Recursos para quien lo necesita menos

Del blog de Paco Traver:

La mayor parte de los psiquiatras tenemos la percepción de que en la asistencia psiquiátrica se han destinado ingentes recursos a satisfacer las demandas de ciudadanos con sufrimientos triviales y que esta dedicación ha tenido como efecto colateral el de abandonar asistencialmente a amplias capas de la población que presentan patología psiquiátrica mayor y que, paradójicamente, no demandan por sí mismos asistencia. Pongo como ejemplo a la población carcelaria, a la población asilada, a los drogadictos (que, a su vez, presentan graves perturbaciones psiquiátricas), o –más genéricamente- a los parias y los desheredados.

De manera que es de prever que la crisis sí tenga un efecto sobre el sufrimiento de los parados, por ejemplo, agobiados por pagos, hipotecas o restricciones en el consumo, y es de prever, por tanto, que estas personas acaben acudiendo en mayor proporción que ahora a los centros de salud mental en busca de alivio para sus agobios existenciales. Así, lo esperable es que se consuman más recursos en estos grupos de población y se sustraigan de los otros, los “necesitados”, los que no votan, los que no tienen trabajo, los que ni siquiera tienen pensión, pues al Estado le puede interesar ahorrar recursos en esta población antes que plantearse restricciones en el uso de medicamentos que -a fin de cuentas- son los que aligeran las amplias y generosas bajas laborales, que representan la otra cara de la crisis económica actual.

Una de las principales razones por las cuales me cansé de la Psicología Clínica aplicada tiene que ver en parte con ésto. Ya en las prácticas tuve que vermelas con una señora que trajo a su adolescente hijo a consulta, ya que al niño le había dejado su primera novia y estaba muy triste desde hacía una semana. Eso después de ver a un chico con SIDA, drogodependiente y abandonado por su familia.

Para lo segundo estaba preparado. Para lo primero no.

11 Abril, 2011 por Raúl S. | 4 Comentarios »

La madre de tantos errores: Sobre la Naturaleza Humana, de Edward O. Wilson

Edward O. Wilson era el Mal y este libro su bandera. Esto era, más o menos, lo que podía escucharse a más de un profesor de Psicología de la UCM a finales de los noventa, cuando yo hice la carrera. También había profesores, los menos, que hablaban bien de él. Alguno de ellos lo recomendó como lectura. Obligado, claro, me lo tuve que leer para cierta asignatura. Hace poco he terminado de releerlo.

Para entender la polémica del libro y su autor debemos situarnos en la época en que se escribió: finales de los años 70. Respecto a la psicología, psiquiatría y demás disciplinas relacionadas con “la mente” hay un ambiente de predominancia ambientalista. Dicho con claridad: la “moda científica” o las corrientes más seguidas en el momento hablaban del peso enorme del ambiente en la conducta humana. La sociedad, la cultura, etc. Es la época dorada de la Psicología Social, del experimento de Zimbardo, del libro sobre las conclusiones del inquietante experimento de Milgram, de las dinámicas sociales como provocadoras de trastornos mentales, etc. Ni que decir tiene que eran teorías muy usadas por grupos políticos izquierdistas.

Wilson era biólogo. Aún faltaba mucho para los hallazgos apabullantes de la neurociencia de principios del siglo XXI o para descifrar el genoma humano. Las universidades de Psicología estaban imbuidas por el ambientalismo más extremo, los experimentos más exitosos iban en esa línea, con pocas concesiones a lo biológico. Y Wilson la lió. Pero bien liada.

En 1975, Edward O. Wilson publicó Sociobiología, su obra cumbre, probablemente el libro sobre comportamiento animal más importante de todos los tiempos. El libro tiene 27 capítulos. Los primeros 26 son asunto de especialistas. El último —el célebre capítulo 27, dedicado a la especie humana— generó una de las polémicas más candentes en la historia de las ciencias. Wilson sostiene, en el capítulo final, que el comportamiento social de la especie y la misma naturaleza humana tienen una fundación biológica. Que la ética y la estética tienen una base genética. Que estamos preprogramados de emociones y conocimientos. Que la cultura no arranca de cero, que construye sobre lo heredado.

Después de la publicación de Sociobiología, Wilson fue acusado de racista. De liderar una confabulación capitalista para perpetuar la opresión de los oprimidos. Sus clases en la Universidad de Harvard se convirtieron en mítines políticos. En 1978, en una reunión de la Sociedad para el Avance de la Ciencia de los Estados Unidos, Wilson fue recibido por una multitud rabiosa que lo acusaba de genocida. Uno de los manifestantes le arrojó una jarra de agua en el rostro. Otro le arrebató el micrófono y comenzó a gritar consignas enfrente de una audiencia de mirmecólogos sorprendidos.

Todo este simpático show no duró dos días ni fue una cosa local, como he mencionado en el primer párrafo del post. De todos modos, él no se rindió, y profundizó precisamente en lo dicho en el último y polémico capítulo, escribiendo “Sobre la Naturaleza Humana”. Las tesis principales del libro están más o menos sintetizadas en este fragmento:

La naturaleza humana es, además, una mezcla de adaptaciones genéticas especiales a un medio ambiente que en gran medida ha desaparecido, el mundo de los cazadores-recolectores de la Edad Glacial. La vida moderna, tan rica y rápidamente cambiante como parece a aquellos atrapados dentro de ella, sin embargo, es solamente un mosaico de hipertrofia cultural de las arcaicas adaptaciones de conducta. Y en el centro del segundo dilema encontramos un círculo vicioso: estamos obligados a elegir entre los elementos de la naturaleza humana con referencia a sistemas de valores que esos mismos elementos crearon en una época evolutiva que ha desaparecido hace mucho tiempo. Afortunadamente, este carácter circular del predicamento humano no es tan sólido que no pueda romperse mediante un ejercicio de voluntad.

La revolución de las modernas técnicas neurocientíficas o los avances debidos al estudio del genoma humano terminaron por dar la razón a las bases de las teorías de Wilson, y por desterrar al limbo de los villanos a sus perseguidores (no creo sorprender a nadie al decir que si los estudios y avances no hubieran apoyado lo dicho por Wilson éste hubiera quedado para la posteridad como un bufón cavernario).

Wilson fue malinterpretado. Él no estaba afirmado la superioridad del fascismo o que la “opresión capitalista” estaba justificada, como tanto se llegó a decir. De hecho, en este libro deja más de una perla que huele sospechosamente a tesis no univocamente conservadora, hablando bien de Skinner o de cómo en algunos casos la clase social en humanos puede pesar más que los propios genes.

Y es que este libro y las tesis de Wilson han sido malinterpretadas de varias maneras.

La primera, la mencionada: el marxismo consideraba un insulto hablar de herencia biológica en algún sentido. No contribuyó que Wilson dedicara más de una puya en el libro a los marxistas, pero qué queréis que os diga: si un grupo concreto se organiza sistemáticamente para boicotearte o directamente intentar agredirte es complicado no terminar cogiéndoles algo de manía (ver casos de Arcadi Espada y el nacionalismo catalán o el Gran Wyoming y la derecha esperancista).

La segunda, la actual: la de gente conservadora que comete el mismo error pero en el sentido contrario, creyendo que Wilson hablaba de un molde estrechísimo de hormigón por el cual sólo cabe, curiosamente, su propia versión concreta y personal del conservadurismo.

Cuando Wilson habla de “Naturaleza Humana” no está hablando, como por ejemplo el que escribió el post del último enlace interpreta, de que algo como la socialdemocracia sea un crimen contra la “Naturaleza Humana” y que por tanto haya que votar a Esperanza Aguirre (a la cual ya querían votar los cazadores-recolectores en la Era Glacial, cuna del liberal-conservadurismo católico y patriota español, según parece).

O que leyes que favorezcan la igualdad se salgan de lo genéticamente heredado y vayan “contra la Naturaleza Humana”. La evolución biológica son las paredes a la evolución cultural. Algunas paredes las conocemos: el tabú del incesto, algún tipo de jerarquización (formal o informal) de las organizaciones humanas, la predisposición a la resolución violenta de los conflictos cuando hay escasez de recursos (aunque el ser humano es poco agresivo comparado con la mayoría de animales, en contra del mito de que el ser humano es el ser vivo más “salvaje”), las comunas terminan fracasando siempre, etc. Pero son paredes, no conductos en los que sólo cabe la opción que más nos gusta políticamente.

Otras muchas “paredes” no las conocemos. Parece que la “Naturaleza Humana” es lo suficientemente flexible para que haya mucha diversidad y no un único modelo de conducta o de pensamiento o de sistema político viable, como tanto gustaría a ciertos conservadores confundidos o a demasiados sujetos entusiasmados con una supuesta revolución política mundial que parará la Historia y que se llevará a cabo descargándose cosas desde Megaupload.

Las “paredes” no dan de sí todo lo que nos de la gana (de ahí que la idea de que todo en el ser humano se debe al ambiente es estúpida), pero dejan suficiente espacio para unas cuantas conductas diferentes (de ahí que invocar “la Naturaleza Humana” para, por ejemplo, tachar de aberración contra natura el trabajo fuera de casa de la mujer sea, también, estúpido).

Lo cual nos lleva a la otra idea-fuerza del libro, muchas veces ignorada por aquellos que ven al libro como una herramienta para proclamar la hegemonía intelectual de su cueva intelectual: el objetivo del sexo no es la reproducción (es menos arriesgada y costosa la simple clonación), no es el placer (el placer es una consecuencia), es la diversidad. El sexo es costosísimo en términos de supervivencia (parece que una de las dos o tres primeras causas de muerte en cazadores-recolectores era asesinatos relacionados con peleas por las hembras) o de inversión energética. El sexo ayuda a que los descendientes sean diversos genéticamente. Aquellas especies en las que hay “simetría” tienen más probabilidades de desaparecer. Cuanto más parecidos genéticamente son los miembros de una especie, más probabilidades de que un cambio ambiental, una nueva enfermedad, etc. les afecte a todos por igual. Si hay más variabilidad genética habrá más posibilidades de que la especie no desaparezca (algunos tendrán una combinación de genes que les permitirán sobrevivir). Wilson es, de hecho, el padre del término “biodiversidad”.

Sí, sí, “biodiversidad”, el término que tanto gusta a ecologistas, gente alternativa y demás. Sí, Wilson, el ogro ultraconservador y fascista.

En este punto, es imposible atribuir a Wilson una ideología totalitaria. Un profeta de la diversidad como es él, de que hay que proteger el hecho de que haya variedad y no único camino nunca podrá ser un fundamentalista religioso o político, caracterizados siempre por un pánico a la incertidumbre, a que sea posible que exista un camino que no sea el suyo propio. Lo que Wilson no dice es que estos caminos sean infinitos, dice que son limitados y que algunos nos parecen más bonitos desde el nacimiento, sin que nadie nos lo enseñe. Pero que podemos ir por otros. Y, de hecho, muchas veces esos caminos facilitados es mejor olvidarlos o hacer un esfuerzo consciente por ir por otros…en este sentido me quedo con algo que dijo Eduardo Robredo en los comentarios de un post suyo:

Lo más “natural” para el ser humano parecen ser las sociedades de cazadores-recolectores en las que existían sistemas de jefaturas más o menos igualitarios, pero no “democráticos”. La política (el estado), donde el poder se separa de la sociedad, es un sistema bastante violento con la “naturaleza humana”, de ahí los desajustes que tenemos que pagar: desde la esquizofrenia a las revoluciones.

Los costes de vivir en una sociedad liberal compensan respecto a vivir en una tribu, por eso hay que desconfiar de las teorías del Buen Salvaje, de los “mira que felices son en África aunque tengan poco” y similares: más cercanos a la “Naturaleza Humana” (nótense siempre las comillas) pero con guerras civiles cada dos por tres y hambrunas de campeonato.

Hay quien cae en el error de creer que la sociedad de cazadores recolectores era un sitio mejor para vivir. Hay quien cree que Internet por sí mismo acabará con todos los conflictos, con el egoísmo y demás. Ambos están profundamente equivocados.

25 Marzo, 2011 por Raúl S. | 3 Comentarios »

Lectura recomendada al Colectivo “No les votes”

Después de poder ver el apaleamiento la discusión que se ha montado en éste post de Roger, creo necesario compartir con los dos o tres amigos que nos juntamos por aquí el siguiente fragmento del libro de Edward O. Wilson Sobre la Naturaleza Humana (es de 1978). Me haría ilusión especial ilusión que lo leyera alguien de los están a favor de la iniciativa No les votes.

Yo interpreto la conducta social contemporánea como el conjunto de retoños hipertróficos de los rasgos más simples de la naturaleza humana unidos en un mosaico irregular. Algunos de sus retoños, tales como los detalles de la atención a los niños y la clasificación del parentesco, representan solamente ligeras alteraciones que aún no ocultan sus orígenes pleistocénicos. Otros, tales como la religión y la estructura de clases, son transmutaciones tan grandes que solamente los recursos combinados de la antropología y la historia pueden aspirar a remontar su filogenia cultural hasta los rudimentos en el repertorio de los cazadores-recolectores. Pero aun éstas podrían someterse con el tiempo a una caracterización estadística congruente con la biología.

El segmento más extremada y significativamente hipertrófico es la reunión y participación del conocimiento. La ciencia y la tecnología se expanden a un ritmo acelerado en modos que alterna nuestra existencia año tras año. Para juzgar de modo realista la magnitud de ese crecimiento, señalaremos que ya está dentro de nuestro alcance la construcción de computadoras con la capacidad de memoria de un cerebro humano. Dicho instrumento ciertamente no sería muy práctico: ocuparía la mayoría del espacio del Empire State Building y utilizaría una cantidad de energía igual a la mitad de la producida por la represa del Grand Coulee. En la década de 1980, sin embargo, cuando se añadan nuevos elementos de “memoria en burbujas”, que ya están en su etapa experimental, la computadora podría encogerse para llenar un conjunto de oficinas en uno de los pisos del mismo edificio. Mientras tanto, los adelantos en el almacenamiento y recuperación son igualados por los incrementos en el flujo de la información. Durante los pasados veinticinco años las llamadas telefónicas transoceánicas y la transmisión de radio de aficionados se han incrementado enormemente, la televisión se ha vuelto global, ha crecido exponencialmente el número de libros y publicaciones periódicas, y el alfabetismo universal se ha convertido en el objetivo de la mayoría de las naciones. La fracción de norteamericanos que trabajan en ocupaciones relativas principalmente a la información ha aumentado desde un 20 hasta cerca del 50 por ciento de la fuerza del trabajo.

El conocimiento puro es el emancipador definitivo. Iguala a los pueblos y a los Estados soberanos, corroe las arcaicas barreras de la superstición y promete elevar la trayectoria de la evolución cultural. Pero no creo que pueda cambiar las reglas básicas de la conducta humana o alterar el curso principal de la predecible trayectoria de la historia. El conocimiento de nosotros mismos revelará los elementos de la naturaleza humana biológica de la que la vida social moderna surgió en todas sus extrañas formas. Ayudará a distinguir con mayor precisión los cursos futuros de acción seguros de los peligrosos. Podemos esperar decidir más juiciosamente cuál de los elementos de la naturaleza humana debemos cultivar y cuales subvertir, cuáles podemos tomar a placer y cuales debemos manejar con cautela. Sin embargo, no eliminaremos la dura subestructura biológica sino hasta que llegue el momento, dentro de muchos años, en que nuestros descendientes puedan aprender a cambiar los mismos genes.

En Internet tenemos chamanes, líderes de la tribu, pensamiento mágico y linchamientos a los que no opinan o hace las cosas como el resto de la tribu (lo que le ha pasado a Roger en su blog).

Que nadie dude que Internet no podrá cambiar nuestras predisposiciones a la resolución de los conflictos del modo más ruidoso posible. Nunca dejará de haber trolls. Nunca dejará de haber toneladas de ignorantes dando lecciones. Da igual cuanta información disponible haya o los megas que tengamos. No es un problema externo a nosotros. El problema lo tenemos dentro de nosotros. Da igual todo lo 2.0 que pongais todo.

21 Febrero, 2011 por Raúl S. | 2 Comentarios »

Roja

A raíz de leer ésto me he acordado de un artículo que escribió hace tiempo Enric González. Aunque aparezca por ahí Ibarretxe, la cuestión de fondo es la misma. Y lo suscribo de principio a fin.

No soy de los que temen una España rota. A mí me preocupa una España roja. Roja de vergüenza. Me abochorna lo que ocurre en la Comunidad de Madrid y me apena el papelón del Parlamento autónomo, con esa comisión investigadora destinada a desinvestigar, negar la evidencia y acusar a los periódicos, en concreto a éste en el que escribo; da grima comprobar el cainismo imperante en el PP de Esperanza Aguirre y la inoperancia del PSOE madrileño.
Me abochornan las “embajadas” catalanas, los informes que la Generalitat encarga a los amiguetes, la abundancia de campañas de autobombo, la conjunción de dispendio e ineficacia, el vuelo gallináceo del debate político en el “oasis”. Me abochorna la impavidez con que el anterior Gobierno autónomo gallego, esa coalición “progresista” de socialistas y nacionalistas, dio por supuesto su derecho a derrochar en coches blindados, mobiliario y francachelas; me deprime que el PP de Galicia, a estas alturas, siga apoyándose en los caciques cada vez que se aproximan elecciones (ahí, sin embargo, habrá que dar un voto de confianza a Feijóo).
Me abochorna, y no hace falta decir por qué, que Ibarretxe asegure que el PNV seguirá mandando, tanto si permanece en el Gobierno como si no: ahora resulta que el lehendakari vasco habla igualito que Girón de Velasco y otros figurones del búnker después de la muerte de Franco.
Me abochorna que Camps se niegue a explicar ante el Parlamento autónomo valenciano esa historia tan graciosa de los trajes, y que Fabra domine eternamente la Diputación de Castellón gracias a su talento para explotar el clientelismo. Me abochorna que el PSOE gobierne siempre en Andalucía, aupado sobre su propia clientela rural y sus peonadas.
Me abochorna, en general, la España autonómica, con sus cargos y carguitos, sus coches oficiales y sus trapisondas. No creo que el plan fuera ése. Hace 30 años se prometió que la Constitución, además de reconocer los derechos y particularidades de determinadas regiones (o naciones, o imperios, da igual: las palabras no cuestan un duro), serviría para acercar la Administración al ciudadano. Quizá esté más cerca, pero suele portarse como si estuviera lejísimos y no pudiéramos ver las tonterías que hace.

18 Febrero, 2011 por Raúl S. | 3 Comentarios »

Psicólogos seleccionando personal: la Mascarada (4/4)

¿Porqué esta serie de post tenía en el título la Mascarada? Vampiro: la Mascarada era un juego de rol de los años 90, en los que los jugadores encarnaban a vampiros. La idea central del juego giraba en torno a un gran pacto entre la mayoría de los vampiros para ocultar a los humanos su existencia. A esta conspiración cuyo objeto era la supervivencia de los vampiros la llamaban la Mascarada.

Y respecto al papel de los psicólogos en la empresa privada a la hora de seleccionar candidatos algo de esto hay. Como es normal, los psicólogos no tenemos poderes sobrenaturales (de momento) y nuestro poder conspirativo es tirando a ridículo. Pero hay toda una montaña de artículos, ponencias, cursos o similares dando vivas al papel del psicólogo a la hora de seleccionar candidatos a un puesto de trabajo.

Buscad un rato en San Google, y asustaos. No pidáis referencias a estudios cuantitativos que demuestren que los candidatos seleccionados por psicólogos son mejores que los seleccionados por no psicólogos. No os los darán. Muchos artículos hablando de la necesidad de la empresa de tener psicólogos, del importante papel del psicólogo en la empresa…pero una ausencia sospechosísima de estudios sobre la importancia o relevancia medible de los psicólogos en la empresa.

En este punto alguien dirá: “¿Y cómo leches puede medirse eso?”. Hay maneras. Por ejemplo, en la cantidad de tiempo que aguanta un candidato que hemos seleccionado en su puesto de trabajo. Podría ser una señal de que hemos seleccionado al candidato ideal para el puesto dado. También podríamos comparar resultados de empresas sin psicólogos en Recursos Humanos con empresas sólo con psicólogos en Recursos Humanos, midiendo el número de bajas laborales, número de empleados que se van antes de tres meses, productividad de los empleados seleccionados, etc.

Yo he buscado bastante (incluida la página de la todopoderosa Asociación Psicológica Americana) y no he encontrado gran cosa. Si alguien encuentra o conoce algo relevante que me lo diga. Alguna vez incluso se lo he pedido a algún psicólogo que trabajaba seleccionando. A la espera estoy. Tan abrumadora la cosa no tiene pinta de ser. O tienen los datos que demuestran la necesidad del psicólogo en la empresa escondidísimos, por razones que no acabo de entender.

Lo curioso es que en los años 50 del pasado siglo a un loco le dio por hacerse una pregunta aparentemente chorra pero que era esencial: sí, sí, tenemos montones de teorías psicológicas y hay psicólogos tratando a gente en consultas. Muy bien, pero…¿la gente “se cura”? Es decir…¿lo que estamos haciendo funciona? Ese loco era Eysenck, y tras investigar hizo un favor maravilloso a la Psicología:

Las primeras investigaciones sobre el éxito de las psicoterapias realizadas con anterioridad a 1952, hasta entonces de corte psicoanalítico, fueron revisadas en conjunto por Eysenck (1952/1980, 1992) en su famoso artículo. En esta revisión, el psicoanálisis (inicialmente desarrollado por Freud y posteriormente por otras escuelas) no salió bien parado. En términos globales, su efectividad no superaba el 44 por ciento, y resultaba menos eficaz que el “no tratamiento”. Era más probable que la gente mejorara sin ayuda que con la ayuda del tratamiento psicoanalítico (Eysenck, 1952/1980).

Aquello hizo que hubiera cierto interés por empezar a medir si los síntomas de los pacientes remitían por ir al psicólogo o si las diferencias entre ir o no ir eran nulas (o contraproducentes, glups). Era algo ligeramente importante, vaya. Si hoy la Psicología Clínica está algo por encima de lo que puede hacer la Bruja Lola se lo debemos en gran parte a él, que se llevó broncas tremendas por romper la Mascarada de su momento.

Los psicólogos que seleccionan a gente aún no tienen a su Eysenck. Y están en plena Mascarada, en un intento de venderse sin ofrecer pruebas objetivas de su utilidad en cuanto a psicólogos.

Yo entiendo que no hablen mal de la burra que quieren vender. También que es duro aceptar tras cinco años que lo que te enseñaron en la carrera no se corresponde con el mundo real. Y, cómo no, entiendo que las empresas contraten psicólogos para seleccionar: nuestros informes del porqué hemos seleccionado a uno y no a otro son mucho más floridos que los de los ingenieros que puedan ponerse a ello. Tenemos más práctica y nos manejamos mejor en el lenguaje de lo mental (evaluación de competencias, CI, rasgos de personalidad, etc), que para algo hemos estudiado para ello. Un informe con apariencia más técnica es más vendible de cara a alguien inexperto, y la empresa compra gustosa.

El ahorro para el cliente tiene que ver con el tiempo que se ahorra en buscar a gente, tener acceso a buenas fuentes o formar a “reclutadores” o comerciales. Lo del informe “más bonito” es un plus que se agradece, pero lo esencial es lo primero. Y todo eso se puede hacer sin haber pasado por Psicología.

Eso, creo, es todo. Si alguien tiene datos que me demuestren lo contrario que los aporte. Yo, insisto, no los he encontrado.

13 Febrero, 2011 por Raúl S. | 9 Comentarios »

Psicólogos seleccionando personal: la Mascarada (3/4)

3.- Perfiles altos: directivos, jefes de proyectos, jefes de planta y coordinadores de esbirros, en general. Gente con mucha formación y/o mucha experiencia, sueldos altos y con un móvil al que tienen que atender 24h durante dos semanas (o más) al mes.

Hablamos de gente clave en una organización. Dentro de los tópicos habituales suele decirse que una empresa la forman todos o que un equipo de fútbol es una piña, pero una cagada del director general de la empresa o que Iker Casillas se ponga malo antes de unos cuartos de final de Liga de Campeones son cosas mucho más graves que el que al de la limpieza se le olvide limpiar una sala un día o que un vendedor de las tiendas del Bernabeu se ponga malo una semana.

En ese sentido, fallar al seleccionar a los que limpian la oficina implica en general pocas consecuencias. Fallar al seleccionar un operador informático tendrá algunas consecuencias más, pero en general son cosas salvables que pueden que cómo mucho acaben con su despido y alguna chapuza de por medio. Fallar en seleccionar quien está al mando del cotarro puede implicar llevar a toda la organización a pique.

Aquí es en teoría donde los psicólogos de Recursos Humanos pueden lucirse: los estudios de personalidad, evaluación por competencias, entrevistas estructuradas, etc.. ¿Es útil? En teoría sí…pero bajemos al desierto de lo real.

¿Cómo se suele seleccionar a directivos? Normalmente suele hacerse tirando de agenda. Tú conoces a tal y le llamas, te interesa porque trabajó en tal empresa, que era de la competencia, coincidiste con él y te viene bien o alguien te dijo que trabajaba bien (un ejemplo bueno sería el fichaje de Figo por el Real Madrid o el de Villa por el Barça). Seleccionar a un directivo desde cero no digo que no sea posible, pero es menos habitual. Hay que tener en cuenta que gente con experiencia o habilidad para estos puestos no hay tanta y que factores como que conozcan a alguien de la empresa que quiere contratarles puede ser clave. Muchas veces la selección de este tipo de perfiles más bien consiste en venderles la moto y hacerles mucho la pelota para que vengan.

El ejemplo del fichaje de un futbolista de élite aquí sigue siendo bueno: por ejemplo, Cesc Fábregas y el Barça. No hace falta un psicólogo para decir que Cesc Fábregas es bueno técnicamente (necesitan, de hecho, directivos técnicos que tengan conocimientos de futbol más allá de leer todos los días la portada del Marca), necesitan a alguien que venda a Cesc que es mejor para él dejar el Arsenal e irse a Barcelona.

Más que gente que seleccione necesitaríamos gente que sepa vender nuestra empresa…es decir, un comercial. Las empresas tecnológicas, por ejemplo, para perfiles medio-altos suelen tener comerciales para conseguir convencer a jefes de proyecto de otras empresas para pasarse a la empresa que nos interesa. No es raro que lleven al candidato a tomarse algo o le inviten a comer (hay comerciales que se pasan el día en comidas y bebiendo). Esto es porque no es una selección: es una venta.

En cualquier caso, a esta gente debería entrevistarla el director general o consejero delegado (su jefe, vamos). El proceso sería: contacto con alguien que conoce el jefe o al menos tiene referencias- entrevista con jefe donde hablan de todas las condiciones y detalles– paripé de RRHH (el último paso muchas veces se suprime) cantando loas en un bonito informe ad hoc a la brillante decisión de las altas esferas.

En este punto, los psicólogos del sector hablan de chapuza, tercermundismo y etc. Pero, además de lo antes dicho, pensemos por un momento desde el punto de vista organizacional: vas a dejar una decisión de graves implicaciones de poder dentro de una empresa al departamento que cobra menos (el jefe de Recursos Humanos suele ser el peor pagado de todos los jefes de Departamento). Quien será jefe de tal cosa tiene implicaciones en los equilibrios de poder: sería raro que esa decisión tan importante se deje en psicólogos que a saber a quien eligen (o a quien benefician).

Resumen: a este nivel la cantidad de gente con experiencia o conocimientos técnicos necesarios para estos puestos no es mucha, y lo que hay que hacer es venderles el puesto de trabajo. La cualificación técnica o experiencia de los pocos candidatos suele ser más que conocida (no son tantos), así como el tipo de persona que es…imaginaos a la Federación Inglesa cuando fichó a Fabio Capello: ya sabían cómo era y qué pretendían al ficharle. No hacía falta ningún test de personalidad…aunque la cara de Capello/Mourinho/Cruyff si se les dijera que tenían que pasar por un test de inteligencia para sentarse en un banquillo de un equipo grande anda que no daría para risas. Además, las dinámicas de poder dentro de una empresa hacen complicado que la decisión de un puesto de alto nivel pueda llevarlas a cabo alguien no cercano a la cúpula del poder en la empresa.

Hay empresas gigantes que sí se atreven a que este tipo de selecciones las lleven psicólogos (o, en general, el Departamento de Recursos Humanos), pero son las menos. Si alguien conoce un CEO que haya sido entrevistado y seleccionado por psicólogos que me lo diga, pero yo al menos no conozco nada parecido. Y creo que hay razones de peso para que sea así, como hemos visto.

En el siguiente y último post de la serie, mis motivaciones para escribirla y las sorprendentes conclusiones (con erótico resultado…o no).

11 Febrero, 2011 por Raúl S. | 3 Comentarios »

Psicólogos seleccionando personal: la Mascarada (2/4)

2.- Perfil medio: nos referimos a personas con nivel educativo medio, con algo de experiencia, un sueldo más tendente a la moda y con algún grado de posibles “marrones”. Un ejemplo más o menos bueno podría ser buscar Operadores Informáticos para, p.ej., Telefónica.

¿Y aquí? ¿aquí les pasamos los temidos psicotécnicos, las pruebas de personalidad como el 16-PF y entrevistas en las que los entrevistados están tensos por si al acariciarse el pelo el psicólogo va a pensar que eso es prueba de una fijación sexual por los objetos inanimados? (nota: todo ese tipo de “recomendaciones” son mitología urbana).

En este campo lo técnico ya empieza a pesar. Por ejemplo, se quiere a un Operador Informático que haya trabajado con Linux al menos un par de años. Bien, pues un psicólogo no tiene porqué saber de Linux, más allá de saber que hay algo llamado Linux. ¿Cómo sabemos que al que entrevistas sabe Linux? Pues sabiendo tú Linux, claro. Haciéndole dos o tres preguntas para ver qué dice, por ejemplo (“¿Qué hacías con Linux en tu anterior empresa?”). Para ello más que Psicología lo importante es tener conocimientos técnicos del asunto…es decir, saber de Informática, Linux, Oracle o demás.

El psicólogo puede que sepa informática e incluso qué es Linux, porqué no. Pero en condiciones normales no sabrá más que un informático/alguien que haya hecho cursos de informática/alguien que haya trabajado en ello/ etc. Su condición de psicólogo aquí pesa poco, su conocimiento técnico mucho.

El psicólogo puede aprender, cierto, el “lenguaje de los que saben de cada cosa informática”: qué tipo de cosas dan la clave para saber si alguien sabe de verdad Linux o no. Se parece bastante a aprenderte un papel de cine fonéticamente: no entiendes el contenido (no sabes hacer cosas en tu ordenador con Linux) pero sabes cuando el otro actor tiene que decir algo para que tú sigas (sabes cuando el otro no tiene ni idea de Linux o que no es tan experto como dice). Puede funcionar bastante bien, no es tan difícil, pero estaremos de acuerdo en que alguien con conocimientos técnicos va a ver mejor si el entrevistado miente o no sobre sus capacidades técnicas. Y, al final, la empresa va a querer alguien con los conocimientos técnicos adecuados, y a ser posible ayer…¿he mencionado ya que la rapidez en encontrar gente es clave para un departamento de Recursos Humanos/empresa de servicios/ETT?

Lo de las características de personalidad compatibles con los demás compañeros o con el puesto de trabajo puede ser importante, por supuesto, pero volvemos a lo mismo del caso de los perfiles bajos: la inmensa mayoría de gente cae en la normalidad, y la mayoría de las veces seleccionando a alguien con conocimientos técnicos vamos a dar un buen candidato, que trabaja bien y etc. ¿Puede el psicólogo con sus cuestionarios, evaluación de competencias y demás herramientas seleccionar a gente que, de media, trabaje aún mejor, rinda más, no se vaya a otras empresas y sea menos conflictiva? Sí, es posible que puedan buscarse candidatos con una personalidad más adecuada al puesto y a la de otros compañeros…pero el tiempo y el coste requerido es muchísimo mayor. En función de las características técnicas, es muy posible que tengamos que aceptar a un horror en lo personal pero que en el campo técnico es bueno. Lo contrario (alguien sin conocimientos técnicos pero una bellísima persona, comprometida y amiga de las flores) no es muy viable a la hora de colocarlo. Lo técnico prevalece.

Si ya tenemos varios candidatos aceptables en lo técnico quizás podamos hacer algo más de selección pura y dura, pero siempre es preferible coger a alguien con más experiencia, con menos “tiempos muertos” en el curriculum (vamos, que no tiene muchos períodos de su vida laboral en los que ni estudia ni trabaja), que no está en diez empresas por año (puede ser signo de conflictividad), que no pone mala cara o pegas al sueldo/condiciones que se le ofrece, que no parece muy “rarito” (agresivo, antisocial, etc). Para percibir este tipo de cosas, que pueden verse en una breve entrevista, no es necesaria una carrera de Psicología. Un Máster de Recursos Humanos o cursos relativos al respecto pueden dar toda la formación necesaria. Para pasarle un cuestionario, corregirlo y demás necesitamos valiosísimo tiempo. No hay pruebas de que la selección salga mejor (operativizada en cosas como “tiempo medio que el trabajador se queda en la empresa sin irse a otra /sin que lo despidan”, por ejemplo).

El hecho de que muchos informáticos, ingenieros o similares actúen en Recursos Humanos de muchas empresas, y en más de una importante, es totalmente justo, por más que muchos psicólogos se quejen del presunto intrusismo/chapuzas/etc. Por resultados, que es de lo que hablamos en todo momento, no nos engañemos, desde luego que lo es. No hace falta haber estudiado Psicología para tener una efectividad similar o superior a la de los psicólogos en estos perfiles.

¿Porqué contratar a alguien para seleccionarte gente de este perfil? Una empresa no debería poner a un técnico para seleccionar, porque hay que ser rápido. No pueden tener a un técnico malgastado buscando en Infojobs, reclutando y entrevistando gente… es un desperdicio. Mejor tener a otro que lo haga (psicólogo, historiador o filólogo). Y eso sí, si luego hay que asegurarse (en puestos medios no suele hacer falta) pasar por entrevista técnica, pero solo poquitos candidatos muy seleccionados ya. El mejor resultado suele darse cuando la selección la hace el jefe directo…pero normalmente no tiene tiempo ni recursos para acceder a candidatos. De ahí que se “compre” a consultorías ese “tiempo y recursos para seleccionar a grandes rasgos a alguien con un perfil técnico parecido a lo que queremos”.

Conclusión:No es realmente necesario que hayas pasado por Psicología para seleccionar a gente de perfil medio. Sí sería necesario tener conocimientos técnicos del campo y recomendable tener experiencia entrevistando gente (aunque ésto último es más fácil de adquirir).

En el siguiente post, perfiles altos.

9 Febrero, 2011 por Raúl S. | Ningún comentario »

Psicólogos seleccionando personal: la Mascarada (1/4)

Inspirado en una serie de post escritos hace tiempo por gente más sabia que yo (I, II, III), vamos a hablar de la teórica utilidad de los psicólogos para seleccionar a gente para empresas variadas. Para ello, veremos tres posibles perfiles laborales, uno por post, más uno final con las ciertamente estremecedoras conclusiones (o no).

Hoy, los perfiles bajos.

1.- Perfil bajo: nos referimos a personas con bajo nivel educativo y/o con poca experiencia, que buscan un trabajo de sueldo bajo y normalmente con muy pocas o ninguna responsabilidad. El ejemplo típico es buscar reponedores para un Alcampo o similar.

¿Qué utilidad tiene el psicólogo, sus cuestionarios y sus entrevistas para seleccionar a, pongamos, 15 reponedores para Alcampo? La misma que vd., estimado lector no psicólogo. En principio en este tipo de perfil no hace falta saberse las teorías de un tal Eysenck ni saber las diferencias entre inteligencia cristalizada y fluida, etc.

Cualquiera que acepte el sueldo y condiciones horarias nos vale. ¿Está bien hecho? Unos cuantos psicólogos te dirán que no, que no se están seleccionando los mejores candidatos así, que hay que pasarles una prueba de xxx, una evaluación por competencias y similares. Los de la empresa en cuestión te dirán que si has encontrado 15 personas que quieran y sean gente corrientucha (que no echen babas al hablar, que en principio no tengan a Hitler tatuado en la mejilla y cosas por el estilo) les vale. Y es que la inmensa mayoría de gente puede desempeñar el trabajo de reponedor bastante bien. La mayoría de la población tiene inteligencia suficiente para entender ese trabajo y el puesto no requiere ninguna personalidad especial para funcionar.

Por otro lado, tenemos el problema de que los sueldos que se pagan normalmente a este nivel te dejan pocos candidatos para elegir, con lo cual no tiene mucho sentido hacer un test o meterte mucho en profundidades de competencias y demás. No merece la pena gastar tanto tiempo en eso cuando tienes, pongamos 5 puestos de trabajo, 10 candidatos que aceptan el sueldo y las condiciones generales (y ya es mucho) y 6 de ellos tienen un aspecto extraño o comportamiento extraño o mala higiene corporal, lenguaje inconexo… pues te quedas con los 4 restantes ¿para qué más?

Puede que con el actual paro en este país, a niveles gloriosamente iraquíes, quizás se pueda seleccionar más porque habrá potencialmente más candidatos válidos que acepten las condiciones (por lo menos en teoría). Así que ahora quizás se pueda uno permitir el lujo de hacer más pruebas para asegurarnos de conseguir ese candidato ideal, bueno, majo, fiel, comprometido con la empresa, amable, que tanto anhelamos.

De todas formas, independientemente de las circunstancias económicas del país, las diferencias entre buscar a alguien con la personalidad idónea para trabajar de reponedor y no haber hecho pruebas de personalidad (ahorrándonos mucho tiempo) son pequeñas en la práctica: es un puesto para el que vale muchísima gente y en el que muchísima gente lo puede hacer muy bien. Alguien con demasiadas habilidades o con más formación de la necesaria puede, además, irse a la primera que le salga algo mejor, teniendo que hacer otro proceso de selección (lo cual implica invertir más tiempo en algo que podías haber hecho bien a la primera).

En la práctica casi nadie hace cinco pruebas a candidatos a reponedores del Alcampo: es perder tiempo y recursos en algo que no va a compensar tanto. Puede que alguna empresa lo haga para dar una determinada imagen de importancia a los candidatos o no pocas veces justificar el sueldo de quien hace estas pruebas (que realmente es reclutamiento: el que quiera nos vale), pero poco más. No es raro que quien se dedica a telefonear para “reclutar” a perfiles bajos se canse de su dinámica de trabajo tras muy poco tiempo: es una tarea cuasi mecánica para la cual no es necesario haber estudiado una carrera.

Conclusión: vd., estimado lector, es capaz de hacerlo igual del mal/bien que el psicólogo medio para estos perfiles bajos.

En el siguiente post, perfiles medios.

7 Febrero, 2011 por Raúl S. | 2 Comentarios »

Ensalada de enlaces sobre neurociencia

En primer lugar, pacotraver desde Neurociencia Neurocultura. Interesantísimo post sobre lo observado en los terribles 80 respecto a los adictos a drogas duras.

Una curiosa observación de los años 80 fue que raramente los adictos a heroina desarrollaban esquizofrenia o psicosis en general a pesar de ser una población supuestamente vulnerable, se trataba de heroinomanos puros sin trastorno mental sobreañadido, posteriormente la irrupción de la cocaina en el mercado negro y el disparo de su consumo en años posteriores en nuestro pais (somos el pais occidental mas consumidor de cocaina) nos alertó sobre otra cuestión muy importante en las toxicomanias: la dependencia y la abstinencia no eran las únicas consecuencias de su consumo abusivo: algunas drogas no son peligrosas por su riesgo de adicción sino porque conllevan riesgos psiquiátricos sobreañadidos, como es el caso de la paranoia y la depresión con la cocaina o la irrupción de psicosis tóxicas en los consumidores de cannabis indistinguibles de la esquizofrenia.

La cuestión comenzó a agravarse en la ultima década con una generación de personas que además de padecer una enfermedad mental abusaban de las drogas y que usualmente abusaban de todas las drogas: alcohol,cannabis, tabaco, benzodiacepinas y cocaína.

En segundo lugar, Eduardo Robredo, desde La Revolución Naturalista. Expone el caso más famoso de “determinismo hormonal”: la oxitocina (“la hormona del amor”, terminología que usa Punset más de una vez en El Viaje al Amor). El post es, como de costumbre en él, fantástico y brillante.

¿Existe algún buen argumento para decir que la oxitocina subyace al racismo, al menos en cierta medida? Sí, de algún modo, en alguna medida. Los autores del estudio parecen convencidos de un vínculo causal directo a juzgar de sus explícitas menciones de conflicto racial y el tono general de su artículo. En el extracto del artículo escriben “conjeturamos que el etnocentrismo podría estar modulado por la oxitocina del cerebro, un péptido del que se sabe que promueve la cooperación entre los miembros del propio grupo.” Yo estoy menos dispuesto a ir tan lejos. Aún no se conoce que otros sistemas interactúan con la oxitocina y bajo qué condiciones cultural/sociales se “activan” (ver figura abajo).

En tercer lugar, René desde Neuroeconomía. Contestando a una declaración surrealista, hace un fantástico resumen de lo que sabemos de la influencia del estatus socioeconómico de las mujeres embarazadas y su influencia en variables psicológicas (entre otras):

El bajo ESE (estatus socioeconómico) en mujeres embarazadas incrementa la probabilidad de deficiencias en el desarrollo fetal y el nacimiento prematuro (1). Ambos factores son predictores significativos de problemas en salud mental y bajo rendimiento escolar (2,3,4,5,6). Ambos también se asocian a menor volumen del hipocampo en la vida adulta (12), estructura clave, entre otras cosas, para la consolidación del tipo de memorias (semántica y episódica) que forman parte importante de las competencias requeridas para acceder a los trabajos mejor remunerados. El bajo ESE además está asociado a mayores niveles de estrés, infección y nutrición deficiente durante el embarazo. Todo ésto incrementa los niveles plasmáticos de glucocorticoides en la madre y el feto (7,8,9,10). Además de ser otro factor asociado a nacimiento prematuro, y luego de controlar ese factor en el análisis, los niveles de glucocorticoide durante el embarazo están asociados con debilitamiento es sistemas de autocontrol comportamental, problemas en focalizaciónde la atención y bajo coeficiente intelectual (11). Todo eso respecto a lo que puede ocurrir antes del nacimiento. Detallar las diferencias que pueden generarse desde el nacimiento hasta el mes 18, punto de partida de las diferencias en oportunidades de desarrollo para Ossandon, sería redundante para el argumento. Lo puede revisar aquí. Yo mando el artículo a cualquier interesado que no pueda bajarlo.

Este tipo de cosas deberían darse más a conocer y deberían ser objeto recurrente de atención mediática, por su grave importancia política. Muchas veces se habla de la heredabilidad de la inteligencia o de la inteligencia entrenada. Y muchas veces se nos olvida algo: las circunstancias del embarazo, el parto o los primeros años. Circunstancias que pueden conllevar efectos casi permanentes en las competencias cognitivas (y los posibles empleos que pueden desempeñar adecuadamente) de las próximas generaciones.

La educación infantil, la sanidad infantil o las ayudas a madres pobres deberían ser de las últimas cosas a congelar/recortar de un país.

4 Febrero, 2011 por Raúl S. | 1 Comentario »

La crisis de la izquierda, según la Sexta y el Follonero

Este domingo pasado la cosa empezó bien: “The Walking Left”, con imágenes de la serie “The Walking Dead”.

Siguió el Follonero entrevistando a Miguel Angel Aguilar, mi tertuliano favorito y por tanto el mejor (aquí relatan el porqué). Nos sorprendió diciendo que Zapatero tenía como activo electoral a Losantos, ya que confiaba que la gente de izquierdas le votara para evitar la victoria del entonces locutor de la COPE, de Libertad Digital, etc. Nunca lo hubiera pensado. Cielos. Cáspitas. Etc.

El programa pretendía explicar algo sobre el declive de la izquierda en España, no sólo a nivel electoral, también a nivel anímico. Para ello, fue a un pueblo andaluz donde gobiernan comunistas (que ponen la imagen del Ché en estadios municipales) y los pisos eran muy baratos. También entrevistó a Julio Anguita.

Con todo esto la izquierda ha perdido otra maravillosa oportunidad. Estoy seguro que el programa ha conseguido lo contrario de lo que pretendía, causando aún más desencanto y desanimo en mucha gente de izquierdas que lo haya visto. El propio Follonero preguntó a Miguel Angel Aguilar si de la crisis sólo puede salirse con medidas de derechas, a lo que éste venía a responder que sí. La izquierda como algo bonito para cuando no es necesario.

La izquierda en la que yo creo es la de Roosevelt, que cogió a un país en un momento económico épicamente crítico y levantó las bases de lo que se haría en economía en décadas. La izquierda en la que yo creo es la de Lula, que debería ser imitado por el resto de izquierdas sudamericanas. La izquierda en la que yo creo es la de Felipe González, que a pesar del “peculiar” clima militar o de la traumática década de los ochenta plagada de asesinatos de ETA, consiguió que el país creciera económicamente y estableció las bases de un estado de bienestar algo más parecido al del resto de Europa.

Es la izquierda en la que yo creo. Es defectuosa, tiene lagunas y deja muchas dudas. Vamos, que es una opción horrible, lo sé. Pero es la menos horrible de todas las horribles opciones políticas que conozco.

Por eso creo que es a Felipe González al que debieron entrevistar. Es a la Fundació Olof Palme donde debieron ir (entre otros muchos sitios). Es a Keynes y Roosevelt a quienes deberían empezar a mencionar, y seguir con otros ejemplos en el extranjero, como Lula da Silva. A gente que hizo que más igualdad fuera posible, que el crecimiento económico fuera posible. Y todo ello desde la izquierda, desde la preocupación principal por la desigualdad.

El objetivo es más igualdad. Y es posible. No es una utopía que se desvanece cuando un partido de izquierdas llega al poder. Es real. Ha pasado. Ha funcionado. Varias veces. En varios países. En diferentes circunstancias. Se puede aprender de ello. Algo de todo eso puede repetirse, algo seguramente no. No todo es importable, pero seguro que podemos mejorar muchísimo.

La depresión no viene por creer que hay demasiadas cosas malas en el mundo. Es la ausencia de cosas buenas la que deprime. El actual ánimo depresivo de la gente de izquierdas tiene una base real (el principal partido de derechas ganará las próximas elecciones de paliza, salvo milagro laico). Pero también tiene otra base que no lo es: tener sueños o aspiraciones que ya han fracasado repetidamente mientras se desconoce o se ignora ejemplos de éxito de políticos izquierdosos. Repitiendo una y otra vez la derrota del comunismo frente al capitalismo se fomenta una nostalgia y desesperanza doblemente peligrosa, por ensalzar algo que en la práctica era peor para el trabajador medio y por transmitir la idea de que no hay alternativa a “la derecha”: no nos queda nada bueno para evitar la depresión. De ahí el mito de la eterna traición a la Auténtica Izquierda, sea ésta lo que sea.

Los medios autodenominados “progresistas” deberían actualizar algo sus lecciones de Historia. No muchos van a pegarse por leer cosas de oscuros economistas aficionados a divulgar, pero muchos más van a ver la Sexta. Repitiendo errores del pasado y revolcandonos en ellos como oseznos felices sólo conseguimos perder un tiempo valioso.

25 Enero, 2011 por Raúl S. | 5 Comentarios »