Nos hemos divertido mucho esta década.
En la primera mitad estuvimos entretenidos con el peloteo de Aznar a Bush Jr.(y todos sus derivados: Guerra contra el Terrorismo, etc). La segunda mitad nos otorgó grandes y bellos debates identitarios y no menos interesantes choques de boinas, tanto españolazas como vascas o catalanas. Es cierto que en la segunda mitad lo estadounidense también fue importante y que en la primera el campeonato de ver quien la tiene más larga (la nación) tampoco faltó. Entre la imagen exterior de España y nuestras peleitas recurrentes fuimos pasando el tiempo.
Lo cierto es que ya en el año 2000 lo demás estaba todo muy bien. La educación universitaria. Leyes y subvenciones que favorecían la burbuja inmobiliaria (y también la corrupción casi generalizada de los Ayuntamientos, ese ente noble y del “Pueblo” que ha vivido momentos de gloria en esta década). Sueldos que no han subido prácticamente nada en estos diez años. Jóvenes que encadenaban contratos sin futuro. Mayores acojonados agarrándose al sillón. Gente que no se siente muy cómoda con la inmigración o gente que cree que cada vez hay más delincuencia. Alguna cosilla más. Pero todo iba francamente bien. De verdad.
De ahí que sea entendible todas las energías que, por ejemplo, yo gasté en pegarme en tiempos primigenios con gente de Red Liberal por las cosas que decía Jiménez Losantos. ¿Qué quien era ese? Un locutor de radio conservador que se alteraba mucho, y que nos escandalizaba lo suyo a los izquierdistas. Era todopoderoso y nos acojonaba: había conseguido echar a Gallardón del PP, echar a Mariano y poner a Espe, contribuir a que el PP ganara elecciones generales librarse de ser condenado varias veces prácticamente todo lo que se había propuesto. Ahora parece que le va regular. La verdad es que yo y casi todos los individuos interesados en la política española no teníamos demasiadas causas perdidas propias de amigos de las flores, así que en eso estuvimos: unos pegándole como si nos fuera la vida en ello y otros defendiéndole como si fuera un mendigo sin amigos.
Y quien dice Losantos dice la Iglesia. Ah, hicimos bien en rebatir y saltar a cada sílaba pronunciada por los obispos y por su esbirro mejor pagado. No teníamos nada más que hacer. Ni un gobierno al que reclamar que queríamos vivir mejor (o, al menos, un poco menos mal).
Somos gente ambiciosa, claro, así que vimos el último objetivo, la última meta para alcanzar el paraíso soñado-eyaculado: las descargas e interné. Con la sabiduría y conocimientos históricos, económicos, sociológicos y psicológicos que otorga automáticamente el hecho de saber configurar un módem, nos lanzamos a llenar la blogosfera con nuestras reclamaciones. ¡Interné libre! ¡No a la censura de Interné! ¡ya que estamos tan jodidos que no paren las descargas del último FIFA! (¿¿¿de dónde sale todo ese “jodimiento”??? ¿no sería ciertamente curioso protestar por las cosas que nos joden en vez de pedir sopa boba para soportar el sufrimiento? naaaah). El que lo dude que se pase tres días al azar por Menéame y mire lo más meneado. O compare las entradas relacionadas con la llamada “ley Sinde” con, qué sé yo, la evolución de los sueldos en este país, la criminalidad o la sanidad.
Yo, honestamente, estoy cada vez más entusiasmado con la evidente Revolución que se está generando en Interné. Los poderosos están acojonados, creedme. Botín o Amancio Ortega ni duermen muchas noches pensando en la que tenemos montada en interné. Las decisiones de la gente para elegir temas de reivindicación y las energías puestas en estas acciones políticas tan importantes, trascendentes y nada endogámicas me animan cada vez más a seguir escribiendo sobre cosas relativas a la política (como puede comprobarse por la frecuencia con la que actualizo este blog). Qué leches, voy a dejar de ser modesto, si yo he contribuido (a pequeño nivel, eso sí) a toda esta maravillosa dinámica durante unos cuantos años. Es cierto que llevo un tiempo escribiendo cosas alejadas de la Revolución®., pero qué diablos, puse mi piedrecita. Bien por mi. Bien por (casi) todos.
Démonos un gran abrazo y reconozcamos que lo hemos hecho muy bien hasta que estalló la crisis, momento en el que hemos bajado el nivel hablando de cosas como “economía”, “energía”, “delincuencia”, “inmigración” o cosas así (todo esto salió con la crisis, antes nada de esto era problemático si miramos a qué hacíamos caso en internet). Menos mal que nuestro empeño revolucionario no cesa y siempre volvemos a hablar de Ramoncín, Alejandro Sanz o de la última batalla casposa de banderitas y sentimientos nacionales heridos (la España que se rompe, la Cataluña incomprendida y demás bostezos recurrentes).
Las cosas extrañas de Losantos no las comentamos (está en un chiringo propio sin tanta visibilidad y le tenemos un poco “sobao”), pero de vez en cuando tenemos un Sostres, un Dragó o cualquier otro cavernícola a sueldo que permite centrarnos una cantidad gigantesca de tiempo en lo que nos gusta de verdad. Qué narices un comentario de pasada o una coña, no: debates y montones de escritos sobre cada chorrada. Como debe ser. Traed más mierda, que nos vuelve locos.
Yo, por mi parte, espero de todo corazón que por lo que toca a la Izquierda y al ciberproletariado todo siga igual que en esta década. Hemos hecho un gran trabajo (insisto, yo he puesto mi piedrecita en ello, cosa de la que me siento MUY orgulloso) moviendo debates hacia donde nos interesaba: básicamente dejar claro que Jiménez Losantos debía follar más y que queríamos bajarnos de gratis lo último de La Oreja de Van Gogh.
Buen trabajo, chicos.
Feliz año nuevo.
Advertencia que no sería necesaria en un mundo mejor (gobernado por Enrique Dans) pero que en éste (gobernado de momento solo cibernéticamente por Enrique Dans) es necesario: efectivamente, el post es irónico.