“Dadme una docena de niños sanos,
bien formados, para que los eduque, y yo me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo que yo pueda escoger -médico, abogado, artista, hombre de negocios e incluso mendigo o ladrón- prescindiendo de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados”
La cita es de J.B.Watson, padre de la escuela conductista en Psicología. Un representante claro de la Tabla Rasa, concepto abandonado por las corrientes mayoritarias de la Psicología (incluso el mismo conductismo) hará en torno a 30-40 años. En resumen: la idea principal era buena (la gente cambia su conducta por recompensas y castigos), pero el extremo no (me paso por el forro la Biología, la Historia, la Sociología, etc.). ¿Resultado? Ningún psicólogo o psiquiatra que publiquen en revistas serias sostiene este tipo de cosas.
Pero, por lo que leo, es muy posible que Watson se haya reencarnado en Roger.
Las reformas son necesarias y han de ser radicales. Vivíamos del humo. Será doloroso. Hay que ser pragmáticos. Etc. Etc. Etc. De acuerdo. Pero se está cometiendo, al hablar del tema, el mismo error que ya cometieron los otros “neo”: creer, por ejemplo, que la forma de hacer política del Partido Republicano de los EEUU (ver Libertad Digital) podía tener el mismo éxito aquí. Creer que un sistema dado de refuerzos y castigos funciona en igual en todos los seres humanos está más que apartado de la Psicología o la Psiquiatría. Eso es un error histórico, grandísimo y más que documentado desde hace décadas, ya que nos gusta hablar de épocas pasadas, como el franquismo. Y también ya que nos gusta empezar con el habitual carrusel de acusar de socialtraición a los izquierdistas que no están de acuerdo con nosotros cuando nos enfadamos.
Los cambios son posibles. Hay que reforzar algunas conductas y castigar otras, cosa que suele funcionar. No estamos destinados a ser un pozo de paro. Hay cosas que serán más fáciles de implantar y otras serán muy difíciles, y otras que funcionan fuera aquí no lo harán.
Cometer errores que deberían estar desterrados de las ciencias sociales de por vida es lo último que hace falta para defender reformas radicales que son necesarias, dolorosas y difíciles de explicar a una ciudadanía que lleva más de una década con los mismos sueldos y con los precios de las cosas al alza, con la creciente sensación de que pagan los platos rotos por banqueros y ricos variados (si tienen esa sensación…¿es irracional que se opongan?).
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No es esa la cuestión. El sistema de incentivos no siempre funciona, pero los que no se adapten a él simplemente pierden, dejan de tener poder (en el sentido sociológico de la palabra) y sus ideas fracasadas van al cubo de los desperdicios. ¿O quién iba a decir que la Iglesia Católica se iba a quedar prácticamente sin clientes en España en menos de cuarenta años?
Desde luego, algunas disfuncionalidades y agentes disfuncionales pueden sobrevivir si el sistema de incentivos es perverso, pero si esto sucede de forma sistemática entonces es la sociedad en cuestión la que se va a tomar por culo o es absorbida por otra más eficiente.
Yo tampoco termino de ver dónde le ves el tablarasismo a Roger.
Si resulta que hay una estructura institucional/legal que fomenta una determinada cosa que observas, sugerir que se debe a ello no es “obviar todo lo demás”. Por descontado que uno debe contar con otros condicionantes, pero coño, si ves que el paciente no tiene ojos, no vas a atribuir la ceguera a causas neuronales.
Lo dije en otro post dónde salió el tema, el problema con lo de “Spain is different” es que en general es como un argumento universal de barra de bar para rechazar cualquier iniciativa de cambio, cuando en resultado. España es distinta, al menos en parte, porque hemos hecho que sea distinta e intentar cambiarla implica tomar alguna decisión.