Recomendaciones

Quiero recomendar dos post:

1) Francisco Traver, desde el blog Neurociencia-neurocultura, nos ofrece un interesante vídeo del seminario de metaformación realizado en el Consorcio Hospitalario de Castellón a cargo del Dr Rafael Mora. Trata sobre el punto de vista evolutivo sobre las drogodependencias.

Es un buen resumen de la teoría evolucionista al respecto. Es muy interesante, pero como siempre hay que tener cuidado con los dejes obsesivos de lo evolucionista (¡sexo! ¡sexo! ¡sexo!). Cuando comenta el vínculo de los opioides con los vínculos sociales me ha hecho recordar algo. Los trabajadores sociales más de una vez comentan cómo en centros de acogida hay diferencias en el comportamiento respecto al resto del grupo entre los diferentes tipos de adictos. En concreto, los alcohólicos suelen hacer piña entre ellos, pero los heroinómanos es raro que estén en grupos más o menos grandes. La pregunta sería si las modificaciones que sabemos que efectúa en el cerebro son las responsables de esta diferencia en la conducta o si más bien es la vulnerabilidad a este tipo concreto de sustancias la que influye más aquí. Yo tiendo a creer que pesa más la segunda.

2) Desde Tercera Cultura podemos leer este post: “¿Por qué somos de izquierdas o de derechas?“. Ya ha hablado en un par de post sobre este tema (I y II). Al igual que yo critiqué en los dos anteriores enlaces una aproximación al tema bastante parcial hacia el lado izquierdista, el post en cuestión de Tercera Cultura critica otra aproximación parcial en el sentido opuesto.

Ensalada de enlaces sobre neurociencia

En primer lugar, pacotraver desde Neurociencia Neurocultura. Interesantísimo post sobre lo observado en los terribles 80 respecto a los adictos a drogas duras.

Una curiosa observación de los años 80 fue que raramente los adictos a heroina desarrollaban esquizofrenia o psicosis en general a pesar de ser una población supuestamente vulnerable, se trataba de heroinomanos puros sin trastorno mental sobreañadido, posteriormente la irrupción de la cocaina en el mercado negro y el disparo de su consumo en años posteriores en nuestro pais (somos el pais occidental mas consumidor de cocaina) nos alertó sobre otra cuestión muy importante en las toxicomanias: la dependencia y la abstinencia no eran las únicas consecuencias de su consumo abusivo: algunas drogas no son peligrosas por su riesgo de adicción sino porque conllevan riesgos psiquiátricos sobreañadidos, como es el caso de la paranoia y la depresión con la cocaina o la irrupción de psicosis tóxicas en los consumidores de cannabis indistinguibles de la esquizofrenia.

La cuestión comenzó a agravarse en la ultima década con una generación de personas que además de padecer una enfermedad mental abusaban de las drogas y que usualmente abusaban de todas las drogas: alcohol,cannabis, tabaco, benzodiacepinas y cocaína.

En segundo lugar, Eduardo Robredo, desde La Revolución Naturalista. Expone el caso más famoso de “determinismo hormonal”: la oxitocina (“la hormona del amor”, terminología que usa Punset más de una vez en El Viaje al Amor). El post es, como de costumbre en él, fantástico y brillante.

¿Existe algún buen argumento para decir que la oxitocina subyace al racismo, al menos en cierta medida? Sí, de algún modo, en alguna medida. Los autores del estudio parecen convencidos de un vínculo causal directo a juzgar de sus explícitas menciones de conflicto racial y el tono general de su artículo. En el extracto del artículo escriben “conjeturamos que el etnocentrismo podría estar modulado por la oxitocina del cerebro, un péptido del que se sabe que promueve la cooperación entre los miembros del propio grupo.” Yo estoy menos dispuesto a ir tan lejos. Aún no se conoce que otros sistemas interactúan con la oxitocina y bajo qué condiciones cultural/sociales se “activan” (ver figura abajo).

En tercer lugar, René desde Neuroeconomía. Contestando a una declaración surrealista, hace un fantástico resumen de lo que sabemos de la influencia del estatus socioeconómico de las mujeres embarazadas y su influencia en variables psicológicas (entre otras):

El bajo ESE (estatus socioeconómico) en mujeres embarazadas incrementa la probabilidad de deficiencias en el desarrollo fetal y el nacimiento prematuro (1). Ambos factores son predictores significativos de problemas en salud mental y bajo rendimiento escolar (2,3,4,5,6). Ambos también se asocian a menor volumen del hipocampo en la vida adulta (12), estructura clave, entre otras cosas, para la consolidación del tipo de memorias (semántica y episódica) que forman parte importante de las competencias requeridas para acceder a los trabajos mejor remunerados. El bajo ESE además está asociado a mayores niveles de estrés, infección y nutrición deficiente durante el embarazo. Todo ésto incrementa los niveles plasmáticos de glucocorticoides en la madre y el feto (7,8,9,10). Además de ser otro factor asociado a nacimiento prematuro, y luego de controlar ese factor en el análisis, los niveles de glucocorticoide durante el embarazo están asociados con debilitamiento es sistemas de autocontrol comportamental, problemas en focalizaciónde la atención y bajo coeficiente intelectual (11). Todo eso respecto a lo que puede ocurrir antes del nacimiento. Detallar las diferencias que pueden generarse desde el nacimiento hasta el mes 18, punto de partida de las diferencias en oportunidades de desarrollo para Ossandon, sería redundante para el argumento. Lo puede revisar aquí. Yo mando el artículo a cualquier interesado que no pueda bajarlo.

Este tipo de cosas deberían darse más a conocer y deberían ser objeto recurrente de atención mediática, por su grave importancia política. Muchas veces se habla de la heredabilidad de la inteligencia o de la inteligencia entrenada. Y muchas veces se nos olvida algo: las circunstancias del embarazo, el parto o los primeros años. Circunstancias que pueden conllevar efectos casi permanentes en las competencias cognitivas (y los posibles empleos que pueden desempeñar adecuadamente) de las próximas generaciones.

La educación infantil, la sanidad infantil o las ayudas a madres pobres deberían ser de las últimas cosas a congelar/recortar de un país.

La legalización de las drogas (III): el tabaco

Como llevamos unos días hablando todos de la nueva legislación sobre el tabaco, voy a seguir con la serie de las drogas (I y II, ¡autoenlazándome, como Roger!!) centrándome en el tabaco.

Hipocresía. Con esta nueva ley ya estamos oyendo varias teorías al respecto de la ley. Una de ellas es que si se supone que el tabaco es tan malo quizás deberíamos prohibirlo y acabar con la hipocresía del estado, que trata de lucrarse de algo que hace daño (Jessica ya habló de ello). Las experiencias que tenemos sobre prohibiciones de drogas no son muy buenas en cuanto a efectividad (por no decir que son muy caras). Lo que mejor ha salido, de momento, es la legalización junto a la limitación de los sitios de consumo para no perjudicar a quien no ha elegido fumar:

Planchuelo ha recalcado que el tabaco en los espacios públicos “choca también con la igualdad de cerca de un millón de trabajadores de hostelería que tienen que convivir con el humo de los cigarrillos”. De hecho, los actuales niveles de contaminación en los locales de ocio causan 988 casos anuales de cáncer de pulmón entre los trabajadores de hostelería, según ha indicado.

La cuestión es que no se convierta en un gasto bárbaro para el estado (economica y humanamente) y que los que no fuman puedan ir a trabajar sin tener que ser obligados a fumar pasivamente.

Negocio. El tabaco tiene muchos impuestos, pero aún así el estado pierde mucho más en tratamientos de lo que ingresa (el doble, de hecho). El tabaco no es un negocio para el Estado. Al contrario.

Efectividad. El tratamiento del tabaco en Irlanda, EEUU o similares es el mejor que se puede tener respecto a una droga masificada. Legalización pero limitación fuerte a dónde se puede consumir y prohibición de la publicidad. Incluso subir el impuesto sobre el tabaco (funciona para reducir su consumo, especialmente en adolescentes). En España tenemos un problema, ya que somos el noveno país en consumo de tabaco per cápita del mundo. Bastantes efectos de conseguir bajar escalones en esa clasificación se verían a medio-largo plazo, pero serían enormes. Otros efectos más inmediatos serían también muy importantes para muchos individuos con genes no muy favorables:

Los equipos dirigidos por los profesores Wiebe y Jameson, de las universidades de Nebraska-Lincoln y Illinois, respectivamente, encontraron que aquellos bebés que habían estado expuestos al tabaco durante el embarazo y que tenían una versión del gen DRD2 mostraban menos atención y más irritabilidad. Un estudio paralelo con una muestra de preescolares también encontró que la exposición al tabaco unida a la misma versión del DRD2 se relacionaba con más dificultades en la realización de tareas de control ejecutivo.

¿Cómo están yendo las políticas contra el consumo de tabaco en España? Razonablemente bien. Las políticas tanto de los gobiernos de Aznar como de Zapatero han sido continuistas y han seguido la senda del resto de la UE, manteniendo legal el tabaco pero limitando los lugares donde se puede fumar.

Hasta 2003 el consumo se había mantenido relativamente estabilizado. Entre ese año y finales de 2007 la prevalencia de consumo diario ha descendido en todos los grupos de edad y sexo, pero especialmente en el grupo de 35-64 años.

Comparación con otras fuentes de enfermedad. Es recurrente también la idea de que no sólo el tabaco mata, que también lo hace la contaminación de los coches, las fábricas, etc. Pues sí, la contaminación también es grave. Pero no se puede acusar ni a éste gobierno ni al anterior de tocarse las narices: la agenda internacional ha estado muchas veces centrada en asuntos ecológicos, como reuniones sobre el Cambio Climático y etc. Más allá de adonde lleven estas cumbres internacionales, casi todos los países ricos más o menos se han movido para minimizar los efectos de la contaminación.

En ese sentido, la acción sobre el tabaquismo es una más, que no impide meterse en otros fregados, como de hecho se hace.

P.D.: Relacionado con ésto también ha escrito Ender.

La legalización de las drogas (II): fallos habituales en el debate

Hace tiempo Cuatro emitió un documental llamado “21 días fumando porros”. La chica estaba durante 21 fumando porros, y sólo aparecía sufriendo, pasándolo mal, cansada, diciendo que se le olvidaban cosas, etc.

Si uno ve el programa no puede imaginar el porqué la gente fuma porros. Sienta mal, te cansa, puedes sufrir paranoia… ¿es por estar prohibido? La chica en cuestión se va a los Países Bajos, donde está legalizado, y se relata el cómo tiene un aluvión de turismo fumeta. ¿Cómo la gente va en masa a pasarlo mal? ¿son tontos? ¿son masoquistas? Viendo el programa no se entiende cómo los porros tienen desde hace muchos años un éxito espectacular.

Era un programa asustaviejas. A los adolescentes que se están toda la tarde fumados con los amigos partiéndose de risa aquello les suena falso. También al que llega después del trabajo a casa y se fuma un porro mientras mira por la ventana, o el que le da caladas mientras mira vídeos de Youtube. No se muestra lo más obvio para los que fuman: la gente se lo pasa muy bien con los porros, sólo o en en grupo. Los chungos no son la normalidad del consumidor habitual. Pasárselo bien o relajarse sí.

Esto en los consumidores genera rechazo, burla, etc. No se corresponde con la realidad empírica que vive la mayoría. Sobre si este tipo de propaganda es efectiva a la hora de evitar nuevos consumidores hay mucha discusión, y no puedo decir nada claro.

Luego tenemos el fallo opuesto. Hace poco he visto Requiem por un sueño, una de las películas más deprimentes que me he echado a la cara. Aunque el tema de las drogas es constante, no es el principal, como pudiera pensarse de los comentarios o críticas. No es la típica película de yonquis que sufren y etc, de hecho son personas de clase media que tienen sus sueños, proyectos, etc y que debido a sus tendencias destructivas van degradándose, humillándose y cayendo en pesadillas, siendo la droga sólo un instrumento para ello. Pues bien, hay quien ha querido ver moralina en la película o sellos de aprobación de Nancy Reagan.

Más allá de pelearnos por si nos ha gustado o no la película, lo interesante en muchas críticas es que aclaran que “no refleja bien el mundo de la droga” o “se la demoniza”. Este tipo de actitudes defensivas al hablar de los efectos perjudiciales de las drogas suelen ir acompañadas de acusaciones de mala práctica a los estudiosos del tema, a saber: que los estudios se centran únicamente en adictos y en gente en estado realmente puposo, queriendo generalizar a la mayoría de consumidores, que ni tienen adicción ni su consumo es patológico.

Es comprensible, viendo “documentales” como el de Cuatro, que los consumidores habituales puedan sentir que hay montañas de exageración sobre el tema. Ahí estoy con ellos. En lo que no estoy es en presentar a las drogas como algo inocuo, como si fueran vasos de agua. Es cierto que los adictos tienen ciertas vulnerabilidades previas (un tipo de personalidad propensa “a caer”, ciertos historiales familiares que te hacen más vulnerable, etc), pero las drogas, en sí mismas, no son inocuas. Intentar vender eso es también mentir.

Desde la primera dosis, la cocaína puede ocasionarte infartos cerebrales.

Si consumes frecuentemente cocaína tienes un riesgo siete veces superior de tener un infarto de miocardio que la gente que no consume (ver página 75).

Abusar de la cocaína, sin ser adicto, modifica estructuralmente el cerebro (ver páginas 11 y 12 para ver el deterioro en gente con consumo excesivo). Esto no sólo pasa con el consumo crónico, aunque los efectos no sean tan graves.

El consumo no patológico de drogas también tiene consecuencias laborales: menos productividad, más accidentes laborales, más bajas por enfermedad, etc.

En este debate no podemos olvidar que las drogas tienen un elemento reforzador: ayuda a socializarse, a relajarse, a pasárselo bien, con pocas contrapartidas a corto plazo. Analizándolo desde la perspectiva estímulo-respuesta es casi imbatible: refuerzos sociales, facilidad de acceso, ningún requerimiento intelectual o físico…tampoco podemos olvidar que las drogas no son inocuas, y que las retóricas que pretenden pintar al cannabis o a la coca como si fueran paracetamol están engañando y falseando la realidad de igual modo: hay daños, algunos son permanentes y no son chorradas.

Se tienen que dejar claras las evidencias científicas acerca no sólo del consumo patológico, que no suele ser el mayoritario, sino también del ocasional: existen los daños. Ahora bien, no pintemos esos daños como algo moralmente rechazable o condenable: emborracharse se lleva por delante a muchas neuronas, pero si he ascendido en el trabajo, he aprobado la carrera o simplemente ese día me apatece darme una alegría al cuerpo estoy dispuesto a pagar ese precio. Quiero decir, se tiene que presentar lo que sabemos realmente del tema gracias a neurólogos y psiquiatras y luego, una vez informados y como adultos, decidir en consecuencia. Por ejemplo, cuando vas al Burguer King sabes que son hamburguesas terriblemente malas, pero tienes antes de la caja una tabla con las calorías y propiedades de cada producto. Y tú, ya con la información en tu mano y como persona adulta, decides.

Pero que nadie diga que comer las hamburguesas del Burguer King es cardiosaludable o que esas hamburguesas te llevarán al infierno. La socialdemocracia debe admitir que hay gente que quiere comer hamburguesas malas o querer fumar porros con todas sus consecuencias, las cuales deben ser publicitadas sin complejos pero sin simplismos. Mientras tanto, debe fomentarse los habitos alimenticios sanos, el deporte y etc: no se puede ser neutral.

P.D.: Soy consciente de que el tema da para mucho y que hay muchas lagunas e imprecisiones. Por ejemplo, cómo si tiene las consecuencias que tiene incluso el consumo ocasional no intentan prohibirse. O cómo no vamos a considerar inmoral algo que puede ser tan dañino. Estas cosas se salen de los temas psicológicos y psiquiátricos…he hablado algo en el anterior post y seguiré con ello.

La legalización de las drogas (I): efectos en el consumo

(Sigo recuperando posts del anterior blog)

Citoyen habla del tema de legalizar las drogas, a partir de un artículo del Economist. Y como psicólogo sabelotodo que soy, voy a hablar de los dos temas que creo centrales en su post:

1) Si el consumo aumentaría al legalizarlas;
2) Qué hacer en este tema.

El tema de si tendremos a más adictos a sustancias o menos en caso de legalizar las drogas da para mucho.

Si uno se pasa por páginas o libros de Psicología o Psiquiatría verá que los modelos teóricos dicen que una mayor disponibilidad de las sustancias favorece su consumo. Esto en principio parece evidente: no es lo mismo tener que irte a tu camello (tienes que conocer alguno y encontrarle) que pasarte por una tienda de porros en la esquina de tu casa.

La famosa “guerra contra las drogas” asume esto en parte: de lo que se trata es de dificultar el acceso a éstas, pues así la gente se drogaría menos. Ilegalización, persecución de los traficantes, incluso (en algunos sitios) penalización del consumo.
Pero no se ha conseguido gran cosa. Es más, el consumo aumenta en el primer mundo, y el primer consumo es cada vez a edades más bajas. ¿Qué está pasando? ¿Cuál es la razón por la que la gente se droga más y antes? ¿si las legalizamos esto se estancará?

Los modelos teóricos psicológicos sobre las adicciones con más consenso asumen que la facilidad de acceso aumenta las probabilidades de que un sujeto consuma. Pero la facilidad de acceso no es causa de la conducta de consumir. La facilidad o dificultad de acceso a una sustancia modula la conducta de consumir, no la elimina o crea.

La “guerra contra las drogas” se parece a la guerra contra la prostitución de Gallardón y Botella: confunde la modulación con las causas de la conducta. Es una doctrina de máximos (de Guerra Total) que considera todo consumo pernicioso o maligno, como una conducta a eliminar totalmente, y que se da de bruces con la realidad: están actuando (mal y desproporcionadamente por confundir el diagnóstico) sobre moduladores y no sobre las causas.

Y aún así está por ver que las auténticas causas sean eliminables: el consumo de sustancias es algo universal, compartido por todas las culturas conocidas. Una de las causas de su potencia tiene que ver con el hecho de que las sustancias son facilitadoras de las relaciones sociales, el mayor reforzador de conductas que existe.

Dicho de un modo sencillo: desde el estudio de las motivaciones e incentivos humanos es casi imposible eliminar por completo el consumo de sustancias. Se podrá minimizar o reducir (con suerte), pero no eliminar. Lo que ofrecen es demasiado potente en términos de reforzamiento social para lo poco que cuestan en términos materiales. Podrán cambiar cuales son las más consumidas, pero no el consumo, ni que haya demanda.

La legalización del cannabis o la coca aumentaría durante un tiempo el consumo de éstos. Pero su ilegalización o persecución no conseguiría la eliminación de su consumo…en función del resto de actuaciones podríamos incluso aumentar su consumo (como le pasa a EEUU). ¿Cuál es el escenario ideal si hablamos no de eliminar sino de reducir a largo plazo todo lo posible el consumo? Legalizar la sustancia pero restringir su consumo bastante, tal y como se hace con el tabaco en algunos países de la Unión Europea.
2) Yo estoy a favor de la despenalización de todas las drogas. Aún sabiendo que al principio lo normal es que aumentara el consumo y el número de gente con problemas de adicción. Aún sabiendo que la mayoría de psicólogos, psiquiatras y médicos se me echarían encima si digo esto en público.

También estoy a favor aún sabiendo que el consumo prolongado de cannabis o coca es muy perjudicial (sí, el cannabis también: la acumulación de datos al respecto es cada vez mayor). Esto representará una fuente de ingresos más para el estado, pero también más gastos médicos y en seguridad. Aunque ese es un tema de economistas.

¿Cómo puedo estar a favor entonces? Por puro pesimismo. No se puede acabar con el consumo. La relación precio-potencia de reforzamiento de la coca o los porros es insuperable. ¿Deporte? ¿actividades alternativas? Estoy de acuerdo, pero eso implica esfuerzo físico, mental o ambos, y emporrarse para pasar una tarde muerto de risa con amigos no hace necesario casi ni moverse. Esa es la realidad. La gente lo va a demandar, sea ilegal o no. Podremos limitar la oferta, pero la demanda existirá. De una sustancia o de otra diferente si una de ellas escasea, pero existirá.

Desde un punto de vista realista hay que intentar minimizar daños o intentar reducir el consumo lo posible. Prefiero que la industria de producción de sustancias esté regulada, controlada y se recaude por ello (para en parte tratar a los que tengan problemas de adicción). También que haya una información fiable de lo que se vende. Y, para acabar, tener interlocutores válidos con los que tratar temas relacionados con sus productos (para evitar su contacto con menores, la limitación o eliminación de publicidad, regulación de sus horarios o cercanía a centros escolares, etc).

Creo de verdad que el mejor modelo en ese sentido es, como he dicho antes, el del tratamiento del tabaco en Irlanda. Creo que a la larga es lo que (a lo mejor) puede garantizar una reducción mayor del número de consumidores. O en el peor de los casos, poder recaudar lo suficiente para tratar a los que tengan adicciones.

P.D.: Cuando hablo de reducir lo posible el número de consumidores lo digo no desde la idea de que drogarse sea inmoral o algo así. Allá cada cual con lo que se mete. Como he dicho, apoyo la legalización de las drogas y la despenalización del consumo allí donde esté penado. Pero también creo que es obligación de las autoridades mirar el tema con el objetivo de minimizar daños en la salud pública: permitir el consumo a quien le apetezca, promover la limitación del abuso sistemático y tratar las dependencias que surjan. El objetivo no debe ser eliminar el consumo por completo.