“Tenemos que hablar de Kevin”: tu hijo es el Mal

Un chico hace algo terrible. El tipo de cosa que abre los telediarios y que pone nervioso a todo un país. El foco suele estar en los agredidos y perjudicados directamente, pero “Tenemos que hablar de Kevin” ofrece otro foco que ha sido muy pocas veces explorado en el cine o en artículos periodísticos. El foco en una familia de la que sale el Mal. A pesar de lo que pueda parecer por el tratamiento sensacionalista de los periódicos, los que hacen barbaridades tienen madres, padres y hermanos. Nuestros hijos no sólo pueden ser víctimas: también pueden ser verdugos.

El relato nos lleva a los recuerdos de la madre del chico que comete la barbaridad, desde el momento de la concepción. Acierta enormemente entremezclando pasado y presente, a pesar de poder resultar confusa la trama en la primera media hora, volviendo luego a una forma de relatar más tradicional. La memoria está bien representada gracias a este recurso cinematográfico: cada vez que recuperamos un recuerdo le añadimos algo de nuestro estado emocional actual, lo “sobreescribimos”, de tal modo que estamos reescribiendo nuestra propia autobiografía cada vez que recordamos. Paralelismos entre pasado y presente gracias a los cuales conseguimos meternos mejor en la piel de la protagonista.

La madre se convierte, después del espeluznante acto de su hijo, es una paria social. Las miradas y frialdad de todos cuantos le rodean convierten la película en un cuadro asfixiante. La tensión y la soledad abruman. La música elegida es irónicamente optimista y alegre, y acentúa todo esto. Casi todos le echan la culpa a ella de lo que pasó. Y, a través de los recuerdos de ella, vemos cómo nunca pudo hacerse con su propio hijo, cómo se sintió superada por él desde siempre, cómo se sintió manipulada e ignorada por su marido por quejarse del comportamiento de su hijo. Es muy incorrecta políticamente, pero no como pretexto para mandar mensajes racistas o machistas: muy pocas veces la idea de la maternidad como estado ideal de la mujer ha sido atacada con mayor dureza.

Además de poner el foco en un sitio poco habitual y llevarnos a poner en el lado de los padres del Mal, la película habla de la atribución de los actos del hijo. Casi todos creen que la culpa es de la madre. Los pocos que da la sensación que no lo creen sí lo usan para chantajearla (como la escalofriante y durísima sentencia de su compañero de trabajo cuando trata de sacarla a bailar y ella no quiere). Pero vemos en la película algo terrible de aceptar por las consecuencias políticas que tiene: hay personas que nacen malvadas, crecerán malvadas y morirán malvadas. No tienen ningún trauma infantil ni crecieron en “familias desestructuradas”, pero su única motivación en la vida es ver arder el mundo.

Hay personas que son así, pero en la mente de la mayoría de la gente no hay espacio para pensar que hay cosas que no controlamos. Que no todo lo malo que nos pueda pasar es culpa propia y que algunas de esas cosas que no controlamos son malvadas y no tienen arreglo. A veces nos afectan mucho y a veces nos matan. El creer que siempre cada uno tiene lo que se merece o el “algo habrán hecho” es tremendamente cruel, injusto y hasta perjudicial para la explicación de demasiados temas. No tener en cuenta que hay cosas que no controlamos o no conocemos nos lleva a cometer injusticias muchas veces sobre personas que en muchas ocasiones pudieron hacer poco por cambiar su situación. Eso implica en demasiadas ocasiones cebarse con quienes también son víctimas.

La actuación de Tilda Swinton, la actriz que hace de la madre, es fantástica y casi obliga a verla en versión original. Los problemas los veo en que se fuerza demasiado la maldad uniforme del proyecto de psicópata. Los actores que hacen del niño en sus diferentes edades realmente se parecen, y todos irradian maldad, pero es una maldad demasiado “peliculera”. Apenas hay espacio para lo que sería un “psicópata normal”, que mezclaría momentos de afecto y de chantaje: prácticamente no hay de lo primero en película.

Película incómoda, original y recomendable. Y sí, huele a Arofnosky. Los que no le tragueis pensadlo dos veces.

3 thoughts on ““Tenemos que hablar de Kevin”: tu hijo es el Mal

  1. Para que te animes a leer el libro, dos frases que subrayé en su día y que sintetizan la relación de amor-pánico de Eva con Kevin:
    “[Kevin] me había robado todo aquello que yo significaba para mí. Durante la primera mitad de mi vida to era creación mía”
    “Más vale morir intentando lo bello, aunque inasequible, que sumirse en la pasiva y cínica resignación de que el infierno sean las personas a las que estás unido”

    Recuerdo también que en una de las cartas, en la que va a verlo al reformatorio (la escena está en la película, pero por alguna razón han quitado lo más importante) y la madre de otro crío, cuando le cuenta que las víctimas la llevaron a juicio, le dice de forma irónica (desde la pura comprensión) algo así como “ya, la culpa siempre es de las madres”

    Lo mejor del asunto es que el libro (y la película) es mucho más que un ejercicio literario, no en vano el padre de Kevin tiene comportamientos idénticos al padre de uno de los de Columbine (poco después de leerlo vi un documental sobre aquello y todo recordaba a él), de hecho la matanza de Columbine es una referencia constante y el gérmen del libro… No quiero decir que la autora pretenda culpar al padre (aunque algo de eso hay, Eva pelea con Kevin desde el minuto uno, mientras que el padre siempre disculpa sus actos “sólo es un crío”) pero abre y cierra al mismo tiempo la puerta a la certeza de que Kevin es malvado pase lo que pase.

    En definitiva una gran película basada en uno de los mejores libros que he leído nunca.

  2. Va a caer pronto. Antes tengo otros dos, pero están en la lista. Ya te diré por Tuíster :)

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