Abusos a menores y olvidos

Gracias a mi compañero Jorge Barraza he podido conocer éste artículo de El País sobre los traumas que provoca el abuso de niños, sobre el mecanismo de “borrado de recuerdos” y etc. Vamos a comentar algunas cosas del tema.

-El hecho de que las víctimas de algún tipo de abuso tiendan a modificar los recuerdos de lo ocurrido no es algo anormal. Mejor dicho, forma parte de la normalidad el que borremos o modifiquemos nuestros recuerdos para que lo que se queda en el disco duro cerebral sea bastante más agradable/menos horrible que lo que en principio era. Repito, esto lo hacemos la inmensa mayoría de gente sin trastornos mentales, no es algo propio de la gente que pasa por algo especialmente traumático.

- La mayoría de abusos a niños por parte de adultos no son percibidos por los pequeños como abusos o como algo invasivo. La penetración o el sexo oral es raro estadísticamente, el mayor porcentaje de casos de abusos consisten en tocamientos. El artículo de El País describe bastante bien esto: los niños no interpretan esos tocamientos por parte del adulto como algo desagradable, lo toman como un juego o como algo inocuo (lo más frecuente es que estos abusos se realicen mientras se les baña). ¿Por qué? En niños de menor edad, porque aún sus mecanismos cognitivos no son tan complejos como para abarcar los temas sexuales como lo hacemos los adultos. El niño normalmente no procesa ni almacena en términos de agresión aquello que le pasa: no tiene el término “agresión sexual” en el diccionario o no puede entenderlo. ¿Cuándo surge el problema? Cuando a una determinada edad ya adquiere la comprensión de lo que es el sexo (de un modo u otro termina pasando). Entonces si se acuerda (no tiene porqué, al igual que otros muchos recuerdos que no tiene codificado en su memoria ni como buenos ni como malos) el recuerdo adquiere un valor doloroso y traumático.

Si el niño es un poco mayor, lo sabe desde el principio y no hay engaño ni olvido. Puede haber casos de “borrado” de recuerdos. En principio el niño no lo procesa ni almacena como algo “malo”, así que puede ser más posible que si no es muy continuado ni se acuerde de mayor. El problema es cuando estos abusos se prolongan mucho en el tiempo (o si es un abuso muy espectacular, del tipo sexo oral, anal o etc), haciendo que sea más probable que con más años el niño se acuerde. El “borrado por trauma” puede pasar, claro (más común cuando el sujeto ya procesa esa información como desagradable), pero es más común la explicación mencionada que implica maduración neurológica y mecanismos cognitivos.

-Es normal entre los pedófilos que constituyen movimientos por la “normalización” de su trastorno el apoyarse en cosas como las que acabo de decir para argumentar que los niños no lo ven mal. No puede compararse a un niño, con su desarrollo neuronal aún en marcha, con un adulto con su cerebro desarollado y bastante más conciencia de lo que se hace. Lo normal es que los que han sido tocados (o cosas peores) y se acuerdan de ello no lo interpreten como algo neutral cuando son adultos, se hagan campañas contra la pedofilia o vivas en un país con mojigatería institucionalizada. Será traumático, doloroso y humillante en la mayor parte de los casos: es en este momento en el que aparecerán la depresión, los trastornos de estrés postraumático, etc. Vamos, que es aprovecharse de alguien que no entiende nada del asunto ni tiene muchos medios para defenderse.

-El editorial del ABC sobre el tema de los abusos a menores dentro de la iglesia católica es especialmente triste:

Diariamente se conocen casos de abusos a menores en los ámbitos más diversos (colegios, campamentos, gimnasios) y por personas que no están sometidas a celibato. Sólo una parte mínima se atribuye a sacerdotes o religiosos católicos. Esto no disculpa, en absoluto, la pasividad de ciertos prelados, que no actuaron decididamente contra los autores de los abusos. Pero a quienes reclaman que, en todo caso, se aplique el rigor de las leyes, deberían recordar que incluso las legislaciones civiles son conscientes del daño añadido que puede sufrir la víctima de violencia sexual con la recreación del crimen en un proceso penal. Aun así, la transparencia informativa, la denuncia de los pederastas ante la justicia civil y el amparo a las víctimas deben ser en lo sucesivo la guía de los obispos contra la pederastia. De esta forma, la Iglesia aparecerá de nuevo como la única institución comprometida incondicionalmente con el servicio al hombre.

Lo que más ayuda a cualquier víctima de violación, abuso, terrorismo o demás actos traumáticos es que el responsable de su sufrimiento pase por el banquillo y sea condenado. La recuperación psicológica de quienes sufren abuso en su infancia y su abusador nunca es llevado a juicio es muchísimo más difícil. A pesar de lo doloroso que suele ser revivir delante de tanta gente extraña cosas tan íntimas y humillantes, es mucho más fácil que el sujeto pueda superarlo si hay juicio contra el pederasta y/o pedófilo. Aunque el editorial recomiende a los obispos cumplir la ley (¡bravo! ¡viva!) denunciando los casos de pederastia que conozca, la excusa con espíritu equidistaní del “posible daño a las víctimas si hay juicio” es muy vergonzosa: sumando y restando es mejor que haya juicio, también para la salud mental de las víctimas.

ACLARACIÓN QUE NO SERÍA NECESARIA EN UN MUNDO CON ESCASEZ DE TROLLS, PERO QUE TENIENDO LO QUE TENEMOS ES NECESARIO PONER: La pederastia es un delito, y como tal tiene que ser perseguido por la ley. Los pedófilos deben ser tratados, ya que tienen un trastorno mental. No son “normales”, ni “incomprendidos” ni nada parecido. Uno de los muchos objetivos de cualquier país civilizado es combatir y erradicar la pedofilia y pederastia.

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