Un amigo, cargo medio-alto en una famosa ETT, me ha mandado un correo con detalles sobre la reforma laboral. Como hace mucho que no publico nada, entiendo que el gentío ansía deseoso mi regreso triunfal y como he contestado en tres párrafos (en estos tiempos forococheros eso es un plus), he decidido compartir con el Pueblo mis agudas observaciones al respecto.
La parte que te toca está bien. El INEM no es capaz de colocar ni a Cristiano Ronaldo cobrando 400 euros/mes: es vergonzoso. Que las ETT metan la cabeza ahí me parece estupendo.
Lo de la flexibilidad interna es buena idea, pero se ha roto totalmente cualquier poder negociador por parte del empleado. Al fin y al cabo, se intenta bajar los sueldos para ser más competitivos, y se va a hacer “a las bravas”, sin poder negociar nada. Mucha judicialización y mucha conflictividad. Va a ser chungo chungo. Me huelo la tostada y sé que nos van a bajar el sueldo a muchísimos sin poder tener poder de negociación alguno. Yo digo que si hay que bajarse el sueldo para no irnos a la calle o para contratar a más gente pues lo hago, pero me gustaría tener algún poder negociador, individual o colectivo. Algo. La reforma me quita tal posibilidad. No me gusta.
Por lo demás, al final lo que cuenta es el resultado. Entiendo que no han hecho esto por dar de comer niños obreros crudos al empresario, y que creen desde el gobierno que puede ayudar. Yo creo que no, pero vamos a ver. Si la reforma consigue o contribuye a crear empleo, que ahora es casi lo único que cuenta, me trago el sapo. Pero si no funciona, el descenso generalizado de sueldos no va a hacer muy feliz a la gente precisamente, y habrá cabreos gordos, y con razón. Se la han jugado a lo grande los chicos de Rajoy. Pero al final, como en casi todo, lo que contarán serán los resultados.
Se aceptan aplausos y piropos de todo tipo.