Ya mi novia andaba mosqueada hace un par de días. Había leído sobre la posible huelga y lo mal que le venía: tenía una carga de trabajo monstruosa de lunes a miércoles. Ayer por la noche lo vimos en la página de El País: no habría servicios mínimos. Buscamos rutas alternativas en autobús y a dormir.
A las bellas 06:00h ya estábamos en la calle, tirando para el metro. Cuando bajamos las escaleras para meternos, un grito que sale desde dentro nos avisa: “¡No hay servicio de trenes!”. En el autobús a Sol no había mucha gente todavía, tampoco tráfico. Era pronto. Mi novia está ligeramente cabreada con los huelguistas y los sindicatos.
Se han saltado los servicios mínimos y sí, debería haber sanciones para quien toque. Si hacen esto es porque tienen una posición de fuerza, no quieren que les bajen el sueldo y están dispuestos a usar esa fuerza. Es del género bobo invocar la “maldad sindical”, o soltar los topicazos de “son unos insolidarios”, “estos marvados funcionarios” o tonterías así: tienen unos intereses, tienen una fuerza y la usan para alcanzar lo que tienen. Es tan viejo como el mundo. Y es ridículo que sea gente conservadora la que más haga como que ignora esto, lo cual no quita para que hoy especialmente las tonterías moralizadoras vayan a ser legión.
Después de media hora llego a Sol. Allí hay bastante gente para ser apenas las 06:30h de la mañana. Muchos corriendo. El paseo en autobús hasta Avenida de America está acompañado de muchos balcones con banderas de España, carteles dando vivas al Metro de Madrid (“Llega rápido, llega a tiempo, llega a donde quieras”) y más de un cartel animando a la gente a reunirse al lado del Santiago Bernabeu para ver los partidos de España. Lo de esta noche, como pierda la selección española, puede ser épico al volver a casa para mucha gente.
Tras llegar a Avenida de América, veo que aquello es el caos. Son las 07:15h. Hay luchas por los escasos taxis que hay. Hay gente que no sabía nada del paro total, y que se echa las manos a la cabeza. Muchas carreras de mucha gente. Mucha gente preguntando. Mucho ruido, mucha ansiedad. Hay policías. La situación es rarísima.
Esperando el autobús veo gente poco habitual, se les ve al no estar habituados a picar un billete o al mirar el interior del autobús como si fuera un invento nuevo. El conductor recibe muchas preguntas sobre cual es el autobús que deja en el sitio deseado. Contesta a todos que es el primer día que conduce en esa línea, y que ni idea. Qué grande, pienso, suelta eso para no perder el tiempo y que le dejen en paz. Pero no. Estaba diciendo la verdad.
A los 10 minutos se pasa una parada, entre los gritos del autobús abarrotado. El conductor pregunta que si alguien ha cogido el autobús antes, para que le ayude. Medio autobús hace de GPS a gritos: “¡Por ahí!” “¡No, por la derecha!”, “¡Que te pasas!”. Hay gritos-GPS, hay risas por lo surrealista de la situación. Ya son las 08:00h, y el autobús está dando un paseo turístico no solicitado pero ciertamente bello (o algo) por Madrid. Para completar el cuadro, una persona en silla de ruedas solicita que se active la rampa del autobús para poder subir. La rampa no funciona. El conductor sale. No funciona. Pide ayuda. Salen varios. No funciona. Vuelve a trastear con controles del autobús. Al fin funciona. La persona en silla de ruedas sube al autobús entre aplausos. A los diez minutos solicita la rampa para bajar en su parada. El conductor no oye, y vuelven los gritos: “¡Que bajes la rampa, joder!”. Vuelve el show (no va, salid, no va, mierda, y si damos a ese botón, que no cojones, anda parece que ya va), y al acabar estamos todos felicísimos (o no).
Llego a Campo de las Naciones a eso de las 08:35h (sólo he llegado 35 minutos tarde y el viaje apenas han sido dos horas y algo, en vez de los 40 minutos habituales). En el trabajo no hay ni un 30% de los que suelen estar en la oficina. Curiosamente, estamos los que venimos en metro. Los que vienen en coche llegan en torno a las 09:30h-10:00h. Hay algunos que han llamado diciendo que como hay huelga de metro no van a trabajar. Estos dos o tres tienen coche y viven a 15-20 minutos de aquí.
De lo oído en los autobuses y el trabajo, me da la sensación de que el discurso mayoritario es el de “hacen bien en hacer huelga, pero que no perjudiquen al trabajador y que haya servicios mínimos”. Cuando se montan huelgas salvajes se tiene en mente que mucha gente va a ser perjudicada: precisamente por eso se hace, para meter más presión. Caerán sanciones (con razón), pero es algo que tenían que asumir al llevar a cabo lo que han hecho. Es otro pensamiento bobo, débil y rozando lo perroflautico, a la altura del raca-raca conservador sobre el tema.
He desquedado con amigos para ver el partido de la Roja esta noche: el viaje hasta allí en autobuses sería insufrible, y la vuelta no digamos. Sufriré otras dos horas hasta casa. Espero encontrarme con el mismo conductor, total, ya que estamos fastidiados por lo menos pasar un rato surrealista.
Además, parece que mañana tendremos más de lo mismo. Nos vamos a divertir todos.