La mente del terrorista (II)

No hay una patrón de personalidad tipo que pueda adecuarse a la personalidad de la mayoría de los terroristas. Es mejor hablar de rasgos psicológicos que se dan con frecuencia en vez de patrones estructurados y generales de conducta.

Es por ello que quiero hablar de determinadas características psicológicas o demográficas atribuidas al terrorista tipo que no se corresponden con lo que sabemos de los estudios sobre el tema, entre ellas la Impulsividad, la Baja Autoestima o la Baja Clase Social.

1.- Impulsividad: El terrorista puede ser representado como una persona que no quiere esperar el resultado de las procedimientos para el cambio y que prefiere saltarse las reglas. En ese sentido puede pensarse que bastantes terroristas parecen tener como una de sus principales ideas la de la importancia de la acción sobre la reflexión, mostrando impulsividad, poca paciencia para llegar a sus objetivos por otros medios, por lo que “atajan” usando la violencia, arma más rápida para llegar a tal fin.

Sin negar que pueda haber terroristas impulsivos parece difícil aceptar que esta sea una característica generalizada. Muchas de las estrategias de bandas terroristas como ETA o el IRA requieren de hecho no hacer en cada momento lo que se desea sino esperar, planear, usar la estrategia para dañar a los gobiernos inglés o español para conseguir sus objetivos. Hay muchos terroristas que han esperado mucho tiempo (incluso años) haciendo su vida normal hasta que han recibido la orden de “atacar” (tanto en casos de terrorismo islámico como en otros), lo cual revela que la impulsividad no es de hecho deseable para ser un miembro efectivo de una red terrorista…más bien todo lo contrario: es adecuado que el terrorista canalice la impulsividad para cuando sea necesario a juicio de la organización. De hecho es lo normal en organizaciones terroristas medianamente longevas. Esto no sería posible si fueran normalmente impulsivos, pues carecerían de tal paciencia.

2.- Baja Autoestima: Puede pensarse que los terroristas son personas con una imagen pobre de sí mismas y emocionalmente inestables. Después de todo, grupos como ETA u organizaciones yihadistas buscan nuevas incorporaciones en grupos marginales, como grupos inmigrantes, normalmente compuestos por gente con la autoestima muy baja.

La realidad es que hay personas violentas en el extremo de la peor autoimagen y en el de la mejor autoimágen posible. Pero si hablamos de terrorismo (que es un tipo específico de violencia) tendremos que decir que el terrorista medio se caracteriza por todo lo contrario: tiene un alto concepto de sí mismo, lo cual le lleva a estar más dispuesto a afrontar retos, asumir riesgos y superarse ante los fracasos que implica estar en una organización terrorista. Son tendentes a la arrogancia y a tener una gran confianza en sus posibilidades de éxito.

Es más, una persona con autoestima exageradamente alta es más propensa a usar la fuerza que una con escasa autoestima. Las personas depresivas, las más pobres en autoimagen, son las menos agresivas que puede haber (piensan que nada tiene sentido, que ellos no pueden hacer nada…¿para qué agredir a nadie?). Un alto concepto de uno mismo genera altas expectativas de éxito en lo que se hace, pero uno muy bajo imposibilita directamente actuar. Es por ello necesario para un terrorista, que usa medios extremos y persigue objetivos complicados, tener entre sus características psicológicas el ser exageradamente optimista y tener alto concepto de sí mismo (cosas de las cuales suele encargarse la organización de proporcionárselas si no las tenía al ingresar en el grupo terrorista, en un sistema de “aprendizaje” similar al de las sectas).

De “La lógica del terrorismo” de Luis de la Corte Ibañez puede leerse lo siguiente relacionado con el tema de la baja autoestima (pag 194), al que habría que añadir la “socialización del terrorismo” (o la creación de narrativas o recompensas que hacen al terrorismo apetecible o determinadas situaciones como vergonzosas socialmente, ante las cuales hay que demostrar la “pureza”).

En primer lugar, y siguiendo con el caso vasco, merece la pena atender a una investigación publicada por Clark en 1983. Al estudiar a las familias de las que procedían un amplio número de militantes de ETA, Clark hizo un hallazgo indudablemente interesante. Aunque por aquella época las familias con un sólo progenitor autóctono (y el otro de no vasco) sólo representaban un exiguo 8% del total de las familias residentes en el País Vasco, según los análisis de Clark más del 40% de los etarras examinados provenían de esas “familias mixtas”. La explicación propuesta por Clark fue que quizá muchos de los hijos de esas familias mixtas (de hecho, los que acabaron militando en ETA) se sintieron avergonzados de su ascendencia española, y que fue precisamente esa vergüenza la que alimentó en ellos un prurito de identificación con la causa aberztale.

3.- La Clase Social del terrorista: La Clase Social no es una característica psicológica, propiamente dicha, pero es importante por ser una fuente de variabilidad de la conducta importante. Una de las ideas básicas al respecto que suelen tenerse del terrorista tipo es que son personas de las clases sociales más bajas de sus sociedades.

Cabría esperar, que si la desigualdad económica fuera causa de terrorismo entonces la mayoría de los terroristas pertenecerían a la los estratos más pobres de la sociedad. Sin embargo los datos apuntan que la mayoría de los terroristas no son pobres ni desempleados ni analfabetos, es más: la figura media del terrorista corresponde a la clase media de sus respectivas sociedades, no siendo raro que tengan buena formación académica

Es verdad que hay grupos terroristas en los que sus integrantes son mayoritariamente personas de clase baja o media-baja, pero en esos casos (IRA, Hamas) la clase social baja no es un atributo exclusivo de los terroristas, sino de una gran parte de la población a la que pertenecen (lo cual no quita para que los cuadros medios y altos de dichas organizaciones estén ocupados por personas que sí son de clases sociales más altas). La generalidad, tomadas todas las clases de terrorismos (islámicos, nacionalistas,etc.) la figura más frecuente es la de personas de clase media, no escaseando precisamente las que tienen buena formación académica.

La explicación a esto no es complicada: la clase media de las sociedades tiene más confianza en sus posibilidades de triunfar, las clases más bajas tienen un bajísimo concepto de sí mismas, aspecto que imposibilita en gran parte la acción al no tener tanta confianza en el éxito de sus empresas (también tienen menos recursos materiales, conocimientos técnicos necesarios, etc).

La pobreza en exclusiva no explica el terrorismo, aunque no puede negarse que la desigualdad contribuye al descrédito de un régimen político, una de las bases germinales del fenómeno terrorista. No es una causa unívoca: es un factor facilitador. El terrorismo, considerado a nivel global y teniendo los datos que tenemos hoy por hoy, no parece una lucha de pobres contra ricos: en todo caso parece una lucha de una parte de la clase media (que va acompañada y/o dirigiendo a una parte de la clase baja) contra lo que toque en cada caso.

Los estudios intentando relacionar riqueza de los países y riesgo de terrorismo/probabilidad de generar terroristas internacionales no parecen encontrar relaciones claras, pareciendo más importante el grado de libertad y respeto a los derechos humanos:

Political freedom is shown to explain terrorism, but it does so in a non-monotonic way: countries in some intermediate range of political freedom are shown to be more prone to terrorism than countries with high levels of political freedom or countries with highly authoritarian regimes. This result suggests that, as experienced recently in Iraq and previously in Spain and Russia, transitions from an authoritarian regime to a democracy may be accompanied by temporary increases in terrorism

*****

Una parte importante de la serie sale de los siguientes (y muy recomendables) libros:

1) La lógica del Terrorismo de Luis de la Corte Ibáñez, en Alianza Editorial.

2) “El Psicópata” de Vicente Garrido, en Algar Editorial.

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3 comentarios

  1. Raúl S. dice:

    Aunque lo del incremento del terrorismo en las transiciones del autoritarismo a la democracia parece más consecuencia de la incertidumbre sobre el papel monopolista de la violencia por parte del estado.

  2. Mr. P dice:

    “en todo caso parece una lucha de una parte de la clase media (que va acompañada y/o dirigiendo a una parte de la clase baja) contra lo que toque en cada caso.”

    ¿Este patrón no se repite en toda revolución?
    Clase media-acomodada con ideas políticas nuevas + clases bajas disgustadas con el sistema previo

  3. Raúl S. dice:

    Pues sí, aunque en el terrorismo aún no se tiene fuerza para montar una pelea por medios convencionales.

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