Hace muchos años en los telediarios de Antena 3, entre otros, apareció un fenómeno “nuevo”. Tal como se presentaba el asunto, una horda de perros violentísimos atacaba a niños y les mataba. Hasta ese momento nunca había pasado, era algo nuevo. Noticias sobre perros asesinos se sucedían una tras otra. Expertos en perros aparecían en programas de las televisiones hablando del tema. Hubo tertulias al respecto. En ninguna parte, por más que pude ver, aparecían datos reales sobre cuantos de estos incidentes había en el país, cuantos históricamente hay al año, cuantos hay en otros países. Es decir, algún dato con más o menos base sobre si el tema que tanto protagonismo estaba teniendo había experimentado un cambio grande que justificara tanta atención. Sí supe que el gobierno aprobó una ley sobre ello en 2002. También sabemos que todo el gran bombardeo mediático se ocasionó con un tema que implicaba a 27 muertos en 20 años en un país que supera los 40 millones de habitantes. Por ningún lado vimos asociaciones o grupos de la sociedad civil reclamando nada al respecto. Fue una ley promovida por informativos de cadenas de televisión.
Desde el asesinato de Sandra Palo en 2003, quizás antes con el famoso crímen de Alcasser, hemos tenido en los informativos de Antena 3, entre otros, aperturas sobre asesinatos cometidos por menores de edad. Muchas aperturas de telediarios. Y, luego, muchas tertulias, programas en directo, entrevistas con familiares de las víctimas, etc. En todas esas tertulias, programas o informativos nunca se sacó el dato de criminalidad juvenil en el país, la evolución de la misma o la comparación de dicho dato con otros países de nuestro entorno. Es decir, la justificación de ese interés mediático día y noche sobre el tema. Todo eran argumentos morales, imágenes de las víctimas y de los familiares. Dichos datos existían, claro, y nos hablaban de una criminalidad juvenil baja y estable, lo que está en la línea de la criminalidad general en el país, baja y estable. Ninguna asociación ni grupo de la sociedad civil presionaba públicamente para endurecer las penas a los menores, pero aún así la Ley del Menor se modificó cinco veces en esa misma década. Los políticos responsables nunca hablaron de cambios en los niveles de criminalidad, siempre mencionaron “la alarma social causada”. Al principio de la década apenas hubo movilizaciones sociales al respecto, aunque a lo largo de los años, con los progresivos endurecimientos legales, diversas asociaciones fueron creando y llegando a convocar manifestaciones para pedir aún más endurecimiento de las leyes. Pero desde el principio las modificaciones legales fueron impulsadas en solitario por informativos de cadenas de televisión. Las asociaciones, manifestaciones y demás vinieron después.
En este último año, 2012, hemos podido ver cómo los informativos de Antena 3, entre otros, aparecían noticias sobre suicidios de personas a las que echan de su piso en propiedad. Muchas veces abriendo el informativo. El tema de los desahucios y los suicidios provocados inundó las redes sociales, se crearon imágenes que circularon por Internet sobre banqueros asesinos, etc. Había en este caso un grupo, Stop Desahucios, que llevaba protestando e intentando impedir desahucios desde hace bastante tiempo antes. Las cadenas, de nuevo, sacaban debates, tertulias, programas especiales en directo con familiares, etc. Por ninguna parte, de nuevo, aparecía ningún dato sobre los suicidios en España, su evolución histórica, su comparación con otros países en crisis económica o rescatados (datos que, por cierto, no indican claramente que la crisis económica sea causa del aumento de suicidios), etc. Toda este bombardeo ha hecho vincular en el imaginario colectivo los desahucios con un teórico aumento de suicidios que de momento no sabemos si existe (reconocido incluso en medios pocos sospechosos de ser conservadores como El Diario, como puede verse en éste artículo). También ha provocado una movilización social y acusaciones de “terrorismo bancario“. Esta vez no hemos tenido una nueva ley, hemos tenido una moratoria. Pero ha sido una moratoria aprobada por motivos “de alarma social” ante la insistencia mediática de vincular desahucios y suicidios. En este caso podemos decir que después de la atención mediática sí hubo movilización popular. Y que antes sí existía Stop Desahucios, organización centrada en el tema. Pero la moratoria, hasta donde yo sé, no bebe de ninguna de las propuestas de dicha organización ni tampoco a ninguna entrevista con ningún miembro de esta.
En resumen, son los medios de comunicación tradicionales y más potentes, las televisiones, y su principal instrumento mediático, los informativos, los que están llevando a cabo la tarea que en teoría desde el punto de vista republicano debería corresponder a la ciudadanía mediante organizaciones, sindicatos, ONG´s, etc. Son ellos los que marcan agenda política, muchas veces movidos por el puro amarillismo relacionado con muertes violentas (que es lo que les da audiencia y beneficios). Llevan a dar protagonismo a temas que no tiene la importancia social que le dan si vamos a los datos reales que tenemos, que nunca son mencionados. Las movilizaciones en la calle, las ONG´s, las distintas organizaciones existentes no han conseguido meter un sólo tema en la actualidad informativa que haya provocado cambios legislativos en los últimos diez-quince años más allá de la legalización del matrimonio homosexual o la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Quizás hay alguno más, pero no muchos más. De todos modos, esto sólo lo han logrado casi en exclusiva los informativos televisivos. La sociedad civil española o no existe o no funciona bien o se limita a protestar en manifestaciones sin hacer nada más, renunciando a proponer alternativas y a implicarse políticamente a largo plazo en cualquier proyecto. En 140 caracteres o su equivalente en tiempo de dedicación no cabe ningún proyecto político alternativo viable. Todo esto es previo a la crisis económica actual.
Es el estilo impuesto por Matías Prats el que se ha impuesto en los informativos, el amarillismo con traje, al amarillismo respetable, que busca la muerte violenta relacionada con algún tema para llevar a cabo campañas de espanto, transmitiendo una sensación de indefensión a su público y consiguiendo reacciones fuertemente reaccionarias de gran parte de sus espectadores, da igual que el tema pueda favorecer tesis izquierdistas (bancos malvados en el caso de los desahucios) o conservadoras (jovenes malvados que necesitan “mano dura” en el tema de la criminalidad). Este estilo se ha trasladado a cadenas teóricamente progresistas, con programas que son fábricas de reaccionarios cabreados que piden reformas endurecedoras de penas o actitudes agresivas legislativas sin importar la gravedad real del asunto. El ejemplo claro es “Hermano mayor“.
Para finalizar, no deja de ser curioso cómo programas inocuos políticamente como “Sálvame” son generalmente apaleados por la gran mayoría de la gente que quiere aparentar gafapastosidad o elitismo cultural pero otros tóxicos políticamente, por su capacidad para dar protagonismo político desmadrado a temas que no lo tienen realmente y por hacernos perder un tiempo precioso que podíamos dedicar a los temas que sí lo tienen (¡¡¡educación universitaria!!! ¡¡¡¿¿cuando??!!!), como los telediarios de todas las cadenas de televisión o “Hermano Mayor” no reciban el mismo trato. Da la sensación que la estética aparentemente seria de los presentadores de informativos prima sobre el amarillismo del contenido.