En el fondo que Contador se haya dopado o no hasta me da igual.
Lo que me importa más es el modo de afrontar una información con mucha ambiguedad (¿se ha dopado? ¿le han tendido una trampa?) dentro un tema técnico y especializado (niveles de sustancias que el 98% de las personas en la vida hemos oído nombrar).
La reacción periodística española la hemos visto: enroscamiento de boina. Contador “es de los nuestros”, es español y están tratando de desacreditarle los franceses, estadounidenses y demás malvados habituales. Hay que apoyar a Contador desde instancias públicas, desde instancias privadas y, en general, proclamar que confiamos en su inocencia, sin datos, sin un relato coherente.
Y todo ésto ante un estímulo (¡¡¡dicen que un español victorioso hace algo malo!!!) y sin mayor información. De poco vale que los únicos con este discurso sean periodistas españoles (aunque no todos), que el gobierno español tenga una dejadez vergonzante con el tema del doping y que nos hayan dado más de un toque al respecto. También da igual que las “razones” de Contador sean surrealistas y que pidan un acto de fe que ríete tú de los que van a Lourdes.
Esto puede parecer fruto del desconocimiento o la ignorancia respecto a temas técnicos del problema, pero no es así.
Hace una temporada se hablaba de los ataques especulativos contra España. Se hablaba de manía al país, a Zapatero o demás. Se llegó a hablar de racismo hacia los países más pobres de la Unión Europea, y, en especial, a España. Que si piratas, que si especuladores en la sombra y demás.
Lo cierto es que, una vez más, la mayoría (me incluyo) desconocemos muchísimo del mundo de la especulación a escala internacional, de las agencias de rating (¿quien sabía lo que eran hace 4 años?). Y en este caso, el económico, nos pasó en el pasado como ahora con Contador: enroscamiento de boina, van a por nosotros con lo bien que lo hacemos todo, etc.
De poco vale que España esté superando a Sudamérica entera y compitiendo con países africanos en cuanto a nivel de paro (aquí en colores, para que la cosa sea más visual), lo cual, sin saber demasiado de macro o microeconomía me imagino cosa mala tiene que ser. Algo, digo, algo tendrá que ver con que se piense fuera de nuestras fronteras que España “va mal”. No es que lo piensen, es que VAMOS MAL. Creo que cualquier persona adulta entiende que si tu nivel de paro está peleando con el de los países africanos desde fuera no van a apostar por nosotros. Pero no es manía contra España: es que tú tampoco apostarías por Somalia o similares.
Lo que me importa de estos dos asuntos es cómo reaccionamos ante información técnica que no dominamos, ante la incertidumbre y en casos de crisis de varios tipos.
Hoy por hoy somos victimistas, paranoicos, dados a apelar a las entrañas y con enormes problemas para reconocer que los problemas con el resto del planeta de vez en cuando tienen que ver con errores nuestros. No tiene porqué ser así siempre, pero a día de hoy creo que es innegable que la reacción típica es más o menos ésta: paranoicismo y ausencia de responsabilidad por las propias meteduras de pata.
Miramos a los argentinos por encima del hombro por su idolatría a Maradona, pero a lo mejor habría que empezar a escribir algún artículo con el título “Contador como metáfora española“.