El Unionismo es un Humanismo

Yo siempre fui unionista

Yo siempre fui unionista

Todo el tema “Artur Mas y sus aventuras” está dando lugar a ciertos lugares comunes en bastantes personalidades, periodistas y blogueros. Este post de Roger Senserrich es un buen resumen de unos cuantos de ellos. Vamos a tratar en este post de hablar por separado de algunas de estas ideas recurrentes.

1. El término “unionismo” es amarillista y bobo

Creo que lo vi por primera vez en La Vanguardia. Me refiero hablar de “unionismo” para hablar de quienes no quieren la secesión de Cataluña. “Unionismo” evoca al conflicto irlandés, en el que hay elementos religiosos, con incluso actos terroristas de por medio. El término es igual de equivocado y amarillista que cuando La Razón o el ABC nos habla de “la balcanización de España” cuando habla de las comunidades autónomas. Por no decir que aquí nadie ha puesto bombas a ERC, a Artur Mas o similares.

2. “Españolizar”, el Horror

Las palabras del ministro Wert sobre “españolizar” a los niños catalanes provocaron gran escándalo. Y todavía hoy lo provocan. Hasta donde yo sé, en Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos a los niños se les enseña en la escuela que son ciudadanos de su país, les enseñan su Historia y, sí, se les inculca sentimiento de unidad nacional. En democracias de nuestro entorno es una de las cosas que suelen hacer los sistemas educativos, es la normalidad. Puede parecernos bien, regular o un síntoma del fascismo posmoderno, pero lo que dijo Wert debería formar parte de lo que es normal en una democracia. Uno puede creer que Cataluña no es España y que eso es una intromisión extranjera, es legítimo. Pero quien crea que Cataluña sí es España debería explicar el porqué España debe ser el único país en que esto, normal en otros países democráticos de nuestro entorno, no es posible. O decirnos qué país da una educación que forma niños apátridas.

3. La carga de la prueba

Se insiste en que hay que hay que dar argumentos a los catalanes para que decidan no irse. Pero es al revés: es el que propone algo nuevo el que tiene que convencer a los demás de sus afirmaciones. En este caso, los partidarios de la secesión. O se es secesionista o no se es, no hay término medio.

4.- Los políticos de Madrid

Uno de los latiguillos más repetidos una y otra vez. “Madrid debe darse cuenta“, “los políticos de Madrid“, etc. Se transmite algo así como que Madrid manda desde lo alto del Monte del Destino y los demás o asienten o mueren bajo las botas de nuestras legiones de orcos. Pero no. Los catalanes, como los madrileños y todos los demás votan al Parlamento Español, y en “Madrid” hay representantes de Cataluña. De hecho, en “Madrid” creo que hay más políticos elegidos por los catalanes que por los madrileños. El presidente del gobierno español sale elegido con votos de parlamentarios catalanes, entre otros. A veces, como en 1993, 1996 o 2004, son partidos esencialmente catalanes los que deciden quién está en el gobierno estatal. La idea de “los políticos de Madrid” como un grupo de autistas que lo que saben de Cataluña es que allí está el Barça es falsa: hay representantes suyos en “Madrid” y en tres/cuatro legislaturas partidos que sólo se presentan allí han sido decisivos para que un partido u otro gobierne. Es decir, dejad de vender que los catalanes son irrelevantes, que no están en Madrid o que no participan de modo decisivo en el poder estatal central, porque es totalmente falso.

5.- La región más maltratada

Esto suele ser muy repetido también. Podríamos hablar largo y tendido sobre, por ejemplo, Ávila, Soria o Toledo y sus infraestructuras para ver si Cataluña es “la región más maltratada”. Es más, yo invito a los que dicen que Cataluña es la región más maltratada a venir al pueblo de mi madre, en la Sierra de Gredos, en Ávila. Van a conocer lo que es el olvido en gasto público…¡y está a dos horas en coche de la capital de España! Entiendo que pueda decirse (entiendo, que no comparto) que a Cataluña se la debería dar más, pero lo de que es “la más maltratada” no hay por donde cogerlo. Y los que viven en esas regiones que no tienen tanta atención mediática ni mimo con dinero público lo saben muy bien.

6.- Idiomas y protección

Comenta Roger lo siguiente:

Es un idioma pequeño, minúsculo; es la clase de lengua que uno podía encontrar en rincones perdidos de Europa hace 100 años y que ha acabado desapareciendo por desuso, como el occitano o el bretón

Y tiene razón. Yo soy partidario de que no se pierda el catalán, el vasco o el gallego. Y que se haga con dinero público. Sí, soy partidario de que esa diversidad se proteja desde los poderes públicos. Y, de hecho…en España se hace. Tanto que en Cataluña la escuela es en catalán, los rótulos en las calles son en catalán, se doblan películas y series al catalán, se imprime mucho en catalán, etc. Varias de estas cosas, por cierto, con dinero público.

Pero no recuerdo haber oído a ningún catalán decir lo obvio: esto no se ha hecho en otros países democráticos ni con el occitano ni con el bretón ni con otros idiomas similares…es decir, que España ha protegido lenguas minoritarias como no lo ha hecho Francia, Alemania o Italia, países democráticos de nuestro entorno (¡incluso lo tenemos en la marvada Constitución!). En ese sentido, debería decirse desde Cataluña que la España democrática en este sentido es ejemplar. Pero no. Es la malvada. La opresora. La del gobierno tontaco “de Madrid” que no entiende a los catalanes y que disfruta ignorándoles/troleándoles, aunque nadie nos ha explicado todavía el porqué de tanto odio.

Se consigue así que fuera de Cataluña se comprenda cada vez menos todo el aparato de protección al vasco, catalán o gallego. Se habla mucho de la comprensión hacia Cataluña, pero nunca de Cataluña hacia el resto del país, y en cosas como esta sería bueno que se reconociera que lo que ha hecho España es casi único y admirable, en vez de saltar de modo surrealista ante ofensas reales o inventadas (¿de verdad es “fascista”, “totalitario” o “nacionalcatólico”, como he leído tanto, que el sistema educativo en cuanto a elección de lengua en el colegio pase ahora a ser como el vasco? ¿había nacionalcatolicismo españolista en el País Vasco con el PNV gobernando y no nos habíamos enterado?).

7.- Legalidad a troche y moche

Yo soy muy partidario de aquello de que la ley está para cumplirla, que nadie es más que nadie ante la ley, Moisés en “Los Diez Mandamientos” diciendo “no hay libertad sin ley”, etc. Pero lo que es cierto es lo siguiente: ya puede decir la Constitución Española que el fin del sistema penitenciario es la reinserción, que si una turba furiosa demanda cadena perpetua va Gallardón y encuentra la forma de encajarla en nuestro sistema legal. Moraleja: cuando un número grande de personas está contra una ley o se cambia o es necesaria mucha represión para mantenerla. Si hay suficientes secesionistas en Cataluña al final dejará de ser parte de España, así de sencillo.

Quitando dos o tres locos irrelevantes nadie quiere tanques saliendo para Barcelona. De hecho, y digo esto personalmente, lo que más oigo yo en Madrid a gente de derechas son cosas del estilo “que se vayan ya”, “que pongan un puto muro en Aragón”, “que nos dejen en paz, joder”, etc.

Hay que decir aquí que el número de gente partidaria de la secesión no era tan grande antes de la crisis actual. No se si con la recuperación económica la cosa revertiría. Cuando las cosas mejoran económicamente es más fácil creer que el proyecto común es bueno, aunque no sólo, el tema identitario estará ahí sí o sí. Lo que parece demostrado es que toda esa autonomía educativa, sanitaria, cultural e incluso de fuerzas del orden público (no hay policías nacionales con la banderita española) no ha conseguido que en una crisis enorme muchos catalanes no quieran irse. Entended, amigos catalanes, que desde el punto de vista del que en el resto del país lo está pasando mal económicamente esto no es muy bonito de ver ni hace precisamente ilusión. Y votan.

8.- La broma populista

Todo el show de Mas puede tener muchas lecturas. En La Vanguardia o a blogueros amigos catalanes he podido leer que el ambiente allí es muy de “va a pasar algo muy gordo”, “esto va a ser histórico”, etc. No lo sé. Sé que si Rajoy le llega aceptar un “pacto fiscal” como el del País Vasco (es decir, privilegios económicos para una Comunidad Autónoma, razonable teniendo en cuenta que CiU es un partido conservador y carca, partidario de mantener privilegios o extenderlos a los suyos) es muy posible que todo esto hubiera acabado. Ya serían tres comunidades (País Vasco, Navarra, Cataluña) con privilegios fiscales. Pero mientras tanto hemos tenido todo una lista de insultos y campañas de odio promovidas por CiU con el famoso “España nos roba” por bandera, siguiendo por el “España es una cloaca” y continuando por las entrevistas en medios extranjeros diciendo que una región del país protagonista de la crisis económica europea quiere irse. Esto último debe ser parte de la famosa “responsabilidad en la gobernabilidad de CiU” y “la moderación de CiU”, lo de hacer sangre por el extranjero en el peor momento económico del país en no sabemos cuantas décadas. Sería bueno debatir qué haría Francia, Alemania o Estados Unidos en un caso parecido.

Así que digamos que sí, hay populismo y demagogia a raudales en el gobierno de CiU y su campaña al respecto.

Roja

A raíz de leer ésto me he acordado de un artículo que escribió hace tiempo Enric González. Aunque aparezca por ahí Ibarretxe, la cuestión de fondo es la misma. Y lo suscribo de principio a fin.

No soy de los que temen una España rota. A mí me preocupa una España roja. Roja de vergüenza. Me abochorna lo que ocurre en la Comunidad de Madrid y me apena el papelón del Parlamento autónomo, con esa comisión investigadora destinada a desinvestigar, negar la evidencia y acusar a los periódicos, en concreto a éste en el que escribo; da grima comprobar el cainismo imperante en el PP de Esperanza Aguirre y la inoperancia del PSOE madrileño.
Me abochornan las “embajadas” catalanas, los informes que la Generalitat encarga a los amiguetes, la abundancia de campañas de autobombo, la conjunción de dispendio e ineficacia, el vuelo gallináceo del debate político en el “oasis”. Me abochorna la impavidez con que el anterior Gobierno autónomo gallego, esa coalición “progresista” de socialistas y nacionalistas, dio por supuesto su derecho a derrochar en coches blindados, mobiliario y francachelas; me deprime que el PP de Galicia, a estas alturas, siga apoyándose en los caciques cada vez que se aproximan elecciones (ahí, sin embargo, habrá que dar un voto de confianza a Feijóo).
Me abochorna, y no hace falta decir por qué, que Ibarretxe asegure que el PNV seguirá mandando, tanto si permanece en el Gobierno como si no: ahora resulta que el lehendakari vasco habla igualito que Girón de Velasco y otros figurones del búnker después de la muerte de Franco.
Me abochorna que Camps se niegue a explicar ante el Parlamento autónomo valenciano esa historia tan graciosa de los trajes, y que Fabra domine eternamente la Diputación de Castellón gracias a su talento para explotar el clientelismo. Me abochorna que el PSOE gobierne siempre en Andalucía, aupado sobre su propia clientela rural y sus peonadas.
Me abochorna, en general, la España autonómica, con sus cargos y carguitos, sus coches oficiales y sus trapisondas. No creo que el plan fuera ése. Hace 30 años se prometió que la Constitución, además de reconocer los derechos y particularidades de determinadas regiones (o naciones, o imperios, da igual: las palabras no cuestan un duro), serviría para acercar la Administración al ciudadano. Quizá esté más cerca, pero suele portarse como si estuviera lejísimos y no pudiéramos ver las tonterías que hace.

“La Aznaridad” de Vázquez Montalbán

El libro desde la portada deja claras sus intenciones: vamos a hablar de Aznar, vamos a identificarlo con el nacionalcatolicismo y vamos a hacer muchos chistes en el proceso.

El autor tiene talento para hacerlo pasar bien y arrancar carcajadas, casi nadie puede negárselo. El tono del libro es, en general, irónico pero fino, cosa rara, ya que estamos todos hechos una ironía sangrante y casi psicopática (yo también, no quiero engañar a nadie). A ratos se repite más de lo que debería, haciendo la lectura demasiado pesada.

Reconozcaos, eso sí, que tiene ingenio para sacarte más de una sonrisa:

Tuve la osadía de aconsejarle a aquel Aznar en formación que con el tiempo se aceptara a sí mismo y descubriera que no hay que ir por ahí con gesticulación postiza, sino plantearse tal como es: un antipático peligroso. Conozco el paño porque yo he sido antipático casi toda mi vida y no es que haya mejorado con la edad, sino que he llegado a la conclusión de que los demás no se merecen la sinceridad de mi antipatía. De todo aquel que me considera simpático me apunto el nombre y un día u otro lo pagará muy caro.

Lo interesante del libro es ver la perspectiva de uno de los intelectuales clave de la izquierda catalana sobre el nacionalismo español y su principal paladín moderno, Aznar. Se le muestra como un individuo que desea recuperar el nacionalcatolicismo para España, como alguien limitado, antipático, con delirios de grandeza, etcétera. El retrato típico y tópico en el ideario general izquierdista (con añadidos recurrentes, como la burla sobre su gusto por la poesía y en concreto por el famoso poema If).

El tema central del libro es el nacionalismo español típico y tópico como peligro para los nacionalismos periféricos, y más en concreto, el catalán. Intenta justificar la defensa clásica de las izquierdas españolas hacia los nacionalismos periféricos frente al españolista, encarnado en la derecha española:

Los que cuestionamos el nacionalismo como razón suprema de la voluntad política y en ese sentido no asumimos los integrismos nacionalistas, ni el español ni el serbio, a veces parecemos atraídos y agradecidos por la ascensión de los nacionalismos vascos y catalán. No se trata del síndrome de Estocolmo, sino de la ultimación racional de una crisis de cohabitación española. Cuando antes consigan el derecho de autodeterminación en Cataluña y el País Vasco, antes podremos afrontar el rediseño de esa cohabitación, ya sin el menor complejo de culpa de nacionalismo español dominante.

Aunque parezca a día de hoy un argumento bobo (éste artículo de Javier Cercas explica muy bien el porqué: lo suscribo de principio a fin), esa posición no era tan rara no hace tanto, cuando la izquierda catalana y las del resto de España no estaban tan enfrentadas (quizás antes del trámite del famoso “Estatut”).

Habla mucho el autor sobre la necesidad del gobierno central de hacer que Cataluña se sienta más querida por el resto de España, de no ondear mucho la bandera española para no ofender a nadie y cosas así. Cuando oigo o leo esas cosas llego a la conclusión de que los políticos de Cataluña deben ser todos buenísimos y que han solucionado todos los problemas de allí, pero que los que fallan son los psicólogos y psiquiatras catalanes, que no han sabido solucionar los gravísimos problemas de autoestima que campan por las tierras catalanas. Total, sus problemas no tienen que ver con la clase política, económica, sindical o empresarial catalana, sus problemas se limitan a que sienten que desde más allá del Ebro (o en “ciudades africanas”) no se les quiere. Bueno, y a que esa falta de amor (o directamente odio) es la fuente de sus problemas. En todo caso, sus problemas vienen de fuera de Cataluña, nunca de dentro.

Esta exitosa explicación que consiste en echar tu propia mierda a “los otros” la hemos copiado en Madrid, ya que Esperanza Aguirre aplica el mismo patrón: Madrid lo hace bien, pero Zapatero y los “catalufos” nos quieren joder. Todo ello con gran éxito de crítica y público (ver elecciones autonómicas). En ese punto, los nacionalismos catalanes y vascos han sido grandes precursores de todo un modo de actuar que luego Esperanza Aguirre o Camps han sabido copiar y adaptar a sus realidades autóctonas. Luego los problemas reales siguen ahí, pero oye, lo que nos hemos divertimos lanzando mierda en catapulta a “los otros” no nos lo quita nadie. Y si no te gusta vete del pueblo, traidor a la patria.

En el libro se pueden ver vestigios de lugares comunes que ya no lo son tanto, como una crítica a la Ley de Partidos, que según salió desató polémica. Las críticas van desde la limitación de libertades hasta su ineficacia para combatir el terrorismo. Sí, ineficacia. Pero es que muchos estábamos en esos sitios por aquel entonces. Como reflejo de ciertos consensos izquierdosos que ya no lo son el libro es estupendo.

Y Aznar, claro. Dentro del contexto de la época y lugar, las ideas de Vázquez Montalbán tienen su sentido, pero donde falla más clamorosamente es en el intento de ridiculizar a Aznar y reducirlo a alguien antipático a ojos del lector. De hecho, es al contrario: el personaje termina cayendo hasta bien. Y esto tiene mérito: soy de izquierdas, me manifesté en su momento no sé muy bien cuantas veces contra decisiones de su gobierno y animé a mucha gente a dar una patada en el culo de Rajoy para que la sintiera Aznar, todo ésto muchos meses antes de las elecciones.

Por ejemplo, se incide en que es un personaje frío con los más cercanos, incluidos los periodistas y medios afines. Viendo cosas como la TDT Party del PP o la apertura de la Sexta del PSOE, es un halago. Pero de los grandes. No es nada nuevo: Pedro J. en “Amarga victoria” ya contaba que en su momento de mayor amistad con Aznar éste nunca fue muy simpático, y menos aún cuando fue presidente. Contaba alguna escena de extrema frialdad con periodistas derechosos que le limpiaban el pompis día sí y día también. No era que Aznar creyera en la neutralidad informativa (ver TVE made in Urdaci o la ya olvidada Guerra del Fútbol contra el grupo PRISA), era una cuestión de personalidad: le incomodaban esas cosas. De todos modos, es algo a favor de él.

Otras cosas en las que se incide son conocidas por otros muchos escritos de signo contrario a éste. Como por ejemplo, su incomodidad ante la gente carismática, simpática o sociable. Se habla de la obsesión enfermiza con la sombra de González, del trauma que le ocasionaba su absoluta falta de carisma o habilidades oratorias. De su carácter introvertido, arisco, rencoroso. Se recalca tanto en el libro todos estos defectos y toda esta batalla del friki callado, trabajador, falto de talento y poco simpático incluso con sus allegados que uno termina cogiéndole cariño.

Sí, a Aznar.

La pintura plantea cómo alguien así, predestinado a ser un oficinista gris cabreado (como la mayoría de los españoles), pelea contra el simpático de la oficina, el talentoso, el que se las lleva de calle, al que odia. No sólo eso, es que le gana. Gana al carismático, al querido, al invencible. El friki introvertido y sin talento le gana. A pesar de eso, sigue acomplejado y actúa como tal, como debía ser para que el relato fuera auténtico y honesto, cual Peter Parker que lo primero que hace cuando tiene superpoderes es intentar sacar tajada de ello. No sólo eso: el friki termina sintiendose orgulloso de ser poco simpático, carismático y lo convierte en un virtud.

Yo, como friki introvertido, sin talento y tirando a arisco incluso con amigos, tengo más facilidad para en el relato de Vázquez Montalbán empatizar con Aznar que con Felipe González, Pujol o demás personajes del libro. Al intentar ridiculizarle e insistir tanto en estos puntos, Vázquez Montalbán consigue, creo que sin querer, lo contrario: hace el mejor relato épico y reivindicador de Aznar que he podido leer, sobre todo porque de intentos de hacer pasar a Aznar por un gran estadista no hay ni rastro en el libro (como sí pasa en otros de gente con aspiraciones a esbirro pagado con fondos públicos). Lo cual es tremendamente triste, para el autor y para mi, ya que nunca aguanté a Aznar, cosa que fue empeorando con el tiempo, aunque esto es esperable de casi cualquier izquierdista de este país, creo.

Para acabar, es especialmente tierno el capítulo dedicado al Real Madrid, al que, como no, se pone como el símbolo de la madrileñización de la política. Se habla de la época de Zidane, Figo y Roberto Carlos, que supongo que debían ser agentes concienciadísimos de la necesidad de extender Castilla a las regiones del Imperio aún sin convencer de lo bueno que es el cocido madrileño. Aznar era del Real Madrid, y Franco también. Dice el autor que por todo ésto no se imagina mejor enemigo que el Real Madrid. Entiendo al autor si vivieramos en los años 50-60, pero estando ya entre los años 1996-2000 la cosa es rara. Tan rara como reclamar a jugadores profesionales que renuncien a ganar el doble o el triple por algo tan engañoso como “el amor a los colores”. Los futbolistas son trabajadores, muy bien pagados, pero trabajadores. Yo estoy donde me pagan. Si te pagan el doble o el triple, es normal que te vayas. Todos los clubs tienen que funcionar como empresas, y los futbolistas como trabajadores. El que se enajene de ésto vive en otro mundo. Las consideraciones político-ideológicas en el mundo de futbol van por esos lares. Claro que vendemos la camiseta. Es que en el mundo real hay que vender la camiseta: era cuestión de tiempo. Mientras tanto, el coro de perroflautas futbolísticos seguirá moralizando sobre el Bien y el Mal en algo que consiste en ver quien mete más goles, mientras tanto Italia sigue siendo el equipo europeo con más mundiales.

Seguimos creyendo que quien gana es quien se lo merece. Nos gusta pensarlo. Pues no. Gana el que mete más goles, el que mata a más gente o el que saca más votos. El merecimiento o falta de él va por otro lado. Este perroflautismo fomenta la comodidad y la vagancia, al creer que los “buenos” vencerán por designio divino, que los derechos laborales vienen del cielo o que el estado del bienestar se sostiene sólo sin reformas.

Grandes momentos de la Revolución® a principios del Siglo XXI

Nos hemos divertido mucho esta década.

En la primera mitad estuvimos entretenidos con el peloteo de Aznar a Bush Jr.(y todos sus derivados: Guerra contra el Terrorismo, etc). La segunda mitad nos otorgó grandes y bellos debates identitarios y no menos interesantes choques de boinas, tanto españolazas como vascas o catalanas. Es cierto que en la segunda mitad lo estadounidense también fue importante y que en la primera el campeonato de ver quien la tiene más larga (la nación) tampoco faltó. Entre la imagen exterior de España y nuestras peleitas recurrentes fuimos pasando el tiempo.

Lo cierto es que ya en el año 2000 lo demás estaba todo muy bien. La educación universitaria. Leyes y subvenciones que favorecían la burbuja inmobiliaria (y también la corrupción casi generalizada de los Ayuntamientos, ese ente noble y del “Pueblo” que ha vivido momentos de gloria en esta década). Sueldos que no han subido prácticamente nada en estos diez años. Jóvenes que encadenaban contratos sin futuro. Mayores acojonados agarrándose al sillón. Gente que no se siente muy cómoda con la inmigración o gente que cree que cada vez hay más delincuencia. Alguna cosilla más. Pero todo iba francamente bien. De verdad.

De ahí que sea entendible todas las energías que, por ejemplo, yo gasté en pegarme en tiempos primigenios con gente de Red Liberal por las cosas que decía Jiménez Losantos. ¿Qué quien era ese? Un locutor de radio conservador que se alteraba mucho, y que nos escandalizaba lo suyo a los izquierdistas. Era todopoderoso y nos acojonaba: había conseguido echar a Gallardón del PP, echar a Mariano y poner a Espe, contribuir a que el PP ganara elecciones generales librarse de ser condenado varias veces prácticamente todo lo que se había propuesto. Ahora parece que le va regular. La verdad es que yo y casi todos los individuos interesados en la política española no teníamos demasiadas causas perdidas propias de amigos de las flores, así que en eso estuvimos: unos pegándole como si nos fuera la vida en ello y otros defendiéndole como si fuera un mendigo sin amigos.

Y quien dice Losantos dice la Iglesia. Ah, hicimos bien en rebatir y saltar a cada sílaba pronunciada por los obispos y por su esbirro mejor pagado. No teníamos nada más que hacer. Ni un gobierno al que reclamar que queríamos vivir mejor (o, al menos, un poco menos mal).

Somos gente ambiciosa, claro, así que vimos el último objetivo, la última meta para alcanzar el paraíso soñado-eyaculado: las descargas e interné. Con la sabiduría y conocimientos históricos, económicos, sociológicos y psicológicos que otorga automáticamente el hecho de saber configurar un módem, nos lanzamos a llenar la blogosfera con nuestras reclamaciones. ¡Interné libre! ¡No a la censura de Interné! ¡ya que estamos tan jodidos que no paren las descargas del último FIFA! (¿¿¿de dónde sale todo ese “jodimiento”??? ¿no sería ciertamente curioso protestar por las cosas que nos joden en vez de pedir sopa boba para soportar el sufrimiento? naaaah). El que lo dude que se pase tres días al azar por Menéame y mire lo más meneado. O compare las entradas relacionadas con la llamada “ley Sinde” con, qué sé yo, la evolución de los sueldos en este país, la criminalidad o la sanidad.

Yo, honestamente, estoy cada vez más entusiasmado con la evidente Revolución que se está generando en Interné. Los poderosos están acojonados, creedme. Botín o Amancio Ortega ni duermen muchas noches pensando en la que tenemos montada en interné. Las decisiones de la gente para elegir temas de reivindicación y las energías puestas en estas acciones políticas tan importantes, trascendentes y nada endogámicas me animan cada vez más a seguir escribiendo sobre cosas relativas a la política (como puede comprobarse por la frecuencia con la que actualizo este blog). Qué leches, voy a dejar de ser modesto, si yo he contribuido (a pequeño nivel, eso sí) a toda esta maravillosa dinámica durante unos cuantos años. Es cierto que llevo un tiempo escribiendo cosas alejadas de la Revolución®., pero qué diablos, puse mi piedrecita. Bien por mi. Bien por (casi) todos.

Démonos un gran abrazo y reconozcamos que lo hemos hecho muy bien hasta que estalló la crisis, momento en el que hemos bajado el nivel hablando de cosas como “economía”, “energía”, “delincuencia”, “inmigración” o cosas así (todo esto salió con la crisis, antes nada de esto era problemático si miramos a qué hacíamos caso en internet). Menos mal que nuestro empeño revolucionario no cesa y siempre volvemos a hablar de Ramoncín, Alejandro Sanz o de la última batalla casposa de banderitas y sentimientos nacionales heridos (la España que se rompe, la Cataluña incomprendida y demás bostezos recurrentes).

Las cosas extrañas de Losantos no las comentamos (está en un chiringo propio sin tanta visibilidad y le tenemos un poco “sobao”), pero de vez en cuando tenemos un Sostres, un Dragó o cualquier otro cavernícola a sueldo que permite centrarnos una cantidad gigantesca de tiempo en lo que nos gusta de verdad. Qué narices un comentario de pasada o una coña, no: debates y montones de escritos sobre cada chorrada. Como debe ser. Traed más mierda, que nos vuelve locos.

Yo, por mi parte, espero de todo corazón que por lo que toca a la Izquierda y al ciberproletariado todo siga igual que en esta década. Hemos hecho un gran trabajo (insisto, yo he puesto mi piedrecita en ello, cosa de la que me siento MUY orgulloso) moviendo debates hacia donde nos interesaba: básicamente dejar claro que Jiménez Losantos debía follar más y que queríamos bajarnos de gratis lo último de La Oreja de Van Gogh.

Buen trabajo, chicos.

Feliz año nuevo.

Advertencia que no sería necesaria en un mundo mejor (gobernado por Enrique Dans) pero que en éste (gobernado de momento solo cibernéticamente por Enrique Dans) es necesario: efectivamente, el post es irónico.

Deporte, economía…paranoicismo siempre

En el fondo que Contador se haya dopado o no hasta me da igual.

Lo que me importa más es el modo de afrontar una información con mucha ambiguedad (¿se ha dopado? ¿le han tendido una trampa?) dentro un tema técnico y especializado (niveles de sustancias que el 98% de las personas en la vida hemos oído nombrar).

La reacción periodística española la hemos visto: enroscamiento de boina. Contador “es de los nuestros”, es español y están tratando de desacreditarle los franceses, estadounidenses y demás malvados habituales. Hay que apoyar a Contador desde instancias públicas, desde instancias privadas y, en general, proclamar que confiamos en su inocencia, sin datos, sin un relato coherente.

Y todo ésto ante un estímulo (¡¡¡dicen que un español victorioso hace algo malo!!!) y sin mayor información. De poco vale que los únicos con este discurso sean periodistas españoles (aunque no todos), que el gobierno español tenga una dejadez vergonzante con el tema del doping y que nos hayan dado más de un toque al respecto. También da igual que las “razones” de Contador sean surrealistas y que pidan un acto de fe que ríete tú de los que van a Lourdes.

Esto puede parecer fruto del desconocimiento o la ignorancia respecto a temas técnicos del problema, pero no es así.

Hace una temporada se hablaba de los ataques especulativos contra España. Se hablaba de manía al país, a Zapatero o demás. Se llegó a hablar de racismo hacia los países más pobres de la Unión Europea, y, en especial, a España. Que si piratas, que si especuladores en la sombra y demás.

Lo cierto es que, una vez más, la mayoría (me incluyo) desconocemos muchísimo del mundo de la especulación a escala internacional, de las agencias de rating (¿quien sabía lo que eran hace 4 años?). Y en este caso, el económico, nos pasó en el pasado como ahora con Contador: enroscamiento de boina, van a por nosotros con lo bien que lo hacemos todo, etc.

De poco vale que España esté superando a Sudamérica entera y compitiendo con países africanos en cuanto a nivel de paro (aquí en colores, para que la cosa sea más visual), lo cual, sin saber demasiado de macro o microeconomía me imagino cosa mala tiene que ser. Algo, digo, algo tendrá que ver con que se piense fuera de nuestras fronteras que España “va mal”. No es que lo piensen, es que VAMOS MAL. Creo que cualquier persona adulta entiende que si tu nivel de paro está peleando con el de los países africanos desde fuera no van a apostar por nosotros. Pero no es manía contra España: es que tú tampoco apostarías por Somalia o similares.

Lo que me importa de estos dos asuntos es cómo reaccionamos ante información técnica que no dominamos, ante la incertidumbre y en casos de crisis de varios tipos.

Hoy por hoy somos victimistas, paranoicos, dados a apelar a las entrañas y con enormes problemas para reconocer que los problemas con el resto del planeta de vez en cuando tienen que ver con errores nuestros. No tiene porqué ser así siempre, pero a día de hoy creo que es innegable que la reacción típica es más o menos ésta: paranoicismo y ausencia de responsabilidad por las propias meteduras de pata.

Miramos a los argentinos por encima del hombro por su idolatría a Maradona, pero a lo mejor habría que empezar a escribir algún artículo con el título “Contador como metáfora española“.

Los cantos a favor de la inmigración no funcionarán

Puede que en los dos post anteriores yo echara culpa de la manía anti-inmigrante a la Derecha (así, con mayúsculas). Tras pensar sobre el tema, sobre lo que enlacé y otras cosas creo que cometí un error. El tema da para mucho más matices.

Creo que en mi anterior blog hablé del famoso altercado que hubo en Alcorcón relacionado con inmigrantes. De hecho uno de mis mejores amigos vivía en la zona y lo vivió en directo. Lo que decían los vecinos no era muy bonito, aunque la diferencia respecto a lo que decían sin incidente de por medio sólo cambiaba en el volumen.

Alcorcón, para el que no lo sepa, es un barrio del sur de Madrid, ciudad-dormitorio en la que viven personas de clase media-baja y algo de clase media. Hace años era parte del llamado Cinturón rojo, junto con otros municipios del Sur de Madrid, como Móstoles, Getafe, Leganés, etc. Siempre ganaban partidos de izquierdas.

Esto ya no es así. Alcorcón o Mostoles ya han tenido gobiernos del PP, y éste ha subido su suelo electoral muchísimo, coincidiendo con el crecimiento de la población inmigrante. La inmigración correlaciona con el aumento del PP en las elecciones autonómicas del 2007.Por otro lado, en Madrid es precisamente en los tramos de renta más bajos donde el PP ha tenido últimamente más incremento de voto.

Al final uno puede echar la culpa al PP por hacer discursos demagógicos sobre el tema, pero, a pesar de cierta retórica de Zapatero, los hechos nos dicen que el PSOE no anda muy detrás en este tipo de cosas. Es el PSOE el que endurece la Ley de Extranjería, el que aplaude medidas en Europa con espíritu similar y bajo mando hay redadas que si las hiciera el PP estaríamos pidiendo dimisiones y etc.

El asunto de la dureza por la dureza con la inmigración (sin que políticos ni medios de comunicación se dignen en hacer más visible al público que la delincuencia baja a pesar del aumento poblacional, cosa que no es sólo española, también pasa en el resto del mundo rico) es transversal para todos los partidos con aspiraciones de gobierno. Da votos o no te los hace perder. PSOE y PP lo saben, y por eso sus políticas en la práctica no son tan diferentes…aunque su discurso sí lo es. Lluís lo explicaba bien: el discurso del PP es más coherente con sus acciones. El del PSOE no lo es. Puede que su política real sea incluso más dura que la de Aznar, incluso. Pero la imágen transmitida no es esa. ¿Quien no ha hecho coñas sobre lo blanditos que son los miembros del gobierno de Zapatero?

Andrés Gil von der Walde o Antonio Caño explicaban bien el fenómeno: aristocratización de las clases medias, frustración del hombre blanco ante la perdida de poder ante mujeres o inmigrantes. Detrás de todo ésto hay un miedo profundo a la competencia y un rechazo creciente a la igualdad de oportunidades (no es por maldad, me temo: es que a la parte con menos formación de la población le viene mucho peor competir con los inmigrantes, que trabajaran las mismas horas por menos). No es un buen tiempo ni para la socialdemocracia ni para el liberalismo.

No se arreglará el problema con cantos a lo que contribuyen los inmigrantes al estado de bienestar (versión socialdemócrata) o con cantos al beneficio económico en otras áreas que puede producir los salarios bajos de los inmigrantes (versión liberal). No tiene más manía a los inmigrantes el más ignorante de lo que pasan para venir aquí o el más ignorante de economía. Les tiene más manía el más inseguro, el más temoroso de su futuro, el que más echa balones fuera o el que más añora repetir la vida de sus abuelos: él trabajando con compañeros blanquitos mientras su mujer le hace la comidita en casa. Y no sólo él, también sus amigos.

Creo, y quizás es cosa mía, que durante las dos últimas legislaturas la sensación de tener cada vez menos y ver los precios cada vez mayores han contribuido bastante a esta inseguridad. Los sueldos no subieron durante una década. Teníamos que habernos quejado o reclamado reformas para que pudieran subir. Y no se hizo. Para la seguridad personal de la gente esto hubiera sido fundamental, y cuando el paro baje debería ser un tema de primer orden para que el sistema actual no pierda aún más credibilidad. Se tengan que hacer las reformas que sean necesarias, que es de suponer no gustarán a mucha gente.

En todo caso, me temo que estos sentimientos no los arreglaran discursos o relatos mejores a los actuales. Me temo que sólo puede paliarlos la economía.

Del relato de la izquierda sobre la inmigración

El anterior post iba de ciertas cosas sobre el tema inmigratorio. Éste post de Lluis habla de la actitud de la izquierda frente al tema. A partir de dicho post escribiré yo otro. De momento, aquí queda ésto (traducido “de aquella manera“):

No sólo es necesario que el centroizquierda construya un discurso propio sobre inmigración, sino que es posible. El que comporta, como todo a la vida, son costes. Es posible explicar que si faltan ayudas sociales no es por culpa de la inmigración, sino de los recortes de impuestos a los ricos; pero esto significa enfrentarse a los poderosos. Es posible explicar que es la pobreza, y no la inmigración, el que comporta el aumento de la delincuencia; pero esto significa apostar fuerte por la redistribución de la riqueza (y por lo tanto, meterse de nuevo con los ricos), además de tomarse seriamente la lucha contra los delitos cotidianos, que finalmente son los que la gente normal sufre y los que más rápidamente se asocian con la inmigración. Y es posible, finalmente, defender la libertad de la comunidad musulmana (no sólo la inmigrada) para construir centros de culto frente a la presión de los intolerantes, pero siempre y cuando el centroizquierda tenga claro que la laicidad se defiende por igual frente al integrismo católico que del islámico. Y que no es peor el cierre de la Iglesia Católica frente al aborto que el de determinados sectores del Islam frente a la emancipación femenina.

Soy de la opinión que la ciudadanía, al contrario del que se suele asumir, no reclama chivos expiatorios, sino un relato coherente que explique de donde venden sus problemas, los reales y los percibidos, y qué soluciones se pueden aportar. Hasta ahora, este relato coherente (pero falso) lo ha aportado la derecha: si hay más delincuencia y menos protección social es por culpa del inmigrante, y por lo tanto limitando los derechos civiles y sociales de la población inmigrada todo quedará arreglado. Si se le suma el esperpento del integrismo islámico, que ha ocupado el lugar que antes era propio del comunismo a la hora de explicar cuentos de miedo a las clases medianas, la ecuación anti-inmigrante queda completa, al servicio de las expectativas electorales de la derecha. Es hora, pues, que el centroizquierda europeo rompa este círculo vicioso y pase a la ofensiva. Por su propia supervivencia, pero también para evitar que Europa vuelva 80 años atrás.

Hombres blancos frustrados, españolitos mimados y gente ordenada

La táctica de Sarkozy para tapar sus escándalos y baja popularidad parece que no le está saliendo del todo bien en términos electorales (aunque parece que las medidas de ese estilo sí tienen apoyo), aunque en España bastantes voces parecen estar a favor de algo por el estilo.

Lo esencial debería ser centrarse en que usa una cortina de humo más que evidente, pero el debate realmente se plantea sobre la cortina de humo en sí. No deja de ser interesante el porqué tiene tantísimo eco. Éstas son algunas pinceladas de dicho éxito y alguna cosa adicional sobre el tema inmigratorio.

Este nuevo conservadurismo recoge mucha de la frustración del hombre blanco acumulada desde la liberación femenina, los derechos civiles, de todas las leyes para la igualdad que le han ido restando poder al sector de la sociedad eternamente dominante. Ese hombre blanco que tampoco se ha visto favorecido por los buenos contactos, las amistades útiles, el dinero fácil, y que ha ido engrosando durante las últimas décadas una clase media, que fue orgullo de la nación en los años cincuenta, pero que ha sido despiadadamente maltratada por la última revolución tecnológica y la reciente crisis económica.

Esa clase media blanca herida dispara contra lo que tiene más cerca: los inmigrantes, las minorías raciales, los dirigentes políticos. Intenta reducir la competencia, que considera injusta, y pretende que Estados Unidos sea sólo para los verdaderos americanos

Antonio Caño, desde El País.

Este comentario de Arias Cañete, y tantos otros que espero comentar al menos de manera sucinta, sólo tienen un objetivo: devolver el orgullo con apelaciones sentimentales de corte etnicista -perdón, de valores- (rozando lo folklórico, ¡válgame dios!) a unas clases bajas y medias bajas que se niegan a asumir su responsabilidad en su propio destino. Que quieren seguir recibiendo las prebendas que el estado había ideado para los más pobres, a pesar de no serlo. Que reniegan de la competencia y el esfuerzo como vehículos de cambio de la propia situación social, y que prefiere externalizar las culpas hacia cualquier colectivo que sirva de chivo expiatorio. La aristocratización de las clases bajas y medias bajas es un problema de primer orden en el mundo civilizado, por cuánto sienten legitimidad para exigir unos privilegios frente a terceros más pobres que ellos que, lógicamente, no les corresponden (…).

El verdadero socialista, al encontrarse con un nuevo grupo (numeroso) de personas con recursos económicos bajos, que necesitan de las medidas estatales de bienestar, y que para colmo han entrado a formar parte de la mano de obra nacional bajo su mandato, propondrá la urgencia de ampliar el número de hospitales, guarderías y colegios para poder restituir el sentido legítimo de las políticas de bienestar (elevando los impuestos, si fuera necesario). El socialista falso, populista y electoralista le hará carantoñas a las hordas de españolitos mimados por el estado del bienestar, que ni son pobres ni carecieron de las oportunidades para escapar del destino que hoy les atrapa, mentándoles la etnia (perdón, los valores) y el orgullo de un país a cuya renovada honra poco contribuyeron; antes al contrario, cuestan dinero a las arcas de la seguridad social y trabajan menos de lo que trabajaron sus padres (disfrutando de innumerables beneficios y prebendas que les pagan otros).

Andrés Gil von der Walde, desde Escepticismo y libertad

No es, insisto, un problema de racismo sino de capacidad de resistir la fuerza de la intolerancia hacia lo que nos desagrada. Hay que desconfiar del “instinto de rebaño” que nos hace sobrevalorar lo que se considera “normal”. Y, por otro lado, de paciencia para ganar tiempo y que las normas cívicas se vayan negociando y asimilando. El populismo de Sarkozy y Berlusconi, esa forma de satisfacer los bajos instintos del hombre-masa, es una muestra de su irresponsabilidad como respuesta a su baja popularidad y las dificultades políticas de reelección con las que se encuentran. El alcalde republicano de Nueva York, Bloomberg, es un ejemplo en sentido contrario. En todo caso, si lo único que puede hacer Francia con los gitanos es expulsarlos -con buenas maneras, eso sí, no vayan a comparar a los jacobinos de derecha con los Reyes Católicos o con gente aún peor- y si Nueva York no es capaz de hacer respetar la legalidad y los derechos de ciudadanos que pagan sus impuestos por la sensibilidad torcida de unos paranoicos, mal vamos, porque a diferencia de lo que pensaba el buen burgués Goethe en una sociedad liberal no es preferible la injusticia al desorden.

Libertariano, desde Cine y Política

P.D.: Para quien tenga curiosidad en el nivel de delincuencia de Francia puede leerse ésto. Lo que sabemos de la delincuencia en Francia no parece justificar medidas extraordinarias y polémicas a nivel internacional. Cortina de humo de libro.

Negros en mi cantera no, gracias

Las declaraciones de Rosell, aspirante a presidente del FC Barcelona, no han sido muy conocidas.

Con todo el cariño lo digo porque les tengo mucho aprecio, pero traer tantos niños de África a jugar les quita el puesto a los de aquí y, además, porque tú sabes perfectamente si te gusta el fútbol base, que la mayoría tienen más edad de la que dicen que tienen, tienen un par de años más

Yo las conocí por una de las charlas de Santiago Segurola, cuya opinión al respecto comparto totalmente:

Con respecto a Rosell, persona a la que tenía por moderada, me fastidió su alusión a los chicos de Camerún -los africanos, dijo- y su deseo de impedirles que jugaran en el Barça porque eran demasiado altos, demasiado fuertes y con una edad superior a la que indicaban sus fichas federativas. También dijo que esa presencia de africanos evitaba la presencia de muchachos de Barcelona y alrededores. Las manifestaciones de Rossell en este capítulo tuvieron un tufo sectario, por no utilizar una palabra más fuerte, y decididamente populista: son discursos que desgraciadamente venden bien, y más ahora en estos tiempos de crisis. Un discurso impropio de un hombre que aspira a la presidencia del Barça, de un club que lleva sellado en su camiseta el logotipo de UNICEF. Me indignó que pusiera su acento en los niños africanos y no en los argentinos, o en los europeos. ¿Todo por una cuestión de un año más o menos en la ficha federativa? Me dolió que luego intentara justificarse con el daño que se hace a los niños que rompen sus lazos familiares a edades tan tempranas. ¿Sólo es un problema para los chicos de Camerún? Es cierto que se trata de un problema gravísimo, pero es que minutos antes Rosell había presumido del trabajo del Barça con jugadores como Messi o Iniesta

Debe ser que ahora estas “cosas” pertenecen a algunos de esos valores “democráticos”, de “hacer país” o “solidarios” de su proyecto para el FC Barcelona

Partido Nacionalista de Madrid

CiU o el PNV emplearon durante los gobiernos en sus respectivas comunidades un modo de actuar que deberíamos conocer todos.

Básicamente, la cosa consistía en llorar y quejarse amargamente de los agravios a sus respectivas comunidades respecto a Madrid-Mordor, centro de todo mal, fealdad y rencor. Lo que venía “de Madrid” era sinónimo de atraso, de lentitud, de opresión infinita y etc. Y todo lo propio (todo), era progreso, buen rollo y molón.

Si las cosas pintaban mal, por incapacidad, imprevisión o corrupción pura y dura, siempre era por culpa de los anticatalanes o antivascos. Les ayudaron, claro está, los gritos no menos histéricos de los españolazos de pro, siempre alertas ante amenazas a su patria única, irrompible, inodora e insípida. Mucho griterío entre gente que no era tan distinta como quisieran pensar. Esto funcionó electoralmente durante mucho tiempo para CiU o PNV.

En Madrid no ibamos a ser menos, claro. El victimismo y la queja sistemática contra todo lo que venga del Parlamento nacional, tan usados por CiU o el PNV, han sido copiados y puestos en práctica casi sin cambios por el PP madrileño.

Tenemos quejas del continuo “estrangulamiento” de Madrid por parte del gobierno central.

Tenemos el mantra de que los madrileños damos más que nadie y recibimos menos que nadie.

Tenemos medidas legislativas sistemáticamente en contra de las que va aprobando el gobierno central, sea bueno, malo o regular.

También tenemos ayudas y/o cargos para los que hablan mal de los gobiernos catalanes, de El País o a todos los que, en general, hablen mal de lo progre, tengan éxito en audiencia o no, sea caros o baratos. Estos muchachos, agradecidos, están atentos al más mínimo intento de leve crítica dentro de las propias filas, claro. La red clientelar periodistica, tan propia del caciquismo, también está incluída en las cosas copiadas con éxito por el PP de Madrid.

Es una de los muchas claves del éxito del PP madrileño: copiar lo que otros partidos conservadores en este país han llevado a cabo con tantas victorias. Algo pasa en este país en el que hacerse la víctima y ser un mártir frente al “marvado” gobierno central tiene tanto éxito entre los votantes. Algo malo.