Del pasado que nunca existió

“¿Por qué nos ha equipado la evolución con algo llamado “sufrimiento”?”, preguntaba Citoyen en este post. Además, escribe sobre el porqué de la necesidad de la coherencia y del dolor.

En principio cuando ves a alguien deprimido llama la atención. Lo lógico o intuitivo es pensar que esa persona deprimida, que está sufriendo, ve las cosas mucho peores de lo que son. Después de todo, la mayoría de la gente no está deprimida. Esta teoría “de sentido común” tiene su reflejo en la teoría sobre la depresión con más solera: la de Beck. Resumiendo, Beck decía que la diferencia entre el depresivo y el no depresivo era que el primero tenía sesgos cognitivos que le hacían ver la realidad peor de lo que era. Los sesgos te hacían pensar que podías hacer poco o nada para cambiar las cosas que te pasaban, y de ahí la inactividad y la falta de energía características del deprimido.

Pero algo fallaba. Los estudios de memoria dejaban claro algo bastante inquietante: con el paso de los años modificamos los recuerdos, de tal modo que nos quedamos con lo mejor. Con lo peor o lo olvidamos o los re-escribimos de una manera menos horrible para nosotros mismos. Es el proceso normal, el mayoritario y el que suelen tener las personas sin trastorno mental alguno.

Esto no es algo tan raro. Los historiadores saben bien los problemas que hay con los testimonios de la gente al hablar de hechos muy conocidos, como la Segunda Guerra Mundial o el 23-F. Demasiada gente dice haber visto cosas que hay constancia que fueron imposibles, se hacen más los héroes de lo que realmente fueron o peor aún, repiten cosas que han visto en películas como si les hubiera pasado a ellos (esto ha sido estudiado experimentalmente también).

En la depresión finalmente se encontró algo chocante y poco intuitivo, englobado bajo el término Realismo depresivo. No era que los deprimidos tuvieran sesgos que les hicieran ver distorsionada la realidad: eran los no-deprimidos los que tenían los sesgos que distorsionan su percepción. El sujeto normal se cree mejor de lo que luego puede demostrar que es. El sujeto normal se cree que sus amigos, familiares y conocidos le aprecian más de lo que realmente hacen. El sujeto normal cree que tiene más poder para modificar su vida del que realmente tiene. En el enlace a la entrada del Realismo depresivo en la Wikipedia, por una vez, queda clarísimo:

Studies by psychologists Alloy and Abramson (1979) and Dobson and Franche (1989) suggested that depressed people appear to have a more realistic perception of their importance, reputation, locus of control, and abilities than those who are not depressed.

People without depression are more likely to have inflated self-images and look at the world through “rose-colored glasses”, thanks to cognitive dissonance elimination and a variety of other defense mechanisms.

La memoria trabaja constantemente en ese sentido. Cada vez que recuperamos un recuerdo lo re-escribimos, incorporando nuestras emociones actuales, nuestros nuevos conocimientos, etc., pero siempre con un sesgo a favor nuestro. Un historiador marxista, Eric J. Hobsbawm, hablaba de algo parecido a nivel macro: la “invención de la tradición”. Es “un pasado real o mítico alrededor del cual se construyen políticas ritualizadas que tratan de reforzar la cohesión de un grupo o de una comunidad, de otorgar legitimidad a ciertas instituciones, de inculcar valores en el seno de la sociedad”.

A nivel micro, es decir, del individuo, esta constante modificación de los recuerdos tiene su sentido de “cohesión” y “legitimación” también. El individuo tiene menos posibilidades de reproducirse y sobrevivir si se deprime (que es lo que pasa cuando nos damos cuenta de que somos menos de lo que creíamos). El deprimido moderadamente puede ver mejor la realidad como es. La mente del que no está deprimido le permite actuar más, aunque se engañe también más. Este “engaño” tiene por objetivo reducir la ansiedad que provoca la diferencia entre lo que hacemos y lo que pensamos (la disonancia cognitiva), en cuya lucha vencerá siempre lo que hacemos, así legitimamos nuestros actos. Es nuestro pensamiento el que cambiará para no caer, precisamente, en la depresión, la inactividad y la perdida de posibilidades de sobrevivir, competir y reproducirse. Esto es así hasta el punto de que esa es la normalidad: los “realistas pasivos” son minoría frente a los “engañados activos”. El sentido del sufrimiento y de la coherencia es lo que hay detrás de estos dos grupos. Los momentos depresivos, aún así, son necesarios: nos hacen “caer” a la realidad de vez en cuando y tomar consciencia de los problemas, los momentos “normales” son los que nos permiten actuar.

Sería justo decir, después de todo lo comentado, que la honestidad y la consciencia de las propias contradicciones siguen siendo posibles. Todos podemos recordar cosas de las que no nos sentimos orgullosos, de gente a la que fallamos y etc, por supuesto. Estoy hablando de un proceso general, que suele ser sutil y matizar recuerdos poco a poco en la mayoría de las veces, llegando a inventar o borrar recuerdos menos frecuentemente (aunque cuando pasa suele ser de modo decisivo o en recuerdos en temas muy importantes emocionalmente). El Realismo depresivo se cumple siempre que hablemos de depresiones moderadas, no de depresiones mayores (son las que hace que alguien no pueda moverse de la cama durante seis meses, por ejemplo).

Sobre si es posible el Optimismo Inteligente (en el sentido de ver realista y activo al mismo tiempo) hablaré en el futuro.

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9 comentarios

  1. Ender dice:

    Buenísima entrada.

    Últimamente estás que te sales…

  2. Adrian dice:

    Raul, esta entrada deberian ponerla en la puerta de cada psicologo de este pais… Sencillamente genial.

    Y hablo con conocimiento de causa. Desde pequeño, y por razones que ni conozco ni creo que importen a estas alturas, he tenido una cierta propension a las depresiones. Nada que, con los años, uno no pueda llegar a controlar; pero lo suficiente para que las recaidas le retrasen a uno sus proyectos y ambiciones.

    Lo curioso es que algunas veces he intentado explicar esa percepcion de que los que se engañan son los “normales”, no los deprimidos. Por supuesto, sin tanto acierto como tu (y los estudiosos del tema, claro) habeis descrito. Que bien sienta cuando a uno le dicen que lleva la razon :D

    Gracias por un post tan interesante.

  3. judas dice:

    Muchas gracias por esta entrada, de verdad. Y escribe pronto esa que anuncias a ver si aprendemos algo.

  4. citoyen dice:

    Coincido con los demas, post fascinante, fantastico, bla bla,…

  5. Raúl S. dice:

    Sois muy amables: gracias :)

    Adrián: Esa lucha que tienes me da que me es familiar :)

  6. Ñbrevu dice:

    “Lo curioso es que algunas veces he intentado explicar esa percepcion de que los que se engañan son los “normales”, no los deprimidos. Por supuesto, sin tanto acierto como tu (y los estudiosos del tema, claro) habeis descrito.”

    Jeje, yo también me he sentido así muchas veces. Siempre he dicho eso tan tópico de que un pesimista es un optimista bien informado (que no es exactamente de lo que va esta entrada, pero se parece) y, ya más en plan coña, que “no hay bien que por mal no venga”.

    Interesante entrada, vive Gauss.

  7. Raúl S. dice:

    Gracias, Ñbrevu.

  8. [...] Hablando del “realismo depresivo” ya comenté que son los que tienen depresiones moderadas los más realistas, más que los sujetos sin ella. Parece que el mundo se parece más a cómo lo ven los depresivos menores: realmente no tenemos tanto control sobre nuestras vidas, el papel del azar (=la varianza error/lo que no sabemos) es más grande del que nos gustaría, etc. Es el equivalente a un sano escepticismo (y una de las bases ideológicas de un conservadurismo inteligente…y también del neoprogresismo). Pero hablamos de lo incapacitante, lo que te hace creer que no tiene sentido ni intentar cambiar. [...]

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