¿No lo entiendes? ¡éramos como Zapatero!

Ahora parece que no, pero mucha gente apoyó muchas de las políticas de Zapatero. Incluso mucha gente le votó.

Al mismo Zapatero del que todos los izquierdistas, ahora, renegamos. Los más invocan una traición de Zapatero a los ideales izquierdistas. Dentro de este grupo están los que vieron tal traición el día en que tuvo que tocar las pensiones, subir la edad de la jubilación y demás. Otros de este mismo grupo sitúan la traición antes, cuando lo de las SICAV. El grupo que habla de la socialtraición de Zapatero es mayoritario: Zapatero no era de izquierdas. La situación actual, en la cual cada día parece la antesala al apocalipsis, no tiene nada que ver con ningún proyecto izquierdoso pues. El eterno retorno del clásico “lo que había en la URSS no era socialismo” y del Mundo de las Ideas bello e inalterable.

Como respuesta a ésto tenemos otro grupo, minoritario, al cual aprecio más, para el cual Zapatero ha sido una especie de izquierdista salido de los años 80, máximo representante de algo llamado “la Izquierda Reaccionaria“, la cual lleva dominando el panorama político izquierdista 30 años (aunque nos hayamos dado cuenta ayer: son cosas que pasan). El hecho de que cosas como las ETT´s, las empresas privadas de seguridad o la privatización de empresas públicas hayan salido adelante o hayan prosperado durante ese tiempo no parece relevante al respecto. Todos los apoyos políticos que hemos dado a Zapatero en más de una y dos ocasiones quedan redimidos así.

En el fondo, por más que no queramos o no nos apetezca, detrás de todo este bello espectáculo está el tema de las culpas y responsabilidades de todo en lo que estamos metidos. El partido del gobierno los últimos ocho años, el PSOE, puede que no haya ocasionado la crisis mundial pero tiene una grave responsabilidad en tener el paro como lo tenemos. Ahora nos desayunamos todos los días con noticias de que la Educación en España es horrible, otro día con que nuestra productividad da risa, otro sobre la sostenibilidad de las pensiones y etc. Ahora a todos nos gusta mucho Nada es Gratis. Bravo. Y viva.

Pero yo no recuerdo muchos debates de ese tipo, pongamos, desde el año 2000 hasta el año 2008.

Es más, lo que yo recuerdo que nos ocupaba todo el rato el debate político eran peleas por la segunda guerra de Irak, peleas sobre orgullos-complejos nacionalistas (periféricos y centralistas), peleas sobre ETA, más sobre ETA, aún más sobre ETA y, finalmente, sobre las sucesivas “leyes sociales” de Zapatero (matrimonio homosexual, ley de igualdad, etc). Lo que tenía que ver con lo educativo, económico, laboral, energético o demás cosas que tanto nos angustian ahora durante una década apenas tuvieron protagonismo. Ni para izquierdas ni para derechas. Tuvimos cada uno nuestro tema recurrente favorito y ahí estuvimos, cada uno aportando nuestro pequeño grano de arena a entretenernos con lo que tocara…por que ya digo yo que el Caos Reptante que es la educación universitaria en España no viene de 2008 precisamente.

En toda esta bella e inútil pelea en el barro yo contribuí, a mi pequeña y ridícula escala, a gastar tiempo en ver si el PSOE rendía el estado a ETA o si un periodista ya casi olvidado que era locutor de la COPE era la nueva reencarnación de Hitler. Creo recordar que estabamos con ese tipo de trascendentales debates todo el maldito día. También recuerdo cuando un amigo encontró mi blog y me dijo “Pero…¿cuando vas a hablar de los sueldos de mierda que tenemos, macho?”. Mi amigo no estaba muy metido en la blogosfera política ni, vamos a ser sinceros, en los temas candentes del periodismo patrio. Pobre.

Usabamos todos aquellos temas para reírnos del PP y sus apoyos mediáticos. En el fondo era fácil: el conservadurismo patrio estaba aún recuperándose de la derrota de Rajoy, y se entregó a un conspiracionismo lamentable respecto al 11-M, además de negarse a cualquier reforma social de Zapatero. Pasabamos de economía, de educación, de la sostenibilidad del sistema de pensiones. Era ridículamente fácil hacer judo con el PP losantiano. En el fondo, y hablemos claro, el izquierdismo en España se dedicó a hacer oposición a la oposición. Porque era fácil, y porque lo hacía bien.

Y es por eso que Zapatero tuvo éxito.

No era un malvado conservador que iba de progre ni un trasnochado tatuador de caras de Vicenç Navarro. Era como la mayoría de nosotros, un fantástico representante de la izquierda real española. No muy preocupado de “cosas económicas”, educativas o laborales. Entusiasmado por los debates “sociales”, en los que el conservadurimo político y periodístico se arrinconaba solito en posiciones que en muchas ocasiones caían en lo antimoderno y antiliberal. Redentor de las injusticias pasadas y exageradamente idealista, pero despreocupado de las bases económicas del presente o de aquello viejo y pseudocomunista de la redistribución razonable de las ganancias.

Zapatero era como la mayoría de nosotros, los de izquierdas. Ésta es la horrible verdad que casi ningún izquierdista quiere admitir. Y esta forma de ser, este esquema de prioridades, ha contribuido de modo decisivo a meternos donde estamos. Ni más ni menos. Quizás Aznar o González no eran tan representativos de sus respectivos electores. Pero Zapatero, como en su momento Adolfo Suarez (como muy bien explica Javier Cercas en su fantástico libro), yo creo que sí.

Ahora podemos clamar a dioses inexistentes por la teórica traición de Zapatero a los sacrosantos ideales izquierdistas, claro. Pero sería engañarnos: nunca tuvo intención de meterse en berenjenales económicos trascendentales ni casi nadie desde la izquierda le presionó para meterse en ellos. La “socialtraición” no es más que el resto de países ricos castigándonos como si fueramos un adolescente que se dedica todo el día a jugar a la consola y pasa de formarse o trabajar. Aunque nosotros pasaramos de la realidad ésta seguía allí. ¿Cual era la alternativa realista? ¿decir a China, Estados Unidos o Francia que pasamos de sus amenazas, que estamos muy liados con las últimas declaraciones de gente de ERC o de la Conferencia Episcopal?

O podemos jugar a que nosotros llevamos años interesadísimos en el sistema de despidos “a lo austríaco” y a que Zapatero se ha vuelto de repente un radical infiltrado de Izquierda Castellana, por más que un presidente que hace desaparecer el Impuesto del Patrimonio, contribuye a “lo de las SICAV” o bajo cuyo mandato han florecido los conciertos educativos o sanitarios debería parecernos poco sospechoso de retrosocialismo.

Da igual. Podemos jugar a lo que queramos. Estamos todos entre deprimidos y enfadados. Sabemos, de modo consciente unos e inconsciente otros, la responsabilidad de la izquierda española en cómo está el país. Queremos tener la mínima responsabilidad posible, cada uno a su modo. Es muy duro sentirse partícipe del desastre actual, por más que haya posts, artículos o etc que prueben el apoyo que hemos dado al gobierno de Zapatero más de una y más de dos veces.

Para acabar, ocuparnos y dar importancia a temas como lo económico, lo educativo o lo sanitario debería ser una de las principales ideas de aquí en adelante. Hemos estado muchos años sesteando y liados con temas secundarios (o ni eso). Debemos motivarnos pensando que ese estar enredados en cosas secundarias ha contribuido a meternos donde estamos. Todo ésto siendo conscientes de lo grave que ha sido pero sin recluirnos a un monasterio a darnos latigazos (puede que fuera en muchos casos merecido, pero no es muy útil de cara al país).

9 Noviembre, 2011 por Raúl S. | 4 Comentarios »

De las carencias de la Psicología Evolucionista

Ésto lo he conocido vía Judas:

Evolutionary Psychology, Sociobiology, etc. These fields are largely bogus, and almost everyone associated with them, however tangentially, is a purveyor of poisonous bullshit. The modus operandi of evolutionary psychology is to take some observation about human behaviour (which is typically a statistical artifact of dubious significance), shear it of all cultural, historical, social and political context (other than the scientist’s own), and explain it as a necessary consequence of our genetic coding or hunter-gatherer past — typically in a way that endorses the scientist’s political and cultural assumptions. In fairness, skeptics like PZ Myers and Ben Goldacre regularly criticise the most obviously loony excesses of evolutionary psychology — but the methods and conclusions of celebrated friend o’skeptics Steven Pinker are just as bogus, and are seldom remarked upon. Perhaps because his politics are generally in line with the skeptic consensus.

Quizás no es tanto una buena descripción de lo que es la Psicología Evolucionista como tal, sino de su “popularización”. Gente como Pinker, autor del necesario “La Tabla Rasa“, ha contribuido mucho a que desde hace tiempo los aficionados a la Psicología Evolucionista crean que han encontrado la cuadratura del círculo y que pueden explicarlo todo con dos o tres conceptos. Es un fenómeno similar al ocurrido respecto a Edward O. Wilson (y que ya comentamos por aquí).

18 Octubre, 2011 por Raúl S. | Ningún comentario »

“Mientras duermes”: el “psicópata” realista

Mi amigo Luis me enlazó ésto por Facebook. Teniendo en cuenta la cantidad desmadrada de tópicos falsos respecto a la psicopatía no estaba mal, pero caía en algunos errores muy repetidos.

El cine, la literatura y la televisión han vendido al “psicópata” de un modo alejado a la realidad. “El Silencio de los Corderos” nos mostraba a un ser culto, inteligentísimo, con una intuición que rozaba la precognición. “Dexter” nos relata un “psicópata bueno”, que ejerce de “Justicia Divina” cuando la Justicia de los hombres no es del todo efectiva. “Seven” nos vuelve a traer a un inteligentísimo “psicópata” que tiene todo perfectamente calculado, con un plan detallado y complejísimo.

La mayor parte de los psicópatas reales no son genios intelectualmente. No destacan por su brillantez o por sus planes elaborados. Tampoco parece que reaccionen a ningún tratamiento o intento de modificación de conducta, aún con fármacos. El mayor experto del tema, Robert Hare, más de una vez ha comentado que es muy posible que lo que popularmente se conoce como “psicopatía” no sea un trastorno mental…

Este post es un aplauso a una película española, “Mientras duermes“, de Jaume Balagueró. Primero, por hacer una película estupenda, inquietante y escalofriante. El tercio final de la película deja una sensación de horror e incomodidad como pocas han conseguido crearme. Pero sobre todo por poner en pantalla a un “psicópata” realista.

Durante toda la película estamos en la nuca, el hombro o junto a César, el protagonista, un portero de un portal de apartamentos. Alguien vergonzosamente vulgar, intelectualmente corriente, nada seductor, con un trabajo que es poca cosa, alguien gris…exactamente como son la mayoría de psicópatas. No hay explicaciones de su comportamiento por traumas infantiles o abusos sexuales o falta de cariño, ya que el psicópata no parece depender de una infancia feliz o desestructurada, de la riqueza o de la pobreza.

Es alguien cuya motivación en la vida es, sencillamente, borrar la sonrisa de una niña pija, alegre y sonriente que parece tener todo fácil. Su plan es vergonzosamente simple, trufado de errores y meteduras de pata, lo cual le aleja del atractivo de los genios malvados. La película nos pone al lado de César, no en el lado de la víctima, sino en el del agresor, manipulándonos para que odiemos a la niña pija sonriente, al odioso vecino obsesionado con los horarios, a la niña repelente que se cree muy lista…para luego dejarnos caer, en el último tramo de la película, por un despeñadero de desolación e inquietud.

Porque en ese punto quedará claro algo terrible y real. Los psicópatas son el 1% de la población, y casi todos hemos tenido contacto con al menos uno de ellos. Lo normal es que no asesinen ni violen, pero también es normal que dejen tras de sí, entre sus compañeros de clase, de trabajo o en su familia, una lista de depresiones, traumas y/o ruinas económicas. Gente normal, sin grandes dotes intelectuales, con trabajos normales, que van a bares baratos como casi todos, que van en metro. Es gente real. Es gente que no busca dañar para obtener algo, su violencia no es instrumental. César es parte de esa gente que, como decía Alfred en El Caballero Oscuro, “no buscan nada lógico, como dinero. No puedes comprarlos, intimidarlos, convencerlos, ni negociar con ellos. Hay hombres que solo quieren ver arder el mundo“.

Pocas películas o series han conseguido trasladar las motivaciones y el discurso de un psicópata medio como esta película. La mayoría, como Dexter o Seven, han caído en romanticismos vergonzosos o una admiración encubierta por unas capacidades aumentadas que en la realidad no existen, cuando no en las más burdas mentiras (el orígen de Dexter: es imposible “re-educar” a un psicópata) que contribuyen a lo anteriormente dicho. Esta película no es así. Al acabar de verla es casi imposible echar mano del romanticismo o de la admiración encubierta hacia el protagonista. Lo crudo del horror desnudo del final lo impide.

Mientras duermes” es, por todo ésto, más que recomendable.

18 Octubre, 2011 por Raúl S. | 4 Comentarios »

La culpa de la crisis: hay que decidirse

Copio aquí el comentario que he dejado en cá Roger respecto al reparto de culpas en la crisis:

Ya que hablamos de culpas y demás, tendremos que decidirnos.

O las personas actúan en un mundo en el que sólo hay estímulos y respuestas (y entonces no les podemos pedir grandes responsabilidades) o creemos que por las razones x las personas tienen alguna posibilidad de decisión y les podemos pedir cuentas.

Da igual la opción que nos guste más: en todo caso tiene que afectar tanto a la masa asalariada como a banqueros, políticos y etc.

No tiene sentido vender que sólo los banqueros, políticos, etc son responsables de ésto, salvando el culo al asalariado medio que era inocente y virginal, pero tampoco lo contrario: vender que estamos aquí únicamente por el currito medio que no sabía de macroeconomía, pero que banqueros, políticos y demás sólo respondían a los estímulos que flotaban en su ambiente, siendo injusta cualquier acusación contra ellos.

Hay que decidirse. En la línea de los que estamos por aquí, me parece bien recordar a la gente que no protestó cuando las cosas fueron “bien” (nótense las comillas), ni hubo protestas por el ladrillazo ni nos interesaba otra cosa que no fuera la ETA, los catalanes ladrones/los madrileños opresores. Hasta ahí, bien.

Pero del mismo modo las élites gobernantes del país también tienen que mucho de lo que responder. Políticos, sindicatos, patronal, el gremio periodístico, etc. No vamos a recordar ahora cómo se vendió que el modelo del ladrillazo aquí, o el triunfalismo idiota del “España va bien” o “España está en la Champions League económica”, aplaudida por sus respectivos sectores mediáticos. Todo eso caló entre la gente: millones de personas se pensaron que podían hipotecarse hasta las cejas 40 años. Esas millones de decisiones no se tomaron en un vacio ambiental o político.

Sí, responsables y mayorcitos eran, pero los que promovieron aquello y lo vendieron como un modelo de crecimiento aplaudible (y se forraron con ello) también.

Quien crea que banqueros, políticos y sindicatos no podían hacer otra cosa tendrá que aplicar la misma regla al resto del país. Yo creo que sí podían haber actuado de otro modo, y por eso las críticas a ellos me parecen que deben integrarse en el reparto de culpas que deben hacerse extensibles al votante medio.

Lo cual, y eso no lo he puesto, no quiere decir que todo el mundo haya tenido la misma responsabilidad, claro.

19 Junio, 2011 por Raúl S. | 5 Comentarios »

De la necesaria impureza de la política

Fragmento (algo largo) de “Las Manos Sucias”, de Sartre. En los días en los que estamos es, creo, recomendable.

Jessica: ¡Hugo, me lo prometiste! (A Hoederer) Dice que es usted un socialtraidor.

Hoederer:
¡Un socialtraidor! ¡Nada menos que eso!

Jessica: Objetivamente. Dijo: objetivamente.

Hoederer: Está bien. Bueno, muchacho, dime qué es lo que te atormenta, ya que no es posible impedirlo. Debo arreglar este asunto antes de ir a acostarme. ¿Por qué soy yo un traidor?

Hugo: Porque no tiene derecho a arrastrar al Partido a sus componendas.

Hoederer: ¿Por qué no?

Hugo: Es una organización revolucionaria y va usted a convertirla en un partido de gobierno.

Hoederer: Los partidos revolucionarios están hechos para tomar el poder.

Hugo: Para tomarlo. Sí. Para apoderarse de él por las armas. No para comprarlo con un chalaneo.

Hoederer: ¿Echas de menos la sangre? Lo siento, pero deberías saber que no podemos imponernos por la fuerza. En caso de guerra civil el Pentágono cuenta con las armas y con los jefes militares. Serviría para encuadrar a las tropas contrarrevolucionarias.

Hugo: ¿Quién habla de guerra civil? Hoederer, no le comprendo; bastaría un poco de paciencia. Usted mismo lo dijo: el Ejército Rojo echará al Regente y tendremos el poder para nosotros solos.

Hoederer: ¿Y cómo haremos para conservarlo? (Una pausa). Te aseguro que cuando el Ejército Rojo haya franqueado nuestras fronteras pasaremos momentos muy duros.

Hugo: El Ejército Rojo…

Hoederer: Sí, sí. Lo sé. Yo también lo espero. Y con impaciencia. Pero tienes que saber que todos los ejércitos en guerra, libertadores o no, se parecen: viven del país ocupado. Nuestros campesinos detestarán a los rusos, es fatal; ¿y tú crees que nos querrán a nosotros, impuestos por los rusos? Nos llamarán el partido del extranjero, o quizá algo peor. El Pentágono volverá a la clandestinidad, y ni siquiera necesitará cambiar sus slogans…

Hugo: El Pentágono…

Hoederer: Y además hay otra cosa: el país está arruinado; hasta es posible que sirva de campo de batalla. Cualquiera que sea el gobierno que suceda al del Regente, deberá tomar medidas terribles que lo harán odioso. Al día siguiente de la partida del Ejército Rojo nos barrería una insurrección.

Hugo: Una insurrección puede dominarse. Instauraremos un órden férreo.

Hoederer: ¿Un órden férreo? ¿con qué? Aun después de la Revolución, el proletariado será el más débil, y por mucho tiempo. ¡Un órden férreo! ¿con un partido burgués que se dedicará al sabotaje y una población campesina que quemará las cosechas para matarnos de hambre?

Hugo: ¿Y qué? El partido bolchevique también las pasó moradas en el 17.

Hoederer: No fue impuesto por el extranjero. Ahora escucha, muchacho, y trata de comprender. Tomaremos el poder con los liberales de Karsky y los conservadores del Regente. Nada de follones, nada de ruptura: la Unión Nacional. Nadie podrá acusarnos de haber sido catapultados al poder por el extranjero. He pedido la mitad de los votos en el Comité de Resistencia, pero no haré la tontería de pedir la mitad de carteras. Una minoría, eso es lo que debemos ser. Una minoría que deje a los otros partidos la responsabilidad de las medidas impopulares y que se gane a la población haciendo oposición en el interior del gobierno. Estarán acorralados: dentro de dos años verás la quiebra de la política liberal y el país entero nos pedirá que intentemos nuestra experiencia.

Hugo: Y en ese momento el Partido estará jodido.

Hoederer: ¿Jodido? ¿por qué?

Hugo: El Partido tiene un programa: la realización de una economía socialista, y un medio: la utilización de la lucha de clases. Usted va a servirse de él para hacer una política de colaboración de clases en el marco de una economía capitalista. Durante años usted mentirá, usará de astucias, se andará con rodeos, irá de un compromiso a otro; defenderá frente a sus camaradas medidas reaccionarias tomadas por un gobierno del que usted formará parte. Nadie comprenderá: los duros nos abandonarán, los otros perderán la cultura política que acaban de adquirir. Estaremos contaminados , ablandados, desorientados; nos convertiremos en reformistas y en nacionalistas; para terminar, los partidos burgueses sólo tendrán que tomarse la molestia de liquidarnos. ¡Hoederer! Este Partido es el suyo, usted no puede haber olvidado el trabajo que le ha costado forjarlo, los sacrificios que hubo que pedir, la disciplina que hubo que imponer. Se lo suplico, no lo sacrifique con sus propias manos.

Hoederer: ¡Qué verborrea! Si no quieres correr riesgos, no debes de hacer política.

Hugo: No quiero correr esos riesgos.

Hoederer: Muy bien; entonces, ¿cómo conservar el poder?

Hugo: ¿Por qué tomarlo?

Hoederer: ¿Estás loco? ¿Un ejército socialista va a ocupar el país y vas a dejarle marcharse sin aprovechar su ayuda? Es una ocasión que no volverá a presentarse nunca más: te repito que no somos suficientemente fuertes para hacer solos la Revolución.

Hugo: No se debe tomar el poder a ese precio.

Hoederer: ¿Qué quieres hacer del Partido? ¿Una cuadra de caballos de carreras? ¿De qué sirve afilar un cuchillo todos los días si jamás lo usas para cortar? Un Partido nunca es sino un medio. Sólo hay un fin: el poder.

Hugo: Sólo hay un fin: conseguir el triunfo de nuestras ideas, de todas nuestras ideas y sólo de ellas.

Hoederer: Es cierto, tú tienes ideas. Ya se te pasará.

Hugo: ¿Cree usted que soy el único que las tiene? ¿no murieron por las ideas los compañeros que cayeron víctimas de la policía del Regente? ¿cree que no los traicionamos si usamos el Partido para sacarles las castañas del fuego a sus asesinos?

Hoederer: A mí no me importan los muertos. Han muerto por el Partido y el Partido puede decidir lo que quiera. Yo hago política de vivos, y para los vivos.

Hugo: ¿Y usted cree que los vivos aceptarán sus componendas?

Hoederer: Se las has haremos tragar poquito a poco.

Hugo: ¿Mintiéndoles?

Hoederer: Mintiéndoles a veces.

Hugo: ¡Usted…usted que parece tan real, tan de verdad, tan sólido! No es posible que acepte mentir a los camaradas.

Hoederer: ¿Por qué? Estamos en guerra y no es costumbre tener al soldado hora por hora al corriente de las operaciones.

Hugo: Hoederer, yo…yo sé mejor que usted lo que es la mentira; en casa de mi padretodo el mundo mentía. Empecé a respirar cuando entré en el Partido. Por vez primera he visto hombres que no mentían a los otros hombres. Cada uno podía tener confianza en todos y todos en cada uno; el militante más humilde sentía que las órdenes de los dirigentesle revelaban su voluntad profunda y si las cosas venían mal dadas, uno sabía por qué aceptaba morir. No irá usted a…

Hoederer: ¿Pero de qué estás hablando?

Hugo: De nuestro Partido.

Hoederer: ¿De nuestro Partido? Siempre se ha mentido un poco en el Partido. Como en todas partes. Y tú, Hugo, ¿estás seguro de que nunca te has mentido, de que no has mentido nunca, de que no estás mintiendo ahora mismo?

Hugo: Nunca he mentido a los camaradas. Yo…¿de qué sirve luchar por la liberación de los hombres si se los desprecia lo suficiente como para engañarles?

Hoederer: Mentiré cuando haga falta y no desprecio a nadie. La mentira no la he inventado yo: nació en una sociedad dividida en clases y cada uno de nosotros la heredó al nacer. No aboliremos la mentira negándonos a mentir, sino empleando todos los medios para suprimir las clases.

Hugo: No todos los medios son buenos.

Hoederer: Todos los medios son buenos cuando son eficaces.

Hugo: Entonces, ¿con qué derecho condena usted la política del Regente? Él declaró la guerra a la URSS porque era el medio más eficaz de salvaguardar la independencia nacional.

Hoederer: ¿Pero crees tú que yo la condeno? Él hizo lo que cualquier tipo de su casta hubiera hecho en su lugar. Nosotros no luchamos ni contra hombres ni contra una política, sino contra la clase que produce esa política y esos hombres.

Hugo: Y el mejor medio que ha encontrado usted para luchar contra ella…¿es ofrecerle compartir el poder con usted?

Hoederer: Exactamente. Hoy es el mejor medio. (Una pausa) ¡Qué importancia le das a la pureza, chico! ¡Qué miedo tienes de ensuciarte las manos! ¡Bueno, pues sigue siendo puro! ¿A quién le servirá y para qué estás con nosotros? La pureza es una idea de fakir y de monje. A vosotros los intelectuales, los anarquistas burgueses, os sirve como pretexto para no hacer nada. No hacer nada, permanecer inmóviles, apretar los codos contra el cuerpo, usar guantes. Yo tengo las manos sucias. Sucias de mierda y de sangre hasta los codos. ¿Y qué? ¿te imaginas que se puede gobernar inocentemente? (…) Hiijo mío, hay un malentendido: yo conozco a los camaradas del Partido que no están de acuerdo con mi política y puedo decirte que son de mi especie, no de la tuya, y no tardarás en descubrirlo. Si han desaprobado estas negociaciones es simplemente porque las juzgan inoportunas; en otras circunstancias serían los primeros en iniciarlas. Tú, en cambio, haces de ésto una cuestión de principios.

Hugo: ¿Quién ha hablado aquí de principios?

Hoederer: ¿No lo conviertes en cuestión de principios? Bueno. Entonces esto ha de convencerte: si tratamos con el Regente, él parará la guerra, y las tropas lirias esperarán amablemente a que los rusos vengan a desarmarlas; si rompemos las negociaciones, el Regente sabrá que está perdido y luchará como un perro rabioso; cientos de miles de hombres perderán la vida. ¿Qué dices a ésto? (Un silencio) ¿Eh? ¿Qué me dices? ¿Puedes tú suprimir a cien mil hombres de un plumazo?

Hugo: La Revolución no se hace con flores. Si han de caer para que…

Hoederer: ¿Sí?

Hugo: ¡Pues bien, tanto peor?

Hoederer: ¿Lo ves? ¡Ya lo ves! Tú no quieres a los hombres, Hugo. Tú sólo amas los principios.

Hugo: ¿A los hombres? ¿y por qué había de quererlos? ¿acaso me quieren ellos a mí?

Hoederer: Entonces, ¿por qué viniste con nosotros? El que no quiere a los hombres no puede luchar por ellos.

Hugo: Entré en el Partido porque su causa es justa y saldré cuado cese de serlo. En cuanto a los hombres, lo que me interesa no es lo que son, sino lo que pueden llegar a ser.

Hoederer: Y yo los quiero por lo que son. Con todas sus porquerías y todos sus vicios. Quiero sus voces y sus manos calientes, y su piel, la más desnuda de todas las pieles, y su mirada inquieta y la lucha desesperada que cada uno a su vez riñe con la muerte y con la angustia. Para mi sí cuenta un hombre de más o de menos en el mundo. Es muy valioso. A ti te conozco bien, chico, eres un destructor. Detestas a los hombres porque te detestas a ti mismo; tu pureza se parece a la muerte, y la Revolución con la que sueñas no es la nuestra; tú no quieres cambiar el mundo, quieres destruirlo.

Efectivamente, no todos los medios son buenos sólo por ser eficaces, pero, a pesar de eso, el trasfondo y el mundo que puede traer Hoederer es inmensamente mejor que el que puede traer Hugo. Da igual, la política es impura, sus gobernantes no tienen las manos limpias y traicionan ideales. No es un defecto. Es que tiene que ser así, no puede ser de otro modo. La alternativa, la ausencia de política, es el totalitarismo.

P.D.: Sin ser el mejor libro del mundo, es uno de mis favoritos por este tonto fragmento.

17 Junio, 2011 por Raúl S. | 3 Comentarios »

PP madrileño über alles (I): nuestros amigos del PSM

La democracia en Madrid es un deporte en el que se presentan varios partidos políticos y al final siempre gana el PP. Las opiniones sobre el porqué de ésto son de lo más variado. Quiero decir, en las gentes de izquierdas: las gentes de derechas están ampliamente satisfechas de la gestión del PP aquí.

Los hay que lloran amargamente por un predominio mediático conservador. Los hay que hablan de una capacidad sobrehumana de Esperanza Aguirre para mentir, engañar e hipnotizar a la ciudadanía. Los hay que hablan del Villarato. Algo de todo esto puede haber, o no, pero las claves de este bello deporte del que hemos empezado a hablar en este post van, creo, por otras partes. A ello dedicaremos esfuerzos y tiempo libre sustraídos de jugar al Mortal Kombat de la XBOX360, como hacemos los intelectuales de la izquierda pacifista y pactista en la práctica pero violenta y camorrista desde la barrera. Hoy, la primera y bella parte. Las siguientes ya veremos cuando.

Se rumorea que, en algún oscuro sitio de la jungla de Madrid, se oculta un partido político llamado Partido Socialista. Ausentes durante meses y meses en cabañas de bambú, cuando empieza el run-run de las tambores de las elecciones desde el PSOE mandan un avión y salta en paracaídas el candidato para Madrid. Curiosamente cuando aterriza en la jungla madrileña los indígenas piensan que es un extranjero que viene a robarles el bocata de calamares o que el PSOE se toma a Madrid bastante a coña. Incomprensible. También puede contribuir el que los elegidos al salto no suelen ser precisamente Rambo o Solid Snake. Hemos tenido desde gente incapaz de ganar un debate a un niño mayor de 7 años a la que hemos lanzado a esa bestia política que es Gallardón, confiados con que entre primos la cosa no sería muy violenta, hasta Lissavetzky, cuyo historial en una secretaría de estado es el que es y cuyo cartel evocaba esa búsqueda de tantos hombres maduros en pro del amor retribuido. Que sí, que esta última coña la he oído muchas veces (con otras palabras) en el intercambiador de Príncipe Pío a gente al ver el cartel, que no soy sólo yo.

Una vez el candidato se ha llevado una buena golpiza, le hacemos Ministro o algún castigo similar por empeorar por enésima vez los resultados del partido (nota: llevad a las elecciones una medida similar: “cuando un empleado bata un record negativo en resultados se le ascenderá”. Os votaría más gente, amigos del PSOE) y vamos pensando a ver a quien lanzamos en avión dentro de cuatro años, mientras el PP refuerza un poco las defensas antiaéreas para matar al próximo de modo más devastador, si cabe.

Lo de dejar a alguno de ellos liderar el PSM es como tener al mismo entrenador dos años en el Real Madrid: o es Mourinho o es Del Bosque. Vamos, que si no llegas y ganas algo contra todo pronóstico (y con algo de coña: vean vds. la final de la última Copa del Rey) como que no. Además, la hinchada pide a otro, aunque sea irracional que un proyecto político, deportivo (el Real Madrid) o político-deportivo (el PSM) cambie de líder a cada estornudo. Y así tenemos al PSOE, con su cuatrianual toma de decisión consistente en una diana con fotos de posibles paracaidistas y un dardo rojo lanzado por una temblorosa pero esperanzada mano, a ver si esta vez Esperanza Aguirre y Gallardón no baten su último record en votos o, al menos, que un tercio de los votantes sepa identificar viendo la foto al candidato del PSM, lo que pille más fácil/sea más barato.

Por todo esto y algunas cosas más, entre ellas la clásica asociación “PSOE = partido que estrangula a los madrileños mientras pacta con la ETA y da nuestros leuros a los catalufos” que tanto éxito tiene por aquí, el PSOE despierta poquísimo entusiasmo. Yo les recomendaría hablar más de la ETA, de los separatistas y dejar claro que no son un partido anti-madrileño. Sin eso ya pueden legítimamente hartarse a decir que el PP madrileño ha cometido desastres en Sanidad, Educación o en la santísima economía, que casi nadie les va a oír. Son el enemigo, conio, y lo sabemos todos los de la jungla madrileña. Mirad cómo el PP de Cataluña ha sabido desprenderse de esa imágen de Enemigo del Pueblo que tenían, llegando la mísmisima Soraya a quejarse de que la malvada Meseta no daba suficientes euros a los pobres pobres trenes catalanes. Ese es el mínimo (vender que el Partido Socialista no es enemigo de los indígenas madrileños), pero luego, claro, hay mucho más, como conseguir, por ejemplo, que te voten.

Y los que votan en la capital del Imperio lo tienen claro: ¡más PP!. Al final los muy fascistas se hacen con el poder por el muy nazista método de conseguir convencer a más gente para que les voten. Sí, sí, a esos niveles llega su maldad antidemocrática. A ver si Amnistía Internacional dice algo y se deja de chorradas de lapidaciones o demás. Mientras tanto, la izquierda madrileña, pobre y sola, tiene el consuelo de que la razón está de su parte y que la gente no se rebela por tontaca, engañada por Telemadrid (a pesar de que uno de los méritos de Aguirre es conseguir que desde su primer mandato Telemadrid poco a poco la viera cada vez menos gente, y sospecho que de esos pocos la mitad lo hacemos para reírnos) o por los superpoderes propios de un Primigenio de Esperanza Aguirre.

Y no será por no haberlo intentado por varios medios, a saber: no votar, no participar políticamente en nada pero quejarse amargamente o, y esta es la novedad, aprovechando el legítimo cabreo de la juventud con el desastre actual terminar montando una terapia de autoayuda grupal a gran escala en medio de la capital del Imperio. Lo de votar, afiliarse a partidos, montar otros nuevos, crear organizaciones, montar manifestaciones/concentraciones por cosas tangibles o cosas irrelevantes y onanistas como montar blogs (lo de irrelevante y onanista no es ironía, por cierto) se estudiarán algún siglo de éstos. Tenemos tiempo. Ahora la gente se muere a los 80.

Pues no, señores. Hay razones por las cuales, aunque los rojos comefetos separatistas adoradores de Mourinho no queramos verlo mucho, Esperanza Aguirre está muy bien considerada en Madrid y el PP ha conseguido conquistar el corazón de la clase media alta y baja. Ni ignorancia ni Telemadrid ni niño muerto. Que sí, oigan, que sí, que incluso de gente apolítica o que se considera de izquierdas.

A ello iremos en los siguientes post, a adentrarnos por el río de la triste realidad hacia el Horror que queremos ignorar y del que esperamos sobrevivir. Kurtz-Aguirre no podrá con nosotros. O más bien sí, pero gracias a nuestro fracaso aspiraremos ser premiados con un ministerio, alcaldía o chollete de los pocos le queden ya al PSOE. Es triste robar pero más triste es pedir.

27 Mayo, 2011 por Raúl S. | 3 Comentarios »

El descontento no es de ayer

Democraciarealya es el primer éxito que al menos yo conozco en España de una movilización internetera que acaba en algo significativo políticamente: tener el protagonismo mediático en medio de una campaña electoral. Sin apoyo de ningún partido político, sindicato ni medio de comunicación estatal.

Las peleas en Facebook, Twitter y demás están divididas entre los que creen que esto es un canto al perroflautismo y los que ven el preludio de la nueva toma de la Bastilla. También hay conservadores sorprendidos de la ausencia de peticiones de recortes a la sanidad pública o similares. Sí, sí, de verdad. Esa gente existe. El cacao mental en este país no es patrimonio de ninguna ideología.

Rastreando un poco no sólo en las propuestas sino en las pancartas o gritos podemos ver algo obvio: esta gente es de izquierdas. Protestas por los privilegios, protestas por el excesivo poder de los bancos, por la impunidad del bipartidismo, por la falta de recursos públicos, por la privatización de cosas…seguro que hay gente que se sorprende, pero el cabreo mayoritario contra el PSOE no es por su “ofensiva laicista” o por comerse fetos crudos. El run-run mayoritario contra ellos va por el paro desmadrado y por la idea más que generalizada de que hace políticas económicas de derechas, materializadas en los recortes en las pensiones, recortes a las rentas altas y demás. Pero todo ésto no es de ayer, ni sólo es esto.

Volvamos a 2008, cuando bastantes periodistas y blogeros izquierdosos estaban extrañados. ¿Cómo el PP guiado espiritualmente por Jiménez Losantos estaba tan cerca en las encuestas del PSOE de Zapatero? ¡Si la economía crecía, incluso más que con Aznar! ¡el paro bajaba! ¡había hecho leyes sociales con gran apoyo social! ¡enfrente estaba una derecha gritona, paranoica, incivil y, en definitiva, malvada! ¿qué pasaba?

Aznar tuvo varias cosas buenas. Una de ellas, que durante su mandato bajaba el paro. Con empleo de mierda, sí. Con ladrillazo, sí. Con gente que acababa la primaria ganando el doble o triple que los que acabamos una carrera universitaria, sí. Pero menos paro. La solución a corto plazo fue buena (empleo de mierda es mejor que paro), pero se le subió a la cabeza del entonces gobierno y creyeron que no hacía falta hacer nada más. La realidad era que los sueldos estuvieron estancados una década y que nadie relevante políticamente parecía preocupado, aunque los precios se desmadraran.

Zapatero fue continuista en lo económico. Lo más celebrado fueron las ocurrencias que se sacaba en los debates del estado de la nación, cuando se sacaba de la chistera ayudas, descuentos fiscales y chucherías populistas. Sacó la Ley de Dependencia, algo importante, necesario e igualitario, sí. Pero la vida del día a día, los sueldos estancados, los precios al alza o la estructura del mercado laboral seguían en las mismas dinámicas, poco apreciadas, curiosísimamente, por la gente.

No sé, podría haberse dicho algo así como que la moderación salarial era necesaria en un modelo de crecimiento en que nuestra productividad era una mierda, y que el PSOE dejaba claro que los sueldos sólo podían subir con subidas de productividad, por lo que iban a reformar x, y, z para que esto fuera posible. “En otros países la gente gana más, y es por estas leyes y mecanismos, señores. Vamos a intentar adaptar lo que podamos. Que los sueldos sean los mismos que hace una década es inaceptable”, podrían haber dicho. O al menos haber tratado este tema, no sé.

Pero nada de eso pasó. Zapatero, como Aznar, se creyó el rey del milagro por conseguir bajar el paro mes tras mes vía ladrillazo. España iba bien, y luego estuvo en la Liga de Campeones económica. La prensa, los políticos, la ciudadanía y los blogeros estuvimos a otras cosas. A nadie le importaba la economía. Repito: a nadie. Tenían que haber sido los años de la Economía, pero fueron los años del Derecho: la ruptura de la Constitución, la ruptura de las instituciones por “los nacionalistas” (concepto que engloba a los periféricos pero no a los centralistas), Plan Ibarretxe, Estatuto de Cataluña, recursos a los tribunales, jueces estrella y los derechos inalienables del pueblo catalán, vasco, alcorconés, etc.

La economía tenía pies de barro, la educación universitaria era una fábrica de parados (muchos de los cuales insistían en que la “empresa debe estar fuera de la universidad”…ojalá en Psicología hubiéramos tenido más empresa metida allí). Nuestras peleas contra el Mal con barretina/txapela por un lado y nuestras obsesiones con Jiménez Losantos/la derecha extrema/la extrema derecha/extrema la derecha/derecha la extrema y demás combinaciones posibles para la denominación de El Mal por otro lo ocupaban casi todo, y apenas había espacio para nada más. De vez en cuando aparecía lo de la burbuja inmobiliaria o la inmigración. Poco más.

Claro que la gente no dio la mayoría absoluta a Zapatero en 2008. Es que lo que movilizó el voto en 2008 fue, de nuevo, el miedo al PP que parecía subido a la parra. Y eso llegaba a donde llegaba, porque el run-run de que en lo económico poco había cambiado respecto a la época de Aznar estaba ahí. Yo, al menos entre mis conocidos izquierdistas, detectaba cansancio por estar participando en un juego en el que lo más inmediato, el trabajo, cada vez valía menos y los precios iban a más, mientras en periódicos, radios o blogs estábamos en un mundo paralelo.

El descontento estaba ahí, pero el miedo al PP pudo con él. El importante trasvase de votos de IU y de los partidos políticos izquierdistas nacionalistas periféricos hacia el PSOE y sus motivaciones para ello hablan de por dónde fueron los tiros. El descontento actual, cuyo síntoma es el éxito de democraciarealya, viene de lejos. Los niveles de paro dignos del África subsahariana que sufrimos en España sólo han hecho aumentar y poner en primer plano con el tiempo lo que ya teníamos oculto entre otras muchas cosas apasionantes (¡¡¡España se rompe!!! ¡¡¡el fascismo avanza!!!). El día en que Zapatero, con el culo dolido por los azotes de China y EEUU, se presentó en el Congreso para anunciar recortes en las pensiones fue el día del despertar para muchos: la última línea roja había sido traspasada, y ya no se le perdonaría. Fue la puntilla a lo poco que ataba a mucha gente a Zapatero: la esperanza de que sin tocar nada “social” se saldría de esto.

Y aquí los que somos de izquierdas tenemos más responsabilidad. Estuvimos obsesionados con la oposición (el PP) y sus agitadores paranoides mediáticos en vez de pedir cuentas a Zapatero por su triunfalismo económico, su pasividad ante el desastre educativo, su pasotismo ante el estancamiento salarial o lo inalterable de la chapuza del mercado laboral, que trituraba a los más jóvenes. Debimos haber presionado para que la agenda mediática no estuviera copada por Carod-Rovira o Ibarretxe y sí por la redistribución económica, la mejora del estado de bienestar y el debate sobre cuales son los mejores métodos para conseguirlas.

No lo hicimos. Yo el primero, que tuve un pequeño blog, El Daño de Luzbel, en el que estuve muy entretenido en muchas otras cosas apasionantemente irrelevantes. Sí, me leían dos o tres personas, pero la ausencia, ignorancia y/o miedo al hablar de economía, la tendencia a buscar el cuerpo a cuerpo en polémicas idiotas sobre declaraciones idiotas o el entusiasmo por las chorradas de Jiménez Losantos estaban ahí. Eran síntomas de la izquierda blogosférica y también periodística. De vez en cuando lo recuerdo y me da vergüenza. Sí, vergüenza, hasta el punto de desentenderme de leer/oír/ver cosas relacionadas con la política unos cuantos días. Soy consciente de que a mi pequeñísima, ridícula y patética escala he contribuido al estado de cosas actual.

Como casi todo, se me pasará, pero aquí que cada uno se lo haga mirar y piense qué ha hecho mal. O no, allá cada uno, pero tengamos en cuenta algo: el Estado de Bienestar y las políticas de redistribución no vienen del aire ni son elementos innatos e inamovibles. Se tienen, primero, porque pueden pagarse y, segundo, porque decidimos pagarlos. Cuando no se ha hecho lo suficiente para que haya dinero para pagarlos y además hay poca voluntad de pagarlos pasa lo que pasará: Mariano Rajoy sacará la motosierra con el Estado de Bienestar cuando arrase en las próximas elecciones generales. Que nadie lo dude. Pero lo tenemos más que merecido. Que nadie tampoco lo dude lo más mínimo.

Por todo esto y más cosas, las protestas de democraciarealya no son irracionales, como dice Roger. No lo pueden ser con la que está cayendo, por más que bastante de lo que propongan parezca salido de alguien que por primera vez en su vida le da por pensar en los problemas del mundo, sin preguntarse si otros antes han pensado sobre ello. ¿Y qué? Lo irracional y surrealista de verdad es que con 40% de paro juvenil (Parémonos a pensarlo. Bien. ¡¡40%!!) no monten ni un mísero pollo, aunque sólo sea por dejar claro que están hartos.

En el fondo da igual qué pase con democraciarealya. Habrá que suponer que no durará mucho, en condiciones normales. Pero es el último síntoma de la inmensa decepción que encarna el actual gobierno.

Y sí, este post ha sido repetitivo. Es otro post de desahogo.

18 Mayo, 2011 por Raúl S. | 7 Comentarios »

Holocausto, banalización y el peso del azar

Actualmente existen dos demandas concretas del público respecto a las representaciones del Holocausto. La primera es una exigencia de historias humanas que incluyan el triunfo final de la voluntad y la determinación. La segunda es la búsqueda de la autenticidad, la de encontrar una historia que realmente sucediera, aunque narrada de acuerdo a representaciones convencionales al cine de masas. En realidad, existe una contradicción obvia entre estas dos exigencias, pues las historias auténticas casi nunca sucedieron de acuerdo a las normas de las representaciones convencionales y rara vez se saldaron con el triunfo del bien.

A pesar de todo, cada cierto tiempo, aparece una película que parece poder triangular el siempre complejo vínculo entre cultura, historia y memoria colectiva. La Lista de Schindler es el ejemplo más representativo. El hecho de que millones de personas que han visto la película de Spielberg tuvieran poco conocimiento previo (o posterior) sobre el Holocausto hace que ésta se haya convertido en su única fuente de información. Limitándose a una historia cuyo poder radica en su supuesta autenticidad y considerando la ignorancia de muchos de los espectadores sobre el contexto histórico, la película distorsiona la realidad del Holocausto, o al menos, ignora muchas otras realidades, en particular la más común: el asesinato masivo e industrial. El mal que muestra la película de Spielberg es un mal que es posible superar mediante determinación. Esto resulta ciertamente perturbador porque millones de personas que fallecieron tenían la misma voluntad, no eran en modo alguno inferiores y, sin embargo, murieron.

La idea de la supervivencia a través de la habilidad personal no debería tener cabida en la reconstrucción histórica del Holocausto. Es una idea tan perniciosa como la contraria, la de que los peores sobrevivieron, mientras que los mejores perecieron. En la película de Spielberg un hecho menor y extraordinario se ha transformado en una representación paradigmática de la historia en su conjunto, desdeñando el hecho de que, en el Holocausto real, la mayoria de los judíos murió, muchos alemanes colaboraron con los verdugos y la mayor parte de la víctimas fue gaseada (…).

En mi opinión, el Holocausto difícilmente puede ser recreado históricamente. Los relatos de aquellos que sobrevivieron distorsionan el pasado, no porque no sean auténticos, sino porque excluyen los relatos de los fallecidos, que fueron la gran mayoría, y que murieron, no porque no desearan ser salvados, sino por una combinación de circunstancias en las que las habilidades personales y la voluntad apenas jugaron un papel destacado, y en las que la suerte tuvo una enorme influencia.

Ninguna representación del Holocausto puede superar el grave problema de la familiaridad de la audiencia con la violencia gráfica de las películas de Hollywood, con la subsiguiente disminución del impacto de estas cintas, que emplean las mismas técnicas que las habituales películas y series policíacas. En esas condiciones, sería deseable abandonar los intentos de representar la crueldad del Holocausto, enfocándose, por ejemplo, en sus aspectos burocráticos como en la película La Solución Final, o investigando medios novedosos de representar con autenticidad el elemento único del Holocausto: el asesinato masivo de seres humanos en las cámaras de gas. El hecho de que los que desean negar o relativizar el Holocausto ataquen precisamente ese aspecto del genocidio de los judíos es la prueba incontestable de su centralidad en cualquier representación del acontecimiento.

“Holocausto, el riesgo de la banalización”, de Álvaro Lozano, en La Aventura de la Historia, Año 13, nº 148, páginas 24-27.

9 Mayo, 2011 por Raúl S. | 8 Comentarios »

Delincuentes de cuello blanco y psicopatía

Leyendo un gran artículo sobre psicopatía me he encontrado lo siguiente:

Antes que nada, será preciso aclarar que lo de “menores” o menos graves y lo de “mayores” o graves, en cuanto a los delitos, no se trata de epígrafes que respondan a ningún propósito arbitrario. Casualmente, es nuestro mismo Código Penal el que, en su artículo 13 –Libro I, Título I, Capítulo I–, establece esta misma diferencia. Veámosla:

Art. 13. 1. Son delitos graves las infracciones que la Ley castiga con pena grave.
2. Son delitos menos graves las infracciones que la Ley castiga con pena menos grave.
3. Son faltas las infracciones que la ley castiga con pena leve.
4. Cuando la pena, por su extensión, pueda incluirse a la vez entre las mencionadas en los dos primeros números de este artículo, el delito se considerará, en todo caso, como grave.

Disquisiciones jurídicas aparte sobre la naturaleza y duración de las penas –graves, menos graves y leves– reguladas posteriormente en el amplio artículo 33 del mismo Código, nos ajustaremos, para el análisis aquí pretendido, en la comprensión conceptual jurídica de las mismas, así como también en el significado social común de los términos “grave” y “menos grave” –ya que no varía, en lo sustancial, del entendimiento jurídico–.

Como bien señalan GARRIDO GENOVÉS, STANGELAND y REDONDO ILLESCAS (2006), muchos consideran al Derecho penal como un instrumento para controlar a los pobres y marginados, mientras que a las infracciones cometidas por personas poderosas y con buen nivel social se responde de una forma más suave y discreta. Ésta puede ser la situación en muchas partes del mundo, pero el caso es diferente en países como España e Italia. En los últimos años, hemos visto ingresar en prisión a varias personas con poder y prestigio: directores de bancos, funcionarios, policías, un ex-director general de la Guardia Civil, políticos de distintos rangos, etc. El Código Penal no se aplica solamente a los que roban pequeñas cantidades, sino también en casos de delincuencia económica y ocupacional. Se reacciona con todo el peso de la ley en los casos que llegan a juicio, aunque –también es verdad– existe poco riesgo de que se inicie una investigación judicial, y es sumamente difícil llegar a un esclarecimiento de los hechos. La denominada economía sumergida pone de manifiesto que existe una amplia actividad económica en el sector sumergido cuando la actividad en sí es lícita y socialmente aceptable, pero se eluden las obligaciones fiscales, pagos a la seguridad social, etc. En España existen, por ejemplo, talleres de reparación de coches con cuatro trabajadores, que cambian el aceite y arreglan coches con mucha profesionalidad, pero ni la empresa ni los empleados están dados de alta (GARRIDO GENOVÉS, STANGELAND y REDONDO ILLESCAS, 2006). Las fórmulas para los delitos económicos y/o “de cuello blanco” son múltiples y variadas. Pero no sólo son los particulares los que incurren en este tipo de actividades ilícitas que podríamos enmarcar dentro de los denominados delitos socio-económicos; la corrupción dentro de la misma Administración Pública es otra fórmula o modalidad. La evolución desde los ya clásicos “ladrones” hasta los más modernos y sofisticados “mangantes” embutidos en trajes carísimos es evidente. A este respecto, EMILIANO BORJA JIMÉNEZ, profesor de Derecho Penal y Política Criminal de la Universidad de Valencia, lo explicaba magistralmente del siguiente modo:

A lo largo de la historia, los más débiles, los más desamparados, pero también los más ambiciosos, han recurrido a la desposesión ilegitima de lo ajeno como medio de subsistencia. La comisión de robos y hurtos, el recurso al fraude y el engaño, han constituido algunos de los mecanismos utilizados por aquéllos que no tenían nada que perder para alcanzar un número mínimo de bienes materiales que les eran necesarios para mantener su mísera subsistencia. Sin embargo, la propiedad de esos bienes materiales imprescindibles que determinaba la existencia de los delitos clásicos contra el patrimonio, ha ido transformándose en su sentido valorativo. En las sociedades desarrolladas, cualquier ser humano puede tener acceso a los mínimos bienes necesarios para mantenerse vivo (alimentos, ropa, medicinas, etc.). Los servicios sociales públicos y privados, las organizaciones de beneficencia y otras asociaciones altruistas proporcionan gratuitamente esos bienes a los más necesitados, siempre y cuando éstos los reclamen. La propiedad de bienes muebles, inmuebles o el goce de servicios ya no constituyen, por tanto, una condición esencial de la existencia humana. La posesión de bienes materiales, por el contrario, se sitúan en el ámbito del progreso en la escala de la jerarquía social de las democracias capitalistas. A mayor riqueza del individuo, mayor valoración social de su persona y familia, y mayores posibilidades de alcanzar el
poder económico y político. De tal forma que existe ahora una clase de criminalidad que está relacionada con el patrimonio ajeno, pero sin las connotaciones individuales y de subsistencia que adquiría antaño (BORJA JIMÉNEZ, 2003, pp. 237-238).

La criminalidad/delincuencia “de cuello blanco” no solamente abarca los supuestos ya clásicos de delitos socioeconómicos perpetrados por sujetos que, de una u otra forma, tienen acceso o integran el poder político. Este tipo de delincuencia también abarca otras conductas perpetradas con móviles económicos, pero cuyo bien jurídico directamente protegido es de naturaleza distinta; tales son los casos del cohecho, los “ahora” de moda delitos urbanísticos, el tráfico de drogas a gran escala – incluyendo como autores y/o co-autores a funcionarios y autoridades–, etc.

Siguiendo con nuestra temática, algunos autores sostienen que muchos de los denominados delincuentes “de cuello blanco” bien podrían ser calificados de psicópatas. Por ejemplo, el doctor HARE (1993) señala que los timos se basan casi por completo en las apariencias, existiendo personas que se ganan la vida gracias a su encanto, al engaño y a la manipulación, ya que es así como consiguen ganarse la confianza de sus víctimas. Según este autor, los delitos “de cuello blanco” suponen una fantástica fábula sobre la moralidad: basta con tener unos buenos modales y una conciencia débil para conseguir desplumar a cualquier persona e institución. Los delincuentes “de cuello blanco” «tienen sonrisas encantadoras y un tono de voz que inspira confianza, pero nunca –y eso está garantizado– llevan colgadas campanillas de advertencia en sus cuellos» (HARE, 1993, p. 104).

No obstante, llegados a este punto, es conveniente también establecer la diferencia esencial entre los delincuentes “de cuello blanco” que parecen psicópatas y los psicópatas que realmente lo son. El profesor HARE ha explicado esta sutil diferencia en los siguientes términos:

Los psicópatas que tienen ansias emprendedoras son un modelo de cómo usar la educación y las relaciones sociales para separar de su dinero a las personas e instituciones sin usar la violencia. A diferencia de los delincuentes de cuello blanco “ordinarios”, los psicópatas engañan no sólo a aquéllos que les pueden proporcionar grandes sumas de dinero, sino también a sus amigos, familia y sistema judicial. Muchas veces consiguen eludir la cárcel, e incluso cuando los encarcelan suelen recibir una sentencia suave y una reducción de la pena, sólo para continuar donde lo dejaron antes (HARE, 1993, p. 104).

Sutiles diferencias y notables polémicas también acontecen en el seno de los delincuentes comunes o habituales, mayoritaria y normalmente diagnosticados de TAP y frecuente y erróneamente asociados a la psicopatía. Como bien subraya y diferencia el profesor y penalista ANTONIO GARCÍAPABLOS DE MOLINA en su Tratado de Criminología:

El trastorno antisocial de la personalidad (propio del delincuente habitual, de prolongado historial criminal, que vive en un submundo marginal) sólo recoge las características esenciales de los aspectos conductuales de la psicopatía, no sus dimensiones o rasgos de la personalidad. No todos los sujetos que padecen el trastorno antisocial de la personalidad son necesariamente psicópatas. Como advierte CLECKLEY (1976), no debe confundirse el psicópata ni con el oportunista sin escrúpulos ni con el delincuente habitual.

El oportunista sin escrúpulos, que no tiene por qué presentar las otras características del psicópata, a menudo logra asentarse económicamente con provecho (por ejemplo, los que progresan por las jerarquías de la mafia). El psicópata, por el contrario, por su aversión a las reglas, difícilmente encaja bien en estructuras férreas.

Delincuente habitual y psicópata tampoco son conceptos equiparables. Siguiendo a CLECKLEY, el psicópata típico rara vez se aprovecha de los beneficios que genera por el delito, y casi nunca se implica de modo consistente en la carrera criminal; en comparación con el mismo, el infractor habitual parece una persona tenaz, al menos en sus propósitos antisociales. El delincuente habitual persigue objetivos comprensibles, aunque con medios y procedimientos rechazables. El psicópata, por el contrario, pretende metas no siempre asumibles, comprensibles por los demás, e incluso a menudo comete el delito sin lograr ventaja material alguna. El delincuente común suele protegerse a sí mismo, el psicópata no pocas veces se pone en situaciones que le perjudican y actúa de forma notoriamente insensata, y sin necesidad alguna (GARCÍA-PABLOS DE MOLINA, 2003, p. 632).

28 Abril, 2011 por Raúl S. | 3 Comentarios »

Ensala de enlaces

1.- Cives en un post desmonta mitos sobre la Unión Europea:

Un funcionario de la Comisión no gana probablemente más que el diplomático medio de los distintos Estados miembros. Es decir, uno tiene que tener en cuenta de qué tipo de gente está hablando: se trata de gente que habla generalmente al menos tres idiomas (inglés, francés/alemán y el suyo propio), que tiene una buena formación internacional en áreas bastante técnicas (y podría por tanto ganar un buen sueldo en el sector privado) y que está desplazado de su país de origen. Bruselas es, además, una ciudad singularmente cara en bastantes aspectos, con una tasa de delincuencia (hablo de memoria) relativamente alta y con un clima singularmente inhóspito. Esto significa que para atraer a gente que quiera hacer su vida allí y sea relativamente competente en su área –fijaos que hablo de un problema de gestión eficaz, no de justicia-, la Comisión (y las demás instituciones) necesitan pagar sueldos relativamente más altos.

Se pueden hacer críticas razonables al enlace. Por ejemplo, yo no veo tan bien a algunos de esos lobbys, que, entre otras, hacen dedicar enormes esfuerzos de la muy moderna Unión Europea en políticas agrarias, que, pongámonos izquierdosos y redistributivos, están perjudicando a países más pobres.

Pero debido a que la ciberturba se ha centrado, una vez más, en este tipo de cosas, el enlace es más que necesario, aun con sus cosas criticables. A ver si algún día ponemos un tercio de las energías puestas en contra de Sinde en la pérdida de poder adquisitivo desde ni se sabe o la catástrofe educativa, por poner varios ejemplos de cosas (quizás) importantes.

2) Desde La Paella Rusa hacen un fantástico análisis de la Sanidad Valenciana, que parece que va a tener más partes.

Llevo tiempo escribiendo una serie de post sobre la Sanidad y la Educación de la Comunidad de Madrid, que todavía no he publicado. Este post enlazado tiene casi todo lo que he escrito yo sobre la Comunidad de Madrid, pero añadiendo bastantes más cosas y explicándolo mucho mejor. No es un secreto que las políticas sanitarias de la Comunidad de Madrid tuvieron su inicio en las que empezaron en Valencia.

En el fondo, como aclara al principio el post, esta no es una historia de sanidad pública vs sanidad privada vs sanidad concertada. Es una historia de amigachismos, redes clientelares, uso del dinero público para dar un peor servicio que el que antes existía y derroche de dicho dinero. No es liberalismo vs socialdemocracia ni nada parecido: es ingenieria social a lo grande (que viene además de un partido político que dice ser liberal y enemigo de las ingenierias sociales), con resultados sanitarios malísimos pero con el apoyo de las crecientes y florecientes redes clientelares.

3) Isidoro Lamas escribe en su blog “Sortu o las ineludibles consecuencias de ser una democracia“:

No se puede pretender que cuando alguien de la izquierda abertxale afirma condenar la violencia de ETA lo está diciendo falsamente. Porque sobre ésto último se basa, fundamentalmente, tanto el juicio político acerca de Sortu como el que realizó una limitada mayoría de magistrados del Tribunal Supremo. Ni tribunales ni administración están para hacer suposiciones sobre “la verdadera intención” de alguien que se conduce con la corrección exigida por las leyes en algo tan “simple” como la constitución de un partido político. Y digo simple, porque en una democracia la constitución de un partido político debe ser libre y no una suerte de concesión administrativa sometida a trámites tortuosos u opacos.

13 Abril, 2011 por Raúl S. | 20 Comentarios »