Ejemplo del buen científico
“P. ¿Se aprecian las diferencias ya entre niños y niñas?
R. Empiezan en la infancia, pero algunas no son obvias entonces, como la habilidad aritmética. Los niños y niñas son iguales en esto, pero, luego, parece que a las matemáticas más avanzadas se dedican más hombres que mujeres. Esta diferencia se aprecia sobre todo en el extremo de la distribución de población, en personas con rendimientos muy altos
P. ¿Y los homosexuales?
R. Éste es un tema en el que no tengo conocimientos, y como científico tengo que darle respuestas basadas en datos y en conocimientos.
P. ¿Son distintos los cerebros de hembras y de machos en otros primates?
R. Tampoco respecto a esto tengo conocimientos.”
La entrevista es a Richard J. Haier, neurólogo. Recomendaría su lectura sólo por lo claro, conciso y riguroso de sus contestaciones ante preguntas sobre las diferencias en inteligencia o funcionamiento cerebral entre hombres y mujeres.
Pero el fragmento que he puesto arriba es inmensamente mejor. Reconoce que no lo sabe todo. Habla de cosas que sí conoce y admite publicamente que hay cosas que no sabe. En estos tiempos de sobreabundancia de todólogos (incluso entre los propios científicos, por desgracia) se agradece esta humilde lección de lo que debería ser el espíritu de cualquier científico.
Sabemos algunas cosas. No todas. No pasa nada. Que nadie se ponga nervioso. La realidad es así. Creer saberlo todo es mucho peor. Hay que aprender a vivir con la incertidumbre. Eso es todo.
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Octubre 24th, 2008 at 18:29
Y que una cosa tan simple como ésa sea digna de admiración, en vez de ser el pan nuestro de cada día, dice mucho (y mal) de la sociedad en la que vivimos.
Octubre 25th, 2008 at 15:47
Y ahí estamos, Ñbrevu.