Consecuencias psicológicas del aborto (y II)

La Asociación Psicológica Americana(APA) concluyó hace dos años que no hay evidencia creíble de que un único aborto elegido, fruto de un embarazo no deseado, pueda causar problemas de salud mental a mujeres adultas. ¿Cómo ha llegado a esta conclusión? Evaluando todos los estudios empíricos publicados en inglés sobre este tema en revistas con revisión por pares desde 1989 hasta 2008.

Está en un bonito pdf de 107 páginas, y es contundente:

Based on our comprehensive review and evaluation of the empirical literature published in peer-reviewed journals since 1989, this Task Force on Mental Health and Abortion concludes that the most methodologically sound research indicates that among women who have a single, legal, first-trimester abortion of an unplanned pregnancy for nontherapeutic reasons, the relative risks of mental health problems are no greater than the risks among women who deliver an unplanned pregnancy.

Estas conclusiones son muy parecidas a las de otro trabajo de evaluación por parte de la APA de artículos sobre los efectos psicólogicos del aborto anteriores a 1989 en revistas con revisión por pares, cuyos resultados fueron publicados también en la revista Science en 1990.

Esto no es una recopilación de diez, doce o quince estudios de a saber dónde (método muy habitual de actuar del autodenominado “movimiento pro-vida”): son las conclusiones de la revisión bibliográfica de todo lo publicado en inglés sobre el tema en revistas que siguen un método contrastable y fiable.

Recomiendo también el artículo de Susan A. Cohen (Abortion and Mental Health: Myths and Realities), no sólo por la descripción de las técnicas publicitarias (que no científicas o empíricas) del movimiento anti-abortista, también por la historia de la investigación que mandó realizar Ronald Reagan sobre el tema y cómo acabó ésta:

As to the mental health issue, Koop described anecdotal evidence going in both directions, but emphasized that “individual cases cannot be used to reach scientifically sound conclusions.” He discussed the methodological flaws pervading most of the research on this subject, and for this reason, he explained, he could reach no definitive conclusion about the mental health impact of having an abortion. Importantly, however, Koop did state that it was clear to him that the psychological effects of abortion are “minuscule” from a public health perspective.

Consecuencias Psicológicas del Aborto (remake)

Recupero lo que escribí sobre las consecuencia psicológicas del aborto en mi anterior blog. Entre otras cosas, por la reciente aprobación de la Ley del Aborto y las cosas que se están diciendo últimamente del tema.

Que el aborto no es algo precisamente agradable es algo que sabemos todos, lo de sus efectos psicológicos concretos no tanto.

1.- ¿Es nocivo para la salud psíquica el aborto?:

Lask (1975) realizó en Inglaterra uno de los primeros estudios sistemáticos sobre las secuelas psiquiátricas a corto plazo de la I.V.E (Interrupción Voluntaria del Embarazo)., encontrando una escasa incidencia de trastornos, los cuales se relacionaban más con características del entorno de los sujetos que con la I.V.E. en sí misma. Posteriormente resumo los factores de riesgo detectados por Lask.
Payne et. al., (1976) en Boston (Estados Unidos) en un estudio de seguimiento de los efectos que tiene la experiencia de aborto sobre las emociones de ansiedad, depresión, cólera, culpa y vergüenza, encuentran un decremento significativo de todas ellas seis meses después de la intervención.
Watters (1980) ha investigado, en mujeres canadienses, las consecuencias que sobre la salud mental tiene el aborto o el rechazo a electuario. Watters encuentra en una proporción de 6:1 la depresión en el post-partum con más frecuencia que en el post-aborto. En una dirección similar Watters documenta la mayor amplitud y gravedad de trastornos psíquicos acaecidos en las mujeres a las que se les niega el aborto que en aquellas que pudieron realizarlo libremente. Watters no niega que el aborto tenga alguna incidencia sobre la salud mental de la mujer, pero sus resultados demuestran el mayor riesgo que para la salud mental implica el denegar el aborto, forzando así a una maternidad obligada.

Handy (1982), en el trabajo ya citado, revisando la experiencia inglesa sobre el aborto documenta como la gran mayoría de las mujeres no presentan alteraciones psicológicas después del aborto. Por contraste Handy observa como las mujeres a las que se les rechaza la solicitud de aborto tienden a presentar mayor estrés psicológico y a ofrecer un entorno deficitario a su hijo.

En general la mayoría de los estudios muestran que las consecuencias psicológicas del aborto espontáneo son más intensas y graves que las de la I.V.E., caracterizándose por la culpa, tanto en la mujer como en el cónyuge, mostrando resistencia los síntomas a remitir sin ayuda especializada. Las sesiones de asesoramiento se evidencian en este caso igualmente necesarias, aunque con una indicación diferente: la post-intervención.

¿Cuáles serían los Factores de Riesgo Psicológico específico ante el aborto?

Cabe esperar un mayor riesgo psicológico en aquellas demandas de I.V.E. que se producen en un momento más avanzado de la gestación. Este aspecto ya fue estudiado por Fielding et. al., (1978) quienes encontraron que las demandas tardías de aborto eran debidas al rechazo explícito de la decisión hasta ese momento (21,4%), irregularidades en el ciclo menstrual (17,6%), tardanza en acudir al médico (15,2%), ambivalencia (14,8%), y con menor incidencia la falta de información, miedo, errores en los tests clínicos, problemas económicos para afrontar la intervención, temores religiosos, etc.

Payne et. al., en el estudio ya citado (1976) identifican los siguientes factores de riesgo psicológico ante el aborto: No estar en pareja y ser nuliparas; historia previa de problemas emocionales; Relaciones conflictivas con sus compañeros; Relaciones negativas en el pasado con la madre; Fuerte ambivalencia ante el aborto; Actitudes culturales o religiosas negativas hacia el aborto.

Moseley et. al. (1981), refiriéndose a una muestra norteamericana, describen que los principales factores predictivos de una reacción positiva ante la I.V.E. son los indicadores favorables del mismo contexto social y un adecuado nivel de apoyo, entre el que se incluye el psicológico” (fuente).

Las consecuencias psicológicas de abortar voluntariamente son inferiores a las que se tienen cuando se obliga a parir queriendo abortar (ojo a ésto, que no suele ser muy comentado, y es muy grave).

Llamo la atención también sobre que causa muchísimo más impacto psicológico un aborto espontáneo o uno muy tardío que un aborto temprano y voluntario. Además hay que tener en cuenta que someterse a un aborto por primera vez no amenaza la salud mental más que dar a luz.

Parece que el hecho de que la mujer pueda elegir ayuda a minimizar el impacto psicológico en este asunto.

2.- ¿Qué hace más probable que se tengan secuelas psicológicas después de abortar?

Lask, en el estudio ya citado (1975) extrajo los siguientes indicadores de riesgo respecto de posibles secuelas emocionales y/o psicopatológicas del aborto: Ser multípara, abandono por parte del compañero, venir de un país extranjero, tener de 21 a 30 años, historia anterior de trastorno psiquiátrico, trastorno psiquiátrico actual, la ambivalencia -intensa o moderada- hacia la I.V.E. las orienta el mayor valor predictivo hacia los efectos negativos del aborto en la influencia de las actitudes que muestren hacia la I.V.E. las personas que están en el entorno inmediato de la mujer. Lask elaboré la primera escala para predecir el riesgo psicológico del aborto.

Un estudio ya clásico sobre los factores predictivos de la respuesta emocional ante el aborto es el de Beisey (1977), quien hizo un seguimiento con 360 mujeres inglesas, realizando entrevistas y aplicando un cuestionario antes de la realización del aborto legal durante el primer trimestre del embarazo, así como 3 meses después del mismo. Sus datos muestran claramente como sólo un pequeño número de mujeres muestran signos característicos de trastorno emocional después del aborto, y que en ellas era mucho más probable la presencia de signos previos tales como: Historia psicosocial inestable, vínculos familiares empobrecidos o ausentes, escaso número de amigos, y deficiente adaptación laboral. Belsey sugiere la utilización de estos criterios, junto a otros signos clínicos, para decidir si la mujer necesita de un mero asesoramiento rutinario antes del aborto, o bien de un asesoramiento psicológico en profundidad.
Pariser, Dixon y Thatcher (1978), en los Estados Unidos, han descrito las características de la consulta psiquiátrica adecuada a la demanda de aborto, describiendo como los mayores riesgos se presentan en las adolescentes célibes o abandonadas que se encuentran con la oposición de la madre o de sus ideas religiosas, y/o ambivalentes respecto de su deseo de maternidad.

Desde el estudio de Carlson y La Barba (1979) queda suficientemente claro que la Ansiedades la principal condición psicológica que influye de manera determinante en los diversos trastornos que afectan al embarazo, aborto, y problemas peri y post-natales. No es menos cierto que en dicho estudio queda igualmente claro la dificultad para utilizar la ansiedad como predictor diferencial de la incidencia de unas u otras complicaciones específicas. Es probable que nuevas investigaciones permitan aclarar este aspecto, bien a través de la distinción entre nivel de la ansiedad y su contenido cualitativo.
Entre los métodos utilizados con frecuencia para valorar el riesgo psicológico está el MMPI. Este cuestionario ha sido utilizado también para describir las características psicológicas de las mujeres que demandan repetidamente la I.V.E. (Lang et. al., 1980), habiéndose constatado un perfil caracterizado por tendencias psicóticas y psicopáticas en las mujeres más jóvenes (adolescentes y jóvenes), pero no en las de más edad
“. (fuente).

El “síndrome post-aborto” en realidad tiene más que ver con trastornos mentales previos que se agudizan con el aborto que a otra cosa. También contribuye el estar sola, tener pocas habilidades sociales y el tener fuertes creencias religiosas.

Es un perfil muy repetido en madres inmigrantes, a las que forzar su maternidad les puede fastidiar psicológicamente más que el hecho de que puedan abortar (como hemos visto arriba).

3.- Una vez dicho todo esto, decir que abortar nunca es agradable, ni bonito ni fácil. Que sea comparativamente menos perjudicial que ser forzada a tener el niño no hace que sea cosa buena.

Abortar por primera vez es algo que marca y que no se olvida. Puede que no genere más trastornos que haberlo tenido, pero no es un recuerdo agradable. La inmensa mayoría no repite, por mucho que se empeñen algunos en pintar el aborto como “método anticonceptivo” para gente con poca cabeza y reincidente.
Creo que, por lo antes comentado, una ley de plazos que permita a la mujer decidir sobre si aborta o tiene el niño ayudaría a reducir los trastornos mentales asociados a estas situaciones.

Hoy España es un poco menos Marruecos

Un poquito menos, pero algo. Ya era hora. Geógrafo lo explicó muy bien en su momento:

Muchos quieren que España se parezca cada día más a Marruecos, a pesar de que gritan que los musulmanes nos invaden, lo que les realmente les pasa es que no lo conocen el mundo musulmán conservador y fundamentalista, porque si lo conocieran se darían cuenta de que eso es lo que a ellos les gusta.

Maduros para abortar e inmaduros para ir a la cárcel: el porqué

Lo explica de maravilla (como suele hacer) Alfredo Oliva en éste post.

Podríamos decir que mientras que las capacidades que podrían englobarse en lo que se denomina “cold cognition” –necesarias para tomar decisiones en el ámbito sanitario- muestran un nivel similar en adolescentes y adultos, las competencias que configuran la “hot cognition” –más importantes para prevenir conductas criminales y de riesgo- distan mucho de haber madurado antes de los 18 años. Es decir, mientras que los estudios que analizan las habilidades de razonamiento lógico y procesamiento de información en situaciones estructuradas encuentran pocas ganancias a partir de los 15-16 años, otras competencias psicosociales, como la búsqueda de sensaciones, la orientación al futuro, la impulsividad o la susceptibilidad a la presión del grupo, continúan desarrollándose hasta la adultez temprana