Uno de los aspectos que más controversias causan en todos los sistemas democráticos del mundo es la forma en que se eligen a los representantes de los ciudadanos. Es una cuestión de suma importancia, puesto que del procedimiento electoral depende qué estructura institucional surge y qué prácticas políticas se producen.
Así pues, a menudo se debate sobre qué clase de sistema electoral es el más adecuado para lograr instituciones representativas de calidad. Se quiere que sean dinámicas, pero también estables; responsables, pero también plurales. Cuando se habla de las elecciones parlamentarias, se intenta que los diputados tengan un amplio margen al decidir su voto, pero también que éste sea razonablemente previsible para el ciudadano que le vota (si yo voto a un candidato/lista del partido conservador, es porque presupongo que su voto parlamentario coincidirá con el ideario del partido que lo presenta).
Con estos mimbres, se trata de elaborar un régimen electoral con cuyos resultados puedan sentirse identificados los ciudadanos (“legitimidad social”). Cuando hablamos de un “sistema electoral mayoritario” (normalmente) nos referimos a aquel en que el territorio del Estado está dividido en pequeñas circunscripciones que eligen, cada una, un solo representante. Puede hacerse a una o dos vueltas (entre los candidatos más votados), pero lo esencial es que el que tiene más votos, aunque sea sólo uno más, se lleva el escaño y los votantes del otro candidato se quedan sin ninguna clase de representación. Cuando hablamos de “sistema electoral proporcional” nos referimos a aquel sistema en el que cada partido – o agrupación de electores – presenta una lista de candidatos por cada circunscripción (puede ser una única circunscripción o varias), y el número de diputados por partido se eligen en proporción al voto recibido. Éste último es el que tenemos en España.
Es necesario aclarar un par de ideas que a veces se olvidan. Para empezar, el régimen electoral no afecta al modelo de gobierno, aunque haya quien no lo sepa. Existen sistemas parlamentarios donde los diputados se eligen por voto mayoritario (Gran Bretaña), regímenes presidencialistas donde los diputados se eligen por voto mayoritario (Estados Unidos) y regímenes parlamentarios donde los diputados se escogen en voto en lista (Finlandia, Israel o España). Además, la selección de las características de un sistema electoral tiene suma cero: un régimen proporcional automáticamente supone menos libertad de voto para el diputado, puesto que su elección queda vinculada a la lista del partido; un régimen de tipo mayoritario supone automáticamente que las minorías van a tener casi imposible entrar en el parlamento. Ello significa que los sistemas proporcionales estimulan el voto en bloque de los diputados de un mismo partido pero permiten que los minorías entren en el parlamento, mientras que los sistemas mayoritarios tienden a derivar en regímenes ideológicamente poco representativos, pero donde el diputado es mucho más libre al actuar, puesto que su elección se fundamenta en una gran popularidad personal.
Si la pregunta es ¿qué sistema electoral es mejor? La respuesta es sumamente compleja, porque hay múltiples combinaciones y regulaciones, y las distintas variantes tienen vicios y virtudes.
Por mi parte, prefiero un sistema proporcional. Me explico: es cierto que el régimen proporcional reduce la posibilidad de los ciudadanos de controlar a cada uno de los diputados concretos, pero el resultado da cuenta de forma mucho más aproximada de la composición ideológica de la sociedad. El régimen electoral mayoritario parece facilitar el control político de cada diputado por sus electores pero falla en la representación proporcional de las ideas del electorado. CUIDADO: este no es un problema menor. Se entenderá perfectamente con un ejemplo.
En 2005, se celebraron elecciones generales en Gran Bretaña. El resultado resumido es el siguiente:
Es decir, el Partido Laborista, con sólo un 35% de los votos, obtiene el 55% de los escaños (mayoría absoluta). Los conservadores, con un 32% de los votos, se llevan casi un 31% de los diputados. Y los liberal-demócratas, con un 22% de los sufragios, se llevan un mero 9.6%. Queda claro que no parece muy lógico que un partido con el 35% de los votos y que gana por sólo un 3%, se lleve la mayoría absoluta de los escaños parlamentarios y obtenga 150 diputados más que el segundo.
Pero es que en 2001, el resultado fue aún más radical:

Los laboristas, con apenas un 41% de los votos, se llevaron el 62,5% de los escaños.
Nadie debe olvidar que, en España, el 60% de los escaños significa la posibilidad de aprobar reformas constitucionales.
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Totalmente de acuerdo con República Rojigualda.
A Toni Blair no le echo la oposición, sino los diputados de su propio partido.
Niego la mayor, ¿qué es eso de la representación ideológica? ¿Qué se entiende por ideologías? Un ejemplo clamoroso: masiva manifestación en Madrid contra la guerra de Irak en general y por supuesto contra la posición de la administración española en el asunto. Dicen que asistieron un millón de personas, no se si serían tantos, pero en medio de esa muchedumbre es imposible pensar que no hubiera muchos votantes del PP. La realidad es que días más tarde supimos que Aznar se había reunido con "sus" diputados para asegurarse de que cuando llevase el asunto al parlamento no habría discrepancias y la adhesión sería incondicional. Los diputados sabían bien a quien debían obediencia. No a un distrito al que no representan, no a unos electores que carecen de poder de influencia directo sobre sus diputados, sino a su jefe. El parlamentarismo pone en grave riesgo la separación de poderes entre Ejecutivo y Legislativo; si además se adopta un sistema electoral de listas, dicha separación es ya imposible y el parlamento queda sujeto a los designios del gobierno. Cuando no hay mayoría absoluta, las transacciones oscuras entre unas facciones y otras favorecen esa sujeción. ¿Ideologías? ¿Qué tiene que ver la ideología con la postura del ex-presidente Aznar en la guerra de Irak? ¿Acaso hay que entender que la ideología de los votantes del PP pasaba por defender la postura del gobierno en el asunto de Irak? Cuando se plantean decisiones políticas fundamentales, como aquella, es letal para la democracia el sistema electoral de listas con la obediencia a los líderes que ello supone. Y cuando no se trata de política sino de pura y simple administración de los negocios públicos, tampoco es la ideología lo determinante sino el conglomerado de intereses en juego, que no entienden de ideologías. Hablar de representación ideológica en un mundo en el cual la ideología ha sucumbido a la administración y al enfrentamiento entre intereses particulares contrapuestos es absurdo
Juan