles, maltrato u otros muchos. Puede que en el caso, por ejemplo, de la Violencia de Género haya más voces de sectores de izquierdas a favor de su endurecimiento, con más voces conservadoras en contra. También puede que en casos relacionados con delitos de menores haya más voces conservadoras a favor del endurecimiento y etc. De todos modos el endurecimiento penal es, en general, bien recibido, más allá de la realidad delictiva de la que hablemos, de su gravedad real y de sus posibles alternativas de reinserción.

No es mi intención apoyar o relativizar los asesinatos de menores ni la violencia de género: ambos son problemas importantes y reales, que no tienen excusa (pero sí explicación) y que deben ser perseguidos por la ley. Pero sí quiero destacar que la importancia mediática de ambos temas es un síntoma de la victimización de la sociedad española, que con el paso de los años, antes incluso del inicio de la grave crisis económica actual, cada vez más se identifica más con roles pasivos, sufridores, paranoicos, faltos de fuerza y de autoestima.

En este discurso parece que no hay casi nada que no represente una amenaza:  niños que matan, maltratadores, inmigrantes que vienen a quitarnos el trabajo, empresarios que se masturban pensando en explotarnos, judíos que controlan el mundo, conspiradores multinacionales que no quieren que haya “cultura libre”, políticos “que no nos representan” a pesar de haber sido elegidos en votaciones con niveles de participación por encima del 70%, “feminazis” que nos impiden ligar, los catalanes/los de la meseta que “nos roban”, sindicalistas malvados, etc. La lista de enemigos todopoderosos que tienen sitiado al asalariado medio no parece tener fin. Ante este panorama sólo queda quejarse amargamente, proclamar la inhibición política como modelo de actuación lógico y desarrollar actitudes antipolíticas, que llevan consigo un deseo insaciable de “mano dura” penal, da igual el delito o falta de la que hablemos.

De la crisis económica sólo podremos salir con reformas de las leyes y con un mejor diseño institucional, lo cual tendrá que venir sí o sí de Europa, y no será fácil. Pero sería importante pararse a pensar qué se puede hacer , sin caer en campañas vergonzantes del estilo “ponerse al revés una prenda de vestir”, para devolver a los españoles la creencia de que su destino depende de ellos. Que somos mayores de edad. Que no estamos condenados a nada. Que la política y los políticos son, hoy, más necesarios que nunca. Que hay que implicarse. Es lógico que en una crisis económica de esta gravedad la autoestima de las personas baje, pero el problema lo teníamos de antes de tener una tasa de paro de más del 20%. Estas actitudes, anteriores a la crisis, son un lastre político importante. La crisis sólo ha agudizado el victimismo que ya existía.

Evidentemente, buenos resultados económicos mejorarían el panorama,  pero hay una responsabilidad en la socialdemocracia y el conservadurismo español en el asunto, en el sentido de no haber logrado transmitir ideas de madurez política y responsabilidad individual a sus ciudadanos, más allá de la conocida mayor implicación en la igualdad por parte del progresismo o de la estabilidad y seguridad por parte del conservadurismo. No debería ser incompatible con ninguna de las dos.

 

 

 

 

Sobre la edad penal de los menores

Alfredo Oliva habla en su blog sobre la modificación de la edad penal para los menores:

Para quienes deben ser apartados de la sociedad por sus delitos, no es lo mismo un centro orientado a su recuperación que otro dedicado a su custodia. Los centros para menores procuran ofrecer a los adolescentes antisociales un contexto favorable, no limitando su acceso a experiencias necesarias para alcanzar la madurez. Por el contrario, las cárceles son entornos aversivos en los que el contacto con otros delincuentes adultos servirá para fortalecer en ellos sus tendencias antisociales. No es de extrañar que la mayoría de estudios encuentren que, en igualdad de condiciones, la reincidencia es mayor en los menores internados en centros penitenciarios ordinarios. No parece, por tanto, que a largo plazo la reclusión desde pronto en prisiones cumpla la función de proteger a la sociedad, ya que bien puede estar contribuyendo a la reincidencia de los menores encarcelados.

Tendemos a dividir la sociedad en víctimas y verdugos, en lobos y corderos. Tendemos a pensar que ni nosotros ni nuestros hijos estamos en el lado oscuro. Pero si uno de nuestros hijos adolescentes entrara en algún momento en contacto con el sistema penal, ¿querríamos para él una ley punitiva aplicada en un entorno carcelario adulto o una ley rehabilitadora que le permitiese no sólo cumplir una pena, sino también integrarse luego en la sociedad?

Ensalada de enlaces

1) José R. define la socialdemocracia liberal frente al socialismo tendente al totalitarismo. Leedle, demonios:

La socialdemocracia es liberalismo clásico, es capitalista, respeta la libertad individual y su fin es ampliar las cotas de autonomía personal y de conseguir que las condiciones de partida sean lo más justas posibles. Es liberal porqué civiliza el mercado para que se parezca más a su funcionamiento “ideal” y que la repartición de riquezas no se vea afectada por monopolios privados. Es liberal porqué crea instituciones que defienden a los individuos de los abusos del poderoso sea este privado o un estado. Es liberal porqué su concepto de igualdad y justicia es Rawliano no marxista.

Y esa socialdemocracia no puede renunciar a su objetivo de civilizar el capitalismo como tampoco puede renunciar a su tradición liberal de hacer del socialismo una forma política compatible con las libertades individuales.

2) Reforma Sanitaria de los EEUU: además de leer al que hay que leer en este tema, mirad el delicioso titular de The Economist, vía Guerra Eterna:

A Robin Hood bill that America needed

La redistribución, los paneles de la muerte y Magneto avanzan una vez más!

3) Del porqué el fichaje de Juan José Cortés como “asesor en materia jurídico-penal” por el Partido Popular es un acto de demagogia y populismo bananeros, vía Debate Callejero:

Concretando, dar audiencia a las víctimas, tomarlas en consideración, atender a sus necesidades y peticiones, acceder a considerar sus propuestas, es básico en aras de una política social de atención al colectivo de víctimas del delito. Es imprescindible. Pero la reforma de un texto legal tan importante, complejo científicamente y necesitado de tan amplio consenso social y político como el Código Penal es labor técnica. En este sentido, el PP engaña a la sociedad. Por poner un ejemplo de reducción casi al absurdo, si quieren: por imperativos de política de salud pública, es estupendo que las autoridades sanitarias atiendan las necesidades y sugerencias de los familiares de enfermos de Alzheimer, por un suponer. Pero sería absurdo que la Ministra de Sanidad apareciere fichando a algún significado y activo familiar afectado por esa patología como “asesor” científico del Ministerio en la puesta en funcionamiento de nuevas terapias farmacológicas. Esa es labor técnico-científica, y hacen falta algo más que cercanía al problema o que buenas intenciones para abordarla.

En el fondo, este fichaje es caer en el buenismo con el que están obsesionados tantos conservadores. Creen que porque tiene buenas intenciones con eso ya vale, dando igual que ese señor no sea jurista, criminólogo, educador o cualquier profesional relacionado con la ley a tratar.

4) Desde “La lógica del titiritero”, se deja en evidencia el vergonzosamente flojo artículo de Savater sobre el debate de los toros. Al contrario de lo que piensa Jose Luis Ferreira del tema, esto no es Síndrome de Estocolmo ni como dice algún comentarista es “Disonancia Cognitiva”.

Creo más bien que pasa ahora con Zapatero lo que le pasó a Aznar en la última parte de su mandato: hay una manía demasiado extendida por oponerse a todo lo que se relacione con él, sea bueno, malo, regular o ninguna de las anteriores. Y como nos sentimos arropados, caemos más fácilmente en errores infantiles. Total, todos odian al Malo de Turno, qué más da argumentar bien.

Insistimos…

En la encuesta saldrá un 79% de gente a favor de la “cadena perpetua revisable”, pero:

1) ¿Alguien les ha contado que si es “revisable” eso implicara una reducción de penas, ya que ahora tenemos penas de 40 años íntegras y sin posibilidad de reducción? ¡están por una reforma para pedir más “mano dura”, pero en la práctica implica más “mano blanda”! ¡qué más dan las implicaciones prácticas de las leyes!

2) ¿Alguno de los promotores periodísticos de la “cadena perpetua revisable” se animará alguna vez a hablar de datos de criminalidad en España de la última década o de los últimos cinco años? Quiero decir, más allá de casos particulares de asesinato (que pasarán con cualquier código penal), ¿hablarán alguna vez de los datos o estudios sobre el tema?

3) Ya que hablan de reinserción en el editorial, ¿cuándo aparecerán en periódicos o radios o televisiones algún trabajador de prisiones, algun educador social, alguien que trabaje con prisioneros y cuente lo que sabe de la reinserción? ¿porqué sólo hablan personajes que no han mirado ni un dato ni un estudio para hablar del tema, que lo mismo son expertos en criminología, en el Islam, en economía que de tango?

¿Es popular endurecer las penas?

Viendo los cambios de, por ejemplo, la Ley del Menor en esta década (¡¡5!!) podríamos pensar que sí. Es difícil cambiar cinco veces la Ley del Menor en diez años si no es algo popular o muy necesario. De su (falta de) necesidad, si nos atenemos a los datos que tenemos, ya hablé hace poco. Vamos a hablar ahora de la popularidad en España del progresivo endurecimiento de las leyes. 

¿Es cierto que hay “demanda social” para endurecer las leyes? Si uno ve las encuestas de los periódicos, las tertulias, los comentarios indignados en los bares o las congregaciones en los juzgados para “recibir” a los criminales juzgad…sospechosos de delitos podríamos pensar que sí. Los que estamos por la reinserción tenemos una sensación de estar en absoluta minoría, la verdad.

Daniel Varona Gómez, profesor titular de Derecho Penal de la Universidad de Gerona, ha investigado sobre si los españoles somos de verdad tan partidarios de la mano dura (1, 2).

Una de las ideas claves es la del “Mito del punitivismo”.  Es la discrepancia entre la creencia en una población deseosa cada vez más de un endurecimiento progresivo de las penas y lo que luego se encuentra en experimentos en los que se pide a los sujetos que juzguen determinados delitos e impongan pena…en los cuales la gente pone penas más “blandas” que las que efectivamente ponen los jueces.

Hay un sorprendente apoyo a las penas alternativas a la prisión, por no mencionar que la gente atribuye mayoritariamente el orígen de los crímenes a causas sociales más que a una decisión individual, racional y perfectamente consciente o a la falta de dureza de la pena (aunque la gente que cree que la causa de la criminalidad es la falta de dureza ha aumentado 10 puntos porcentuales en cinco años, pasando de un 19, 8% a un 29,3%).

Analiza también el perfil de la persona “punitiva” (partidaria del endurecimiento de las penas), encontrando cosas más o menos esperables (las personas políticamente conservadoras son más punitivas que las que se consideran de izquierdas) y otras sorprendentes: las personas que han pasado por la cárcel son mucho más punitivas que las que no han pasado por ella. O que el hecho de ser víctima de un delito no correlaciona con tener una actitud punitiva. ¿Qué correlaciona fuertemente con ser partidario de la mano dura? La clave es la explicación que hace cada uno de la causa por la que se delinque. Si creemos que los delincuentes lo son por decisión racional, individual y consciente, tenderemos a ser punitivos. Si creemos que las explicaciones son sociales (pobreza, educación, falta de valores, etc), tenderemos a serlo menos.

Visto desde un ángulo un poco más amplio, y siguiendo un estudio referenciado por el autor, España está, dentro de la Unión Europea, dentro del grupo de países que más creen que los jóvenes cometerían menos delitos si las penas fueran más duras (junto a otros países católicos y, sorprendentemente, Reino Unido).

Curiosamente y añadido a lo anterior, también se cree que antes que la pena es más efectiva la educación escolar o la disciplina familiar…por no decir que la causa mayoritaria a la que se atribuye la delincuencia es la pobreza o el desempleo, tanto en España como en el resto de Europa.

A pesar de que hay datos para afirmar que la actitud punitiva ha aumentado en la última década, sigue sin ser mayoritaria. ¿De dónde viene la “alarma social”? Si nos fijamos en las páginas 13, 14 y 15 del primer enlace del post veremos la relación entre evolución real de la delincuencia, preocupación por el delito según el CIS y la cantidad de noticias sobre delincuencia.

Pues bien, lo que puede apreciarse de forma muy significativa en el gráfico es que existe una correlación cuasi-perfecta entre la atención mediática y la preocupación social, mientras que dicha correlación es mucho menos intensa o de hecho inexistente entre ambos fenómenos y la realidad de la delincuencia grave registrada. Así, por ejemplo, frente a un ligero aumento de la delincuencia grave en 2001, que como máximo alcanza el 10%, se produce en el año 2002 un incremento exponencial de la atención mediática al delito(+255%), cosa que obviamente repercute en el dato sobre preocupaciones sociales (+103%)

De hecho, si se analizan los casos que alcanzan una gran resonancia mediática y que probablemente contribuyen al aumento de la preocupación ciudadana por el delito, puede observarse que se basan ante todo en la imagen de un sistema penal ineficaz en la prevención del delito. Pero no ineficaz por blando, sino básicamente por incompetente: no logra frenar el delito; no logra detener a los culpables. Con la expresión de dicha preocupación, los ciudadanos estarían en suma reclamando, más que un mayor rigor del Derecho Penal (penas más duras), una mínima eficacia (aplicación de las penas).

De hecho, tanto el PP como el PSOE han hecho un buen trabajo en los gobiernos centrales en el tema de la lucha contra la delincuencia. La lentitud y atasco judicial, problema épico de nuestro país, producen errores que a veces son sangrantes. Estos son sacados de quicio por medios de comunicación que con el paso de los años han caído en un amarillismo vergonzoso (y rentable económicamente), transformando la legítima queja de la lentitud y atasco de la Justicia hacia campos ficticios, como el del (falso) incremento de la delincuencia o el de la (falsa) escasez de mano dura.

Podrá decirse que su “éxito” es más bien relativo si vemos la actitud de la gente al preguntarles por lo que más les preocupa de su vida diaria: el tema de la delincuencia no parece importante. Sin embargo, al preguntar directamente sobre la delincuencia, las opiniones parecen más punitivas de lo que luego, pasando al detalle, haciendo que la gente haga de juez o preguntando por el origen de la delincuencia, demuestra ser.

Es muy posible que al hablar directamente del tema o al ser preguntados directamente mucha gente esté respondiendo a lo que ellos perciben (a través de los medios de comunicación) como consenso establecido socialmente (y ahí entrarían los estudios de deseabilidad social).

La pregunta sobre la deriva amarillista, populista e irresponsable de los medios de comunicación en éste y otros temas debería responderse en otros post, que no deberían enfocarse a conspiraciones reaccionarias o similares magufadas.  Más bien deberían centrarse en las razones de la degradación del periodismo, la evolución de los temas mediáticos  y las razones sociológicas que hay detrás.