¿No lo entiendes? ¡éramos como Zapatero!

Ahora parece que no, pero mucha gente apoyó muchas de las políticas de Zapatero. Incluso mucha gente le votó.

Al mismo Zapatero del que todos los izquierdistas, ahora, renegamos. Los más invocan una traición de Zapatero a los ideales izquierdistas. Dentro de este grupo están los que vieron tal traición el día en que tuvo que tocar las pensiones, subir la edad de la jubilación y demás. Otros de este mismo grupo sitúan la traición antes, cuando lo de las SICAV. El grupo que habla de la socialtraición de Zapatero es mayoritario: Zapatero no era de izquierdas. La situación actual, en la cual cada día parece la antesala al apocalipsis, no tiene nada que ver con ningún proyecto izquierdoso pues. El eterno retorno del clásico “lo que había en la URSS no era socialismo” y del Mundo de las Ideas bello e inalterable.

Como respuesta a ésto tenemos otro grupo, minoritario, al cual aprecio más, para el cual Zapatero ha sido una especie de izquierdista salido de los años 80, máximo representante de algo llamado “la Izquierda Reaccionaria“, la cual lleva dominando el panorama político izquierdista 30 años (aunque nos hayamos dado cuenta ayer: son cosas que pasan). El hecho de que cosas como las ETT´s, las empresas privadas de seguridad o la privatización de empresas públicas hayan salido adelante o hayan prosperado durante ese tiempo no parece relevante al respecto. Todos los apoyos políticos que hemos dado a Zapatero en más de una y dos ocasiones quedan redimidos así.

En el fondo, por más que no queramos o no nos apetezca, detrás de todo este bello espectáculo está el tema de las culpas y responsabilidades de todo en lo que estamos metidos. El partido del gobierno los últimos ocho años, el PSOE, puede que no haya ocasionado la crisis mundial pero tiene una grave responsabilidad en tener el paro como lo tenemos. Ahora nos desayunamos todos los días con noticias de que la Educación en España es horrible, otro día con que nuestra productividad da risa, otro sobre la sostenibilidad de las pensiones y etc. Ahora a todos nos gusta mucho Nada es Gratis. Bravo. Y viva.

Pero yo no recuerdo muchos debates de ese tipo, pongamos, desde el año 2000 hasta el año 2008.

Es más, lo que yo recuerdo que nos ocupaba todo el rato el debate político eran peleas por la segunda guerra de Irak, peleas sobre orgullos-complejos nacionalistas (periféricos y centralistas), peleas sobre ETA, más sobre ETA, aún más sobre ETA y, finalmente, sobre las sucesivas “leyes sociales” de Zapatero (matrimonio homosexual, ley de igualdad, etc). Lo que tenía que ver con lo educativo, económico, laboral, energético o demás cosas que tanto nos angustian ahora durante una década apenas tuvieron protagonismo. Ni para izquierdas ni para derechas. Tuvimos cada uno nuestro tema recurrente favorito y ahí estuvimos, cada uno aportando nuestro pequeño grano de arena a entretenernos con lo que tocara…por que ya digo yo que el Caos Reptante que es la educación universitaria en España no viene de 2008 precisamente.

En toda esta bella e inútil pelea en el barro yo contribuí, a mi pequeña y ridícula escala, a gastar tiempo en ver si el PSOE rendía el estado a ETA o si un periodista ya casi olvidado que era locutor de la COPE era la nueva reencarnación de Hitler. Creo recordar que estabamos con ese tipo de trascendentales debates todo el maldito día. También recuerdo cuando un amigo encontró mi blog y me dijo “Pero…¿cuando vas a hablar de los sueldos de mierda que tenemos, macho?”. Mi amigo no estaba muy metido en la blogosfera política ni, vamos a ser sinceros, en los temas candentes del periodismo patrio. Pobre.

Usabamos todos aquellos temas para reírnos del PP y sus apoyos mediáticos. En el fondo era fácil: el conservadurismo patrio estaba aún recuperándose de la derrota de Rajoy, y se entregó a un conspiracionismo lamentable respecto al 11-M, además de negarse a cualquier reforma social de Zapatero. Pasabamos de economía, de educación, de la sostenibilidad del sistema de pensiones. Era ridículamente fácil hacer judo con el PP losantiano. En el fondo, y hablemos claro, el izquierdismo en España se dedicó a hacer oposición a la oposición. Porque era fácil, y porque lo hacía bien.

Y es por eso que Zapatero tuvo éxito.

No era un malvado conservador que iba de progre ni un trasnochado tatuador de caras de Vicenç Navarro. Era como la mayoría de nosotros, un fantástico representante de la izquierda real española. No muy preocupado de “cosas económicas”, educativas o laborales. Entusiasmado por los debates “sociales”, en los que el conservadurimo político y periodístico se arrinconaba solito en posiciones que en muchas ocasiones caían en lo antimoderno y antiliberal. Redentor de las injusticias pasadas y exageradamente idealista, pero despreocupado de las bases económicas del presente o de aquello viejo y pseudocomunista de la redistribución razonable de las ganancias.

Zapatero era como la mayoría de nosotros, los de izquierdas. Ésta es la horrible verdad que casi ningún izquierdista quiere admitir. Y esta forma de ser, este esquema de prioridades, ha contribuido de modo decisivo a meternos donde estamos. Ni más ni menos. Quizás Aznar o González no eran tan representativos de sus respectivos electores. Pero Zapatero, como en su momento Adolfo Suarez (como muy bien explica Javier Cercas en su fantástico libro), yo creo que sí.

Ahora podemos clamar a dioses inexistentes por la teórica traición de Zapatero a los sacrosantos ideales izquierdistas, claro. Pero sería engañarnos: nunca tuvo intención de meterse en berenjenales económicos trascendentales ni casi nadie desde la izquierda le presionó para meterse en ellos. La “socialtraición” no es más que el resto de países ricos castigándonos como si fueramos un adolescente que se dedica todo el día a jugar a la consola y pasa de formarse o trabajar. Aunque nosotros pasaramos de la realidad ésta seguía allí. ¿Cual era la alternativa realista? ¿decir a China, Estados Unidos o Francia que pasamos de sus amenazas, que estamos muy liados con las últimas declaraciones de gente de ERC o de la Conferencia Episcopal?

O podemos jugar a que nosotros llevamos años interesadísimos en el sistema de despidos “a lo austríaco” y a que Zapatero se ha vuelto de repente un radical infiltrado de Izquierda Castellana, por más que un presidente que hace desaparecer el Impuesto del Patrimonio, contribuye a “lo de las SICAV” o bajo cuyo mandato han florecido los conciertos educativos o sanitarios debería parecernos poco sospechoso de retrosocialismo.

Da igual. Podemos jugar a lo que queramos. Estamos todos entre deprimidos y enfadados. Sabemos, de modo consciente unos e inconsciente otros, la responsabilidad de la izquierda española en cómo está el país. Queremos tener la mínima responsabilidad posible, cada uno a su modo. Es muy duro sentirse partícipe del desastre actual, por más que haya posts, artículos o etc que prueben el apoyo que hemos dado al gobierno de Zapatero más de una y más de dos veces.

Para acabar, ocuparnos y dar importancia a temas como lo económico, lo educativo o lo sanitario debería ser una de las principales ideas de aquí en adelante. Hemos estado muchos años sesteando y liados con temas secundarios (o ni eso). Debemos motivarnos pensando que ese estar enredados en cosas secundarias ha contribuido a meternos donde estamos. Todo ésto siendo conscientes de lo grave que ha sido pero sin recluirnos a un monasterio a darnos latigazos (puede que fuera en muchos casos merecido, pero no es muy útil de cara al país).

El descontento no es de ayer

Democraciarealya es el primer éxito que al menos yo conozco en España de una movilización internetera que acaba en algo significativo políticamente: tener el protagonismo mediático en medio de una campaña electoral. Sin apoyo de ningún partido político, sindicato ni medio de comunicación estatal.

Las peleas en Facebook, Twitter y demás están divididas entre los que creen que esto es un canto al perroflautismo y los que ven el preludio de la nueva toma de la Bastilla. También hay conservadores sorprendidos de la ausencia de peticiones de recortes a la sanidad pública o similares. Sí, sí, de verdad. Esa gente existe. El cacao mental en este país no es patrimonio de ninguna ideología.

Rastreando un poco no sólo en las propuestas sino en las pancartas o gritos podemos ver algo obvio: esta gente es de izquierdas. Protestas por los privilegios, protestas por el excesivo poder de los bancos, por la impunidad del bipartidismo, por la falta de recursos públicos, por la privatización de cosas…seguro que hay gente que se sorprende, pero el cabreo mayoritario contra el PSOE no es por su “ofensiva laicista” o por comerse fetos crudos. El run-run mayoritario contra ellos va por el paro desmadrado y por la idea más que generalizada de que hace políticas económicas de derechas, materializadas en los recortes en las pensiones, recortes a las rentas altas y demás. Pero todo ésto no es de ayer, ni sólo es esto.

Volvamos a 2008, cuando bastantes periodistas y blogeros izquierdosos estaban extrañados. ¿Cómo el PP guiado espiritualmente por Jiménez Losantos estaba tan cerca en las encuestas del PSOE de Zapatero? ¡Si la economía crecía, incluso más que con Aznar! ¡el paro bajaba! ¡había hecho leyes sociales con gran apoyo social! ¡enfrente estaba una derecha gritona, paranoica, incivil y, en definitiva, malvada! ¿qué pasaba?

Aznar tuvo varias cosas buenas. Una de ellas, que durante su mandato bajaba el paro. Con empleo de mierda, sí. Con ladrillazo, sí. Con gente que acababa la primaria ganando el doble o triple que los que acabamos una carrera universitaria, sí. Pero menos paro. La solución a corto plazo fue buena (empleo de mierda es mejor que paro), pero se le subió a la cabeza del entonces gobierno y creyeron que no hacía falta hacer nada más. La realidad era que los sueldos estuvieron estancados una década y que nadie relevante políticamente parecía preocupado, aunque los precios se desmadraran.

Zapatero fue continuista en lo económico. Lo más celebrado fueron las ocurrencias que se sacaba en los debates del estado de la nación, cuando se sacaba de la chistera ayudas, descuentos fiscales y chucherías populistas. Sacó la Ley de Dependencia, algo importante, necesario e igualitario, sí. Pero la vida del día a día, los sueldos estancados, los precios al alza o la estructura del mercado laboral seguían en las mismas dinámicas, poco apreciadas, curiosísimamente, por la gente.

No sé, podría haberse dicho algo así como que la moderación salarial era necesaria en un modelo de crecimiento en que nuestra productividad era una mierda, y que el PSOE dejaba claro que los sueldos sólo podían subir con subidas de productividad, por lo que iban a reformar x, y, z para que esto fuera posible. “En otros países la gente gana más, y es por estas leyes y mecanismos, señores. Vamos a intentar adaptar lo que podamos. Que los sueldos sean los mismos que hace una década es inaceptable”, podrían haber dicho. O al menos haber tratado este tema, no sé.

Pero nada de eso pasó. Zapatero, como Aznar, se creyó el rey del milagro por conseguir bajar el paro mes tras mes vía ladrillazo. España iba bien, y luego estuvo en la Liga de Campeones económica. La prensa, los políticos, la ciudadanía y los blogeros estuvimos a otras cosas. A nadie le importaba la economía. Repito: a nadie. Tenían que haber sido los años de la Economía, pero fueron los años del Derecho: la ruptura de la Constitución, la ruptura de las instituciones por “los nacionalistas” (concepto que engloba a los periféricos pero no a los centralistas), Plan Ibarretxe, Estatuto de Cataluña, recursos a los tribunales, jueces estrella y los derechos inalienables del pueblo catalán, vasco, alcorconés, etc.

La economía tenía pies de barro, la educación universitaria era una fábrica de parados (muchos de los cuales insistían en que la “empresa debe estar fuera de la universidad”…ojalá en Psicología hubiéramos tenido más empresa metida allí). Nuestras peleas contra el Mal con barretina/txapela por un lado y nuestras obsesiones con Jiménez Losantos/la derecha extrema/la extrema derecha/extrema la derecha/derecha la extrema y demás combinaciones posibles para la denominación de El Mal por otro lo ocupaban casi todo, y apenas había espacio para nada más. De vez en cuando aparecía lo de la burbuja inmobiliaria o la inmigración. Poco más.

Claro que la gente no dio la mayoría absoluta a Zapatero en 2008. Es que lo que movilizó el voto en 2008 fue, de nuevo, el miedo al PP que parecía subido a la parra. Y eso llegaba a donde llegaba, porque el run-run de que en lo económico poco había cambiado respecto a la época de Aznar estaba ahí. Yo, al menos entre mis conocidos izquierdistas, detectaba cansancio por estar participando en un juego en el que lo más inmediato, el trabajo, cada vez valía menos y los precios iban a más, mientras en periódicos, radios o blogs estábamos en un mundo paralelo.

El descontento estaba ahí, pero el miedo al PP pudo con él. El importante trasvase de votos de IU y de los partidos políticos izquierdistas nacionalistas periféricos hacia el PSOE y sus motivaciones para ello hablan de por dónde fueron los tiros. El descontento actual, cuyo síntoma es el éxito de democraciarealya, viene de lejos. Los niveles de paro dignos del África subsahariana que sufrimos en España sólo han hecho aumentar y poner en primer plano con el tiempo lo que ya teníamos oculto entre otras muchas cosas apasionantes (¡¡¡España se rompe!!! ¡¡¡el fascismo avanza!!!). El día en que Zapatero, con el culo dolido por los azotes de China y EEUU, se presentó en el Congreso para anunciar recortes en las pensiones fue el día del despertar para muchos: la última línea roja había sido traspasada, y ya no se le perdonaría. Fue la puntilla a lo poco que ataba a mucha gente a Zapatero: la esperanza de que sin tocar nada “social” se saldría de esto.

Y aquí los que somos de izquierdas tenemos más responsabilidad. Estuvimos obsesionados con la oposición (el PP) y sus agitadores paranoides mediáticos en vez de pedir cuentas a Zapatero por su triunfalismo económico, su pasividad ante el desastre educativo, su pasotismo ante el estancamiento salarial o lo inalterable de la chapuza del mercado laboral, que trituraba a los más jóvenes. Debimos haber presionado para que la agenda mediática no estuviera copada por Carod-Rovira o Ibarretxe y sí por la redistribución económica, la mejora del estado de bienestar y el debate sobre cuales son los mejores métodos para conseguirlas.

No lo hicimos. Yo el primero, que tuve un pequeño blog, El Daño de Luzbel, en el que estuve muy entretenido en muchas otras cosas apasionantemente irrelevantes. Sí, me leían dos o tres personas, pero la ausencia, ignorancia y/o miedo al hablar de economía, la tendencia a buscar el cuerpo a cuerpo en polémicas idiotas sobre declaraciones idiotas o el entusiasmo por las chorradas de Jiménez Losantos estaban ahí. Eran síntomas de la izquierda blogosférica y también periodística. De vez en cuando lo recuerdo y me da vergüenza. Sí, vergüenza, hasta el punto de desentenderme de leer/oír/ver cosas relacionadas con la política unos cuantos días. Soy consciente de que a mi pequeñísima, ridícula y patética escala he contribuido al estado de cosas actual.

Como casi todo, se me pasará, pero aquí que cada uno se lo haga mirar y piense qué ha hecho mal. O no, allá cada uno, pero tengamos en cuenta algo: el Estado de Bienestar y las políticas de redistribución no vienen del aire ni son elementos innatos e inamovibles. Se tienen, primero, porque pueden pagarse y, segundo, porque decidimos pagarlos. Cuando no se ha hecho lo suficiente para que haya dinero para pagarlos y además hay poca voluntad de pagarlos pasa lo que pasará: Mariano Rajoy sacará la motosierra con el Estado de Bienestar cuando arrase en las próximas elecciones generales. Que nadie lo dude. Pero lo tenemos más que merecido. Que nadie tampoco lo dude lo más mínimo.

Por todo esto y más cosas, las protestas de democraciarealya no son irracionales, como dice Roger. No lo pueden ser con la que está cayendo, por más que bastante de lo que propongan parezca salido de alguien que por primera vez en su vida le da por pensar en los problemas del mundo, sin preguntarse si otros antes han pensado sobre ello. ¿Y qué? Lo irracional y surrealista de verdad es que con 40% de paro juvenil (Parémonos a pensarlo. Bien. ¡¡40%!!) no monten ni un mísero pollo, aunque sólo sea por dejar claro que están hartos.

En el fondo da igual qué pase con democraciarealya. Habrá que suponer que no durará mucho, en condiciones normales. Pero es el último síntoma de la inmensa decepción que encarna el actual gobierno.

Y sí, este post ha sido repetitivo. Es otro post de desahogo.

Psicólogos seleccionando personal: la Mascarada (4/4)

¿Porqué esta serie de post tenía en el título la Mascarada? Vampiro: la Mascarada era un juego de rol de los años 90, en los que los jugadores encarnaban a vampiros. La idea central del juego giraba en torno a un gran pacto entre la mayoría de los vampiros para ocultar a los humanos su existencia. A esta conspiración cuyo objeto era la supervivencia de los vampiros la llamaban la Mascarada.

Y respecto al papel de los psicólogos en la empresa privada a la hora de seleccionar candidatos algo de esto hay. Como es normal, los psicólogos no tenemos poderes sobrenaturales (de momento) y nuestro poder conspirativo es tirando a ridículo. Pero hay toda una montaña de artículos, ponencias, cursos o similares dando vivas al papel del psicólogo a la hora de seleccionar candidatos a un puesto de trabajo.

Buscad un rato en San Google, y asustaos. No pidáis referencias a estudios cuantitativos que demuestren que los candidatos seleccionados por psicólogos son mejores que los seleccionados por no psicólogos. No os los darán. Muchos artículos hablando de la necesidad de la empresa de tener psicólogos, del importante papel del psicólogo en la empresa…pero una ausencia sospechosísima de estudios sobre la importancia o relevancia medible de los psicólogos en la empresa.

En este punto alguien dirá: “¿Y cómo leches puede medirse eso?”. Hay maneras. Por ejemplo, en la cantidad de tiempo que aguanta un candidato que hemos seleccionado en su puesto de trabajo. Podría ser una señal de que hemos seleccionado al candidato ideal para el puesto dado. También podríamos comparar resultados de empresas sin psicólogos en Recursos Humanos con empresas sólo con psicólogos en Recursos Humanos, midiendo el número de bajas laborales, número de empleados que se van antes de tres meses, productividad de los empleados seleccionados, etc.

Yo he buscado bastante (incluida la página de la todopoderosa Asociación Psicológica Americana) y no he encontrado gran cosa. Si alguien encuentra o conoce algo relevante que me lo diga. Alguna vez incluso se lo he pedido a algún psicólogo que trabajaba seleccionando. A la espera estoy. Tan abrumadora la cosa no tiene pinta de ser. O tienen los datos que demuestran la necesidad del psicólogo en la empresa escondidísimos, por razones que no acabo de entender.

Lo curioso es que en los años 50 del pasado siglo a un loco le dio por hacerse una pregunta aparentemente chorra pero que era esencial: sí, sí, tenemos montones de teorías psicológicas y hay psicólogos tratando a gente en consultas. Muy bien, pero…¿la gente “se cura”? Es decir…¿lo que estamos haciendo funciona? Ese loco era Eysenck, y tras investigar hizo un favor maravilloso a la Psicología:

Las primeras investigaciones sobre el éxito de las psicoterapias realizadas con anterioridad a 1952, hasta entonces de corte psicoanalítico, fueron revisadas en conjunto por Eysenck (1952/1980, 1992) en su famoso artículo. En esta revisión, el psicoanálisis (inicialmente desarrollado por Freud y posteriormente por otras escuelas) no salió bien parado. En términos globales, su efectividad no superaba el 44 por ciento, y resultaba menos eficaz que el “no tratamiento”. Era más probable que la gente mejorara sin ayuda que con la ayuda del tratamiento psicoanalítico (Eysenck, 1952/1980).

Aquello hizo que hubiera cierto interés por empezar a medir si los síntomas de los pacientes remitían por ir al psicólogo o si las diferencias entre ir o no ir eran nulas (o contraproducentes, glups). Era algo ligeramente importante, vaya. Si hoy la Psicología Clínica está algo por encima de lo que puede hacer la Bruja Lola se lo debemos en gran parte a él, que se llevó broncas tremendas por romper la Mascarada de su momento.

Los psicólogos que seleccionan a gente aún no tienen a su Eysenck. Y están en plena Mascarada, en un intento de venderse sin ofrecer pruebas objetivas de su utilidad en cuanto a psicólogos.

Yo entiendo que no hablen mal de la burra que quieren vender. También que es duro aceptar tras cinco años que lo que te enseñaron en la carrera no se corresponde con el mundo real. Y, cómo no, entiendo que las empresas contraten psicólogos para seleccionar: nuestros informes del porqué hemos seleccionado a uno y no a otro son mucho más floridos que los de los ingenieros que puedan ponerse a ello. Tenemos más práctica y nos manejamos mejor en el lenguaje de lo mental (evaluación de competencias, CI, rasgos de personalidad, etc), que para algo hemos estudiado para ello. Un informe con apariencia más técnica es más vendible de cara a alguien inexperto, y la empresa compra gustosa.

El ahorro para el cliente tiene que ver con el tiempo que se ahorra en buscar a gente, tener acceso a buenas fuentes o formar a “reclutadores” o comerciales. Lo del informe “más bonito” es un plus que se agradece, pero lo esencial es lo primero. Y todo eso se puede hacer sin haber pasado por Psicología.

Eso, creo, es todo. Si alguien tiene datos que me demuestren lo contrario que los aporte. Yo, insisto, no los he encontrado.

Psicólogos seleccionando personal: la Mascarada (3/4)

3.- Perfiles altos: directivos, jefes de proyectos, jefes de planta y coordinadores de esbirros, en general. Gente con mucha formación y/o mucha experiencia, sueldos altos y con un móvil al que tienen que atender 24h durante dos semanas (o más) al mes.

Hablamos de gente clave en una organización. Dentro de los tópicos habituales suele decirse que una empresa la forman todos o que un equipo de fútbol es una piña, pero una cagada del director general de la empresa o que Iker Casillas se ponga malo antes de unos cuartos de final de Liga de Campeones son cosas mucho más graves que el que al de la limpieza se le olvide limpiar una sala un día o que un vendedor de las tiendas del Bernabeu se ponga malo una semana.

En ese sentido, fallar al seleccionar a los que limpian la oficina implica en general pocas consecuencias. Fallar al seleccionar un operador informático tendrá algunas consecuencias más, pero en general son cosas salvables que pueden que cómo mucho acaben con su despido y alguna chapuza de por medio. Fallar en seleccionar quien está al mando del cotarro puede implicar llevar a toda la organización a pique.

Aquí es en teoría donde los psicólogos de Recursos Humanos pueden lucirse: los estudios de personalidad, evaluación por competencias, entrevistas estructuradas, etc.. ¿Es útil? En teoría sí…pero bajemos al desierto de lo real.

¿Cómo se suele seleccionar a directivos? Normalmente suele hacerse tirando de agenda. Tú conoces a tal y le llamas, te interesa porque trabajó en tal empresa, que era de la competencia, coincidiste con él y te viene bien o alguien te dijo que trabajaba bien (un ejemplo bueno sería el fichaje de Figo por el Real Madrid o el de Villa por el Barça). Seleccionar a un directivo desde cero no digo que no sea posible, pero es menos habitual. Hay que tener en cuenta que gente con experiencia o habilidad para estos puestos no hay tanta y que factores como que conozcan a alguien de la empresa que quiere contratarles puede ser clave. Muchas veces la selección de este tipo de perfiles más bien consiste en venderles la moto y hacerles mucho la pelota para que vengan.

El ejemplo del fichaje de un futbolista de élite aquí sigue siendo bueno: por ejemplo, Cesc Fábregas y el Barça. No hace falta un psicólogo para decir que Cesc Fábregas es bueno técnicamente (necesitan, de hecho, directivos técnicos que tengan conocimientos de futbol más allá de leer todos los días la portada del Marca), necesitan a alguien que venda a Cesc que es mejor para él dejar el Arsenal e irse a Barcelona.

Más que gente que seleccione necesitaríamos gente que sepa vender nuestra empresa…es decir, un comercial. Las empresas tecnológicas, por ejemplo, para perfiles medio-altos suelen tener comerciales para conseguir convencer a jefes de proyecto de otras empresas para pasarse a la empresa que nos interesa. No es raro que lleven al candidato a tomarse algo o le inviten a comer (hay comerciales que se pasan el día en comidas y bebiendo). Esto es porque no es una selección: es una venta.

En cualquier caso, a esta gente debería entrevistarla el director general o consejero delegado (su jefe, vamos). El proceso sería: contacto con alguien que conoce el jefe o al menos tiene referencias- entrevista con jefe donde hablan de todas las condiciones y detalles– paripé de RRHH (el último paso muchas veces se suprime) cantando loas en un bonito informe ad hoc a la brillante decisión de las altas esferas.

En este punto, los psicólogos del sector hablan de chapuza, tercermundismo y etc. Pero, además de lo antes dicho, pensemos por un momento desde el punto de vista organizacional: vas a dejar una decisión de graves implicaciones de poder dentro de una empresa al departamento que cobra menos (el jefe de Recursos Humanos suele ser el peor pagado de todos los jefes de Departamento). Quien será jefe de tal cosa tiene implicaciones en los equilibrios de poder: sería raro que esa decisión tan importante se deje en psicólogos que a saber a quien eligen (o a quien benefician).

Resumen: a este nivel la cantidad de gente con experiencia o conocimientos técnicos necesarios para estos puestos no es mucha, y lo que hay que hacer es venderles el puesto de trabajo. La cualificación técnica o experiencia de los pocos candidatos suele ser más que conocida (no son tantos), así como el tipo de persona que es…imaginaos a la Federación Inglesa cuando fichó a Fabio Capello: ya sabían cómo era y qué pretendían al ficharle. No hacía falta ningún test de personalidad…aunque la cara de Capello/Mourinho/Cruyff si se les dijera que tenían que pasar por un test de inteligencia para sentarse en un banquillo de un equipo grande anda que no daría para risas. Además, las dinámicas de poder dentro de una empresa hacen complicado que la decisión de un puesto de alto nivel pueda llevarlas a cabo alguien no cercano a la cúpula del poder en la empresa.

Hay empresas gigantes que sí se atreven a que este tipo de selecciones las lleven psicólogos (o, en general, el Departamento de Recursos Humanos), pero son las menos. Si alguien conoce un CEO que haya sido entrevistado y seleccionado por psicólogos que me lo diga, pero yo al menos no conozco nada parecido. Y creo que hay razones de peso para que sea así, como hemos visto.

En el siguiente y último post de la serie, mis motivaciones para escribirla y las sorprendentes conclusiones (con erótico resultado…o no).

Psicólogos seleccionando personal: la Mascarada (2/4)

2.- Perfil medio: nos referimos a personas con nivel educativo medio, con algo de experiencia, un sueldo más tendente a la moda y con algún grado de posibles “marrones”. Un ejemplo más o menos bueno podría ser buscar Operadores Informáticos para, p.ej., Telefónica.

¿Y aquí? ¿aquí les pasamos los temidos psicotécnicos, las pruebas de personalidad como el 16-PF y entrevistas en las que los entrevistados están tensos por si al acariciarse el pelo el psicólogo va a pensar que eso es prueba de una fijación sexual por los objetos inanimados? (nota: todo ese tipo de “recomendaciones” son mitología urbana).

En este campo lo técnico ya empieza a pesar. Por ejemplo, se quiere a un Operador Informático que haya trabajado con Linux al menos un par de años. Bien, pues un psicólogo no tiene porqué saber de Linux, más allá de saber que hay algo llamado Linux. ¿Cómo sabemos que al que entrevistas sabe Linux? Pues sabiendo tú Linux, claro. Haciéndole dos o tres preguntas para ver qué dice, por ejemplo (“¿Qué hacías con Linux en tu anterior empresa?”). Para ello más que Psicología lo importante es tener conocimientos técnicos del asunto…es decir, saber de Informática, Linux, Oracle o demás.

El psicólogo puede que sepa informática e incluso qué es Linux, porqué no. Pero en condiciones normales no sabrá más que un informático/alguien que haya hecho cursos de informática/alguien que haya trabajado en ello/ etc. Su condición de psicólogo aquí pesa poco, su conocimiento técnico mucho.

El psicólogo puede aprender, cierto, el “lenguaje de los que saben de cada cosa informática”: qué tipo de cosas dan la clave para saber si alguien sabe de verdad Linux o no. Se parece bastante a aprenderte un papel de cine fonéticamente: no entiendes el contenido (no sabes hacer cosas en tu ordenador con Linux) pero sabes cuando el otro actor tiene que decir algo para que tú sigas (sabes cuando el otro no tiene ni idea de Linux o que no es tan experto como dice). Puede funcionar bastante bien, no es tan difícil, pero estaremos de acuerdo en que alguien con conocimientos técnicos va a ver mejor si el entrevistado miente o no sobre sus capacidades técnicas. Y, al final, la empresa va a querer alguien con los conocimientos técnicos adecuados, y a ser posible ayer…¿he mencionado ya que la rapidez en encontrar gente es clave para un departamento de Recursos Humanos/empresa de servicios/ETT?

Lo de las características de personalidad compatibles con los demás compañeros o con el puesto de trabajo puede ser importante, por supuesto, pero volvemos a lo mismo del caso de los perfiles bajos: la inmensa mayoría de gente cae en la normalidad, y la mayoría de las veces seleccionando a alguien con conocimientos técnicos vamos a dar un buen candidato, que trabaja bien y etc. ¿Puede el psicólogo con sus cuestionarios, evaluación de competencias y demás herramientas seleccionar a gente que, de media, trabaje aún mejor, rinda más, no se vaya a otras empresas y sea menos conflictiva? Sí, es posible que puedan buscarse candidatos con una personalidad más adecuada al puesto y a la de otros compañeros…pero el tiempo y el coste requerido es muchísimo mayor. En función de las características técnicas, es muy posible que tengamos que aceptar a un horror en lo personal pero que en el campo técnico es bueno. Lo contrario (alguien sin conocimientos técnicos pero una bellísima persona, comprometida y amiga de las flores) no es muy viable a la hora de colocarlo. Lo técnico prevalece.

Si ya tenemos varios candidatos aceptables en lo técnico quizás podamos hacer algo más de selección pura y dura, pero siempre es preferible coger a alguien con más experiencia, con menos “tiempos muertos” en el curriculum (vamos, que no tiene muchos períodos de su vida laboral en los que ni estudia ni trabaja), que no está en diez empresas por año (puede ser signo de conflictividad), que no pone mala cara o pegas al sueldo/condiciones que se le ofrece, que no parece muy “rarito” (agresivo, antisocial, etc). Para percibir este tipo de cosas, que pueden verse en una breve entrevista, no es necesaria una carrera de Psicología. Un Máster de Recursos Humanos o cursos relativos al respecto pueden dar toda la formación necesaria. Para pasarle un cuestionario, corregirlo y demás necesitamos valiosísimo tiempo. No hay pruebas de que la selección salga mejor (operativizada en cosas como “tiempo medio que el trabajador se queda en la empresa sin irse a otra /sin que lo despidan”, por ejemplo).

El hecho de que muchos informáticos, ingenieros o similares actúen en Recursos Humanos de muchas empresas, y en más de una importante, es totalmente justo, por más que muchos psicólogos se quejen del presunto intrusismo/chapuzas/etc. Por resultados, que es de lo que hablamos en todo momento, no nos engañemos, desde luego que lo es. No hace falta haber estudiado Psicología para tener una efectividad similar o superior a la de los psicólogos en estos perfiles.

¿Porqué contratar a alguien para seleccionarte gente de este perfil? Una empresa no debería poner a un técnico para seleccionar, porque hay que ser rápido. No pueden tener a un técnico malgastado buscando en Infojobs, reclutando y entrevistando gente… es un desperdicio. Mejor tener a otro que lo haga (psicólogo, historiador o filólogo). Y eso sí, si luego hay que asegurarse (en puestos medios no suele hacer falta) pasar por entrevista técnica, pero solo poquitos candidatos muy seleccionados ya. El mejor resultado suele darse cuando la selección la hace el jefe directo…pero normalmente no tiene tiempo ni recursos para acceder a candidatos. De ahí que se “compre” a consultorías ese “tiempo y recursos para seleccionar a grandes rasgos a alguien con un perfil técnico parecido a lo que queremos”.

Conclusión:No es realmente necesario que hayas pasado por Psicología para seleccionar a gente de perfil medio. Sí sería necesario tener conocimientos técnicos del campo y recomendable tener experiencia entrevistando gente (aunque ésto último es más fácil de adquirir).

En el siguiente post, perfiles altos.

Grandes momentos de la Revolución® a principios del Siglo XXI

Nos hemos divertido mucho esta década.

En la primera mitad estuvimos entretenidos con el peloteo de Aznar a Bush Jr.(y todos sus derivados: Guerra contra el Terrorismo, etc). La segunda mitad nos otorgó grandes y bellos debates identitarios y no menos interesantes choques de boinas, tanto españolazas como vascas o catalanas. Es cierto que en la segunda mitad lo estadounidense también fue importante y que en la primera el campeonato de ver quien la tiene más larga (la nación) tampoco faltó. Entre la imagen exterior de España y nuestras peleitas recurrentes fuimos pasando el tiempo.

Lo cierto es que ya en el año 2000 lo demás estaba todo muy bien. La educación universitaria. Leyes y subvenciones que favorecían la burbuja inmobiliaria (y también la corrupción casi generalizada de los Ayuntamientos, ese ente noble y del “Pueblo” que ha vivido momentos de gloria en esta década). Sueldos que no han subido prácticamente nada en estos diez años. Jóvenes que encadenaban contratos sin futuro. Mayores acojonados agarrándose al sillón. Gente que no se siente muy cómoda con la inmigración o gente que cree que cada vez hay más delincuencia. Alguna cosilla más. Pero todo iba francamente bien. De verdad.

De ahí que sea entendible todas las energías que, por ejemplo, yo gasté en pegarme en tiempos primigenios con gente de Red Liberal por las cosas que decía Jiménez Losantos. ¿Qué quien era ese? Un locutor de radio conservador que se alteraba mucho, y que nos escandalizaba lo suyo a los izquierdistas. Era todopoderoso y nos acojonaba: había conseguido echar a Gallardón del PP, echar a Mariano y poner a Espe, contribuir a que el PP ganara elecciones generales librarse de ser condenado varias veces prácticamente todo lo que se había propuesto. Ahora parece que le va regular. La verdad es que yo y casi todos los individuos interesados en la política española no teníamos demasiadas causas perdidas propias de amigos de las flores, así que en eso estuvimos: unos pegándole como si nos fuera la vida en ello y otros defendiéndole como si fuera un mendigo sin amigos.

Y quien dice Losantos dice la Iglesia. Ah, hicimos bien en rebatir y saltar a cada sílaba pronunciada por los obispos y por su esbirro mejor pagado. No teníamos nada más que hacer. Ni un gobierno al que reclamar que queríamos vivir mejor (o, al menos, un poco menos mal).

Somos gente ambiciosa, claro, así que vimos el último objetivo, la última meta para alcanzar el paraíso soñado-eyaculado: las descargas e interné. Con la sabiduría y conocimientos históricos, económicos, sociológicos y psicológicos que otorga automáticamente el hecho de saber configurar un módem, nos lanzamos a llenar la blogosfera con nuestras reclamaciones. ¡Interné libre! ¡No a la censura de Interné! ¡ya que estamos tan jodidos que no paren las descargas del último FIFA! (¿¿¿de dónde sale todo ese “jodimiento”??? ¿no sería ciertamente curioso protestar por las cosas que nos joden en vez de pedir sopa boba para soportar el sufrimiento? naaaah). El que lo dude que se pase tres días al azar por Menéame y mire lo más meneado. O compare las entradas relacionadas con la llamada “ley Sinde” con, qué sé yo, la evolución de los sueldos en este país, la criminalidad o la sanidad.

Yo, honestamente, estoy cada vez más entusiasmado con la evidente Revolución que se está generando en Interné. Los poderosos están acojonados, creedme. Botín o Amancio Ortega ni duermen muchas noches pensando en la que tenemos montada en interné. Las decisiones de la gente para elegir temas de reivindicación y las energías puestas en estas acciones políticas tan importantes, trascendentes y nada endogámicas me animan cada vez más a seguir escribiendo sobre cosas relativas a la política (como puede comprobarse por la frecuencia con la que actualizo este blog). Qué leches, voy a dejar de ser modesto, si yo he contribuido (a pequeño nivel, eso sí) a toda esta maravillosa dinámica durante unos cuantos años. Es cierto que llevo un tiempo escribiendo cosas alejadas de la Revolución®., pero qué diablos, puse mi piedrecita. Bien por mi. Bien por (casi) todos.

Démonos un gran abrazo y reconozcamos que lo hemos hecho muy bien hasta que estalló la crisis, momento en el que hemos bajado el nivel hablando de cosas como “economía”, “energía”, “delincuencia”, “inmigración” o cosas así (todo esto salió con la crisis, antes nada de esto era problemático si miramos a qué hacíamos caso en internet). Menos mal que nuestro empeño revolucionario no cesa y siempre volvemos a hablar de Ramoncín, Alejandro Sanz o de la última batalla casposa de banderitas y sentimientos nacionales heridos (la España que se rompe, la Cataluña incomprendida y demás bostezos recurrentes).

Las cosas extrañas de Losantos no las comentamos (está en un chiringo propio sin tanta visibilidad y le tenemos un poco “sobao”), pero de vez en cuando tenemos un Sostres, un Dragó o cualquier otro cavernícola a sueldo que permite centrarnos una cantidad gigantesca de tiempo en lo que nos gusta de verdad. Qué narices un comentario de pasada o una coña, no: debates y montones de escritos sobre cada chorrada. Como debe ser. Traed más mierda, que nos vuelve locos.

Yo, por mi parte, espero de todo corazón que por lo que toca a la Izquierda y al ciberproletariado todo siga igual que en esta década. Hemos hecho un gran trabajo (insisto, yo he puesto mi piedrecita en ello, cosa de la que me siento MUY orgulloso) moviendo debates hacia donde nos interesaba: básicamente dejar claro que Jiménez Losantos debía follar más y que queríamos bajarnos de gratis lo último de La Oreja de Van Gogh.

Buen trabajo, chicos.

Feliz año nuevo.

Advertencia que no sería necesaria en un mundo mejor (gobernado por Enrique Dans) pero que en éste (gobernado de momento solo cibernéticamente por Enrique Dans) es necesario: efectivamente, el post es irónico.

Huelga de metro en Madrid & me

Ya mi novia andaba mosqueada hace un par de días. Había leído sobre la posible huelga y lo mal que le venía: tenía una carga de trabajo monstruosa de lunes a miércoles. Ayer por la noche lo vimos en la página de El País: no habría servicios mínimos. Buscamos rutas alternativas en autobús y a dormir.

A las bellas 06:00h ya estábamos en la calle, tirando para el metro. Cuando bajamos las escaleras para meternos, un grito que sale desde dentro nos avisa: “¡No hay servicio de trenes!”. En el autobús a Sol no había mucha gente todavía, tampoco tráfico. Era pronto. Mi novia está ligeramente cabreada con los huelguistas y los sindicatos.

Se han saltado los servicios mínimos y sí, debería haber sanciones para quien toque. Si hacen esto es porque tienen una posición de fuerza, no quieren que les bajen el sueldo y están dispuestos a usar esa fuerza. Es del género bobo invocar la “maldad sindical”, o soltar los topicazos de “son unos insolidarios”, “estos marvados funcionarios” o tonterías así: tienen unos intereses, tienen una fuerza y la usan para alcanzar lo que tienen. Es tan viejo como el mundo. Y es ridículo que sea gente conservadora la que más haga como que ignora esto, lo cual no quita para que hoy especialmente las tonterías moralizadoras vayan a ser legión.

Después de media hora llego a Sol. Allí hay bastante gente para ser apenas las 06:30h de la mañana. Muchos corriendo. El paseo en autobús hasta Avenida de America está acompañado de muchos balcones con banderas de España, carteles dando vivas al Metro de Madrid (“Llega rápido, llega a tiempo, llega a donde quieras”) y más de un cartel animando a la gente a reunirse al lado del Santiago Bernabeu para ver los partidos de España. Lo de esta noche, como pierda la selección española, puede ser épico al volver a casa para mucha gente.

Tras llegar a Avenida de América, veo que aquello es el caos. Son las 07:15h. Hay luchas por los escasos taxis que hay. Hay gente que no sabía nada del paro total, y que se echa las manos a la cabeza. Muchas carreras de mucha gente. Mucha gente preguntando. Mucho ruido, mucha ansiedad. Hay policías. La situación es rarísima.

Esperando el autobús veo gente poco habitual, se les ve al no estar habituados a picar un billete o al mirar el interior del autobús como si fuera un invento nuevo. El conductor recibe muchas preguntas sobre cual es el autobús que deja en el sitio deseado. Contesta a todos que es el primer día que conduce en esa línea, y que ni idea. Qué grande, pienso, suelta eso para no perder el tiempo y que le dejen en paz. Pero no. Estaba diciendo la verdad.

A los 10 minutos se pasa una parada, entre los gritos del autobús abarrotado. El conductor pregunta que si alguien ha cogido el autobús antes, para que le ayude. Medio autobús hace de GPS a gritos: “¡Por ahí!” “¡No, por la derecha!”, “¡Que te pasas!”. Hay gritos-GPS, hay risas por lo surrealista de la situación. Ya son las 08:00h, y el autobús está dando un paseo turístico no solicitado pero ciertamente bello (o algo) por Madrid. Para completar el cuadro, una persona en silla de ruedas solicita que se active la rampa del autobús para poder subir. La rampa no funciona. El conductor sale. No funciona. Pide ayuda. Salen varios. No funciona. Vuelve a trastear con controles del autobús. Al fin funciona. La persona en silla de ruedas sube al autobús entre aplausos. A los diez minutos solicita la rampa para bajar en su parada. El conductor no oye, y vuelven los gritos: “¡Que bajes la rampa, joder!”. Vuelve el show (no va, salid, no va, mierda, y si damos a ese botón, que no cojones, anda parece que ya va), y al acabar estamos todos felicísimos (o no).

Llego a Campo de las Naciones a eso de las 08:35h (sólo he llegado 35 minutos tarde y el viaje apenas han sido dos horas y algo, en vez de los 40 minutos habituales). En el trabajo no hay ni un 30% de los que suelen estar en la oficina. Curiosamente, estamos los que venimos en metro. Los que vienen en coche llegan en torno a las 09:30h-10:00h. Hay algunos que han llamado diciendo que como hay huelga de metro no van a trabajar. Estos dos o tres tienen coche y viven a 15-20 minutos de aquí.

De lo oído en los autobuses y el trabajo, me da la sensación de que el discurso mayoritario es el de “hacen bien en hacer huelga, pero que no perjudiquen al trabajador y que haya servicios mínimos”. Cuando se montan huelgas salvajes se tiene en mente que mucha gente va a ser perjudicada: precisamente por eso se hace, para meter más presión. Caerán sanciones (con razón), pero es algo que tenían que asumir al llevar a cabo lo que han hecho. Es otro pensamiento bobo, débil y rozando lo perroflautico, a la altura del raca-raca conservador sobre el tema.

He desquedado con amigos para ver el partido de la Roja esta noche: el viaje hasta allí en autobuses sería insufrible, y la vuelta no digamos. Sufriré otras dos horas hasta casa. Espero encontrarme con el mismo conductor, total, ya que estamos fastidiados por lo menos pasar un rato surrealista.

Además, parece que mañana tendremos más de lo mismo. Nos vamos a divertir todos.

Cerrando el infierno…y bajando la palanca

Este es el último post de El Daño de Lübel y el último como Luzbel. A partir de ahora cambio de nick, paso a ser Terapeuta y a escribir en mi nuevo blog: Terapia de Choque (oooh).

Las razones del doble cambio son varias, todas igual de épico-decadentes, ridículas y vacías de interés.

La primera, representar el cambio ideológico del que escribe ésto. Seguimos en la zurda, no soy de centro-izquierda o moderado en absoluto. Pero han cambiado muchas cosas desde que empecé en Red Progresista con ese nick, siendo, no nos engañemos, un blogger típico que simpatizaba con el perroflautismo izquierdoso. Hay demasiadas entradas que escribí en esa época de las que ahora me cachondearía y pondría en Los Dos Minutos. En el fondo, cada idea por la que pasamos deja un poso, aunque la abandones, y por eso tampoco voy a ponerme a borrar lo escrito.

En segundo lugar, la estética. Demasiados años con una estética diabólica, que a estas alturas se me hace infantil e incluso inútil como provocación…por no comentar lo recargado que tenía el blog o el fondo negro: pasamos a lo minimalista y al fondo blanco.

En tercer lugar, el contenido. La idea de llamar “Terapia de Choque” intenta reflejar eso: estamos en una época en que son necesarias no reformas tímidas, sino reformas valientes. Y muchas. Y a muy a fondo. No una revolución (no soy antisistema), no una reforma tímida. No matar al paciente, no darle paracetamol: electrodos y abajo la palanca. El radicalismo (que no el extremismo) es más necesario que nunca.

Después de estos párrafos intentando explicar algo intrascendente como si fuera algo importante, sólo queda saludar a mis escasos lectores. Bienvenidos a Terapia de Choque, pueblo.