La victoria (o no) del Ello en la Red

Que lo de Internet es algo grande ya lo sabemos todos. Estás leyendo esto gracias a Internet. He conocido a gente por Internet. He cambiado de forma de pensar gracias a cosas que he empezado a leer en Internet (entre otras muchas razones). He conocido a autores, cantantes, libros que antes no conocía.

En resumen: viva la Red, etc. Pasemos a uno de sus mayores detractores.

El antenatresismo es un movimiento mediático (sobre todo televisivo) destinado a gente de cuarentaytantos años para arriba, y que se dedica a escandalizar a su público con las cosas nuevas que ellos no conocieron de jóvenes (o sí, pero da igual). La función principal, aunque no parezca intuitivo, es hacer pensar a la gente de esa edad que la juventú se va a pique, que son unos vagos, delincuentes y drogoindependientes. Parece que hay estudios que nos dicen que pensar eso les hace muy felices. Para ello tienen diversos temas: los juegos de rol, que los jóvenes beben alcohol (ooh), los ritos satánicos, los matagochis o interné. En ningún caso es una campaña viejuna, reaccionaria y estúpida: es una labor social para hacer felices a personas mayores que huyen de los ratones, los mp3 y los post-it electrónicos. Quita trabajo a los psicólogos, curas o chamanes (mis compañeros de carrera se quedarán en paro, pero también los chamanes o curas: me parece un precio aceptable).

Hay mucha gente que este tipo de campañas sistemáticas guiadas por Matías “hago chistes malos entre una catástrofe y un concurso de comer salchichas” Prats se las toma mal. Se creen que se demoniza a la Red. Para contraatacar se escriben cosas como ésta.

No negaremos desde aquí su buena intención y puesta en escena. Claro. El problema es cuando no se cuenta toda la verdad, que es básicamente lo que hace Matías Prats, Jordi González o demás nobles creadores de “la opinión pública” (sea lo que sea ese monstruoso y terrible concepto).

De hecho, el antenatresismo habla mucho de las cosas más chuscas y terribles de la Red, pero de las minoritarias. Hay mucha pedofilia en Internet, cierto, pero si tenemos en cuenta todo lo que hay en la Red es un porcentaje bajísimo. Lo mismo vale para páginas de neonazis o vídeos de Youtube donde niños exponen cómo meten a su gato en el microondas (ríete tú cuando alguien de Antena 3/Telecinco/Cuatro descubra qué es “Rapelay”). Aún y con todo, no hablan mucho de algo que sí es mayoritario y muy común, que es de lo que habla (elogiosamente) el autor del post enlazado.

Un lugar donde puedes ser tú mismo sin tener que preocuparte por el qué dirán, o pensarán, tus vecinos, tu familia, tus amigos. Donde puedes sacar esas partes de ti que nunca dejas entrever a tus conocidos, esos secretos deseos o ardientes intereses que estás demasiado avergonzado para dejar salir por temor, por soledad.

Precisamente lo que comenta como algo bueno es posiblemente de lo peor de la Red. Ese no preocuparte de las consecuencias de lo que dices es la principal fuente de trolls, ultras, comentarios anónimos amenazantes, etc. Cualquiera que dedique cinco minutos a ver comentarios a las noticias de El País, 20 Minutos, Libertad Digital o demás puede ver qué pasa cuando la gente tiene anonimato y se expresa: dan ganas de revisar eso de que todo el mundo pueda votar así sin más que el DNI. Al final no lo crees, pero hay unos cuantos momentos al ver a las hordas de trolls que piensas: “jodó, que unos cuantos de éstos seguro que tienen edad de votar”.

Y si no, pasaos al Marca, Sport o Forocoches. Preparaos para racismo de todos los colores (judíos, musulmanes, negros, gitanos, etc), machismo, apologías de la violencia y de varios delitos, etc. Y eso sí es el pan de cada día en la red, hasta el punto que un sitio donde no haya gente violenta o gritona es un paraíso.

Es el fenómeno psicológico normal al manejarse en Internet. ¿Las razones? Están explicadas en éste post:

The anonymity, invisibility and fantasy elements of online activities encourage us to think that the usual rules don’t apply. Like a science fiction escape fantasy, the net allows us to be who we want and do what we want, both good and bad.
The problem is that when life becomes a game that can be left behind at the flick of a switch, it’s easy to throw responsibility out of the window (…)
We all fear disapproval and punishment, but this imaginary world appears to have no police and no authority figures. Although there are people with authority online, it’s difficult to tell who they are. There is no internet government, no one person in charge of it all. So people feel freer online: away from authority, social convention and conformity.
Of course the idea that authority doesn’t exist online is fantasy because the policeman exists inside all of us, to a greater or lesser extent.

Mucha gente habla de la represión como algo malvado o perverso, creyendo que Freud habló de ella como fuente de malestar psicólogico. Al mismo Freud se lo comentaron un día, y parece que contestó bastante enfadado que la represión, el no guiarse por el Ello (vamos, no ir haciendo o diciendo lo que a uno se le pasa por la cabeza), era una condición necesaria para la civilización tal y como la entendemos. La represión cumple una función adaptativa: el que no reprime sus deseos sexuales comete delitos, el que no reprime su agresividad agredirá o matará a otros y así todo. Los problemas venían, decía Freud, cuando esta necesaria represión excedía lo necesario para vivir en sociedad y nos apartaba de ella (alguien incapaz de manifestar ningún deseo sexual así esté Monica Bellucci o Verdasco besándole el cuello).

Que el Psicoanálisis sea un camelo (no hay fiesta de casetas esotéricas sin su psicoanalista) no quiere decir que en algo Freud no tuviera razón. Una de las principales diferencias cerebrales que tenemos respecto a otras especies es que tenemos más Neocortex, cuya principal función Freud diría que es hacer de Yo…mientras que el cerebro reptiliano haría de Ello. Luego sabemos por Damasio que no hay conducta racional sin emociones, que eso de separar emociones de racionalidad es un error (vamos, que Descartes metió la pata hasta el fondo). Pero, como digo, Freud se equivocaba en muchas cosas. La metáfora sería aproximada pero no exacta ni fiable.

Hemos conseguido colonizar el mundo y llegar hasta aquí gracias a nuestra capacidad para engañarnos a nosotros mismos (¿es realmente una sorpresa que los que más usan Facebook sean gente con la autoestima por los suelos y/o gente narcisista?) y para engañar a los demás (reprimirnos). El lenguaje no se creó para comunicarse: se creó para confundir. La civilización tal y como la conocemos implica un grado de hipocresía necesario para mantenerse: vivir en sociedad es mentir a veces y callar a veces. Aumentar el grado de hipocresía o eliminarlo cambiaría absolutamente todo.

¿Seguro que es a mejor? No lo sé, la verdad. Para esas cosas está Dans, que dice que las huelgas buenas buenas son las que se hacen en Facebook y twitter, que los sindicalistas pierden el tiempo parando industrias (que, además, es mucho más cansado y eso cuenta). Digo que la gente por la red no sólo se comporta como naufragos sin patria, cariñosos y entrañables, también como piratas buscando impunidad para robar, mentir y hacer daño. Este último grupo no es inferior al primero, ni mucho menos.

Al final, como en tantas cosas, vencerá el que tarde más en cansarse.

Cerrando el infierno…y bajando la palanca

Este es el último post de El Daño de Lübel y el último como Luzbel. A partir de ahora cambio de nick, paso a ser Terapeuta y a escribir en mi nuevo blog: Terapia de Choque (oooh).

Las razones del doble cambio son varias, todas igual de épico-decadentes, ridículas y vacías de interés.

La primera, representar el cambio ideológico del que escribe ésto. Seguimos en la zurda, no soy de centro-izquierda o moderado en absoluto. Pero han cambiado muchas cosas desde que empecé en Red Progresista con ese nick, siendo, no nos engañemos, un blogger típico que simpatizaba con el perroflautismo izquierdoso. Hay demasiadas entradas que escribí en esa época de las que ahora me cachondearía y pondría en Los Dos Minutos. En el fondo, cada idea por la que pasamos deja un poso, aunque la abandones, y por eso tampoco voy a ponerme a borrar lo escrito.

En segundo lugar, la estética. Demasiados años con una estética diabólica, que a estas alturas se me hace infantil e incluso inútil como provocación…por no comentar lo recargado que tenía el blog o el fondo negro: pasamos a lo minimalista y al fondo blanco.

En tercer lugar, el contenido. La idea de llamar “Terapia de Choque” intenta reflejar eso: estamos en una época en que son necesarias no reformas tímidas, sino reformas valientes. Y muchas. Y a muy a fondo. No una revolución (no soy antisistema), no una reforma tímida. No matar al paciente, no darle paracetamol: electrodos y abajo la palanca. El radicalismo (que no el extremismo) es más necesario que nunca.

Después de estos párrafos intentando explicar algo intrascendente como si fuera algo importante, sólo queda saludar a mis escasos lectores. Bienvenidos a Terapia de Choque, pueblo.