Economía, medidas y desencanto

Estando de acuerdo con la Causa y su ligera urgencia (a ver en qué quedan cosas como ésta: ya veremos lo que pasa cuando la gente vuelva de Semana Santa y se encuentre eso…), creo necesario explicar de donde venimos.

Durante los ocho años antes anteriores a esta legislatura no se habló nada de economía. Estuvimos muy preocupados con el ayh que se nos rompe España, ayh que se nos rompe la familia y ayh que se nos rompe la hombría. Por otro lado, en el bando que me toca, tuvimos (y tenemos aún) una obsesión malsana con cualquier cosa que dijera Aznar o Jimenez Losantos. ¡Hala lo que ha dicho! ¡mira, mira! ¡ha soltado otra! ¡ooooh!…en vez de criticar o estar de acuerdo con el gobierno socialista, la mayoría de izquierdistas nos hemos portado como si fuera el PP el que siguiera gobernando.

Y, mientras tanto, todos los problemas importantes estaban ahí.

Se podrá decir que las cosas iban bien y que a ver quien era el guapo que las tocaba, pero es que no iban bien. Iban mal. Una de las cosas que el gobierno de Aznar hizo muy bien fue convertir miles de parados en trabajadores con puestos de mierda. Es decir, es mejor trabajar en un curro mal pagado y en malas condiciones que estar en paro. Pero en ese momento empezó la Política Económica del Teletexto.

-Rodrigo, pon el Teletexto.
-Ya voy, Jose Mari.
-Veamos…bien, otro mes que hay menos paro y todas las cifras macroeconómicas van de coña. España va bien.

Y en lo macroeconómico puede que lo fuera. Pero abajo, en la tierra, no iba tan bien. Los salarios estuvieron o estancados o bajando durante casi una década mientras se hablaba desde los medios de comunicación de prosperidad para todos (España es el único de los 30 países miembros de la OCDE en el que el poder adquisitivo de los salarios bajó de 1995 a 2005). Los precios subieron una auténtica barbaridad y daba la sensación de que, primero Aznar y luego Zapatero, a ellos con bajar el paro les valía. Que si no empezamos a bajar el paro la cosa estaría mal, claro, pero con eso no valía para calificar a la situación económica española como “buena”. No si vivías fuera de la Moncloa. Cualquiera puede buscar en periódicos o radios montañas de alabanzas acríticas a la política económica de Aznar y luego de Zapatero. Incluso en periódicos de fuera teóricamente prestigiosos. Desde “El Milagro soy yo” a “España está en la Champions League“. A veces con fotos de Penélope Cruz en plan “España mola”.

Nos pusimos durante casi ocho años a discutir de chorradas. En periódicos. En radios. En blogs. Bueno, muchas veces no eran chorradas, pero el cacao maravillao microeconómico iba a más. Sueldos más pequeños, precios más altos. Eso lo hemos vivido todos, era el centro de las conversaciones, pero a la hora de hablar de política todo lo dominaba hablar de Losantos o de Carod Rovira, que en ningún caso deberían haber pasado de ser temas secundarios frente al horrible mercado laboral, la productividad de risa-nuestros sueldos congelados, la imposible conciliación del trabajo con la familia, el fraude demasiado extendido de cobrar el paro y trabajar “en negro”, los problemones tristísimos a la hora de crear una empresa (por ejemplo, ésta de un amigo mío, ejem), etc. Aznar o Zapatero deberían haber empezado a hablar de reformas para aumentar la productividad del país y, abiertamente, hablar del problema de los sueldos congelados, llevando a cabo las medidas que los estudios y la experiencia parezcan indicar que funcionen. Era necesario, era justo y hubiera sido el momento. Caiga quien caiga. Pero no se hizo. Ni salía el tema.

No hay explicación conspiranoica de todo ésto: es tan sencillo como que encontraron un método para reducir el paro y siguieron con él. Las reformas que necesita el país para que el paro sea bajo, aumente la productividad y cobremos más sueldo son muy fastidiadas, ya que a la fuerza van a cabrear a mucha gente, como pasa con toda reforma estructural. Los periodistas no cumplieron su función, y nos han ayudado (y lo que es peor, les hemos dejado) a entretenernos con boberías, anécdotas y amarillismo. En parte, por el vergonzoso amigachismo reinante entre políticos y periodistas. En parte por pura incapacidad e irresponsabilidad. Ellos sí debían haber tirado de las orejas a los obsesos con el matrimonio homosexual y a los que nos obsesiamos con la COPE. También tenemos por ahí rondando en toda la explicación a la superestructura: cuando uno está en lo alto de una escalera no le va a dar la patada para caerse (ver tertulianos que durante años defendieron el chanchulleo urbanístico, diciendo que la burbuja era “inevitable”, “espontánea” o etc). Aznar y Zapatero cayeron presas de una corte de pelotas y lamedores de nalgas que les hicieron creer a cada uno de ellos el centro de “El Milagro Español: segunda parte”, buscando los cholletes mientras invocaban nuestro clásico clientelismo y espíritu caciquil. Y los dos se lo tragaron.

Quiero decir con todo esto que está muy bien pedir prisa y urgencia (la hay), pero deberíamos ser conscientes de que hemos estado hablando del sexo de los ángeles durante años, y que ahora pedir una medio revolución a la gente, en general, puede oler a oportunismo y demás cosas bonitas. Es lógico que mucha gente piense así: antes cuando los sueldos estaban congelados hablais de chorrazos, ahora que hay paro encima nos vais a cambiar los contratos para abaratar su despido (o similar). También así se explican, en parte, las batallas en épica soledad de las personas que parece que saben más de economía (recomiendo leer todo el hilo y la pelea con el mundo de alguien con el nick Kartoffel: es tan triste como revelador). Es consecuencia de ignorar la situación ecomómica de la gente durante años y fiarse sólo de la macroeconomía y la economía del Teletexto.

El PSOE debería haberse metido hace mucho a hablar de cómo subir la productividad y de cómo hacer que dejemos de tener los mismos sueldos que hace tantos años. Debería haberle dado protagonismo en entrevistas y declaraciones: en la calle ya lo tenía. Ahora las cosas serán muy difíciles y casi cualquier cosa que implique muchos cambios será muy impopular. El que salga vivo políticamente de esta crisis y consiga que el paro no sea una pesadilla no debería caer en el mismo error que Aznar o Zapatero. El debate de los sueldos congelados debería volver a tener protagonismo cuando el paro no sea lo que es hoy. El problema viene de lejos y preocupa muchísimo a la mayoría. Y con razón.

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1 comentario

  1. Carlos Jerez dice:

    Te olvidas de la pieza más importante, el pueblo. En democracia el pueblo tiene el poder, o por lo menos tiene la posibilidad de ejercerlo, y como tantas veces hemos oído, todo poder conlleva una responsabilidad. Y no, el pueblo no pedía reformas, el pueblo estaba tan contento con la burbuja inmobiliaria que elegiría antes a alguien que la potenciara que a quien no, aunque éste fuera un corrupto, saldría a la calle a manifestarse a su favor. El pueblo no sabía que era lo mejor para el país, que las viviendas estaban sobrevaloradas y que esa burbuja acabaría estallando, y por eso actuaba de esa manera. Tenían la posibilidad de leer lo que decía un importante organismo económico lo bastante independiente como para mostrar el peligro hacia el que caminabamos, como era el Banco de Espña, pero me imagino que si el pueblo le escuchara, ostentando así un mayor poder, dejaría de ser independiente y fiable.

    El que resuelva el problema de la “ignorancia racional” en política merecerá ser idolotrado. Mientras seamos ignorantes, ¿como van a tomar buenas decisiones nuestros políticos?.

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