Fragmento (algo largo) de “Las Manos Sucias”, de Sartre. En los días en los que estamos es, creo, recomendable.
Jessica: ¡Hugo, me lo prometiste! (A Hoederer) Dice que es usted un socialtraidor.
Hoederer: ¡Un socialtraidor! ¡Nada menos que eso!Jessica: Objetivamente. Dijo: objetivamente.
Hoederer: Está bien. Bueno, muchacho, dime qué es lo que te atormenta, ya que no es posible impedirlo. Debo arreglar este asunto antes de ir a acostarme. ¿Por qué soy yo un traidor?
Hugo: Porque no tiene derecho a arrastrar al Partido a sus componendas.
Hoederer: ¿Por qué no?
Hugo: Es una organización revolucionaria y va usted a convertirla en un partido de gobierno.
Hoederer: Los partidos revolucionarios están hechos para tomar el poder.
Hugo: Para tomarlo. Sí. Para apoderarse de él por las armas. No para comprarlo con un chalaneo.
Hoederer: ¿Echas de menos la sangre? Lo siento, pero deberías saber que no podemos imponernos por la fuerza. En caso de guerra civil el Pentágono cuenta con las armas y con los jefes militares. Serviría para encuadrar a las tropas contrarrevolucionarias.
Hugo: ¿Quién habla de guerra civil? Hoederer, no le comprendo; bastaría un poco de paciencia. Usted mismo lo dijo: el Ejército Rojo echará al Regente y tendremos el poder para nosotros solos.
Hoederer: ¿Y cómo haremos para conservarlo? (Una pausa). Te aseguro que cuando el Ejército Rojo haya franqueado nuestras fronteras pasaremos momentos muy duros.
Hugo: El Ejército Rojo…
Hoederer: Sí, sí. Lo sé. Yo también lo espero. Y con impaciencia. Pero tienes que saber que todos los ejércitos en guerra, libertadores o no, se parecen: viven del país ocupado. Nuestros campesinos detestarán a los rusos, es fatal; ¿y tú crees que nos querrán a nosotros, impuestos por los rusos? Nos llamarán el partido del extranjero, o quizá algo peor. El Pentágono volverá a la clandestinidad, y ni siquiera necesitará cambiar sus slogans…
Hugo: El Pentágono…
Hoederer: Y además hay otra cosa: el país está arruinado; hasta es posible que sirva de campo de batalla. Cualquiera que sea el gobierno que suceda al del Regente, deberá tomar medidas terribles que lo harán odioso. Al día siguiente de la partida del Ejército Rojo nos barrería una insurrección.
Hugo: Una insurrección puede dominarse. Instauraremos un órden férreo.
Hoederer: ¿Un órden férreo? ¿con qué? Aun después de la Revolución, el proletariado será el más débil, y por mucho tiempo. ¡Un órden férreo! ¿con un partido burgués que se dedicará al sabotaje y una población campesina que quemará las cosechas para matarnos de hambre?
Hugo: ¿Y qué? El partido bolchevique también las pasó moradas en el 17.
Hoederer: No fue impuesto por el extranjero. Ahora escucha, muchacho, y trata de comprender. Tomaremos el poder con los liberales de Karsky y los conservadores del Regente. Nada de follones, nada de ruptura: la Unión Nacional. Nadie podrá acusarnos de haber sido catapultados al poder por el extranjero. He pedido la mitad de los votos en el Comité de Resistencia, pero no haré la tontería de pedir la mitad de carteras. Una minoría, eso es lo que debemos ser. Una minoría que deje a los otros partidos la responsabilidad de las medidas impopulares y que se gane a la población haciendo oposición en el interior del gobierno. Estarán acorralados: dentro de dos años verás la quiebra de la política liberal y el país entero nos pedirá que intentemos nuestra experiencia.
Hugo: Y en ese momento el Partido estará jodido.
Hoederer: ¿Jodido? ¿por qué?
Hugo: El Partido tiene un programa: la realización de una economía socialista, y un medio: la utilización de la lucha de clases. Usted va a servirse de él para hacer una política de colaboración de clases en el marco de una economía capitalista. Durante años usted mentirá, usará de astucias, se andará con rodeos, irá de un compromiso a otro; defenderá frente a sus camaradas medidas reaccionarias tomadas por un gobierno del que usted formará parte. Nadie comprenderá: los duros nos abandonarán, los otros perderán la cultura política que acaban de adquirir. Estaremos contaminados , ablandados, desorientados; nos convertiremos en reformistas y en nacionalistas; para terminar, los partidos burgueses sólo tendrán que tomarse la molestia de liquidarnos. ¡Hoederer! Este Partido es el suyo, usted no puede haber olvidado el trabajo que le ha costado forjarlo, los sacrificios que hubo que pedir, la disciplina que hubo que imponer. Se lo suplico, no lo sacrifique con sus propias manos.
Hoederer: ¡Qué verborrea! Si no quieres correr riesgos, no debes de hacer política.
Hugo: No quiero correr esos riesgos.
Hoederer: Muy bien; entonces, ¿cómo conservar el poder?
Hugo: ¿Por qué tomarlo?
Hoederer: ¿Estás loco? ¿Un ejército socialista va a ocupar el país y vas a dejarle marcharse sin aprovechar su ayuda? Es una ocasión que no volverá a presentarse nunca más: te repito que no somos suficientemente fuertes para hacer solos la Revolución.
Hugo: No se debe tomar el poder a ese precio.
Hoederer: ¿Qué quieres hacer del Partido? ¿Una cuadra de caballos de carreras? ¿De qué sirve afilar un cuchillo todos los días si jamás lo usas para cortar? Un Partido nunca es sino un medio. Sólo hay un fin: el poder.
Hugo: Sólo hay un fin: conseguir el triunfo de nuestras ideas, de todas nuestras ideas y sólo de ellas.
Hoederer: Es cierto, tú tienes ideas. Ya se te pasará.
Hugo: ¿Cree usted que soy el único que las tiene? ¿no murieron por las ideas los compañeros que cayeron víctimas de la policía del Regente? ¿cree que no los traicionamos si usamos el Partido para sacarles las castañas del fuego a sus asesinos?
Hoederer: A mí no me importan los muertos. Han muerto por el Partido y el Partido puede decidir lo que quiera. Yo hago política de vivos, y para los vivos.
Hugo: ¿Y usted cree que los vivos aceptarán sus componendas?
Hoederer: Se las has haremos tragar poquito a poco.
Hugo: ¿Mintiéndoles?
Hoederer: Mintiéndoles a veces.
Hugo: ¡Usted…usted que parece tan real, tan de verdad, tan sólido! No es posible que acepte mentir a los camaradas.
Hoederer: ¿Por qué? Estamos en guerra y no es costumbre tener al soldado hora por hora al corriente de las operaciones.
Hugo: Hoederer, yo…yo sé mejor que usted lo que es la mentira; en casa de mi padretodo el mundo mentía. Empecé a respirar cuando entré en el Partido. Por vez primera he visto hombres que no mentían a los otros hombres. Cada uno podía tener confianza en todos y todos en cada uno; el militante más humilde sentía que las órdenes de los dirigentesle revelaban su voluntad profunda y si las cosas venían mal dadas, uno sabía por qué aceptaba morir. No irá usted a…
Hoederer: ¿Pero de qué estás hablando?
Hugo: De nuestro Partido.
Hoederer: ¿De nuestro Partido? Siempre se ha mentido un poco en el Partido. Como en todas partes. Y tú, Hugo, ¿estás seguro de que nunca te has mentido, de que no has mentido nunca, de que no estás mintiendo ahora mismo?
Hugo: Nunca he mentido a los camaradas. Yo…¿de qué sirve luchar por la liberación de los hombres si se los desprecia lo suficiente como para engañarles?
Hoederer: Mentiré cuando haga falta y no desprecio a nadie. La mentira no la he inventado yo: nació en una sociedad dividida en clases y cada uno de nosotros la heredó al nacer. No aboliremos la mentira negándonos a mentir, sino empleando todos los medios para suprimir las clases.
Hugo: No todos los medios son buenos.
Hoederer: Todos los medios son buenos cuando son eficaces.
Hugo: Entonces, ¿con qué derecho condena usted la política del Regente? Él declaró la guerra a la URSS porque era el medio más eficaz de salvaguardar la independencia nacional.
Hoederer: ¿Pero crees tú que yo la condeno? Él hizo lo que cualquier tipo de su casta hubiera hecho en su lugar. Nosotros no luchamos ni contra hombres ni contra una política, sino contra la clase que produce esa política y esos hombres.
Hugo: Y el mejor medio que ha encontrado usted para luchar contra ella…¿es ofrecerle compartir el poder con usted?
Hoederer: Exactamente. Hoy es el mejor medio. (Una pausa) ¡Qué importancia le das a la pureza, chico! ¡Qué miedo tienes de ensuciarte las manos! ¡Bueno, pues sigue siendo puro! ¿A quién le servirá y para qué estás con nosotros? La pureza es una idea de fakir y de monje. A vosotros los intelectuales, los anarquistas burgueses, os sirve como pretexto para no hacer nada. No hacer nada, permanecer inmóviles, apretar los codos contra el cuerpo, usar guantes. Yo tengo las manos sucias. Sucias de mierda y de sangre hasta los codos. ¿Y qué? ¿te imaginas que se puede gobernar inocentemente? (…) Hiijo mío, hay un malentendido: yo conozco a los camaradas del Partido que no están de acuerdo con mi política y puedo decirte que son de mi especie, no de la tuya, y no tardarás en descubrirlo. Si han desaprobado estas negociaciones es simplemente porque las juzgan inoportunas; en otras circunstancias serían los primeros en iniciarlas. Tú, en cambio, haces de ésto una cuestión de principios.
Hugo: ¿Quién ha hablado aquí de principios?
Hoederer: ¿No lo conviertes en cuestión de principios? Bueno. Entonces esto ha de convencerte: si tratamos con el Regente, él parará la guerra, y las tropas lirias esperarán amablemente a que los rusos vengan a desarmarlas; si rompemos las negociaciones, el Regente sabrá que está perdido y luchará como un perro rabioso; cientos de miles de hombres perderán la vida. ¿Qué dices a ésto? (Un silencio) ¿Eh? ¿Qué me dices? ¿Puedes tú suprimir a cien mil hombres de un plumazo?
Hugo: La Revolución no se hace con flores. Si han de caer para que…
Hoederer: ¿Sí?
Hugo: ¡Pues bien, tanto peor?
Hoederer: ¿Lo ves? ¡Ya lo ves! Tú no quieres a los hombres, Hugo. Tú sólo amas los principios.
Hugo: ¿A los hombres? ¿y por qué había de quererlos? ¿acaso me quieren ellos a mí?
Hoederer: Entonces, ¿por qué viniste con nosotros? El que no quiere a los hombres no puede luchar por ellos.
Hugo: Entré en el Partido porque su causa es justa y saldré cuado cese de serlo. En cuanto a los hombres, lo que me interesa no es lo que son, sino lo que pueden llegar a ser.
Hoederer: Y yo los quiero por lo que son. Con todas sus porquerías y todos sus vicios. Quiero sus voces y sus manos calientes, y su piel, la más desnuda de todas las pieles, y su mirada inquieta y la lucha desesperada que cada uno a su vez riñe con la muerte y con la angustia. Para mi sí cuenta un hombre de más o de menos en el mundo. Es muy valioso. A ti te conozco bien, chico, eres un destructor. Detestas a los hombres porque te detestas a ti mismo; tu pureza se parece a la muerte, y la Revolución con la que sueñas no es la nuestra; tú no quieres cambiar el mundo, quieres destruirlo.
Efectivamente, no todos los medios son buenos sólo por ser eficaces, pero, a pesar de eso, el trasfondo y el mundo que puede traer Hoederer es inmensamente mejor que el que puede traer Hugo. Da igual, la política es impura, sus gobernantes no tienen las manos limpias y traicionan ideales. No es un defecto. Es que tiene que ser así, no puede ser de otro modo. La alternativa, la ausencia de política, es el totalitarismo.
P.D.: Sin ser el mejor libro del mundo, es uno de mis favoritos por este tonto fragmento.
En el fondo, el tal Hugo ha clavado lo que comentó el Che Guevara en su día: Que los hombres habían de hacerse para el socialismo.
La gente partidaria del “nuevo hombre”, que miedo que da siempre…
Partido hasta mancharse http://www.youtube.com/watch?v=7vM6wWS25RU