La legalización de las drogas (II): fallos habituales en el debate
Hace tiempo Cuatro emitió un documental llamado “21 días fumando porros”. La chica estaba durante 21 fumando porros, y sólo aparecía sufriendo, pasándolo mal, cansada, diciendo que se le olvidaban cosas, etc.
Si uno ve el programa no puede imaginar el porqué la gente fuma porros. Sienta mal, te cansa, puedes sufrir paranoia… ¿es por estar prohibido? La chica en cuestión se va a los Países Bajos, donde está legalizado, y se relata el cómo tiene un aluvión de turismo fumeta. ¿Cómo la gente va en masa a pasarlo mal? ¿son tontos? ¿son masoquistas? Viendo el programa no se entiende cómo los porros tienen desde hace muchos años un éxito espectacular.
Era un programa asustaviejas. A los adolescentes que se están toda la tarde fumados con los amigos partiéndose de risa aquello les suena falso. También al que llega después del trabajo a casa y se fuma un porro mientras mira por la ventana, o el que le da caladas mientras mira vídeos de Youtube. No se muestra lo más obvio para los que fuman: la gente se lo pasa muy bien con los porros, sólo o en en grupo. Los chungos no son la normalidad del consumidor habitual. Pasárselo bien o relajarse sí.
Esto en los consumidores genera rechazo, burla, etc. No se corresponde con la realidad empírica que vive la mayoría. Sobre si este tipo de propaganda es efectiva a la hora de evitar nuevos consumidores hay mucha discusión, y no puedo decir nada claro.
Luego tenemos el fallo opuesto. Hace poco he visto Requiem por un sueño, una de las películas más deprimentes que me he echado a la cara. Aunque el tema de las drogas es constante, no es el principal, como pudiera pensarse de los comentarios o críticas. No es la típica película de yonquis que sufren y etc, de hecho son personas de clase media que tienen sus sueños, proyectos, etc y que debido a sus tendencias destructivas van degradándose, humillándose y cayendo en pesadillas, siendo la droga sólo un instrumento para ello. Pues bien, hay quien ha querido ver moralina en la película o sellos de aprobación de Nancy Reagan.
Más allá de pelearnos por si nos ha gustado o no la película, lo interesante en muchas críticas es que aclaran que “no refleja bien el mundo de la droga” o “se la demoniza”. Este tipo de actitudes defensivas al hablar de los efectos perjudiciales de las drogas suelen ir acompañadas de acusaciones de mala práctica a los estudiosos del tema, a saber: que los estudios se centran únicamente en adictos y en gente en estado realmente puposo, queriendo generalizar a la mayoría de consumidores, que ni tienen adicción ni su consumo es patológico.
Es comprensible, viendo “documentales” como el de Cuatro, que los consumidores habituales puedan sentir que hay montañas de exageración sobre el tema. Ahí estoy con ellos. En lo que no estoy es en presentar a las drogas como algo inocuo, como si fueran vasos de agua. Es cierto que los adictos tienen ciertas vulnerabilidades previas (un tipo de personalidad propensa “a caer”, ciertos historiales familiares que te hacen más vulnerable, etc), pero las drogas, en sí mismas, no son inocuas. Intentar vender eso es también mentir.
Desde la primera dosis, la cocaína puede ocasionarte infartos cerebrales.
Si consumes frecuentemente cocaína tienes un riesgo siete veces superior de tener un infarto de miocardio que la gente que no consume (ver página 75).
Abusar de la cocaína, sin ser adicto, modifica estructuralmente el cerebro (ver páginas 11 y 12 para ver el deterioro en gente con consumo excesivo). Esto no sólo pasa con el consumo crónico, aunque los efectos no sean tan graves.
El consumo no patológico de drogas también tiene consecuencias laborales: menos productividad, más accidentes laborales, más bajas por enfermedad, etc.
En este debate no podemos olvidar que las drogas tienen un elemento reforzador: ayuda a socializarse, a relajarse, a pasárselo bien, con pocas contrapartidas a corto plazo. Analizándolo desde la perspectiva estímulo-respuesta es casi imbatible: refuerzos sociales, facilidad de acceso, ningún requerimiento intelectual o físico…tampoco podemos olvidar que las drogas no son inocuas, y que las retóricas que pretenden pintar al cannabis o a la coca como si fueran paracetamol están engañando y falseando la realidad de igual modo: hay daños, algunos son permanentes y no son chorradas.
Se tienen que dejar claras las evidencias científicas acerca no sólo del consumo patológico, que no suele ser el mayoritario, sino también del ocasional: existen los daños. Ahora bien, no pintemos esos daños como algo moralmente rechazable o condenable: emborracharse se lleva por delante a muchas neuronas, pero si he ascendido en el trabajo, he aprobado la carrera o simplemente ese día me apatece darme una alegría al cuerpo estoy dispuesto a pagar ese precio. Quiero decir, se tiene que presentar lo que sabemos realmente del tema gracias a neurólogos y psiquiatras y luego, una vez informados y como adultos, decidir en consecuencia. Por ejemplo, cuando vas al Burguer King sabes que son hamburguesas terriblemente malas, pero tienes antes de la caja una tabla con las calorías y propiedades de cada producto. Y tú, ya con la información en tu mano y como persona adulta, decides.
Pero que nadie diga que comer las hamburguesas del Burguer King es cardiosaludable o que esas hamburguesas te llevarán al infierno. La socialdemocracia debe admitir que hay gente que quiere comer hamburguesas malas o querer fumar porros con todas sus consecuencias, las cuales deben ser publicitadas sin complejos pero sin simplismos. Mientras tanto, debe fomentarse los habitos alimenticios sanos, el deporte y etc: no se puede ser neutral.
P.D.: Soy consciente de que el tema da para mucho y que hay muchas lagunas e imprecisiones. Por ejemplo, cómo si tiene las consecuencias que tiene incluso el consumo ocasional no intentan prohibirse. O cómo no vamos a considerar inmoral algo que puede ser tan dañino. Estas cosas se salen de los temas psicológicos y psiquiátricos…he hablado algo en el anterior post y seguiré con ello.
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Sin entrar en temas psicológicos añadiría un factor que no has considerado: hasta que punto se encuadran los argumentos dentro del contexto general de moralidad/inmoralidad.
Me explico con un ejemplo: hay un argumento tradicional contra la homosexualidad que nunca decae: es biológicamente antinatura. El caso es que… es cierto. Aunque también es antinatura el celibato voluntario, por ejemplo, o muchas otras actividades humanas. ¿En cuantas de ellas el hecho de que lo sea tiene alguna importancia?
Si uno se pone a buscar (especialmente en según que medios) se pueden encontrar abundantes ejemplos de esto. Argumentos fabricados ex profeso para ciertos casos y que no vuelven a aparecer hasta que se repite el caso. Unas veces hablamos del pragmatismo, otras de los valores, de la biología, de la libertad individual, de los derechos humanos o de cualquier otra cosa. Siempre hay un factor (en cada caso uno diferente) que aparece en primer plano y que eclipsa a los demás.
En el caso de las drogas ese factor es el hecho de que sean peligrosas para personas con desequilibrios psicológicos o falta de madurez. Y de vuelta a lo mismo: es cierto. Pero, como pregunta: ¿en que otras actividades humanas este factor es realmente decisivo?.
Bueno, la homosexualidad no es biológicamente “antinatura”. Recomiendo leer “Biological Exuberance: Animal Homosexuality and Natural Diversity” de Bruce Bagemihl. Te vas a sorprender de lo extendidas que están la conducta homosexual y bisexual en otras especies.
http://es.wikipedia.org/wiki/Homosexualidad_en_animales
Por lo demás, yendo a la pregunta principal (“¿en que otras actividades humanas este factor es realmente decisivo?”), la respuesta es “a casi todas”. Por poner une ejemplo, la esquizofrenia. En teoría tiene un fuerte componente hereditario, y si has tenido abuelos que la han padecido tienes una vulnerabilidad grande a tenerla si pasas por períodos de estrés acusado alguna vez en tu vida. Es extraño que alguien sin antecendentes familiares la desarrolle.
Suele decirse que esa vulnerabilidad no es importante si el sujeto no está sometido a momentos de estrés en su vida, como queriendo dar peso al ambiente en el tema…pero en el fondo da igual, pues cosas tan idiotas como dejar el instituto e ir a la universidad, que te deje una novia o un traslado de casa pueden hacer sentir al sujeto lo suficientemente ansioso como para que se desencadene la esquizofrenia.
Conclusión: si tienes vulnerabilidad es muy complicado que no la desarrolles en este caso. En otros puede ser más complicado (ser vulnerable a desarrollar fobias a los escorpiones viviendo en Madrid, por ejemplo), pero las vulnerabilidades de base (como la que existe en el tema de las drogodependencias, donde hay un perfil tipo de personalidad más vulnerable, así como una falta de habilidades sociales) es clave.
No sé si he contestado a tu pregunta.
Me temo que no, pero quizá es culpa mía por no haber sabido explicarme.
Respecto al tema de la homosexualidad y la cualidad antinatura. Me temo que es una cuestión de definiciones. Y las definiciones, en sí, carecen de sentido político. Ese sentido se lo da el hecho de que les asignemos propiedades (derechos, deberes, o cualquier otra). Alguna vez he puesto como ejemplo que si aplicamos los derechos humanos a la definición de diccionario de ser humano (lo que es un típico argumento antiabortista) no podríamos enterrar a los muertos ya que violaríamos su derecho a la libertad.
Podríamos definir antinatura como ‘no ocurre en la naturaleza’ o como ‘no corresponde a una función biológica natural’. Ambas son igual de aceptables, no son políticas persé. El problema surge cuando les asignamos propiedades morales. El tradicional argumento ‘antinatura’ se refiere a la segunda definición. Y el caso es que si a esa definición le aplicamos valores morales esto sería aplicable a buena parte de las actividades o elecciones humanas (que no corresponden o directamente violan funciones biológicas). No solo a la homosexualidad. Sin embargo, es un argumento que sólo sale a relucir en el caso de la homosexualidad.
A esto me refería con argumentos fabricado ex profeso. Es cuestión de oratoria más que de política, y tengo la sensación de que en el tema de las drogas (y en muchas otras cosas) el caso es similar.
Cuando formulé la pregunta “¿en que otras actividades humanas este factor es realmente decisivo?” me refería: si a la característica ‘es peligroso para personas con desequilibrios psicológicos o falta de madurez’ le asignamos la propiedad ‘debería ser prohibido’ podríamos terminar prohibiendo una buena parte de las actividades humanas. Y sin embargo, es un argumento que no verás fuera del tema de las drogas.
Me gusta este tema de las drogas, ¿vas a seguir tocándolo?
Con respecto a la libre elección, hay un ¿problema? (que realmente no es tal) a la hora de tomar decisiones, y es la enorme presión social. Yo no bebo ni gota de alcohol, por ejemplo, y por ello me miran com a un marciano. Cuando me preguntan por qué lo hago, le hablo de daños neuronales e inhibición de la generación de nuevas células en el cerebro (bueno, adecuando el mensaje al nivel de mi interlocutor, claro, que a según quién no le voy a hablar precisamente en esos términos), y pasan invariablemente a la técnica defensiva de minimizar o abiertamente negar los resultados científicos para justificarse. Esto con los porros pasa, pero no tanto, y en mucha menor medida también le pasa al tabaco. El resto de drogas, incluso la cocaína -que no sabía que afectaba tanto al cerebro, yo pensaba que afectaba sobre todo al sistema circulatorio-, ya se ven como más minoritarias y normalmente el raro es el que consume (con los porros y el tabaco, estadística en mano, somos mayoría los que no consumimos, pero en muchos contextos está claro que no es así).
Lo que quiero decir con esto de la presión social (que no es más que parte de la vida cotidiana, y no afecta en este asunto más que en cualquier otro) es que hay una inercia enorme a favor de seguir consumiendo o de empezar a consumir, incluso siendo consciente de los daños. Vuelvo al ejemplo del alcohol: a un chaval de 14 años, ¿qué le pesa más: la información científica o ver a todos sus amigos consumiéndolo a su alrededor? Creo que todos sabemos bien la respuesta.
Ñbrevu:
Seguiré con ello
Prácticamente toda sustancia empieza a consumirse entre amigos. De los motivos por los que hay gente que no fumamos, por ejemplo, hay mucho que hablar.