Mi amigo Luis me enlazó ésto por Facebook. Teniendo en cuenta la cantidad desmadrada de tópicos falsos respecto a la psicopatía no estaba mal, pero caía en algunos errores muy repetidos.
El cine, la literatura y la televisión han vendido al “psicópata” de un modo alejado a la realidad. “El Silencio de los Corderos” nos mostraba a un ser culto, inteligentísimo, con una intuición que rozaba la precognición. “Dexter” nos relata un “psicópata bueno”, que ejerce de “Justicia Divina” cuando la Justicia de los hombres no es del todo efectiva. “Seven” nos vuelve a traer a un inteligentísimo “psicópata” que tiene todo perfectamente calculado, con un plan detallado y complejísimo.
La mayor parte de los psicópatas reales no son genios intelectualmente. No destacan por su brillantez o por sus planes elaborados. Tampoco parece que reaccionen a ningún tratamiento o intento de modificación de conducta, aún con fármacos. El mayor experto del tema, Robert Hare, más de una vez ha comentado que es muy posible que lo que popularmente se conoce como “psicopatía” no sea un trastorno mental…
Este post es un aplauso a una película española, “Mientras duermes“, de Jaume Balagueró. Primero, por hacer una película estupenda, inquietante y escalofriante. El tercio final de la película deja una sensación de horror e incomodidad como pocas han conseguido crearme. Pero sobre todo por poner en pantalla a un “psicópata” realista.
Durante toda la película estamos en la nuca, el hombro o junto a César, el protagonista, un portero de un portal de apartamentos. Alguien vergonzosamente vulgar, intelectualmente corriente, nada seductor, con un trabajo que es poca cosa, alguien gris…exactamente como son la mayoría de psicópatas. No hay explicaciones de su comportamiento por traumas infantiles o abusos sexuales o falta de cariño, ya que el psicópata no parece depender de una infancia feliz o desestructurada, de la riqueza o de la pobreza.
Es alguien cuya motivación en la vida es, sencillamente, borrar la sonrisa de una niña pija, alegre y sonriente que parece tener todo fácil. Su plan es vergonzosamente simple, trufado de errores y meteduras de pata, lo cual le aleja del atractivo de los genios malvados. La película nos pone al lado de César, no en el lado de la víctima, sino en el del agresor, manipulándonos para que odiemos a la niña pija sonriente, al odioso vecino obsesionado con los horarios, a la niña repelente que se cree muy lista…para luego dejarnos caer, en el último tramo de la película, por un despeñadero de desolación e inquietud.
Porque en ese punto quedará claro algo terrible y real. Los psicópatas son el 1% de la población, y casi todos hemos tenido contacto con al menos uno de ellos. Lo normal es que no asesinen ni violen, pero también es normal que dejen tras de sí, entre sus compañeros de clase, de trabajo o en su familia, una lista de depresiones, traumas y/o ruinas económicas. Gente normal, sin grandes dotes intelectuales, con trabajos normales, que van a bares baratos como casi todos, que van en metro. Es gente real. Es gente que no busca dañar para obtener algo, su violencia no es instrumental. César es parte de esa gente que, como decía Alfred en El Caballero Oscuro, “no buscan nada lógico, como dinero. No puedes comprarlos, intimidarlos, convencerlos, ni negociar con ellos. Hay hombres que solo quieren ver arder el mundo“.
Pocas películas o series han conseguido trasladar las motivaciones y el discurso de un psicópata medio como esta película. La mayoría, como Dexter o Seven, han caído en romanticismos vergonzosos o una admiración encubierta por unas capacidades aumentadas que en la realidad no existen, cuando no en las más burdas mentiras (el orígen de Dexter: es imposible “re-educar” a un psicópata) que contribuyen a lo anteriormente dicho. Esta película no es así. Al acabar de verla es casi imposible echar mano del romanticismo o de la admiración encubierta hacia el protagonista. Lo crudo del horror desnudo del final lo impide.
“Mientras duermes” es, por todo ésto, más que recomendable.