Huelga de metro en Madrid & me

Ya mi novia andaba mosqueada hace un par de días. Había leído sobre la posible huelga y lo mal que le venía: tenía una carga de trabajo monstruosa de lunes a miércoles. Ayer por la noche lo vimos en la página de El País: no habría servicios mínimos. Buscamos rutas alternativas en autobús y a dormir.

A las bellas 06:00h ya estábamos en la calle, tirando para el metro. Cuando bajamos las escaleras para meternos, un grito que sale desde dentro nos avisa: “¡No hay servicio de trenes!”. En el autobús a Sol no había mucha gente todavía, tampoco tráfico. Era pronto. Mi novia está ligeramente cabreada con los huelguistas y los sindicatos.

Se han saltado los servicios mínimos y sí, debería haber sanciones para quien toque. Si hacen esto es porque tienen una posición de fuerza, no quieren que les bajen el sueldo y están dispuestos a usar esa fuerza. Es del género bobo invocar la “maldad sindical”, o soltar los topicazos de “son unos insolidarios”, “estos marvados funcionarios” o tonterías así: tienen unos intereses, tienen una fuerza y la usan para alcanzar lo que tienen. Es tan viejo como el mundo. Y es ridículo que sea gente conservadora la que más haga como que ignora esto, lo cual no quita para que hoy especialmente las tonterías moralizadoras vayan a ser legión.

Después de media hora llego a Sol. Allí hay bastante gente para ser apenas las 06:30h de la mañana. Muchos corriendo. El paseo en autobús hasta Avenida de America está acompañado de muchos balcones con banderas de España, carteles dando vivas al Metro de Madrid (“Llega rápido, llega a tiempo, llega a donde quieras”) y más de un cartel animando a la gente a reunirse al lado del Santiago Bernabeu para ver los partidos de España. Lo de esta noche, como pierda la selección española, puede ser épico al volver a casa para mucha gente.

Tras llegar a Avenida de América, veo que aquello es el caos. Son las 07:15h. Hay luchas por los escasos taxis que hay. Hay gente que no sabía nada del paro total, y que se echa las manos a la cabeza. Muchas carreras de mucha gente. Mucha gente preguntando. Mucho ruido, mucha ansiedad. Hay policías. La situación es rarísima.

Esperando el autobús veo gente poco habitual, se les ve al no estar habituados a picar un billete o al mirar el interior del autobús como si fuera un invento nuevo. El conductor recibe muchas preguntas sobre cual es el autobús que deja en el sitio deseado. Contesta a todos que es el primer día que conduce en esa línea, y que ni idea. Qué grande, pienso, suelta eso para no perder el tiempo y que le dejen en paz. Pero no. Estaba diciendo la verdad.

A los 10 minutos se pasa una parada, entre los gritos del autobús abarrotado. El conductor pregunta que si alguien ha cogido el autobús antes, para que le ayude. Medio autobús hace de GPS a gritos: “¡Por ahí!” “¡No, por la derecha!”, “¡Que te pasas!”. Hay gritos-GPS, hay risas por lo surrealista de la situación. Ya son las 08:00h, y el autobús está dando un paseo turístico no solicitado pero ciertamente bello (o algo) por Madrid. Para completar el cuadro, una persona en silla de ruedas solicita que se active la rampa del autobús para poder subir. La rampa no funciona. El conductor sale. No funciona. Pide ayuda. Salen varios. No funciona. Vuelve a trastear con controles del autobús. Al fin funciona. La persona en silla de ruedas sube al autobús entre aplausos. A los diez minutos solicita la rampa para bajar en su parada. El conductor no oye, y vuelven los gritos: “¡Que bajes la rampa, joder!”. Vuelve el show (no va, salid, no va, mierda, y si damos a ese botón, que no cojones, anda parece que ya va), y al acabar estamos todos felicísimos (o no).

Llego a Campo de las Naciones a eso de las 08:35h (sólo he llegado 35 minutos tarde y el viaje apenas han sido dos horas y algo, en vez de los 40 minutos habituales). En el trabajo no hay ni un 30% de los que suelen estar en la oficina. Curiosamente, estamos los que venimos en metro. Los que vienen en coche llegan en torno a las 09:30h-10:00h. Hay algunos que han llamado diciendo que como hay huelga de metro no van a trabajar. Estos dos o tres tienen coche y viven a 15-20 minutos de aquí.

De lo oído en los autobuses y el trabajo, me da la sensación de que el discurso mayoritario es el de “hacen bien en hacer huelga, pero que no perjudiquen al trabajador y que haya servicios mínimos”. Cuando se montan huelgas salvajes se tiene en mente que mucha gente va a ser perjudicada: precisamente por eso se hace, para meter más presión. Caerán sanciones (con razón), pero es algo que tenían que asumir al llevar a cabo lo que han hecho. Es otro pensamiento bobo, débil y rozando lo perroflautico, a la altura del raca-raca conservador sobre el tema.

He desquedado con amigos para ver el partido de la Roja esta noche: el viaje hasta allí en autobuses sería insufrible, y la vuelta no digamos. Sufriré otras dos horas hasta casa. Espero encontrarme con el mismo conductor, total, ya que estamos fastidiados por lo menos pasar un rato surrealista.

Además, parece que mañana tendremos más de lo mismo. Nos vamos a divertir todos.

La mente del terrorista (III)

A pesar de no haber un tipo de personalidad tipo para la figura del terrorista, entendida como un todo coherente que se repita en la mayoría de los casos, sí se puede hablar de ciertas características que, aunque no forman un perfil definido tomado en bloque, sí podemos atribuir a la figura tipo de terrorista: Optimismo exagerado, Motivación del Cierre Cognitivo y Motivación Pro-Social.

1.- Optimismo Exagerado: Una característica prototípica del terrorista tipo es la fortísima creencia en que los objetivos que persigue su organización serán alcanzados, sus enemigos destruidos algún día, su país liberado más tarde o temprano…las expectativas de éxito son imprescindibles para que los sujetos se unan a proyectos sociales. Unas expectativas altísimas (como suelen tener) hacen más posible la acción (ya que tendrá éxito “con toda seguridad”), unas expectativas bajas hacen más probable no hacer nada (¿para qué, si va a dar igual?). Perder optimismo respecto al éxito de la organización aumenta las probabilidades de que el sujeto abandone el terrorismo. Cabe decir que hacer que “el ánimo no decaiga” entre sus miembros es una prioridad para todo grupo terrorista…

2.-Motivación de Cierre Cognitivo: Este es un concepto del Psicólogo Social Arie Kruglanski, tomado para explicar el fanatismo del terrorista en términos de personalidad. Kruglanski supone que el hermetismo mental de ciertas personas es consecuencia de su aversión particular a cualquier estado psicológico que le genere incertidumbre o ambigüedad. ¿Qué conlleva esta aversión? Dos cosas: a) una predisposición favorable a ideas y sistemas de creencias claros y sencillos (del tipo nosotros somos el único baluarte del Bien y el resto son cachorros del Mal); b) una tendencia a la rigidez de los conceptos e ideas, tendiendo a permanecer inalteradas . Esto último es posible gracias a un “cerrar la mente” a ideas nuevas, las cuales suelen conocerse por las interacciones sociales normales (amigos, compañeros de trabajo, etc).

Al “congelamiento” de ideas es a lo que se llama “Cierre Cognitivo”, el cual evita que alguna de esas ideas modifique en algo las ya establecidas, produciendo incertidumbre y ambigüedad, cosas que provocan una aversión insoportable. A dicho “congelamiento” contribuye, por otra parte, que el sujeto busque interacciones sociales casi sólo con sujetos que piensen exactamente igual que él, evitando así las fuentes de ambigüedad posibles. El resultado es que la red social del individuo (la gente con la que se relaciona), termina siendo formada por personas con el mismo ideario y tendencia al hermetismo mental que él, siendo éstas su única fuente de información “fiable” respecto al mundo. Este “aislamiento cognitivo” tiene otro efecto: al limitarse las relaciones al grupo (terrorista) las fuentes de satisfacción personal fuera de éste grupo van reduciéndose (al tener menos contactos fuera del grupo)…hasta estar vinculadas todas estas fuentes a miembros o actividades del grupo (terrorista). Este grupo se convierte ya no sólo en un grupo de pertenencia ideológico: es también la principal y casi única fuente de satisfacción para la persona…con lo que es comprensible el vigor con el que puede defender al grupo. Dicho grupo pasa a ser su vida, prácticamente.

Estas personas poco tolerantes con la ambigüedad de los pensamientos parece lógico que estén más predispuestas a ingresar en un grupo terrorista (si tenemos en cuenta también que tiene que pasar un momento personal y sociológico adecuado, además de surgir la ocasión).

3.- Motivación Pro-Social: Aunque no nos guste, elegir la vía del terrorismo tiene que ver con la dimensión de ayuda a una colectividad: la del pueblo vasco, la palestina, la de la raza blanca, la de la España católica, etc. En nombre de una colectividad que se percibe como oprimida (y con la cual el sujeto se identifica) se pasa a la actividad terrorista. Quiere decirse: se quiere remediar algo que se percibe como injusto. Hay un elemento de altruismo, de importarle mucho al sujeto lo que le pase a sus semejantes (otra cosa es de lo que sean capaces de hacer con los que no consideran sus semejantes…). Incluso en los casos en los que simplemente se quiere venganza o se está movido por el odio es necesaria una identificación positiva con un colectivo considerado oprimido o gravemente amenazado. Arie Kruglanski, creador de la hipotesis de la Motivación del Cierre Cognitivo, menciona en un artículo este elemento clave en el tema del terrorismo: su gestación y desarrollo depende de un determinado modo de socializar al individuo. No son “gente por civilizar”, al contrario, están MUY socializados.

Ariel Merari an Israeli expert on suicide terrorism writes “The key to creating a terrorist suicide is the group process. Terrorist suicide is an organizational rather than an individual phenomenon. To the best of my knowledge, there has not been a single case of suicide terrorism which was done on the suicide’s personal whim. In all cases, it was an organization that decided to embark on this tactic, recruited candidates, chose the target and the time, prepared the candidate for the mission, and made sure that he/she would carry it out (occasionally via a back-up detonation device activated via remote control in case the would be terrorist got cold feet after all). The three critical elements in the preparation are: boosting motivation, group pressure (e.g. mutual commitment) and creating a point of no return (public personal commitment) by videotaping the candidate declaring that he is going to do it, and having him write last letters to family and friends..”

Quitando algún mercenario contratado por estos grupos, el sujeto medio del un grupo terrorista es todo lo contrario a un hedonista, un vividor o un pasota. El peligro, el mayor peligro vendrá siempre más de las ovejas rabiosas que de los lobos:

Los grandes enfrentamientos colectivos no los suelen protagonizar individuos personalmente violentos sino grupos formados por gente disciplinada y obediente a la que se ha convencido de que su interés común depende de que luchen contra ciertos adversarios «extraños» y los destruyan. No son violentos por razones «antisociales» sino por exceso de sociabilidad: tienen tanto afán de «normalidad», de parecerse lo más posible al resto del grupo, de conservar su «identidad» con él a toda costa, que están dispuestos a exterminar a los diferentes, a los forasteros, a quienes tienen creencias o hábitos ajenos, a los que se considera que amenazan los intereses legítimos o abusivos del propio rebaño. No, no abundan los lobos feroces ni los que hay representan el mayor riesgo para la concordia humana; el verdadero peligro proviene por lo general de las ovejas rabiosas…

Fernando Savater, Las preguntas de la vida

La mente del terrorista (II)

No hay una patrón de personalidad tipo que pueda adecuarse a la personalidad de la mayoría de los terroristas. Es mejor hablar de rasgos psicológicos que se dan con frecuencia en vez de patrones estructurados y generales de conducta.

Es por ello que quiero hablar de determinadas características psicológicas o demográficas atribuidas al terrorista tipo que no se corresponden con lo que sabemos de los estudios sobre el tema, entre ellas la Impulsividad, la Baja Autoestima o la Baja Clase Social.

1.- Impulsividad: El terrorista puede ser representado como una persona que no quiere esperar el resultado de las procedimientos para el cambio y que prefiere saltarse las reglas. En ese sentido puede pensarse que bastantes terroristas parecen tener como una de sus principales ideas la de la importancia de la acción sobre la reflexión, mostrando impulsividad, poca paciencia para llegar a sus objetivos por otros medios, por lo que “atajan” usando la violencia, arma más rápida para llegar a tal fin.

Sin negar que pueda haber terroristas impulsivos parece difícil aceptar que esta sea una característica generalizada. Muchas de las estrategias de bandas terroristas como ETA o el IRA requieren de hecho no hacer en cada momento lo que se desea sino esperar, planear, usar la estrategia para dañar a los gobiernos inglés o español para conseguir sus objetivos. Hay muchos terroristas que han esperado mucho tiempo (incluso años) haciendo su vida normal hasta que han recibido la orden de “atacar” (tanto en casos de terrorismo islámico como en otros), lo cual revela que la impulsividad no es de hecho deseable para ser un miembro efectivo de una red terrorista…más bien todo lo contrario: es adecuado que el terrorista canalice la impulsividad para cuando sea necesario a juicio de la organización. De hecho es lo normal en organizaciones terroristas medianamente longevas. Esto no sería posible si fueran normalmente impulsivos, pues carecerían de tal paciencia.

2.- Baja Autoestima: Puede pensarse que los terroristas son personas con una imagen pobre de sí mismas y emocionalmente inestables. Después de todo, grupos como ETA u organizaciones yihadistas buscan nuevas incorporaciones en grupos marginales, como grupos inmigrantes, normalmente compuestos por gente con la autoestima muy baja.

La realidad es que hay personas violentas en el extremo de la peor autoimagen y en el de la mejor autoimágen posible. Pero si hablamos de terrorismo (que es un tipo específico de violencia) tendremos que decir que el terrorista medio se caracteriza por todo lo contrario: tiene un alto concepto de sí mismo, lo cual le lleva a estar más dispuesto a afrontar retos, asumir riesgos y superarse ante los fracasos que implica estar en una organización terrorista. Son tendentes a la arrogancia y a tener una gran confianza en sus posibilidades de éxito.

Es más, una persona con autoestima exageradamente alta es más propensa a usar la fuerza que una con escasa autoestima. Las personas depresivas, las más pobres en autoimagen, son las menos agresivas que puede haber (piensan que nada tiene sentido, que ellos no pueden hacer nada…¿para qué agredir a nadie?). Un alto concepto de uno mismo genera altas expectativas de éxito en lo que se hace, pero uno muy bajo imposibilita directamente actuar. Es por ello necesario para un terrorista, que usa medios extremos y persigue objetivos complicados, tener entre sus características psicológicas el ser exageradamente optimista y tener alto concepto de sí mismo (cosas de las cuales suele encargarse la organización de proporcionárselas si no las tenía al ingresar en el grupo terrorista, en un sistema de “aprendizaje” similar al de las sectas).

De “La lógica del terrorismo” de Luis de la Corte Ibañez puede leerse lo siguiente relacionado con el tema de la baja autoestima (pag 194), al que habría que añadir la “socialización del terrorismo” (o la creación de narrativas o recompensas que hacen al terrorismo apetecible o determinadas situaciones como vergonzosas socialmente, ante las cuales hay que demostrar la “pureza”).

En primer lugar, y siguiendo con el caso vasco, merece la pena atender a una investigación publicada por Clark en 1983. Al estudiar a las familias de las que procedían un amplio número de militantes de ETA, Clark hizo un hallazgo indudablemente interesante. Aunque por aquella época las familias con un sólo progenitor autóctono (y el otro de no vasco) sólo representaban un exiguo 8% del total de las familias residentes en el País Vasco, según los análisis de Clark más del 40% de los etarras examinados provenían de esas “familias mixtas”. La explicación propuesta por Clark fue que quizá muchos de los hijos de esas familias mixtas (de hecho, los que acabaron militando en ETA) se sintieron avergonzados de su ascendencia española, y que fue precisamente esa vergüenza la que alimentó en ellos un prurito de identificación con la causa aberztale.

3.- La Clase Social del terrorista: La Clase Social no es una característica psicológica, propiamente dicha, pero es importante por ser una fuente de variabilidad de la conducta importante. Una de las ideas básicas al respecto que suelen tenerse del terrorista tipo es que son personas de las clases sociales más bajas de sus sociedades.

Cabría esperar, que si la desigualdad económica fuera causa de terrorismo entonces la mayoría de los terroristas pertenecerían a la los estratos más pobres de la sociedad. Sin embargo los datos apuntan que la mayoría de los terroristas no son pobres ni desempleados ni analfabetos, es más: la figura media del terrorista corresponde a la clase media de sus respectivas sociedades, no siendo raro que tengan buena formación académica

Es verdad que hay grupos terroristas en los que sus integrantes son mayoritariamente personas de clase baja o media-baja, pero en esos casos (IRA, Hamas) la clase social baja no es un atributo exclusivo de los terroristas, sino de una gran parte de la población a la que pertenecen (lo cual no quita para que los cuadros medios y altos de dichas organizaciones estén ocupados por personas que sí son de clases sociales más altas). La generalidad, tomadas todas las clases de terrorismos (islámicos, nacionalistas,etc.) la figura más frecuente es la de personas de clase media, no escaseando precisamente las que tienen buena formación académica.

La explicación a esto no es complicada: la clase media de las sociedades tiene más confianza en sus posibilidades de triunfar, las clases más bajas tienen un bajísimo concepto de sí mismas, aspecto que imposibilita en gran parte la acción al no tener tanta confianza en el éxito de sus empresas (también tienen menos recursos materiales, conocimientos técnicos necesarios, etc).

La pobreza en exclusiva no explica el terrorismo, aunque no puede negarse que la desigualdad contribuye al descrédito de un régimen político, una de las bases germinales del fenómeno terrorista. No es una causa unívoca: es un factor facilitador. El terrorismo, considerado a nivel global y teniendo los datos que tenemos hoy por hoy, no parece una lucha de pobres contra ricos: en todo caso parece una lucha de una parte de la clase media (que va acompañada y/o dirigiendo a una parte de la clase baja) contra lo que toque en cada caso.

Los estudios intentando relacionar riqueza de los países y riesgo de terrorismo/probabilidad de generar terroristas internacionales no parecen encontrar relaciones claras, pareciendo más importante el grado de libertad y respeto a los derechos humanos:

Political freedom is shown to explain terrorism, but it does so in a non-monotonic way: countries in some intermediate range of political freedom are shown to be more prone to terrorism than countries with high levels of political freedom or countries with highly authoritarian regimes. This result suggests that, as experienced recently in Iraq and previously in Spain and Russia, transitions from an authoritarian regime to a democracy may be accompanied by temporary increases in terrorism

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Una parte importante de la serie sale de los siguientes (y muy recomendables) libros:

1) La lógica del Terrorismo de Luis de la Corte Ibáñez, en Alianza Editorial.

2) “El Psicópata” de Vicente Garrido, en Algar Editorial.

La mente del terrorista (Primera parte)

El horror que provoca el terrorismo lleva a no pocos periodistas y políticos a opinar sobre las motivaciones o posibles patologías mentales de los terroristas, atribuyendo características psicológicas a los terroristas que no se corresponden con la acumulación de investigación psicológica al respecto.

Convencido de que exagerar o falsear la realidad no hace que condenemos con mayor fuerza al terrorismo sino que contribuye a confundir y complicar la solución del problema, voy a hablar en los siguientes tres post de algunas cosas que desde la Psicología pueden decirse sobre la mente del terrorista, no todas coincidentes con los tópicos acostumbrados.

La primera de estas exageraciones es considerar a los terroristas como un grupo de personas con trastornos mentales severos: que están locos o que son psicópatas. Después de todo la mayoría de la gente no pone bombas debajo de un coche ni corta el cuello a periodistas que uno considera malvados. Parece que pueden tener similitud estos comportamientos terroristas con los de personas con trastornos mentales como los antes mencionados.

Dicha afirmación (que los terroristas tienen que tener un trastorno mental para serlo) no tiene respaldo empírico (en éste enlace se habla del caso de los terroristas suicidas, pero es aplicable a los demás tipos), como ha sido demostrado en estudios sobre el Frente de Liberación Nacional de Argelia (Crenshaw,1981), el Ejercito Secreto Armado para la Liberación de Armenia (Tololyan, 2001), el IRA (Heskin, 1980), Unionistas Irlandenses (Taylor y Quayle, 1994), terroristas italianos de extrema izquierda y derecha (Ferracury y Bruno, 1993), suicidas palestinos (Merari, 1998; Asan, 2003; Attran, 2003) y militantes de Al-Qaida (Sageman, 2004). En suma, puede decirse que la mayoría de los terroristas conocidos no han tenido nunca un trastorno psicopatológico serio.

A pesar de esta acumulación de datos hay al menos dos patologías graves que suelen ser asociadas equivocadamente al hecho de que una persona sea terrorista:

1) “Son Psicópatas”: La Psicopatía se caracteriza por la incapacidad para la empatía, para ponerse en el lugar del otro, por una dureza emocional extrema. Los psicópatas son todo egocentrismo, incapaces de sentir compasión, piedad, complicidad, amor, amistad o compromiso auténtico con algo que no sea ellos mismos.

Hay estudios que demuestran que los psicópatas pueden aprender a fingir emociones como el amor o la amistad. No aprenden a sentirse “como el otro”: pueden aprender gestos faciales o tonos de voz típicos de estar enamorado o de estar frente a alguien que cae bien, normalmente para poder usar tales expresiones para engañar a sus víctimas y que le crean “enamorado” o “amistoso”, pero sin estarlo de verdad nunca.

Hay terroristas que pueden perfectamente ser psicópatas, claro está: la crueldad de la que son poseedores les haría candidatos idóneos para ejecutar matanzas, torturar o provocar daño sin pensar. Pero si atendemos a la característica principal del psicópata nos daremos cuenta de porqué es difícil que el terrorista medio sea psicópata: estar en un grupo terrorista requiere coordinación, subordinación a un fin superior, obedecer órdenes, tener relaciones sociales prolongadas y positivas con otros miembros de la banda…

Todos estos tipos de tareas son difícilmente asumibles por una persona que es puro ego y no puede ponerse en el lugar del otro…lo cual implica que un psicópata no se implicará en una tarea que no le reporte un beneficio personal directo, son las personas menos empáticas que pueda haber, lo cual lleva a no sacrificarse por causas superiores a su propia y personal satisfacción. El egocentrismo extremo hace muy difícil las relaciones con los demás miembros de la organización, al carecer de compañerismo o sentimientos de cariño o aprecio. Esto les convierte en sujetos muy difíciles de manejar al no sentirse motivados por otra cosa que no sea su propio beneficio…ya no digamos defender una religión o un pueblo supuestamente oprimido…

Por último, el terrorista medio siente compasión o compañerismo con sus aliados terroristas, incluso ama o se apiada de otras personas que no sean sus objetivos, actos todos ellos impensables en un psicópata, el cual no se apiadaría ni sentiría compañerismo ni amaría a nadie.

2) “Son Locos”: Lo que suele denominarse coloquialmente “locura” se corresponde con lo que en Psicología se denomina Esquizofrenia. La Esquizofrenia se caracteriza por los brotes, los cuales consisten en ataques en los cuales el sujeto tiene alucinaciones (normalmente oye voces, a veces ve cosas irreales) y actúa en consecuencia a ellas, siendo estas absolutamente creíbles para el sujeto. Cada brote deja un estado residual, es decir una “acumulación de locura”, que va a más conforme suceden los brotes.

Esta degeneración progresiva es cerebral, imposibilitando una vida normal si la persona ha sufrido varios brotes (cuando la persona tiene suficiente “estado residual” o “locura acumulada”), llamando demasiado la atención de la gente, que les percibirá como “raritos” o como “locos”, al actuar de modo extraño e incomprensible para la mayoría. Esto les incapacita para una vida de clandestinidad efectiva como es la del terrorista, al llamar en exceso la atención su fama de “raros” entre la gente de su entorno. Los terroristas no son tan fáciles de identificar de los no terroristas, siendo sintomático el caso de los terroristas que organizaron los atentados de Londres, los cuales “parecían gente normal” según sus conocidos. Esto no pasaría con “locos”.

También para ser efectivos en su actividad criminal, teniendo en cuenta que las probabilidades de sufrir un “ataque” (que incapacita para cualquier cosa: imaginad ver arañas gigantes por el techo y si podrías hacer otra cosa que no sea gritar o intentar matarlas) aumentan si el sujeto pasa por un momento de gran estrés (como el que provoca la preparación de un atentado). Sería realmente difícil preparar acciones terroristas ya no por la policía, sino por la probabilidad de que la tensión del momento incapacite (en forma de “ataque de locura”) al destinado a poner la bomba o asesinar.

Por otro lado, el porcentaje de asesinatos cometidos por esquizofrénicos en España suponen el 1% del total. Los esquizofrénicos son el 0,5% de la población mundial, pero se estima que cometen el 6,5% de los homicidios en el mundo, aunque la mayoría de ellos nunca había tenido tratamiento farmacológico (nota: la esquizofrenia no se arregla con Platón, es absolutamente necesario empastillar a la gente).

El problema es que, al padecer alucinaciones, si sus actos son violentos son tremendamente espectaculares (como sucedió en el caso de la doctora del Jiménez Díaz), al reaccionar ante lo que ellos creen como invasiones alienígenas o asedio de monstruos horribles, a los que ven y perciben como absolutamente reales.

Hemos visto antes que a nivel mundial tienen más tendencia a asesinar que sujetos no esquizofrénicos, pero siempre que no estén medicados. Si lo están, las diferencias se reducen hasta igualarse, como en casos de países ricos como España, en los que la sanidad es mucho mejor y se les medica en los primeros brotes…este tema lo retomaremos en los siguientes post.

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Una parte importante de la serie sale de los siguientes (y muy recomendables) libros:

1) La lógica del Terrorismo de Luis de la Corte Ibáñez, en Alianza Editorial.

2) “El Psicópata” de Vicente Garrido, en Algar Editorial.

P.D.: Esta serie de tres post la rescato de mi anterior blog. Le he añadidado enlaces, he eliminado los párrafos que estaban bien y los que estaban regular los he recolocado aleatoriamente.

Negros en mi cantera no, gracias

Las declaraciones de Rosell, aspirante a presidente del FC Barcelona, no han sido muy conocidas.

Con todo el cariño lo digo porque les tengo mucho aprecio, pero traer tantos niños de África a jugar les quita el puesto a los de aquí y, además, porque tú sabes perfectamente si te gusta el fútbol base, que la mayoría tienen más edad de la que dicen que tienen, tienen un par de años más

Yo las conocí por una de las charlas de Santiago Segurola, cuya opinión al respecto comparto totalmente:

Con respecto a Rosell, persona a la que tenía por moderada, me fastidió su alusión a los chicos de Camerún -los africanos, dijo- y su deseo de impedirles que jugaran en el Barça porque eran demasiado altos, demasiado fuertes y con una edad superior a la que indicaban sus fichas federativas. También dijo que esa presencia de africanos evitaba la presencia de muchachos de Barcelona y alrededores. Las manifestaciones de Rossell en este capítulo tuvieron un tufo sectario, por no utilizar una palabra más fuerte, y decididamente populista: son discursos que desgraciadamente venden bien, y más ahora en estos tiempos de crisis. Un discurso impropio de un hombre que aspira a la presidencia del Barça, de un club que lleva sellado en su camiseta el logotipo de UNICEF. Me indignó que pusiera su acento en los niños africanos y no en los argentinos, o en los europeos. ¿Todo por una cuestión de un año más o menos en la ficha federativa? Me dolió que luego intentara justificarse con el daño que se hace a los niños que rompen sus lazos familiares a edades tan tempranas. ¿Sólo es un problema para los chicos de Camerún? Es cierto que se trata de un problema gravísimo, pero es que minutos antes Rosell había presumido del trabajo del Barça con jugadores como Messi o Iniesta

Debe ser que ahora estas “cosas” pertenecen a algunos de esos valores “democráticos”, de “hacer país” o “solidarios” de su proyecto para el FC Barcelona

De los responsables de la crisis

Mi jefe trabaja más que yo. Es algo empírico: yo trabajo ocho horas y me voy para casa. Mi jefe no baja de las diez horas, y además tiene que tener el teléfono encendido las 24 horas quince días al mes. Pero además de las horas tiene más responsabilidad. Yo hago mis cosas, y si las hago bien o mal depende de lo que yo hago. Mi jefe, si yo meto la pata, recibe broncas. No sólo por mí, también por mis otros compañeros. Vamos, que puede llevarse tortas por cosas que él no ha hecho.

Te llevas más tortas pero tu sueldo es mejor: me parece justo. ¿A alguien no? Si lo pagamos igual hay que tener alma de esbirro (o ser amenazado) para aceptar.

Es por eso que Zapatero o en su momento Aznar tenían ciertos privilegios, viven en la Moncloa y demás. Cuando las cosas se tuercen, pasa lo que pasa ahora o lo que pasaba con Aznar a partir de la Guerra de Irak. Como máximos responsables del país, es justo. Habría que incluir a los que tanto han hecho la pelota todos estos años, a los paladines del España va bien y de la España de la Champions League. Deberían caerles no menos reproches, y a lo mejor hasta el despido para más de uno.

Pero el que estén en la cima de la responsabilidad de la crisis no les convierte en los únicos que lo hicieron mal. Hablamos del tema de la responsabilidad cuando las cosas se tuercen en un país. Algo de esto se habló al discutir sobre cómo el nazismo ascendió en Alemania. Quiso convertirse aquello en un intento de locura colectiva, pero la esquizofrenia es genética, y no consta que las siguientes generaciones hayan tenido ataques de locura similares. Otros hablaron de cómo el inocente pueblo alemán se tragó mentiras perfectamente diseñadas por Hitler, pero es de nuevo evitar el nudo del problema. Claro que Hitler y su gobierno fueron los máximos responsables de todo aquello. Pero nunca lo podrían haber hecho sin el resto del pueblo alemán.

En mi trabajo si todos empezamos a trabajar mal algo tendrá que ver mi jefe, pero, antes de nada, tenemos que ver nosotros. Si yo fallo, es mi culpa. Si no sé hacerlo, tendré que preguntar. Si vemos que a unos cuantos nos pasa lo mismo, habrá que decírselo al jefe. Lo que es delirante es saber que lo hacemos mal unos cuantos, no quejarnos, no decir nada y cuando todo se va a la mierda por esto mismo proclamar que es sólo culpa del jefe.

En este país muchos mileuristas se metían en pisos para revenderlos al año siguiente. En este país mucha gente en vez de resignarse y no irse de vacaciones por no poder, pedía créditos rápidos para poder ir a Cancún. En este país mucha gente que vivía con sus padres en vez de ahorrar se lo gastaba todo en un coche que casi no podía mantener (cuando no lo cambiaba cada dos años), o se iba de viaje al extranjero sin parar (sí, sí, low-cost, pero es dinero, y las copas de allí no salen gratis). En este país mucha gente ha vivido bien durante años gracias al auge de la construcción, no sólo obreros, también vendedores de coches, de videojuegos, proveedores de telefonía y demás. Ya sabemos que no vas a dar la patada a la escalera cuando estás a lo alto de ella, pero no sólo los políticos y los banqueros sacaban tajada de la burbuja. Cada uno a su nivel, claro, pero no sólo fueron ellos: sin la participación de amplísimos porcentajes de este país toda la burbuja hubiera sido imposible.

Y se oía mucho que la burbuja algún día estallaría. No hacía falta saber mucho de economía para saber que aquello a largo plazo no se sostenía. No hablaremos del bombo que le dieron los periódicos a algo que debían haber criticado, centrémonos en la gente de a pie de calle, que vivió aquello de primera mano. ¿Cuánta gente se manifestó por esto? ¿Cuánta por el estancamiento salarial durante casi una década? ¡Nada de eso pasó! Estábamos en otras peleas, otros temas, entre ellos la ruptura de España, la ruptura de la familia, el asedio a Cataluña, los perros que matan gente, los asesinos de niños e incluso los deportistas millonarios que se nos mueren jugando al fútbol y que dan tanta pena que hay que hacer manifestaciones multitudinarias en su honor.

Por supuesto que hay que criticar a Zapatero, a la patronal, los sindicatos, los grandes medios de comunicación y los banqueros. Por supuesto. Y más. Pero no hagamos como si los demás hubiéramos sido menores de edad que no tenían ninguna responsabilidad: muchos se beneficiaron, muchos se callaron y casi nadie presionó para que las cosas cambiaran… por no mencionar que hemos votado a estos políticos y seguimos comprando/viendo esos periódicos/cadenas de televisión. Ahora estamos sufriendo las consecuencias de no hacer nada, de no mirar a largo plazo y de liarnos en trifulcas tontas en vez de comportarnos como ciudadanos y/o hacer política más allá de las modas periodísticas. El algún sitio de entre tanto echar balones fuera debe quedar algo de espacio para reconocer algún error o metedura de pata de los gobernados.

No es dios quien mata a los niños. Ni es el destino el que los despedaza, ni es la casualidad la que se los da de comer a los perros. Somos nosotros. Solo nosotros.

Rorschach, Watchmen